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21/03/2021

EL SALUDITO DE DON JOSÉ


No sé a quién se le ocurrió la bobada de saludarse con el codo, porque es una chorrada. Entre otras muchas razones porque ahí es justo donde se mezclan las “miasmas”. Sí, antes era de mala educación no taparse la boca al toser o estornudar, ahora hay que hacerlo en el codo, en su parte interna. Vamos que, si en alguna parte del cuerpo hay posibilidad de que se concentren virus y bacterias provenientes de efluvios y otras lindezas, es en entorno de la articulación del brazo. Que las manos nos las lavamos mucho, tenemos un máster, pero la camisa y no digamos el jersey (chaleco) o lo rebequita no se lava tanto. Que conste. 

Con la cantidad de maneras ya inventadas que existen para saludar sin tocarse, no entiendo la necesidad de parir una bobada de semejante categoría.

Se puede saludar, en primer lugar, con la mano; hay un gesto conocidísimo que consiste en levantarla más o menos, a gusto o elección del consumidor, y, enseñando la palma, hacer un movimiento de arco, a izquierda y derecha, como un péndulo. También se puede abrir y cerrar, como se enseña a los niños, con los dedos estirados. Miren a los reyes, saludan desde la distancia. Los orientales se saludan con una leve inclinación de la cabeza, o reverencia. En concreto los japoneses son muy ceremoniosos y conservan costumbres ancestrales, respetan el paso del tiempo, la veneración a los mayores forma parte inherente de su cultura. De esta manera, cuanto mayor sea la persona a la que saludan, mayor será la reverencia. Intentan evitar cualquier contacto físico. Juntan las manos ellas delante del cuerpo, ellos las mantienen rectas y separadas, brazos caídos. Cuanto mayor sea la importancia, del otro, aumentan en número de inclinaciones y el ángulo de reverancia es mayor. Así, cuando se casó Timo con Yuriko, los amantes del sol naciente. Efa, de Tarazona de Aragón y Tim, irlandés errante, a la sazón padres del novio, acudieron orgullosos a la boda de su primogénito. Efa recién peinada, el pelo lleno de laca, levemente inclinó la Ilustre cabellera, con ganas de estrechar en su enorme abrazo los cuerpos menudos de sus consuegros. No comprendía la distancia y temía por sus rizos recién fijados. Por supuesto recibió la regañina del hijo, nervioso ante el acontecimiento, rodeados de bonsáis y diminutas bellezas. No fue suficiente en número ni en inclinación. Pero buena era Efa, para ella, su melena era sagrada. ¡Vamos! Después de las dos horas que se había pasado bajo el secador.

En la India para saludar juntan las manos a la altura del pecho y pegadas al cuerpo, como si fueran a empezar una oración de noche. Jesusito de mi vida. En función de si la otra persona tiene mayor rango social o alta categoría, se inclina la cabeza más o menos. Parece un bonito signo de respeto.

Saludos con las manos agitadas, con la cabeza. Genuflexiones varias, gestos de todo tipo y por último, pero no menos importante, el lenguaje de los sordos. Se trata de una lengua riquísima y que no requiere contacto. Esta llena de expresión corporal, ajena a tocamientos. Pero con la fuerza de las palabras. Por ejemplo, la palabra "hola", se gesticula llevando la mano a la frente y bajándola luego, como si fuera rémora de quitarse el sombrero o tocar su ala. "Buenos días" imita el acto de salir el sol, usando las dos manos. "Buenas tardes" es el gesto de tomar un café que hacen los niños juntando índice y pulgar y llevándoselo a la boca. "Buenas noches", el de la puesta del sol, se cierra el telón. Los tres saludos precedidos de llevarse los dedos unidos por las yemas a la boca, como cuando quieres decir que te chupas los dedos de rico que está algo. “Encantado”, de conocerte, es un suave masaje en círculo con la palma de la mano derecha abierta en el centro del pecho.

Si no nos hemos puesto de acuerdo en que el lenguaje de los signos en los distintos países, que no nos hemos puesto de acuerdo, ¿qué se puede esperar?. Es increíble que tal manera de comunicarse no sea universal. No lo es. 

También es conocido y un poquito más cursi el lenguaje de signos de ligue de los abanicos, que si acércate, que no me interesas, qué vergüenza y un etcétera lleno de misterios que atañen a la conquista y al celo.

