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28/05/2022

YOUR ATTENTION PLEASE

 

Viajar tiene sus cositas. No les llamemos misterios, son cuitas, anécdotas, caprichos que el destino depara y que hacen al viajero un poco menos paleto. Porque no viajar aísla más que el silencio. No sé si era Unamuno quien decía que el problema de los vascos era que les hacia falta viajar. A los vascos, a los suecos, a los americanos. ¡A ver si por ser de Arkansas uno no puede ser paleto! . "U más" 

Está sobrevalorado lo de ser extranjero. Y según qué extranjero, más todavía. No es lo mismo ser de Murcia que keniata o de L. A. Porque yo siempre quise ir a L. A, dejar un día está ciudad... Hay formas y formas de viajar, se juntan sus voces en el pasillo de entrada a la puerta del avión. En ese pequeño embotellamiento que siempre ocurre. Está el que viaja con la pulsera verdiblanca, acompañada de algún cuero. Le cuenta al pariente: "Ozú que no me llama nadie en to'el día y me llaman cuando estoy en el el aeropuerto. Cucha. Que no tenían otro momento. La oreja planchá me l'an dejado. Que la tenía de dumbito con esto de la mascarilla. Me he ahorrado la cirugía". El inevitable argentino, que relata lo que tu mismo estás viviendo y te parece estar en otra escena. ¡Qué lujo de drama!. ¡Qué derroche en el verbo!. Lleva cazadora de piloto y gafas de Top Gun. No le importa que la predicción sean 40 º C en este mayo que no sé yo si va a ser florido y hermoso. Caluroso. Sí. El inevitable argentino no se quita la cazadora aunque se derrita y se venga abajo. Tanto le da. Con ella oculta lorzas de las que se  avergüenza y que coronan su vaquero. Viajan también Jaime y Bea, que llevan un año casados y han estado en Madrid visitando a la familia y en bodas de parientes y amigos. Son estupendos. Ella duerme, con antifaz propio, él no. A ninguno le gusta el avión. Viaja una pareja dominicana, con su bebé. Ella lleva a la niña, él los trastos. Ella entretiene a la niña, él mira una serie en su móvil, los cascos puestos. Desde el aeropuerto y durante todo el viaje es así. El mira a sus féminas como si no las conociera, como si no se tratara de la novia que fue. Como si la niña no fuera sangre de su sangre. La niña solo se calma en la teta de la madre. Llora y patalea. Normal. Vamos a cruzar el océano, ha dicho el piloto que sobrevolaremos Islandia nada menos, luego Groenlandia y entraremos en EEUU por Canadá. No me extraña que llore. Es la única sensata de esta tribu que se trasporta desafiando la cordura. A cambio mi compañero de asiento debe tener la vejiga de un elefante, quiero decir grande,  a lo mejor no es el caso. No se levanta al baño en todo el viaje. Y tampoco deja de dormir, jugar al Candy Crass y ver series. Perfectamente podía ser un asesino en serie, sobretodo por lo de no hacer pis en 14 horas. O lleva pañales. Porque beber,  bebe, se aprieta unas cuantas cervecitas, sus cafés, su vino acompañando la pasta del menú después de zamparse un bocata tamaño baguette que traía en la mochila. No pierde ripio. 

Ahora ir a EEUU es una carrera de obstáculos. Y lo de menos es el vuelo en sí. Fuera aparte de los nerviosa que me pone a mi viajar. Nervios que no se aplacan por la frecuencia. Me vienen siempre. Es como salir de la bolsa de mamá canguro. Abandonar el nido, mis perros, las hortensias. Son cosas que me pasan. Y que no sé si puedo evitar. Y no se si quiero gastar energías en eso. Sin ser yo una experta rellenadora de formularios, nada más lejos, me veo con entendimiento para hacerlo, aunque no me guste. Es como llegar tarde, que me pone nerviosa y lo sigo haciendo. El caso: que no creo que sea yo sola  a quien le cueste cumplir con el protocolo todo que hay que seguir. O lo gente hace trampas y soy de las pringadas que hacen lo que se les dice o está mal pensado el asunto. Y de ahí las colas y las esperas. Porque si el viaje dura 14 horas, entre esperas, pasillos y colas, pueden sumarse fácil cuatro más tres. Siete. Que ya vale. Con lo largo que es el viaje, el papeleo lo podíamos ir haciendo en el camino, en vez de tanta peli. 

