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08/05/2026

MUCHA IA

No quiero una inteligencia artificial que redacte mis informes ni opere a mis pacientes. No quiero una IA que escriba mis discursos ni decida la estrategia militar de mi país.

Quiero una IA que cambie la sábanas los viernes y me las ponga limpias junto con un camisón recién planchado en la colcha impecable. Quiero una IA que los lunes y jueves cambie las toallas, que friegue el baño a conciencia y deje la cocina como los chorros del oro. Que si hay que echar una gotita de vinagre en el cubo de la fregona una vez al mes, para que brille el parqué, proceda. Que los armarios estén como para meterse a vivir dentro o tenerlos abiertos y que el público los visite; que no haya una mota de polvo en los cuadros al pasar el dedo y no digamos pelusas rebeldes bajo los sofás. Que los cristales estén tan limpios que parezca que está abierta la ventana. Que los espejos reluzcan aunque no me guste lo que vea. Que no haya esquina ni cajón con una miga traviesa que sea capaz de atraer a un bicho, sea insecto o roedor. Que las moscas no encuentren atractivo en atravesar en aire de mi estancia, que huele tanto a limpio que les espanta sin necesidad de insecticida.

No quiero una cuidadora, no quiero una limpiadora, no quiero un robot que todo lo friegue. Quiero que la IA coloque el friegaplatos, tienda la ropa y la planche ordenada, quiero que me haga el cambio de armario. "¡Ay hija a mí me encanta en cambio de armario, recordar la ropa del verano, seleccionar lo que me va más este año, que vuelven las modas!". ¡Patrañas!. Como la puñetera Dyson y el Rumba. O la THERMOMIX. Mucho robot y mucha ayuda, pero luego hay que limpiarlos. Si, y eso la IA no lo hace, los pelos y los atascos, los cables que se enredan y se caen las lámparas y los ordenadores, las pantallas. Que parece que ha habido una guerra después de que trabaje el Rumba. Destroza alfombras, que empieza a tirar de un hilo y es como el tonto, que se acaba la linde y sigue, pues el Rumba lo mismo; arrasa con todo, en un descuido: o se engancha y desaparece por sitios insospechados. Y tú me dirás, hombre, "ponlo estando en casa". No sabes de su poder hipnótico. ¿Para qué quieres una mascota? No dejas de perseguirle.

 

Quiero que la IA ordene mi librería, por orden de autor, "¡ay que bonito es ordenarla tú! Así lo haces a tu gusta". Falso. Es una paliza de campeonato. Quiero que los cajones de la cocina estén relucientes como todo lo que guardo en ellos. La mesa puesta cuando voy a comer y la comida en su punto. No quiero ir a un restaurante ni a un hotel. Quiero que la IA se dedique a lo que importa, que para operar esa rodilla ya me pongo yo.

 

Que yo no quiero tanta IA que me organice la vida. ¿Qué pasa?, que se puede ser ingeniero de la NASA a base de mucha IA, conquistar Marte y llegar a la luna metiéndose uno repetidamente en ChatGPT, pero que le hagan la cama a uno, no. Que cambie las cortinas, que sacuda los cojines, en eso no se mete la IA. Pero los seis años de medicina más el MIR me los sustituye el ChatGPT en un “pispás” interpretando una radiografía o diciéndome qué tengo que tomar para mi cardiopatía, sin pasar por la lista de espera de la Concha. O me hace un plano sugiriendo la ubicación de las bajantes al diseñar un apartamento en Benicarló. ¡Vaya por Dios!. Tanto estudiar para que una máquina me diga la sentencia que aplica al caso que me ocupa en un nanosegundo y yo que estudié notarías… ¿para qué?, mucho abogado del Estado, y resulta que se lo pregunto al chat y no falla.

Da miedo todos iguales sin colores, da miedo los proyectos iguales, los edificios iguales, vestidos iguales, diciendo lo mismo. Da miedo tanta consigna y tanta homogeneidad. Da susto. Que al final nos convierta la IA en robots,

Señores desarrolladores de la IA déjense que ayudarnos a escribir correos o a aprobar exámenes, no quiero grandes logros ni fuegos artificiales, quiero tener la casa como una patena y ya me ocupo yo de mis pacientes y mis asuntos. ¡Y no digamos ya si me hace un par de huevos fritos con patatas y luego me deja todo recogido! Quiero hacer fiestas en casa, comilonas, chispunes y tomar gin-tonics hasta quedarnos roques. Y bailar y reírnos. Y ponerme lo que me de la gana. ¡Tanta IA!