En cualquier caso la bromita de tocarnos el codo no sé quién se la inventó. Ahora parece que el presidente se lleva la mano al corazón cuando saluda. Por lo visto la OMS desaconseja el saludo de codo y recomienda el de la mano en el corazón. Mucho me parece en algunos casos llevarte la mano al corazón. A veces no es para tanto. Y además, cuidadito, que según donde uno vaya, se lo pueden tomar de otra manera. ¡Lo que nos faltaba!



20/03/2021

NO TOCA

¿Has sabido la noticia?
- ¿Qué noticia?
- La de Juan, ese pobre carpintero tan amigo de papá.
- ¿¡Pues cómo?! ¿Qué le ha sucedido?
Así empezaba un relato que nos contaba mi abuela cuando éramos pequeños. Con ojos redondos y oídos atentos devorábamos la historia y cada una de sus palabras, que siempre eran las mismas. Un sábado detrás de otro contaba idéntico relato, exactamente de igual manera. Entonación teatral y ondas en la voz para atrapar nuestra atención y entretener las tardes de invierno al calor de la camilla y el brasero. De noticia a desgracia evolucionaba el cuento, de una vez a otra.
Me dan ganas de decir ¿has sabido la noticia? Ante los acontecimientos que últimamente se agolpan en el telediario, en Twitter, emisiones radiofónicas, etc. Pero no me da tiempo a digerirlo todo.
De verdad pienso que no merecemos a nuestra clase política. Para mí, se salva sólo una mujer que trae vientos africanos. No es que esté de acuerdo con lo que dice o piensa. Es que me parece la única que es de mi planeta. No voy a decir nombres. De los demás, ni uno. Ni el astronauta, que mira que tiene mérito y debe ser un fenómeno. Podría con alfileres aceptar a alguno. Pero no puedo arriesgar. Serán muy buenas personas y querrán mucho a sus parientes y amigos. Pero el César tiene que ser algo más. No se me ocurren muchos ejemplos de irresponsabilidad comparables a los de nuestros supuestos representantes entre la clase votante, no dirigente. A mí no me representan.
En general no doy crédito a la deslealtad nunca. No por bondad propia, sino por perplejidad ante la maldad ajena. Me sale pensar que se trata de errores u olvidos, antes que reconocer en alguien a quien respeto o admiro cometa un acto de falta de escrúpulos en cualquiera de sus posibles facetas. No soporto que se falte a la palabra. Nos hemos dado la mano. Eso me encanta. Pero lo que están haciendo los políticos españoles no tiene nombre, supera deslealtad y mentira, entra en una categoría de sinvergonzonería que no puedo nombrar sin ensuciar con tacos estas líneas.
Se doblan las muertes desde hace un año. Cada día. Todos los días. Y los gobernantes, como si les sobrara el tiempo, con la que está cayendo; se entretienen con mociones de censura, anticipo de elecciones, estrategias varias para tomar posiciones preferentes en la próxima salida. ¿Son acaso parientes del Diablo matando moscas con el rabo? No les merecemos, no les necesitamos.
Se suspende temporalmente la vacunación con una de las fórmulas por inseguridad ante posibles efectos secundarios graves. En paralelo el vicepresidente deja el gobierno y se presenta como candidato a las elecciones que ha convocado prematuramente la presidenta de la comunidad de Madrid porque en Murcia a su vez han presentado una moción de censura a su partido y teme que le hagan lo mismo a ella, cosa que ocurre, a la media hora de haber disuelto el parlamento autonómico. No una, sino dos mociones de censura, se presentan por parte de dos partidos distintos. Ante el amontonamiento de acontecimientos, los “censuradores” de Madrid llevan a los tribunales la decisión de la presidenta. Con lo que los tribunales se entretienen con semejante butade que de antemano se sabía que era absurda reclamación. Y es que entra dentro de la aplastante