De entre los documentos está el que pide la compañía, "COMBINED PASSENGER DISCLOSURE AND ATTESTATION TO THE UNITED STATES OF AMERICA" El disclouser, le llaman los agentes que lo exigen. Por supuesto tienes que justificar que estás sano respecto al bicho. Test de antígenos y certificado de vacunación completa. Debes haber rellenado el ESTA, documento de confesión, donde debes decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Debes declarar las redes sociales en las que estas dado de alta, desnudarte. No te piden la marca y talla de tu ropa interior, eso sería más sencillo. La verdad es importante en el mundo anglosajón. Ellos no copian en los exámenes. No sé si me dejo algo, pero además hay que llegar con dos horas de antelación a la puerta de embarque. Y sacar la tarjeta de embarque en el aeropuerto, para que una amable azafata te pregunte, no ya si vas  a matar al Presidente, sino si llevas explosivos en tu equipaje, o algún tipo de producto en polvo,  como te o café. He confesado que porto mi maquillaje de terracota, que de tantos aprietos me salva. Aunque son polvos compactos, polvos son. Y ya se sabe, en polvo nos convertiremos. Ella me ha tranquilizado. Si la cantidad es inferior a 300gr no hay problema. No se qué haría yo con 300gr de Garlein. Tampoco le ha preocupado mi gloss, rosa palo.

No sé a donde van todos estos orientales en un avión a California. Nos enseñan su poder de concentración quedándose fritos antes de despegar, y su manera de evitar problemas circulatorios practicando el Taichi en los pasillos y salidas de emergencia. 

Tras una peripecia de casi un día entre viaje y papeleo, finalmente se llega a suelo americano, no antes de haber salido, pero has ganado horas. El hecho de disponer de pasaporte Europeo te condena  a una cola para que te tomen las huellas, te hagan una foto y te repitan las preguntas que has contestado por escrito. 

Por fin al aire. Para coger un taxi hay que coger un autobús. Dato importante. No fui la única que recorrí terminales y plantas diferentes buscando los amarillos. Por fin en el taxi. El conductor es armenio y habla inglés peor que yo, que ya es decir. No entiende las indicaciones del navegador. No sé dónde pasaré la noche. Es importante viajar y desdramatizar. No soy objeto de secuestro, ni por edad, aspecto o capacidad económica. Nadie pagaría mi rescate. El armenio se para en medio de una carretera aislada después de 100 millas de viaje. Restroom. Vuelve al rato. Que es diabético. Lo visualizo. Le da una bajada de azúcar y le tengo que pinchar. Cualquier cosa. Es importante viajar. Y quitarnos el polvo de la era. Y desmitificar a los americanos. Eso sí, recibámoslos con alegría. Ole tu madre y Ole tu tía.  

La idea que de un hotel decente tiene un yanqui, nada que ver con la de un asiático. Bastan una tele y una cama ambas king size. Puede ser un motel de gasolinera. Eso es lo que hay. En medio de ninguna parte, desayuno de báguel y mantequilla de cacahuete y café a tutiplén. Y no hemos hablado del grupo selecto de individuos que entienden el lenguaje de los altavoces de los aeropuertos. Your attention please.


19/05/2022

DOMINGO VILLAR

Se ha muerto Domingo Villar, y yo, símbolo de lo más egoísta de la humanidad egoísta, pienso: ¿y ya no va a escribir más? Me sale sin querer. Y al momento me avergüenzo de mí misma. Y me siento súper culpable. Empatizo con su mujer, sus hijos si hay, sus padres. Creo que su padre murió, algo hay de él en el padre de Leo. Quizá Me lo he inventado. Me siento fatal. Porque la muerte no deja más que un hueco que no se puede llenar en los seres queridos. Es un pozo sin fondo. Cuanto más quieres al difunto, cuanto más le vas querido, más hondo el dolor y la ausencia y más lejos el fondo del pozo. Por mucho que llores nunca lo llenas de lágrimas. Lo sé porque nosotros teníamos un frasco de lágrimas y las lágrimas se evaporan, no ocupan lugar. Nunca se llenó el frasco. El pozo, menos aún. 