03/05/2026

NO PODRÍA SER INFLUENCER

Yo compro por impulsos, funciono como una bomba de pistón. O no piso o una tienda o me doy un homenaje. Funciono como un relé. A mí lo de comprar me da por rachas, ya sea para lo cotidiano o lo extraordinario. Me puedo pasar diez años queriendo tirar todos mis jerséis, sin comprarme nada, aunque tenga agujeros toda mi indumentaria, aunque trasparenten las camisetas,… que no me abrochen los pantalones o me queden anchos. Si estoy de no comprar, no compro. No puedo tener un accidente. No estoy preparada. Eso sí, si me cambia de pronto el “chip”, o mis niños me dicen que necesitan algo, que se preparen los terminales y las bacaladeras, que voy para allá, no hay dique que contenga mi afán consumista.


En el supermercado, me pasa lo mismo. No soy de grises, o mi nevera boza, o está vacía. O tengo preparada la despensa para un COVID, una DANA, una FILOMENA y una invasión alienígena, todo junto y a la vez, sin solución de continuidad, o me da por usarlo todo, aprovechar restos para croquetas, sacar latas del Pleistoceno.  Cocinar y preparar comidas para 
que no caduquen ni se me estropeen las lechugas; y hasta que en los cajones del frigo no corren las pelusillas del frío, huérfanas, no vuelvo a hacer la compra. Y no digamos ya si se trata de cosméticos, cremitas y otras lindezas. Si fui de viaje una vez e hice acopio de botecitos varios de gel, suavizante, crema hidratante y champú, mini jabones, etc., hasta que no se acaba todo, todito, no compro ni Johnson's para niños, por no comprar. Pero cuando me da, me da. Es como lo de ahorrar, soy de blanco y negro, lo doy todo o me hago marcas con el cinturón.

Pues hoy he ido al Mercadona, se me había acabado la Nivea, recordando a mi abuela Sofía y a mi madre, con su piel de algodón suave, me ha dado por atribuir a la Nivea tan preciado acabado superficial. Frente a la sección de cremas estaban paradas tres personas: un elegante caballero, recién jubilado que ha asumido las tareas de abastecimiento de su casa y se debatía frente a las ofertas de cremas varias con el encargo en la cabeza de su santa esposa, que no recuerda con exactitud, solo ha apuntado “crema de manos”. Junto a él una empleada del hogar, que no se ha quitado el uniforme de camias con florecitas y pantalón a juego, sin el delantal. Se cubre con un abrigo fino. Mira las cremas dudando entre precio y calidad. Y la tercera persona es una señora que tiene prisa, ejecutiva agresiva, mujer empoderada, a saber. Cuelo mi brazo entre los tres y pillo una lata azul de Nivea que echo al carro. Veo que los tres reaccionan de inmediato y se deciden, el señor coge dos latas, con seguridad; la empleada una, con tranquilidad; y la estupenda otra, con disimulo, no quiere ser igual que los demás. Me fijo en el precio, cuatro y pico, veo la crema de marca blanca, 1.8€, en cuanto la zona se despeja doy el cambiazo. Me lo ahorro. Y luego pienso: qué antipática soy, no puedo ser “influencer”.

20/04/2026

ESPABILA

 

Hay varias cosas que he oído últimamente y que me parece que son definitivas para que espabile el más apoltronado.

La primera es una pregunta a Steve Jobs (o a Bill Gates, tanto da, a veces me hago un lío) SJ es la monda, aunque no esté entre los vivos, el tío creo APPLE, le despidieron y volvió de CEO, poca broma). El caso: la pregunta fue: “¿cuál es la clave de su éxito? ¿qué rutinas practica?”. El del micro pensando que le iba a hablar de chia, meditación o yoga con cereales o hacer la cucharilla con redondilla jugando a las chapas. ¡A saber!. Algún truco infalible en primicia para poner en práctica inmediatamente. Lo importante, como siempre, fue la respuesta, Él contestó que la única rutina que practicaba a diario era no quejarse. Que su vida cambió a mejor el día que abandonó la queja. Tal cual. Es que la queja es muy mala. Ya lo hemos hablado. 

Otra cosa que oído y me ha encantado (no sé si es verdad o no) porque creo que es buenísima: alguien hablaba del famoso “no tengo tiempo para nada” “estoy liadísimo” (excusitas de por qué no llaman, no salen, no van al gimnasio, no visitan a sus padres, hijos o amigos). Ante esa falta de tiempo, recomendaba pensar en Sarkozy, que fue elegido presidente de la República y se ligó a Carla Bruni mientras tanto. Vamos, que tiempo hay. Enlazado con el amor, o el desamor, y en relación a la tristeza tras una ruptura amorosa, alguien decía, “mira si Jennifer Aniston superó que le abadonara Brad Pitt, tú tienes que parar llorar porque te ha dejado ese imbécil, así que déjate de tonterías!. No está mal.