lógica que una vez disuelto el parlamento no sea posible presentar mociones de censura, ya que entonces nunca se podrían disolver las cortes. Parece que el miedo de la presidenta estaba justificado. Esta presidenta que parece antigua, pero no lo es. En Murcia mientras tanto, dominó del caos, parece que renuncian tres de los diputados de centro izquierda que presentaron la moción. Se recurre entonces a la derecha de la derecha para que apoye a la moción que quieren echar a la derecha del gobierno. Echan del partido a tres diputados de la derecha de la derecha que finalmente no apoyan tampoco la moción. Otra surge en Castilla León, también encabezada por los de la rosa. Tanto da. El promotor de tal reto asegura que no dimitirá, aunque fracase su propuesta. Muy bien. A todo esto, se ha muerto uno de los afectados por la reacción de la vacuna. Es noticia. Sí. Pero lo que es noticia es el follón que tienen en el parlamento. Se acusan de estar en campaña unos a otros. Entre risitas y maldades se regañan por hacer promoción de su candidatura antes de tiempo, unos desde el escaño otros desde el despacho de súper ministro. Tanto da. Acusan de comprar voluntades unos, otros de manipular tarjetas de teléfono. Se afean la conducta unos a otros sin reflexionar sobre la propia. Es una porquería. Se lanzan miserias e insultos. Todos utilizan los muertos y damnificados por la pandemia para hacer política, para ganar puntos en esta carrera que es llegar al escaño. ¿Pero qué es esto?
¿En qué mundo viven esos individuos? Ahora solo hay una cosa importante, salir de ésta. Lo demás tienen que ser alegrías. Buena actitud, disposición para ayudar. No hay más. No pueden despistarse ni un radián. Apunten bien señorías. Hasta la coronilla estamos de toque de queda, de mascarillas, guantes y gel. Que ya vale con la bromita. Hartos de malas noticias para que vengan ustedes con su culebrón. No nos aturullen más. No discutan de bobadas señorías, o de asuntos que no tocan. A ver, se les paga bien, tienen cubiertas las espaldas de la seguridad, se les lleva y se les trae. Pues al lío. No se me despisten. Queremos buenas noticias y que se centren, ya. No quiero oír nada que no tenga que ver con lo que toca. ¿Qué hacen debatiendo la ley de la eutanasia? ¿Qué hacen decretando y metiendo goles con alquileres, subiendo impuestos, bajando rentas? No toca eso. No toca. A ver Joe, no puede usted llamar asesino a Vladimir. No toca. ¿Qué pretende? ¿Meternos en otro lío? No tenemos cintura. ¿O es de los que lanza la piedra y esconde la mano? Estamos en guerra, en estado de emergencia, bajo mínimos. La gente no tiene más agujeros en el cinturón y estos tíos cambian la flota de coches de los diputados o compran iPads para todos. Tanto hablar de los bares, veremos si hay perras cuando se acabe vivir del crédito y del cuento, para llenarlos. No toca. Quienes necesitan iPads son los chavales que no pueden ir a clase. No ustedes señorías, apunten con papel y boli. Como hacemos todos. No necesitan wifi en el hemiciclo. Concéntrense en lo que toca. Y no me vengan con pamplinas, que si no se ponen de acuerdo. Pero ¿qué me están contando? Pues castigados sin recreo. Hasta que no lo arreglen, de ahí no sale ni Blas. ¡Ya está bien de tanta tontería y tanto obrero parao!
Somos todos. No estamos para coñas. Tráigannos buenas noticias, denle a la mollera. No sean acusicas. Estén a la altura. Se les recordará como la peor clase política de la democracia. Toca otra cosa. No imagino a Winston debatiendo con Isabel las margaritas a disponer en los salones de palacio. Pues ustedes lo mismo, damas y caballeros, al lío. Que, si se portan bien, somos un equipo, y aquí nos tienen para empujar, con la carretilla para arriba.