Y Domingo Villar, yo sé poco de él. Me dicen que era estupendo. Le oí hablar por la radio y me cayó muy bien. Majo. Discreto. No me extraña que fuera fenómeno. Pero no puedo decir que le quisiera. Le tengo que agradecer sí, el mogollón de oxitocina que debí generar leyéndole. La hormona de los abrazos. A falta de abrazos, lectura. Gracias. Los buenos ratos que me hizo pasar. Gracias. Pero quererle, no tanto. Aun así, le voy a echar muchísimo de menos. Ya estaba pensando que en breve volvería a publicar. Uno de sus generosos ladrillos. Que si un libro está bien, que no se acabe por favor. 8Parecía de los que tienen el libro en la cabeza y de pronto, brrrrrmmmm, se ponen a escribir, pin Pam y no paran. Leía en voz alta para corregir sus escritos. 

Pero en una novela lo importante es el lector. Facilitarle la vida, hacerle. Un regalo. Y a Villar se le leía con gusto, de corrido. Se le leía sin querer. Se le leía con atención y sin esfuerzo. Se le leía con ganas. Y eso es el arte del que escribe. Ese es el éxito del escritor. Es su esfuerzo. El Titán que está detrás, elaborando, tejiendo. La discreción de Villar era  enorme, él desaparecía tras la novela. Eso le hace grande. Ojo. No minusvalorar novela y mucho menos novela negra. ¡A ver si solo van a ser escritores los ensayistas o los poetas!. No. Escritores lo son todos los que logran lo que Villar conseguía, acompañarte, inocular una historia en tu rutina hasta hacerla tuya. Que se mezclara con el desayuno. Que te dieran ganas de departir sobre la cuitas y los personajes con tus amigos o parientes. Que quisieras hablar de ello, como una parte más de día. Grande Villar. Ojos de agua. La playa... El barco. Siempre el mar. Y Galicia. 

Siento muchísimo la ausencia para su familia. Mi más sentido pésame. A su mujer, de la que seguro ha sacado inspiración. A la que leía. Orgullosos deben estar de él, que no es consuelo. Pero egoístamente siento lo que me pierdo por todo lo que le quedaba por contar, por acompañarme. Por acompañarnos  a todos, aunque alguno no lo supiera. 

15/05/2022

AHORROS EN LA COMPRA

 

Yo antes era muy de Lôreal "porque yo lo valgo" en el asunto de hacer  la compra, lo heredaría de mi madre, claro. Ella sí que lo valía. Me refiero a la compra diaria, a llenar la despensa (quien la tenga), el pueblo llano: la nevera. Yo era mucho de: En plan (como se dice ahora): no se ahorra nada comprando en grandes superficies, tipo (como se dice ahora) Carrefour Las Tablas o Alcampo de San Chinarro. Mejor te vas a tu súper de toda la vida, a la vuelta de la esquina, donde solo hay leche Pascual. Que se mueran las ofertas, que son todas un timo. El clásico compra dos y te llevas uno gratis, maquiavélico invento que aprovecha el despiste del ingenuo que lleva una sola unidad, y le sale por un pico de la cara, es el apaño del tendero a cambio del ofertón . Descreída e ignorante de que la marca blanca de yogures griegos del Día, por ejemplo, es Danone o las gulas del Corte Inglés son casi angulas. O que el mejor Vitro Clean es el de Mercadona. Paseaba mi cuerpo serrano por esos supermercados que sólo tienen carros pequeños. ¿Por qué será? Los más selectos solo tienen cestas: "Tipo" Mantequerías Alemanas o Fass, Mallorca, Embassy. Donde a la clientela se le llama por su apellido. Yo era de las que iba a Fass a por una ensalada de arenque y aprovechaba para comprar mayonesa Musa, o el pan, o cualquier capricho. Y es que me encantan las mantequerías, de la provincia que sean, las tiendas con vitrina, donde los garbanzos son chiquitos y se venden a granel. Esas en las que no hace falta la etiqueta de denominación de origen. Las judías son de La Granja, y el hornazo de Salamanca. Las uvas Moscatel fino. Y las cerezas recién caídas del Jerte. Salgo de Mallorca con unos torteles, un par de inglés es y todos los quesos que ha tenido a bien recomendarme el impoluto tendero. Porque da gusto esas tiendas, lo bien que huele, que está todo relimpio. Es que así da gusto y así hacía mi compra. Ahorrando de mi tiempo, que es lo que más vale. Pero como dice un amigo mío vasco de corazón, que no hizo la mili, por un cúmulo de cosas; el tiempo no vale nada si no te lo pagan. Tal cual. 

