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05/02/2026

SUS LABORES

He visto un vídeo, un anuncio, un reel, buenísimo. En la imagen aparece un chico de edad incierta, treinta y tantos. Podrían ser más, o menos. Está tirado en un sofá con la tele puesta, el móvil en la mano y una cerveza abierta en la mesa donde también descansan su pies descalzos. Vestido como que acaba de llegar, la corbata en el apoyabrazos, pantalón de traje y camisa con los dos botones de arriba desabrochados. La chaqueta doblada en el respaldo del sofá. Detrás de él, en una cesta de mimbre sobre la mesa del comedor, una montaña de ropa suciau. Aparece en la imagen una mujer, más o menos de la misma edad. Coleta alta que indica que se ha recogido la melena de cualquier manera, con la goma de los espárragos. Se va a arrepentí cuando se la quite. Lleva un vestido de flores, deportivas y las y le dice “madre mía¿ has visto toda esa ropa sucia?” Y después  suelta algún improperio. El chico se levanta raudo y cariñoso a calmarle. Te tenía que contar, no sabes de lo que me he dado cuenta, no te preocupes- le dice- hay un duende en esta casa. Vengo observando desde que nos mudamos, cuando dejo los platos de la cena en el fregadero al día siguiente han desaparecido. Cuando me levanto siempre  está  la cocina recogida y limpia, el friega platos vacío y hasta la mesa puesta del desayuno y el café preparado, solo tengo  que encender el fuego. Hemos tenido muchísima suerte con esta casa. Mira, tienes que probar , cariño, yo me quito los calzoncillos todos los días y los dejo en el bidé, pues cuando voy al cuarto de baño al levantarme, no están, y por la tarde o al día siguiente, aparecen limpios y planchados en mi armario. Es magia. Esta casa está encantada. De verdad que hemos sido afortunados, nunca nos vamos a mudar. ¿Has visto como están las plantas del jardín? Si hay más flores que en el retiro. ¿Y los cuartos? Hasta el cuarto de los niños está recogido, sin montones de ropa por los suelos, y cuando voy a darles un beso por las noches no están todos los juegues por el suelo, que si vas a oscuras te matas. Que va. Y hasta las camas estas hechas a mediodía cuando vengo a comer, la nuestra también, amor, la nuestra también. ¡Noooo, yo no la hago! ¡No te digo que es magia!. Es que es estupendo. Y da igual que cocinemos patatas fritas y huevos, o esas cosas que te ponen nerviosa porque se ensucia mucho la cocina. A lo mejor son unas  palabras mágicas, no sé. El caso es que al levantarnos está todo limpio y perfecto. Relájate que ya verás como mañana no está ahí esa ropa. Anda, vente a ver la tele conmigo o te pongo un vino y me cuentas tu día. Deja, deja ahí la basura, ya verás como mañana no está. No te preocupes tanto. Y lo mejor es el fina, la nevera, es que nunca falta de nada. Un día hago carbonara y pienso uy casi no queda guanciale. Al día siguiente ya hay. Leche, para pasar una pandemia, papel higiénico, pasta de dientes. Todo. Y además justo los ingredientes para lo que hemos pensado cocinar al día siguiente. Hasta he pensado que nos espían. ,

Y es que eso son las tareas del hogar, un misterio que nadie ve. Los platos van al friegaplatos o se lavan, se secan y se guardan. La lavadora se carga, se saca y se tiende, se destiende, se plancha y se guarda. Las sábanas están limpias porque se lavan, como las toallas; se barre, se friega, se limpia el polvo, los cristales, los baños, los espejos. Porque la pasta de dientes no se quita sola del lavabo. No. No la costra de polvo se disuelve de la parte alta de los marcos de los cuadros. No. La mugre se acumula día a día,  como material sedimentario que es. Las capas minúsculas se convierten en estratos de espesor y consistencia variable que van haciéndose dueños de las superficies horizontales.