19/03/2021

LA ISLA

 

Si no sabes lo que es la isla, sólo hay tres posibilidades. Uno: que no sepas lo que es “la Isla”, dos: que no tengas hijos adolescentes o no seas tú mismo un adolescente barra joven no tan joven, y por último que no hables con nadie. Dentro de la primera opción está incluida tanto la tercera, como ese grupo clásico de mentirosillos barra intelectuales de pacotilla que se avergüenzan de saber lo que es “la Isla”. Si bien es cierto que no toda la Galia está invadida por los romanos. ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste, todavía y como siempre, al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios romanos en los reducidos campamentos de Babaorum, Aquarium, Laudanum y Petibonum…, los indomables que, bien sea porque ya no ven la televisión por aburrimiento o porque solo vean películas que sus plataformas digitales les recomiendan, a falta de consejos amigos; o porque, en fin, tengan otras aficiones; son como las meigas.

El caso es que yo sí he visto la Isla, con interés medio escéptico, medio neutro en un primer momento: Por dar una oportunidad a la generación que viene. Con pasmo, estupefacción y mucha vergüenza, pasado un solo minuto de programa. El cúmulo de sensaciones y sentimientos que me invaden antes de que me venza el sueño, desde luego no son lo que se podría llamar satisfactorios, bonitos, positivos, ni nada de nada. Interesante no es el espectáculo. Aportar, no aporta nada. Pero desde luego dice mucho de la sociedad enferma en la que vivimos, de la que somos en parte responsables. Porque tiene muchísima audiencia, por mucho que Abraracúrcix  resista.

La supuesta pantomima que protagonizan un grupo formado por cinco parejas que deciden poner su relación a prueba durante un periodo de tiempo de uno, dos meses o tres, en un lugar paradisiaco, separados unos metros él de ella. Ellos en una casa de lujo, ellas en otra. Los novios rodeados de chavalas minifalderas y guapísimas que solo quieren conquistarles. Con el propósito único de hacer feliz a alguno de los novios. Malmeter contra la novia, escuchar y ejercer de mujer perfecta. Y las novias lo mismo, con un montón de guaperas estupendos que solo quieren ganar su afecto y quedarse unos días más en tan magnifico escenario. No solo los conquistadores tienen tela, en su misión de romper pareja, que es a lo que van. En el programa salen las perlitas que cada uno lleva dentro. Las novias y solteras muestran lo bichos que las mujeres podemos llegar a ser: intrigan, dicen medias verdades, cuchichean a las espaldas de las supuestas amigas del alma que se conocen de dos o tres días o semanas. Todo un ejemplo. De los chicos, qué decir, golfos y sinvergüenzas algunos, imprudentes muchos y en su mayoría buena gente, sensibles, manipulados y manipulables. Tampoco quedan muy bien, la verdad.

Dos meses de vacaciones pagadas, a todo trapo, en una gigante casa hortera y paleta, con piscina privada y el mar tras la duna. Casi no salen de la casa y del agua. Ni pasean, ni leen, ni investigan, ni van a la playa. Ni siquiera se hacen fotos de los pies con la arena albero y la raya del agua plana al fondo, una palmera casual encuadra la imagen. Todo un clásico en tales entornos. Otra posibilidad es la copa con hielos y limón y algún liquido elemento transparentando el azul de nubes y aguas y la arena inmaculada. Al menos eso no se ve en los programas, no es la chicha. Lo único que se muestra es como se cuecen cada noche y ensayan para ser actores porno. Yo no sé de dónde han salido estos elementos. Sospecho que son actores secundarios, argumento desmentido por la serísima presentadora. Su próximo proyecto será escribir una sesuda novela costumbrista, o quizá un ensayo sobre el significado último de la unión amorosa y su fragilidad. Participará sin duda en intensos debates televisivos que analizaran con profundidad y juicio el concepto de pareja.

Me parece un escándalo que se intente trasmitir la idea de que esas imágenes y comportamientos se aproximan siquiera a la realidad. Vamos a ver, ¿quién se ha visto en tal situación? Rodeado de cocoteras, ambiente marino, desayuno de zumo de frutas paradisiacas recién exprimidas, la mesa servida, la cama hecha, acicalado cada día y rodeado de gente divertidísima, que solo quiere conquistarte. Todo esto sin tener que pegar un palo al agua, sin estudiar ni trabajar, dedicado al hedonismo desde que sale el sol hasta el ocaso. Un día, y otro. ¿Quién dice que es una puesta a prueba de la solidez de una pareja? Es un insulto a la inteligencia y al amor. Todo dicho sin desmerecer la profesión y pericia de los llamados solteros, individuos que llegan al lugar con el mandato de ocupar el corazón de uno de los llamados novios, miembros de una pareja. En cuanto conquistan a uno, más días de vacaciones que acumulan. Pues claro, agudizan el ingenio y usan las tretas, y cuantas artimañas sea menester para obtener el sustancioso premio. ¿Qué no? 