Pero tengo otro amigo, de Cartagena a mucha honra (que tampoco hizo la mili, sus razones tenía) que sigue haciendo la compra en Sánchez Romero (tal cual) y llena el carrito. Que los hay ya (claro, que ya no es lo mismo desde que lo compró el Corte Inglés. Todo sabe a la Boutique del Gourmet). Él sigue haciendo la compra allí, de la semana, porque lo tiene al lado de casa. Y cuando su chica no está, encarga comida en un restaurante y alimenta a su prole a capricho. Mientras, el vasco prepara albóndigas para mañana y una carne mechada que viene la familia. Y yo un pescado al horno con sus patatas y sus pimientos de acompañamiento. El tiempo de algunos sigue valiendo aunque nadie lo pague. ¿Cuestión de perspectiva o de autoestima?. 

Eso sí, mi amigo es celoso en la cola de la caja. Como si estuviera comprando chuches de niño. Especialmente desde que pasó el virus. Dice que ya no tiene filtros, si es que algún día los tuvo. Desde que en el hospital le llamaban rey, príncipe, cariño, los astronautas que decían ser enfermeras, es otro. Si se le quiere colar el típico listo, aunque se conozcan de pupitre, le niega la mayor. ¡Ole tú! Solo llevo unas sardinas. Será cutre, piensa mi amigo, que ahora teme haberse olvidado de algo y tener que abandonar su puesto en la cola. Antes muerto, prefiere volver después. 

Y es que en cuestión de hacer la compra nadie tiene razón. Y a todos nos gusta presumir de chollos y bondades. Pero lo que sí he aceptado es que es más barato comprar de marca blanca en Mercadona, Día, Carrefour, que en Sánchez Romero. Por mucho que valga tu hora, ola mía no vale lo bastante. Eso sí, el que busca producto, como se dice ahora, se va al mercado de Chamartín y allí las mandarinas huelen a La Barraca, la merluza brilla, el ojo del besugo te mira todavía y solo hay cerdo que se ha alimentado de bellotas. Angelitos. Lo más caro de todo es comprar unas manzanas de oferta y tirarlas  cuando se ponen malas porque eran madera al diente. Ahí sí que lo barato sale caro. Digo yo. Que estudios de mercado no hago. Sigo haciendo lo que buenamente puedo.  Eso sí, a sabiendas de que en posesión de la verdad no estoy.

13/05/2022

AND THE WINNER IS

 

Los premios de la Fundación Caminos están a la altura de Hollywood. Ya  quisieran los yanquis tener el teatro Real como escenario. Y oír el Nabucco, entre premio y premio. ¿¡qué!?. Eso es una entrega de premios y lo demás son tonterías. Las piezas de música elegidas conocidas todas hasta para los más ignorantes en música clásica. Nos ha faltado dar palmas, a punto he estado. Tararear, hemos tarareado todos. 

No voy a hacer un resumen del acto. Me dieron y di tantos besos, abrazos y achuchones, que tengo casi de reserva. Considero que debería ser obligatorio acudir a estas cosas. Es tan importante como una clase de Mixtas. Sí, estaba Martínez Calzón en la entrega. Amigo de Benet y de Pérez-Galdós. Jugador de ajedrez además de ingeniero, y muchas otras Ingenieros ilustrados, que aun quedan y aún nacen y se hacen.

