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07/11/2015

¿QUIEN QUIERE UN POCO DE NADA?

En las casas hay un misterio que no tiene respuesta conocida. Éste tiene matices intrínsecos a cada hogar, y diferencia a cada uno de ellos. Se trata del misterio de los envases o recipientes de cualquier tipo vacíos.
Por ejemplo en mi casa desaparecía la bechamel. Mi madre hacía bechamel para croquetas y la dejaba en una gran bandeja metálica en la nevera para que endureciera un poco y poder hacer las croquetas al día siguiente. Cuando la masa estaba un poco líquida aun era fácil coger un poco con una cuchara y disimular la intervención. A medida que avanzaba la tarde se hacía mas complicado tapar los huecos. Si mi madre tardaba más de un día en darle a las cucharas y al pan rallado no había croquetas. La bandeja seguía ocupando su sitio en la nevera, impecablemente rebañada. También desaparecía el tomate frito casero, a base de mojar con pan, aunque parezca imposible. Después de la parafernalia de hacer el tomate, incluido toda la cocina moteada de rojo a pesar de la concienzuda distribución de papel de plata por todas las superficies. No hacía falta reducirlo, ya se reducía solito en la nevera. Los restos de tarta, los filetes rusos, el chocolate. Había muchos objetivos. Pero con un factor común, dejar el recipiente impoluto en su sitio. Recipiente  o papel correspondiente. En el caso del chocolate ambos, el de plata interior y el envoltorio. Si era posible, mejor dejarlo con forma, abultado, como si hubiera algo dentro.
Conozco otras casas en las que el objetivo eran las latas de leche condensada: un poquito, total, por una cucharada no se va a notar. Van apareciendo cucharas de distintos miembros de la familia que abren la nevera y se esconden tras la puerta. Cada uno come solo esa pizca, cada cinco minutos, diez. En una tarde pueden desaparecer una o dos latas de leche condensada. Por supuesto nadie tira esas latas vacías, con sus tapas relamida, impolutas por fuera, que parecen nuevas.
 
¿Y si hablamos de las patatas fritas? Vienen invitados a casa y la madre o el padre prepararan vasos y cervezas, copas para el vino, unos cuencos donde poner los frutos secos y las aceitunas, y otros más grandes para esas patatas fritas 'La Montaña' con un poco de salsa 'Perrys' que es un regalo para un viernes por la tarde. Al fondo de la despensa, en su sitio, está la bolsa hinchada y vacía de las patatas 'La montaña'. Es imposible culpar a nadie. Han sido todos. Pero ese último que se come la última patata, las últimas migas no tiene el valor de tirar la bolsa a la basura porque entonces cuando pregunten estará claro que le declararán culpable. Y tendrá que asumir la gula de todos. Es fácil convencerse a uno mismo de que aún queda algo.
En la televisión había un anuncio de fuet que era así. Real como la vida. Del clavito de la cocina colgaba dignamente el cordón del salchichón a la media hora de haber llegado la compra a casa. Para que quedara constancia de que había existido.

Hay verdaderos expertos en la técnica del vaciado y se desarrollan grandes habilidades. Pero nadie tiene el arma secreta para acabar con el misterio. Se puede congelar la bechamel, esconder el chocolate y las patatas. Alguien lo encontrará y si no es así, se corre el riesgo de que ni siquiera el que esconde recuerda dónde lo ha hecho. Creo que es mejor resignarse a la realidad. No hay valor para instalar cámaras. Todos los miembros de la familia están implicados.

04/11/2015

MAMA TU DECIAS QUE NO LLOVIA

La infancia consiste fundamentalmente en que el poder y la responsabilidad y el control lo tiene el padre, o la madre. El adulto responsable al fin y al cabo. Esté donde esté, el padre, o la madre lo saben todo y todo lo pueden controlar. Tienen ojos en la nuca y rayos equis para ver a través de sus cabecitas qué es lo que les pasa. Puede adivinar lo que ha pasado en su clase en el colé aunque estén a mile kilómetros. Tocando su frente no solo notan su tienen fiebre, adivinan el menú o quien se ha portado mal en el patio. No lo adivinan. Lo saben. Hay quien dice que tienen magia los padres...y la pierden después. No sé lo que es.
Entiendo que se trata de una fase del aprendizaje.  El bebé humano es el mas torpe de todos los bebés: No sabe andar hasta que lleva al menos un año fuera de la tripa de la madre. Ésta lo amamanta, unos tres meses si no es más, y después no es que se busque la vida para ver qué hay por ahí para echarse al gaznate, sino que no puede tomar otra cosa más que leche, papillas... Y así va madurando. Pero tiene en principio una dependencia casi total esencialmente de la madre. Una dependencia maravillosa, para la madre que solo con sacarse la teta, cambiarle el pañal o cubrirle/destaparle tiene asegurada un 90% de la felicidad de su bebé.
Después empiezan las preguntas. Para todo los padres tienen respuesta. Los padres ven cosas que los niños no saben que se ven porque son inocentes. Y entonces los padres son fuertes y sabios y poderosos. Son heroes a veces. Pero llega el día en que ya no tienen respuesta para todo. No saben si sus amigos están en el parque o si ha visto película chula en la televisión. No saben a qué hora llega el autobús ni si el atasco se disolverá en un minuto o se instalará en la tarde como una visita pesada. Poco a poco el niño se hace adulto y se separa del padre buscando sus respuestas. Porque ya no le valen todas.
Pero lo peor no es para un padre al salir a la calle con tu hijo vestido de verano y que esté jarreando cuando le acaba de asegurar que no llovía. Lo peor no es ver como se arruinan sus alpargatas en los charcos que llenan las aceras. Lo peor no es su cara de decepción. Ni siquiera la pulmonía que se puede coger. Es peor pensar que lo va a pasar mal y no puede hacer nada por evitarlo. Que va a estar todo el día con los pies mojados. Que olerán las alpargatas por el esparto empapado. Que será objeto de mofa. Que sufrirá. Y que no podrá hacer nada por evitarlo. No podrá coger su cuerpecito y ahogar su llanto en su pecho. No le darán los brazos para calmar su dolor. Y ese momento en el que ya no puede diluir su pena y asimilarla es cuando sabe que preferiría padecer el todos y cada uno de los dolores y disgustos que necesariamente padecerá su hijo. Pero no puede cambiarse por él. Solo le queda haberlo hecho lo mejor posible, que su hijo sea fuerte y sepa vivir con alegría,que no le hagan faenas, que si se las hacen lo encaje bien... En fin. Daría cualquier cosa por volver a tener la capacidad de cambiar el llanto por la risa con solo abrazarle.