El espectáculo es en sí bochornoso, pero muy entretenido según parece. Los chavales tienen grupos de WhatsApp que llaman “la Isla” donde las frases más comunes son “se viene”, “se lía”, "hay tema" o temita. Atentos a ambas pantallas van comentando las jugadas de los participantes del concurso. Sé que ellos no padecen de mi pasmo. Sé que ellos se ríen y divierten, comentan decisiones, y entretienen el rato que sigue al toque de queda temprano, con una tertulia mensajera y palomitas. Al día siguiente es argumento de café de media mañana. A la postre nada queda, cada mochuelo a su olivo y si te he visto no me acuerdo. Al cabo, nada os debo; me debéis cuanto he escrito. Se irán los habitantes de las casas, solos o en compañía de otros, arropados por el silencio de la presentadora que con su distancia y hierática figura es el único referente del concursante. ¿Emula quizá sin conocimiento a algún personaje de novela, cínico, descreído? Los concursantes se convierten en pollitos asustados en cuanto la ven y observan cada uno de sus gestos con miedo y atención focal, por si de ellos manara una pista siquiera de la pareja que alboroza soltería a unos metros tan solo del matorral floral que separa sus playas. No pestañean, olvidan sus propias faltas o actitudes curvas, para volver a una realidad que creían quizá enterrada bajo las dulces olas de ese mar turquesa calda, que moja con calma la orilla.


15/03/2021

MI TIO EN EL HOSPITAL

Esto es todo verdad. O casi todo. Cuando yo era pequeña, o más pequeña, y no tan pequeña, cada vez que contaba algo, me acusaban de exagerada. De ser como una tía mía a la que tachaban de fantasiosa. Que se privaba al llorar de tanto que sufría. Si bien es bueno parecerse a los propios, que honra merece, dicen; nunca me pareció que me piropearan con tales argumentos. Además, esos eran los menos graves de los apelativos. Lo normal era "ya está María con sus cosas". O un " Eso es mentira", seguido de "no inventes". Me han dolido en el centro mismo de mi patata ese tipo de comentarios. Hasta el silencio. Sí. Interpreta mi silencio. Gritaba callada a la audiencia. Insultantemente muda. Sin que nadie notara nada. Soy de esas personas que procuran la paz, por lo que olvido los motivos de mi enroque, y además soy de los incorpóreos y prescindibles. No se aprecia mi ausencia. Así es que, cuando estoy callada a nadie se le ocurre que me pasa algo. Es más, agradecen el descanso. Sí, hay personas que somos así, invisibles. Por muy gordas y grandes que seamos. Hay chiquititos que cunden mucho más.

No sé si he superado esa etiqueta de mentirosa. La verdad es que todo depende de cómo te lo montes, o cómo te lo tomes. Yo podía haber aprovechado el impulso para hacerme cineasta, inventora, relatora, escritora o cualquier actividad relacionada con la imaginación. Con ese tirón ya tenía medio camino hecho, al menos me hubiera ahorrado promocionarme. Sin embargo, me lo tomé como un defecto. E intenté sin mucho éxito ajustarme siempre a la realidad. Busqué la precisión con ahínco- Como dirán que todo esto me lo he inventado o exagerado voy a contar una historia que nadie sabrá si es cierta o no.

Mi tío nunca quería viajar, ni dormir fuera de casa, no por falta de interés en conocer mundo. De hecho, hubo una época, cuando sus articulaciones se lo permitían, en que viajó mucho más lejos que lo que entonces se entendía como normal. Vivió temporadas, siendo muy joven, en los Estados Unidos de América. La razón última de su resistencia no era otra que proteger su sueño, no cabía en las camas normales. En ninguna más que en la suya. Es alto sí. Como todos mis parientes. Según mi padre siempre ha sido el más elegante de los hermanos. Decía que era como James Stewart. Mi tío, además de ser muy listo y muy bueno, es el flautista de Hamelín. Goza de la capacidad de captar la atención de los niños. Es silencioso y sonríe con placidez, parece que está a gusto. Cuando entra un niño en su campo de afección, se dirige a él por muy escondido que esté. Emite ondas que solo los niños reciben. Le puedes ver en una reunión familiar que no se levanta de un sofá porque a su lado se ha instalado un nieto o sobrino nieto que se ha cogido con la manita a uno de sus larguísimos y blancos dedos. Por no alterar el momento mi tío no se mueve, le habla al chaval, le cuenta. Puede pasar horas así, sin perder la sonrisa.