He visto a amigos y conocidos. Menos mal que no miento, porque a mi lado estaba un amigo de mi jefe. Los Pinochos no tienen recorrido, por mucha discreción de la que se presuma. Es un planazo, un jueves, escaparse al Teatro Real a las once de la mañana. Como señores. Nada de madrugar y sin prisas  aparentes para volver. Siempre te puedes excusar con una reunión temprana. Risas. Alegría sincera en el reencuentro y mogollón de abrazos. Es cierto que peinaba canas el patio de butacas. Ahora que ni las mujeres nos teñimos, un manto nevado cubría lo que no era escenario. 

Impresionante el Teatro Real, magnífico. Con su historia, versionada con un toque ingenieril por el Presidente. Antes estaba el teatro de los Caños del Peral en lo que luego sería la plaza de Isabel II y a su vez construido a principios del siglo xviii sobre un corral de comedias, y cuyo nombre se debe, ahí viene el toque ingenieril, en que se llamaba así, por estar ubicado junto a los lavaderos de la fuente de los Caños del Peral. En los siglos xv y xix ocupó la vaguada que existía al final de la calle del Arenal. Cuenta la tradición que su nombre se debe a la existencia, allá por 1263, de un peral que sombreaba el manantial. ​Caños es el como acullá, s XVI, se llamaba a los acueductos. Imagino ese Madrid lleno de barro y cántaros llenándose de agua. Lavanderas.

Ha estado genial la entrega de premios. El mejor discurso, el de Jaime Lamo, a la sazón ingeniero agrónomo. Ha excusado su no pertenencia al cuerpo con un simpático "nadie es perfecto". Un fenómeno Don Jaime. Yo que fui consorte de agrónomo, sobrina, prima, cuñada, por múltiples partidas, reconozco en el agrónomo una capacidad de adaptación, una versatilidad, una paciencia...propia de gente de campo, que espera la lluvia y el sol.

Ha habido premio al proyecto de transporte en Arabia y en la Luna, la conexión entre España y Portugal por Zamora, la movilidad en Tudela, y mucho más. Hasta ha habido un spoiler, en el premio otorgado a Rafael del Pino, hijo, nieto, sobrino y hermano de Ingenieros de caminos. Se resume en él, el espíritu de ingeniero puro. Ha contado el famoso consejo "hijo mío, un ingeniero de caminos siempre debe ir bien vestido, por si le hacen un homenaje". Ha tenido gracia cuando ha regañado a "su CEO" por asistir al acto en vez de estar trabajando. Un clásico. ¿Lo decía en serio o en broma? Eso es lo bueno, ahí está el quiz, que no se sabe. Ha hablado de las motoniveladoras y las obras a las que iba los fines de semana de niño. Otro clásico entre hijos de ingenieros, una amiga mía iba a los puertos a ver a su padre trabajar entre cajones, gánguiles, pontonas y dragas. de hecho su padre recordaba el nacimiento de sus hijos por el mar que miraba cuando nacieron.
Ha estado genial, quizá un poco largos los discursos, es que eran muchos. A la próxima hay que cambiarlo por un "chispun",  el clásico vino español del Colegio. para poder achuchar a mis compañeros de culturales, mi amigos del viaje a Brasil,  compañeros de clase de primer año, que fueron más rápidos que yo (les gustó menos la carrera). Amigos que son jefes, jefes que son amigos. Amigos y jefes que se jubilaron, a los que mucho debo. profesores. Me han encantado los presentadores, bajo el lema de "cuando la Luz brille", mensaje de esperanza, presentaban el premio y colgaban en suspense al ganador, por unanimidad del jurado....And the winner is...