Y es que en las redes se puede aprender mucho, he cogido toda esta información y me la he echado al morral, a ver si me sirve y la sé utilizar. Junto con estos consejos y algún otro, guardo el de una presentadora exitosa, casada con un presunto escritor, que adjudica a andar con mucha mala lecha su buen estado de forma.

Así que, aquí me tienen, andando con mucha mala leche, sintiéndome tan buenorra como Jennifer y que me eche de menos Brat y sin quejarme ni un poquito, a ver si me ligo a mi crash. Que, como todo el mundo sabe es un inglés elegante y repelente, a la sazón actor y abandonado también por su estúpida mujer.


19/04/2026

LA VIDA FELIZ (D. FOENKINOS)

 D. F no defrauda. Siempre es amable. Es un magnífico escritor que escribe cosas deliciosas maravillosamente. Puede parecer muy cursi esta frase, pero desde mi punto de vista es exactamente así. No estoy descubriendo América. Su solidez y prestigio están consolidados y premiados. Por supuesto su talento está más que reconocido en el mundo literario internacional. 


Describe la vida e intenta siempre adornarla sin bodoques. Ya sea en la tristeza o en la tragedia, construye un camino hacia la armonía. Enciende la luz y da cabida a la felicidad.

Agradezco a J(X), este descubrimiento, en el jardín de la casa de mi abuela en Segovia. En el jardín del primo Pablo, que tan generosamente abre, como todas las casas en las que ha vivido, a los amigos, a la familia, a la celebración, a estar juntos.

Fue un día no precisamente alegre, de julio, cuando por necesidades del guion, un grupo grande de amigos y familiares estábamos en Segovia. Como siempre, Pablo abrió las puertas de su casa. Veniros a casa después. Nos juntamos ahí, estamos más a gusto. 

Allí estábamos. Los amigos de Pablo, los amigos de Juan, los amigos de Marta. Yo siempre me he sentido mezcla de amiga y prima. 

Los amigos de Juan rodeaban a Juan, y verles juntos era volver a una época de tribulaciones y mudanzas. Una época previa al asentamiento y a la madurez quien la alcanzara. De alguna forma todos nadábamos entre los sueños y la ilusión, en un intento de retrasar la edad de hacernos de verdad mayores. Los amigos de Juan rodeaban a Juan en una suerte de abrazo.

X, amigo de Juan, amigo de Pablo, amigo de Marta, entre unas cosas y otras, me habló de Foenkinos. Fue él quien quien me puso en bandeja semejante tesoro y no las críticas sesudas de Babelia. Era como si el propio Foenkinos hablara. Con la delicadeza, con la fuerza y con el entusiasmo de la esperanza. Con la armonía y la paz de su propia literatura despertó en mí la curiosidad y las ganas de leerlo. En ese jardín segoviano, al que volverán las hortensias, entre vino, lágrimas y alguna risa, descubrí a este magnífico escritor. Gracias X.

18/04/2026

LAS BUTRAGUEÑO

 

Influida y animada por mi prima, que sabe de moda mucho; y acompañada de mi hija, que también, me lanzo un viernes por la tarde a la Gran Vía. Decidida a arriesgar. Es una zona preciosa de Madrid , imagino a mis padres paseando por allí en los años 60. Ahora la algarabía es tal, que el disfrute no es tanto, pero sigue siendo hermoso. Paso por el Círculo, donde fue nuestra primera cita. En una bocacalle, detrás de unos contenedores de obra y unas horribles vallas, está la tienda de las hermanas Butragueño. ¿Es una perfumería? ¿Un bazar? No sé. Tienen un poco de todo. Pendientes, colonias, perfumes, peines, cepillos, coleteros y diademas entre muchas otra cosas que no soy capaz de recordar.

Mi prima, fan incondicional de CBK, adquirió diadema de carey. Ella es estilosa, y yo la recuerdo de niña con diademas parecidas. Como en casa también somos fans, allá que vamos.

Las Butragueño son hermanas y parientes del Buitre, sí. Hay una foto del padre “que es igual” que Emilio, apoyada en el mostrador, a la vista de todos. Firmada por el afamado futbolista. El padre está sentado en una silla Thonet, discreto escucha conversaciones o las inicia.