Va a cumplir ochenta y tantos y fue hace unos días cuando por primera vez ingresó en un hospital. No es la única cosa en la que se estrena ya talludito. Acudió a la peluquería por vez primera hace bien poco. Sus melenas se las recortaba mi tía. No es primerizo en visitar hospitales, lo hizo con frecuencia cuando se podía entrar en ellos sin ser paciente ni trabajador sanitario, de visita. Es discreto y se queda siempre en un segundo plano, trae el agua cuando el enfermo tiene sed, llama a la enfermera, baja o sube la cama, pendiente siempre de lo importante. En fin, está atento, sin que se note, sin dar la lata.

Resulta que necesitaba un marcapasos, que le animara el corazón, sin tener que darle cuerda, automático. Puedes oír sus pataditas, está vivo creo yo. Tras el diagnóstico y previo a ponerse en manos del cirujano, acudió al cardiólogo con un dibujo del corazón para que por favor le explicara cual era el mecanismo que fallaba el órgano. El especialista, gustoso indicó el sentido de la sangre limpia y la sucia, el bombeo, y mi tío salió más contento de la consulta. Habiendo debatido sístole y diástole, contracción y relajación, entendida la misión del minúsculo cacharro asumiría ya para siempre en su esbelta envergadura; relajó su postura y ya más tranquilo, se enfrentó a la intervención y comentarios. Porque cuando a la pregunta "¿qué te van a hacer? ", contestaba lo de la instalación del marcapasos, recibía sistemáticamente un "uy, eso no es nada". Y una retahíla de ejemplos de intervenciones mucho más graves y complicadas a conocidos o extraños. Claro, no es nada cuando se lo hacen a otro, pero cuando eres tú el afectado, la perspectiva cambia. Y sí es algo.

La operación salió genial. Los médicos muy majos y las enfermeras atentas. Por si las moscas le dejaron ingresado un día. Ahí vino lo complicado. Porque mi tío es muy de Segovia y si le dicen que se esté quieto, no se mueve. Como cuando un nieto le agarra el índice. Ya puede temblar la tierra, que mi tío no se inmuta. Pero no cabía en la cama. Empezó a doblar las piernas y estirarlas, cualquier cosa antes de llamar al timbre. Así pasó la noche en vela, con un pasajero en su corazón.


14/03/2021

CALZONAZOS CON MANIPULADORA, RECETA INFALIBLE

Me parece de las mejores descripciones de esas parejas que resultan nada más verlas una combinación tan explosiva como sorprendente. La candidez y la maldad que hacen un cóctel de atracción y pasión cuyas ligaduras se arrastran hasta la tumba. Ella que todo lo llena, él que solo se calla. Y la admira y defiende contra viento y marea. Son cadenas más que lazos los que se mantienen esas relaciones. Felices seguro. Todo esto dicho desde la ignorancia del espectador y sin conocimiento de lo que se cuece dentro. Sin juzgar lo buenas o malas personas que son. Solo lo que parece. Que engaña, seguro. 

¿Pero, cómo puede ser que un posible heredero al trono de la Pérfida Albión, corona donde las haya, se deje manejar cual marioneta por una actriz de moda de la que se encaprichó? Alguien en la línea de sucesión, con su bagaje y su experiencia. "Me traigan a la chica esa que hace de abogada". Se haga. Del mismo modo que otro aspirante hizo lo propio con una locutora. Esa que le quitó la mano del hombro a la abuela de sus hijas y coló su diminuta silueta entre el objetivo del fotógrafo y las niñas. Tal si las protegiera, ingenuos dálmatas, de la mismísima Cruela. Entre reinas anda el juego. Esa que se aburre de saludar al pueblo, al que hace bien poco pertenecía, con parientes humanos, que sacan chuletas en los exámenes o sufren dolores con los que no soportan vivir. Lejanos a la divinidad que otorgan oropeles y coronas. Lejos del trono. El Trono lo quiero para posarme sobre él, y satisfacer mis deseos, los mas sublimes y los mas perversos. Esa, insisto, que reprocha al cónyuge que se entretenga, obviando que es su misión hacerlo. Pero eso es otra historia. De otra manipuladora. Porque al cabo, los Reyes son Reyes y la plebe, el pueblo llano. Y la distancia infinita entre ambos es la que hay entre un Dios y un humano. En realidad no son seres miscibles. Vivimos en el mismo planeta pero en mundos distintos. 