10/05/2022

ESO ME PASA POR HABLAR

Ha sido hablar de espionaje y ¡zas!, me han empezado a pasar cosas raras. Por ejemplo, yo soy muy de la COPE a veces a mi pesar: Expósito es majete, y por la mañana Herrera (un rato, que cuando Carlos se pone sevillita no hay quien le aguante, porque Carlos, Herrera, es o era del Barsa, por mucho que presuma ahora que su Betis, que también) Pero vamos, que Herrera por no tener, no tiene ni acento andaluz. Y a mi la gente que se hace la sevillana me pone muy nerviosa. Igual que el que se hace el gaditano o el galleguiño. Cada uno, por provincias, es como es. Tiene su cara y su cruz. Y no todos los segovianos somos iguales. Ni los castellanos viejos son todos seres espartanos sin sentimientos, ni los de Logroño le dan todos al tinto. Ni los de Abades son brutos ni los de Lepe tontos. Mira Lepe, míralo bien, de tontos no tienen un pelo. Por no hablar de los murcianos. Que está de moda decir que no existe Murcia. Pues olé Carlitos Alcaráz, que en tres días se ha ventilado a tres grandes, y no lo tenía preparado, solo había que oír su discurso y ver a la chaqueta roja de protocolo, intentando colocar la escena. Un fenómeno. Me dan ganas de jugar al tenis, como cuando McEnroe jugaba y yo era incondicional de Lendl, el checo, más aburrido, lo sé. Entonces estuve a una mijita de hacerme profesional.

El caso, que yo oigo la COPE muy de mañana, cuando todavía Herrera no ha empezado a escucharse a sí mismo y a ponerse demasiado estupendo. Oigo la COPE cuando aun no han empezado hablar los hijos de, el del propio Herrera, ni el de Naranjo, en fin. El nepotismo de la COPE no tiene disimulo. Pero me gusta la tertulia, eso me suele gustar. ¿Que por qué hablo de esto? Porque de pronto mi Carlos empieza a tartamudear, el volumen se baja solo y el dial se mueve sin mi intervención hacia la SER. Ejem. A mi la SER, que debe estar bien, me pone muy nerviosa. Mis amigas y parientes la escuchan y me la recomiendan, pero no. No soy yo de la SER. Me gustaba escuchar ONDA MADRID, sí, con Colmenarejo, pobre. ¡Mira que morirse!. Habla Victoria Prego, que mejora en la radio en contraste con lo pedante que resulta en la tele; y mucha otra gente muy lista. Oía a veces a Alsina, pero es otro que se escucha. Y para auto bombos ya tengo bastante con mi Carlos. Además me parecía una especie de batalla continua entre Charlies. Nada. Cuando me cansa Herrera, a eso de las diez, me voy a Radio Nacional. Pepa también se escucha, pero mola, Aberastury es simpático. No escucho todo el rato. Es compañía. Pero con la SER, no puedo. No me han hecho nada, que conste. Y lo deben saber los espías que controlan mis importantísimos escritos. Porque la cosa es, que cuando tocan los anuncios, ¡zas! se cambia el dial, solito. Y eso ocurre desde que hablé de Pegasus, ingenua de mí. Y de pronto no reconozco las voces, la sintonía. Algo remueve la paz de la mañana. Oigo un ruidillo, ¿interferencias? se baja el volumen. ¡Zas! Soy Angels Barceló. ¡Pero concho! ¿Qué ha pasado? Y en mi radio, de dial manual, ya no encuentro ni la COPE ni Radio Nacional, ni emisora alguna de mi confianza.