Se les han acabado las diademas anchas, debatimos entre unas más finas, que no son buenas, están de moda, pero llévate esta que te va a durar más. No se rompe. ¿Y un cepillo? Con la iglesia hemos topado. ¿lo quieres para desenredar o para cepillar? La cara de la madre e hija es un poema. Cepillar es lo que se hace con tu pelo, antes de acostarte. Me viene la imagen de la abuela paquita y su maravilloso cuarto de baño, donde nos sentaba en un taburete y nos colocaba un peinador sobre los hombros mientras nos peinaba y nos contaba historia, del bisabuelo, de padre, del abuelo, de los tíos, de Zújar, el almacén, o las bromas del día de los inocentes. La colonia del abuelo inundando los olores, el jabón la toja en la jabonera, y las toallas, alfombras y resto de menaje a juego, incluyendo lo que cubría el retrete, para prevenir los fríos segovianos. Papel higiénico el elefante.

Si quieres te puedo ofrecer esto, que es un mixto, y como todo lo mixto, ya sabes, es un quiero y no puedo. Porque este cepillo de cerdas hechas de pelo de jabalí, es lo que realmente te va a activar el cuero cabelludo y te va a cuidar de paso ese pelo tan bonito que tienes. Te brillará más el pelo, reparten la grasa natural del cabello, conseguirás reducir el encrespamiento, que seguro te atormenta y además son muy suaves, no rompen el pelo.

Salimos de la tienda madre e hija habiendo intercambiado teléfonos con las Butragueño, tan amigas. Es que mi prima vino ayer, no ayer no, el miércoles que la atendí yo. Muy maja y muy elegante. Ya. A ver si les quitan pronto el andamio, que no se les ve desde la calle. Es que van a convertir el hotel en un four seasons, como Canalejas. Anda, qué suerte, entonces tendrán mucha clientela elegante. Ya veremos.

Las diademas al final no te las pones porque te duele un montón la cabeza, basta de farsas. 

28/03/2026

CONOCER GENTE


Mi amiga N decía que para conocer a gente, en el Parque del Retiro, había que entrar empujando un carrito con un bebé o agarrados a la correa de un perro. Entre risas no sé si es un recuerdo o me lo he inventado, en aquel momento calibramos la posibilidad de hacernos con un carrito, en el pasear un Nenuco, porque bebé no teníamos. O si pensamos en ofrecernos a pasear el perro de un vecino. No estaban aun de moda los paseadores de perros. Si es por oficio, ya no es lo mismo.

Sigue en pie la máxima de que para hacer amigos a partir de una edad, hay que tener perro o un carrito con un bebé. Si de ligar se trata, casi mejor la opción del perro, porque si lo del bebé da pie a muchas preguntas, o a ninguna, que es peor. El mensaje no es claro. Imagino que hay quien maneja otras opciones, lejos de las consabidas herramientas de Internet, a mí no me va jugar a las cartas, existen los cursos de pintura o de teatro, hacerte amigo del Museo Del Prado. Nada como esa espontaneidad que da fumarte un pitillo y ponerte a charlar con el que tienes al lado, estés donde estés. A la salida del cine, de misa o del Alcampo. Porque echáis juntos el humo. ¿tienes fuego?. No, te dejo mi pitillo, eso es intimidad. Da mucho juego el tabaco. Opción menos sana que otras, eso sí.

Confieso que hoy, si en vez de llevar el carro de la compra, hubiera llevado un setter irlandés de generoso y acaramelado pelaje, hoy me hubiera enamorado.  Esas cosas que pasan. En un semáforo. Yo con mi carro de la compra y en la cabeza la lista, en el bolsillo el móvil con un post-it  pegado con lo que he apuntado, pero faltan cosas. Me bulle en la cabeza, que si la limpieza, quién come en casa esta semana. Voy a tener que volver. Y mira que me he traído el carro, justo para ir solo una vez. No llueve, por eso salgo, es sábado por la mañana, por eso cojo el carro, no me mola que los estupendos del bar verde de abajo me vean como la señora de la compra. Cuando salgo a hacer recados me gustaría tener ese halo de mujer interesante que sale porque ha quedado a tomar un Aperol, y no una señora a la que le faltan cebollas para la tortilla.