Por todo eso, Henry, controla a tu parienta. Vamos a ver: Mendel, hace ya unos años, enunció sus leyes. Nos las enseñaron con guisantes, con tulipanes, ovejas, en fin. Aplicado al hombre se traduce en que la "unión", con resultado de bebé, entre un hombre de raza blanca, de árbol genealógico sin mácula; con mujer mulata, por clara que sea, de padre o madre oscuro, antepasados negros; puede dar como resultado un bebé de color. Y cuando digo de color, quiero decir de color negro. Basta de bobadas. Así es que ¿por qué a Isabel, Majestad, no iban a rondarle tales pensamientos? Isabel, que departió con Winston, y con Margarita. No su amor. Doña Isabel, que ha aguantado con estoica actitud las bobadas de sus hijos, tanto propios como políticos. De la que se ha hecho una serie que ya la querrían para ellos muchos gobernantes. Porque se trata tu figura con verdadero respeto ¿A quién no se le pasó por la cabeza lo del color? ¿Es acaso racista ser conocedor de la herencia genética? ¿Lo son los científicos? Esta chica es muy mona, un pivón, sí. Pero malmete. Tiene mucha mala leche. Y no hay peor defecto que ese. El ''yo no quiero decir nada, pero" ¡zasca!. El "te lo digo yo que lo sé de buena tinta". Chavala, la monarquía podrá ser derrocada, considerada o no un sistema arcaico y decadente. Tachada de obsoleta por propios y extraños. Cada uno puede pensar y votar en conciencia, pero no te erijas en portadora de una bandera que va contra la sangre que fluye por las venas de tu propio hijo. Es la misma savia. De color azul, esa sí. No te hagas cabaretera. No metas cizaña, no intentes abrir grietas en su relación con sus parientes. Porque aunque ganes esa y todas las batallas, habrás perdido la guerra más importante. Le habrás quitado a tu marido y a tu hijo, lo que más vale, su familia, sus orígenes, sus raíces. Por mucho que les des, jamás repararán esos lazos. Y aunque no te importe, y aunque no te enteres, esa merma, siempre va a ser su roto y tu tendrás tu mijita de responsabilidad. 

Odio a las manipuladoras, odio que ganen siempre, odio que abusen de la bondad o de la tontería. Porque está mal engañar a un tonto o aprovecharse de un buen hombre. No hace falta ser duquesa para ser un bicho. Abundan en todos los estratos. 

13/03/2021

ERES MI MUJER FAVORITA

 

Desde hace muchos años, esto es lo más bonito que me ha pasado. En un deseo desesperado de que suponga un punto de inflexión de este descenso al más oscuro de los dolores, engarzo este relato. 

Era lunes, como muchos días de la luna, comí sola, o no comí, por no hacerlo sola. No me gusta comer sola. A padre tampoco le gustaba. Ponía la mesa para todos y siempre cuchara, por si había suerte y tocaba sopa. Todos los cubiertos, incluidos los de servir. Las servilletas y el pan, al final de su vida: sin cortar, un fallo lo tiene cualquiera. ¿O era un pequeño gesto de rebeldía?  Quizá. Porque lo cortaba a mano, llenando todo de migas. Pues  a mi tampoco me gusta comer sola. Me gusta comer con mantel, no delante de la tele, me gusta comer hablando, no de la comida necesariamente. Que también, pero ya me cansa, que si este taco es tal o este sushi es cual, que le falta gengibre o le sobra soja y por supuesto quitaría esa gota de vinagre de Módena que se le ha caído al cocinero. Me gusta la comida para en torno a ella compartir, alabarla y disfrutar de la compañía, reir o llorar. Educar y aprender. Siempre aprender. 

Pero ese día comí sola, de pié, de cualquier manera, cualquier porquería, para saciar la angustia o matar el hambre. Sin ganas y con ansia. Con prisas y vergüenza. 

Al rato, sentada en mi escritorio, entre llamadas de teléfono y correos, informes inconclusos, poniendo grapas en los pensamientos para juntarlos, archivando penas, para olvidarlas; sorbiendo mocos y lágrimas a pares, apareció una niña. Es una niña que es mujer, es una mujer que es una niña. Es un cóctel de belleza y alegría, de bondad y reflexión. Es cojonuda. Llevaba un ramo de flores en la mano. Precioso. Margaritas blancas y moradas. "Hoy es el día de la mujer y tu eres mi mujer favorita". Estoy agradecida. Muy agradecida. 