Y es que lo espías se han dado cuenta. Aquí hay madera. Ya te digo. tecnología punta. Esta señora esconde algo, bajo esa vida de aparente rutina de no romper platos. Miro mi móvil, un último modelo, Redmi. ¿estará intervenido? No se cuántos de estos existen en el mercado. Se lo regalaron a mi madre como teléfono de sustitución. Cuando instalo una aplicación tengo que desinstalar otra, porque la memoria no da de sí. Cada dos por tres me avisa de que tengo que borrar cosas porque el teléfono va a dejar de funcionar bien. ¡Como si alguna vez lo hubiera hecho! Eso sí, la pantalla tiene una altísima sensibilidad. es decir, en lo más interesante de una conversación, se activa el modo avión, así, sin avisar. Con mi complejo de grandes orejas, atribuyo siempre a éstas el incidente. No culpo al contrario. Soy yo. Dejo el cacharro en la mesa mientras escribo en el "ordenata" y de pronto se enciende la pantalla y se activa solo, adquiere vida propia. Sin intervención por mi parte el teléfono con autonomía se pone a llamar a alguien. Suele ser que llama a la última persona que he marcado. Pero a veces es aleatorio y en general muy inoportuno. Yo miro la luz que ilumina la pantalla y el botón verde que parpadea, le doy al rojo. Colgar, Colgar. Escribo a quien sea para disculparme porque he llamado sin querer. También me pasa cuando lo tengo en el bolso o en el bolsillo. Ahí casi lo entiendo mejor. No lo habré bloqueado y de alguna manera se ha activado. Pero cuando está en la mesa me da susto. Esto ya me pasaba a mi antes, en otra época. Ahora que lo pienso sería que entonces también me espiaban. ¿Te acuerdas? Me decías "me has llamado", enfadado, otra vez. Y yo, que hubiera querido llamarte cada minuto, decirte cuánto te quiero, cuánto te quería, que te echaba de menos. Que buscaba tu abrazo hasta en mis sueños. Hubiera querido seguir sintiendo tu calor cada día, cada noche. Pegada a ti sin moverme para no romper el momento de hechizo. No era consciente, no era yo. Ahora lo veo. Fue luz de gas. No era yo. Eran los espías. Persona de interés. OLE tú. ¡Toma ya! Si es que estaba destinada a ser grande. Ya lo decía mi madre. "Person of interes" Suena mucho mejor en inglés. Pues no se aburrirá el colega de la furgoneta escuchándome. Ya lo decía un amigo mío que tuvo su momento. Ahora vive en el anonimato al lado del río, en la ciudad donde antaño la niebla cargaba las aceras y escondía los rumores y los amoríos. Pues no se aburrirá el colega de la camioneta, con los cascos puestos. ¿Para qué tengo yo que espiar a esta señora? Como a mi amigo. Yo voy a recoger a la mayor, no como en casa, que tengo lío. Hay barbacoa en casa de tu madre el fin de. Y el de la camioneta venga "de fumar", hasta la coronilla de cuitas. Intentando descifrar códigos secretos. Entramos por Normandía. El morse es mucho más fácil que este hablar de rutina de la señora del sexto. Que si tiene una reunión, que pone la lavadora, que hoy cocina una cremita que le enseñó su chico a hacer, que sabe a campo. ¡Qué rico! Esa crema le tenía que gustar a mi padre, más que a campo, sabe a monte y remonta un catarrazo o un resacón.

En fin, que por hablar, he vuelto al tiempo en que mi teléfono hace ruiditos y sé que me están espiando. No voy a decir que me enorgullece, no. Me llena de orgullo y satisfacción, así hablan los que sí que saben. Pero, mira, si me espían, vale, pero que no me cambien la sintonía, que yo soy muy de costumbres. Si ya no me adoctrina nadie, que no se preocupen con mis tendencias políticas. No soy peligrosa, además, lo mismo hoy pienso una cosa, que mañana se me ocurre otra que me convence mucho más. Y no es falta de coherencia, es de verdad que lo pienso. Y estoy igual de convencida. Eso, que me espíen si quieren, pero por favor no me pisen jamás mis zapatos de gamuza azul.



07/05/2022

AMANTES Y PEGASUS



Solo si eres un prenda te preocupa que te espíen el teléfono. Ni Presidente ni Presidenta, ni economista ni economisto. Los malos malísimos, amigos de lo ajeno, maquinadores, personajes del otro lado del barro. Privacidad y misterio lo queremos todos. En su justa medida, sin llegar al anonimato. A mi me importa un bledo que alguien vea a qué hora me conecté por última vez, o si salen con TICs azules porque he leído un mensaje. Casi me parece un herramienta útil para dar al otro una información que de esa forma me ahorro contar. Claro que yo no tengo secretos, sí cosas de las que me arrepiento o le avergüenzo, pero secretos... No. Y cuando los tengo los olvido para que no se me escapen. 