La papeleras hay alguien que las vacía. Por no hablar de la compra. ¿Quién lleva el cartoncillo del papel higiénico a la bolsa del cartón? ¿Quién se da cuenta de que es el último? ¿Quién se da cuenta de queda poco y hay que comprar para que nadie tenga que salir con el culo en pompa del baño? Que queda poco café, papel de plata, bolsas de basura. Esas insignificancias que hacen la vida un poco más agradable. Quién. Aladino un su mágica alfombra hace viajes en continuo.

Y eso ocurre todos los días. Y todos los días alguien va por detrás de los demás haciendo que su vida sea más agradable. Con un paño blanco en una mano y muy buena disposición , una generosidad sin límites. Porque se trata de un trabajo ingrato e infravalorado, normalmente asociado a la madres, en muchos casos a las mujeres, retribuidas o no. Las tareas del hogar son el infinito y no donde se cortan dos rectas paralelas. Es un trabajo que no acaba nunca y que es circular, no tiene límites, es inmenso y cuando se ha terminado de fregar el suelo por pequeña que sea la casa, ya se ha ensuciado en algún sitio.

Se ha decidido subcontratar en gran medida todo lo relacionado con el hogar. Incluso acostar a los hijos. Ante una actividad no remunerada si no se externaliza, se ha pasado a encargárselo a otro, al que sí se le remunera. De esta forma se establece una cadena en la que nadie se ocupa de fregar sus propios cacharros, porque incluso quien se dedica a eso de forma profesional, debe encargar a alguien mucha de sus propias tareas, para las que no le queda tiempo. En este “nunca prescindas de la muchacha” que le dijo mi abuela a mi madre cuando se iba a convertir en su nuera, hay una cesión y entrega de llaves dando acceso a la intimidad que nos hace a todos vulnerables.

En todo ese trabajo hay una carga de fondo que es el cuidado el otro. Cuando se cocina es evidente que un piensa en los demás, en hacer algo rico con lo que todos disfruten, en el día a día, la familia. Pero en todos los aspectos que supone las llamadas sus labores exigen ese trasfondo, que la cama esté hecha y huelan a limpio las sábanas, el suelo barrido son las migas de ayer, el espejo del baño limpio, los cristales sin churretes que dejen entrar la luz; las mesas recogidas. La ropa limpia y planchada. En fin. Está quien lo hace cuidando al otro. Aunque la realidad es que quien lo hace está despotricando. Lleno de reproches hacia el resto de los habitantes, que no se dan cuenta de que la basura está llena o el friegaplatos ha acabado. Y hay una torre de ropa sucia. Al delegarlo en otros, por dinero, nos estamos equivocando en la educación o con tanto éxito profesional estamos descuidando el núcleo de la vida familiar. Mucho CEO y mucha CEA pero nadie llena la nevera, las casas dejarán de ser hogares.


01/02/2026

DORMIR CON FRÍO

 

Una vez aclarado que Frío no es nombre de varón y que no me refiero aquí a dormir con alguien ni entrar en detalle de lo que eso supone, que quizá sea objeto de otra columna; si no que quiero hablar aquí de dormir con frío, en minúsculas. La circunstancia está intrínsecamente asociada a dormir solo, ya que la compañía además de otras muchas cosas, aporta calorías que ninguna nórdico (edredón) es capaz de alcanzar. 

Procedo a explicarme, que veo que voy por otros derroteros, que me salen meandros en este riachuelo. He leído que dormir con frío alarga la vida. Por lo visto. La temperatura ideal para un sueño reparador se sitúa entre los 15 y los 19 grados y este descanso profundo favorece la producción de melatonina y serotonina, hormonas que mejoran el estado de ánimo y reducen la ansiedad. “En un mes, al dormir a 19 grados, observamos un aumento de la grasa parda y una mejora en la sensibilidad de la insulina” ¡La grasa parda”… En fin.