LOS HIJOS DEL DIVORCIO


Los hijos del divorcio son víctimas inocentes de los padres de los hijos del divorcio. Hijos de fracasos. Los hijos del divorcio crecen pensando que todo es una farsa. Van de medio lado, por si las moscas. Crecen dudando de su culpa. Los hijos del divorcio consuelan y soportan a partes iguales a unos progenitores que deberían hacer lo propio con ellos. Los hijos del divorcio serán felices a pesar y no gracias a los padres de los hijos del divorcio. Por mucho que les cuenten, por mucho que les vendan, por mucho que abunden, los hijos del divorcio crecen un poco más solos. Los padres de los hijos del divorcio nos hemos convertido en padres amigos de los hijos del divorcio o en padres ausentes de los hijos del divorcio. En cualquiera de los casos hemos dejado huérfanos de padre y madre a los hijos del divorcio.

Hay algún hijo que solidifica su propia familia cual ígnea sustancia que del mismo magma sale. Hay hijos del divorcio que buscan el amor desordenado. Vagan y divagan faltos de huesos. Hay hijos del divorcio que cambian papeletas. Hay hijos del divorcio que arriesgan la vida misma por conseguir que el propio matrimonio no se convierta en el que vivió de niño. Si es divorcio o malquerer, desamor, rendición a los votos, omisión de los compromisos adquiridos, tanto da.

Los hijos del divorcio coleccionan viajes y maletas. Los hijos del divorcio tienen llaves de su casa vacía. Oyen el eco de su silencio al llegar. Viven en hogares llenos de ausencia. Adolecen de olor a lumbre y costumbre. Ese hueco del sofá en el que el padre fumaba y la madre tejía no se llena ni con monedas, ni premios, ni estatuas. El hueco se hace hoyo. Los hijos del divorcio no merecen el desamor ni la falta de lealtad de los padres de los hijos del divorcio. Los padres de los hijos del divorcio divagan en sus diatribas, banalizan el impacto que sus propias decisiones tienen sobre los hijos del divorcio. Los padres de los hijos del divorcio retornan a adolescencias no vividas cuando su deber es otro. Cuando ya no toca adolecer, cuando el que adolece es el hijo del divorcio. Cuando los sueños y las dudas le corresponden a él. En ese momento los padres de los hijos del divorcio inundan a los hijos del divorcio con sus necesidades de cumplir anhelos de juventud, satisfacer sueños dorados. Transforman en unos “porque yo lo valgo” sus antojos y en experiencias sus errores. No sólo les roban la estructura que aporta la familia a los hijos del divorcio, sino que además les quitan la edad y sus derechos, sus momentos de soñar, de dudar y equivocarse. Les roban los cimientos y les exigen lo que ellos deberían aportar, lealtad, fidelidad, incondicionalidad, rumbo. Porque los hijos del divorcio tienen padres ombligo, que son novias en la boda, niño en el bautizo. Y no dejan a los hijos del divorcio vivir sus dudas, les inoculan las suyas, el egoísmo, la pena, la culpa de los padres de los hijos del divorcio que pretenden disuelvan los hijos del divorcio y transformen en aprendizaje. Porque la vida es así.

No son cadenas las que el matrimonio teje. Son hilos de amor, tan finos como los de la Virgen de los Milagros. Son luces que entelan los días, que arropan el alma. Son pequeños gestos que salvan del frío, que acurrucan las noches. Son fibras de alegría que asustan al miedo. Son montañas de amor que consolidan la fuerza del amado. Son los ingredientes de la familia, que es la base y el sentido de la vida.

Los hijos del divorcio no sólo tienen miedo a fallar, es que no quieren probar. Se alejan del anillo, del regalo, del compromiso. Los hijos del divorcio se entretienen en el camino. Buscan y escuchan con recelo respuestas a lo que no entendieron. Desconfían del modelo, golpean del revés al ejemplo. Devuelven todas las bolas. No saben qué quedarse.

Los hijos del divorcio son nuestros hijos y siempre cargan con un grado de abandono que no merecen, inocentes, y solo se cura queriendo. O no se cura.