Vamos  a ver. Los secretos de Estado ¿se cuentan por teléfono? ¡Qué antiguo! ¡Qué imprudente! Yo que no he sido ni seré famosa y mucho menos jefa de estado o estada, pero ya lo visualizo: Ni se me ocurriría contar por teléfono depende qué información. Si recuerdo otra, épocas, el 23f. Yo tengo un amigo muy amigo que es hijo de espía. Se oían ruidos cuando hablábamos por el teléfono fijo de casa o el de la escuela. Y bromeábamos sobre el aburrimiento del escuchante por nuestra apasionante y compleja conversación. A ver si la descifrado. Charlábamos ¿a ti te ha dicho Fulano algo de mi? . Yo creo que le gustas. Pues no se nota. Ni me habla. Solo para pedirme apuntes. Será que es tímido.¿Me vienes a recoger? No sé qué ponerme (él aguantaba estoico mis tribulaciones de amor e indumentaria). El hombre es bueno y paciente por naturaleza, aunque le entren prisas por resolver problemas. ¿Vas a a misa de 12 o por la tarde? ¿Subes a Nava? O comparábamos soluciones de los problemas de cálculo diferencial, ecuaciones, derivadas implícitas y Laplacianos. Sujeto, verbo y predicado. Nos despedíamos entre nosotros y saludando al interceptor, just in case. Por cortesía. 

Pero el que tiene un ligue, el infiel, ése sí es celoso de su intimidad. Se le ve el plumero. Enseguida se cierra en banda. Sospecha. Porque tiene qué esconder. Fotos comprometidas. Mensajes de dudosa interpretación. El infiel teme que se le pille. ¿O lo desea? Solo el traidor, el mentiroso, el falso, el que lleva una doble vida, se ocupa con celo de borrar sus huellas. Pulgarcito estupeface ante tal comportamiento, ¿quien quiere olvidar su camino?. 

Otra cosa es ser espía. Vale. Perdono a los profesionales del engaño. Juan el sargento, comandante, teniente coronel, pasaba por amanerado a pesar de su prole, ya que gustaba de teñirse el pelo en otoño de un rubio claro, alguna primavera se dejó bigote tipo Chaplin. En verano decía que por pereza no se afeitaba la barba que en septiembre poblaba sus mejillas. Engordaba y adelgazaba como Robert de Niro, según las necesidades del personaje. Exigencias del guión. Tal era su metamorfosis que a pesar de que mi amigo es un hermano más que amigo, al padre no le reconocería si por la calle si me topara con él, en un bar, la biblioteca. Jamás le hubiera saludado, siempre pensando que de una misión se trataba la situación en la que le hubiera encontrado. Eso en caso de identificarle, que ni bajo presión. El caso es que acepto pulpo, o espía como animal celoso del contenido de su teléfono. El resto, zafios, rastreros, amigos del engaño y la traición. 

Que me dicen por el pinganillo que espiar al Presidente es otra cosa. Ya. Pero los parlamentarios ¿Qué han dicho ante la noticia? Que van a borrar las fotos de su hijo de su móvil. Desengáñense. No es el eventual secuestro del primogénito lo que les preocupa. Tampoco la desarticulación de un desastre local o mundial. De hecho estamos inmersos en una guerra europea no detectada por todos los sistemas de escucha del mundo mundial. Les asusta que alguien les pille en fuera de juego. Una conversación no borrada, una foto comprometida. Un halago fuera de lugar. Cositas. Todos somos iguales, el móvil lo usamos para mandarnos chistes de WhatsApp o videos divertidos. Los secretos de Estado van por otro conducto. Que se lo pregunten a Sigri, el Africano. El apuntaba los datos en la revista Ronda, que afanaba al salir del avión. Así se enteró mi amigo de los negocios del padre, y del por qué de su colección de sombreros, el cambio constante de modelo de vehículo, del biplaza inútil a la camioneta que le avergonzaba. No están los secretos del Estado en el móvil, presidente.¿O es que usted no ve pelis?