Sé de uno que va a ser eterno. Desde que, por circunstancias, vive solo, se ha acostumbrado a encender poco la calefacción. Viviendo como vive en mitad del Pirineo, no es de extrañar que reciba pocas visitas. En su casa hace tanto frío que tiene que quitar el vaho de las cristales para saber si llueve o nieva fuera. Otra opción es llamar a un vecino, que a veces no basta el aliento para vislumbrar el cielo y adivinar la meteorología al otro lado del vidrio. Se forma una costra en el vidrio, que en verano es rocío y en invierno un hielo difícil de quitar. En su casa hace tanto frío, que a veces le castañean los dientes. Pero él se abriga y ya está. O aprovecha para arreglar esto o aquello, tumbarse a ver la tele en el salón no es opción. Aún no hay estalactitas en la chimenea, gracias a que de vez en cuando caldea el salón con unos leños. Su horario y obligaciones le impiden estar en casa el tiempo suficiente para confiar al fuego la temperatura del hogar por eso no enciende más.

Todo empezó porque un día al entrar en casa empezó a quitarse capas hasta quedarse en camiseta, en pleno invierno, y pensó y ¿si bajo de 24ºC a 23ºC el termostato? No tenía sentido ese exceso. Le había llegado una factura de la luz que le dejó helado (viene a cuento el adjetivo) y a pesar de no estar en necesidad económica, mi amigo es de los que se molestan si se les toma el pelo. Llega a casa de noche entre semana; total, para cenar ya templa la cocina; el perro, un enorme pastor alemán, vive en el jardín, tanta calefacción ¿para qué? Con tal de que no revienten las tuberías…Apenas notó la diferencia por un grado. A la semana lo bajó otro grado. Se fue motivando. En un mes estaba a 18ºC. 

Ahora cada grado es un logro, un escalón. La factura de la calefacción ha bajado en picado. Se le han hecho los ojos chiribitas. ¿Y si lo bajo un poco más?. Siendo la temperatura al otro lado de la puerta de la calle de menos 10ºC, el efecto cálido de entrar en casa se mantiene, aún estando el termostato a 15°C. Él es un hombre de principios y la vida le ha enseñado a no rendirse. Llega a casa con energía. En el coche, de vuelta del trabajo iba, deja que el calorcito le abrigue durante  el camino; al llegar, entabla conversaciones consigo mismo, de aliento, mientras recoge el salón o la lavadora, entreteniendo en un ajetreo de tareas del hogar la diferencia térmica. Anda rápido por la casa si recibe una llamada de teléfono.

Cuando llega la hora de acostarse lo hace sin pensar, procurando pasar de las prendas de diario al pijama como si estuviera de campamento, desnudándose en medio de desconocidos: no deja que ninguna zona del cuerpo quede al descubierto sin tener otra prenda preparada para cubrirla. Y de ahí pasa a meterse bajo el edredón y una capa de mantas heredadas que pesan más que abrigan. Dentro de la cama se concentra en el éxito, un día más. Prohibido el uso del calcetín o el gorro, aunque la tentación le asalte. La elegancia y saber estar por encima de todo, aún sin testigos, que la soledad no es excusa para el abandono. Una vez calentado el hueco que ocupa, es una momia, no se mueve. Se anima a sí mismo con su nuevo logro. Un día más. La nariz, imprescindible que quede fuera de las capas de abrigo. Se levanta con el rostro como si hubiera estado en un spa. De la cama a la ducha cada vez tarda menos, y el café, caliente, caliente se ve el humo salir de la taza y detrás de la ventana, la escarcha. Ya lo decía Alaska:

Todo el mundo me pregunta

Qué me pongo, mis secretos de belleza

Y yo siempre les contesto "mucho frío"

Me miran con extrañeza. 

No se creen que yo duermo en un Frigidaire

Y que el hielo me conserva muy bien.

Las ganas que tiene mi amigo de que llegue el verano.