El caballero en cuestión lleva pantalón de vaquero, castellanos, camisa azul, jersey gris y americana de espiga. Le asoman unos calcetines de colores, pero no estridentes, discretos. De la correa lleva a Trueno, lo sé porque lo he leído en la chapa, donde reza Trueno y un teléfono que he preferido olvidar. Que soy capaz de memorizarlo. Y entonces no sé qué iba a ser de mí. Que dilema! Lo pirada que hubiera demostrado ser si se me hubiera ocurrido llamar, está fuera de toda escala social, no es de señoritas, ni de señoras. ¡Como sería la buena pinta de ¿Héctor?, dueño de Trueno, que una vecina mía casi se choca con una farola mirándole y otra ha atravesado la calle con el semáforo en rojo, dada la vuelta sin pudor para verle mejor. Y yo con mi carrito. Porque me ha mirado. Y entonces me ha sobrado la lista de la compra, ya no necesitaba ni papel de cocina ni KH7, todo me parecía una ordinariez. Pecata minuta comparado con ver cómo se escapa el amor de mi vida. Y yo sin tener una correa de la que sujeto a Pombo, elegante setter irlandés con el que suelo dar largos paseos por El Retiro cuando no voy a la casa de Campo o al Capricho. Estoy estupenda con tanto paseo. Y no digamos el mundo y al conversación que me ha dado el mejor amigo del hombre. Subo a la sierra a pasear por el monte y cuando voy a casa de mis amigos siempre pregunto si puedo ir acompañada. Todos se preguntan a quién llevaré. Pues hoy he echado de menos la existencia de mi Tron imaginario, Héctor y yo ahora estaríamos comiendo perdices.


EL FACTOR RACHEL

Rachel podía haber sido una amiga mía, podíamos haber sido cualquiera. O ninguna.

Me ha encantado este libro. No solo por cómo escribe Caroline O’Donogue, que es una maravilla. Me ha encantado la historia, lo que cuenta. Que no es nada del otro mundo y por eso mismo es todo. En esa cotidianidad reside la importancia del relato. Porque todos somos extraordinarios, y lo más extraordinario es lo anónimo. En hacer de la rutina algo único. Como la vida misma.

Agradecimientos al traductor, también. Que se nos olvida el tránsito que hace el manuscrito desde que el autor lo suelta hasta que llega al lector extranjero. Mi enhorabuena a ambos, por la frescura, por el ritmo, por las descripciones. Solo puedo pensar que siendo tan bueno, el traductor está respetando el estilo del autor. Autora en este caso.

La historia transcurre en su mayor parte en una ciudad de Irlanda. Podría haber sido Segovia. O no. Ocurren muchas cosas o pocas, según lo mires; es un trozo de vida de alguien, tal cual. 

Cuando quieres coger un atajo en la lectura, saltarte un par de líneas, un párrafo, para anticipar el desenlace, cuando tienes la tentación de leer en diagonal, no puedes evitar volver, porque sabes que te pierdes las palabras. Estás obviando la magia. 

La historia transcurre en Irlanda. O en Segovia, según. Es impresionante lo que nos parecemos irlandeses y españoles. Más de lo que confesamos. Recuerdo la primera vez que fui a Dublín. Lluvia fina, como el título de un libro. Debía ser primavera. Las terrazas estaban llenas de gente y de algarabía, de conversación, de risas, de voces, alboroto, de confidencias al abrigo de los brindis. Era lunes o martes, no sé. No era un día de fiesta, era un día cualquiera. Los irlandeses salen a tomar algo igual que los españoles, para charlar, para socializar, no tienen la soledad o el silencio del inglés bebiendo. (Hablo de lo que conozco, malo es generalizar) Pero yo atribuyo a ese carácter abierto, el éxito de los bares irlandeses en Madrid a mediados y finales de  los 90, en la cola de la movida. Como alternativa a Malasaña, el Penta, la Vía Láctea, los Gincases, ese bar de rokers, King Creole, donde había que llamar a un timbre y te juzgaban a través de una mirilla si eras digno o no de entrar. El Delaneys, con su enorme pasillo y sin límite de aforo. El Portalón, con sus mesas de hierro y mármol, antiguas ocupantes de un taller de costura. La foto de  Pat Metheny en rojo detrás de la barra, del primo Juan. En fin. Noches de efluvios y amores perdidos. Aparecieron después todos los O’Connors, Finnegans, bares de puntas, camarón que no hablaban español y que pasaron unos años estupendos en Madrid, combinado trabajo nocturno con clases de inglés.

Rachel podría haber sido cualquier amiga de los 90, una universitaria con sus conflictos, con sus amigos, sus alegrías y sus miserias. Llorando a amores platónicos inconsciente de la luz que irradia, arrasando sobre los rastrojos de la vida, sembrando discordia y cariño sin ser darse cuenta. Corriendo por los días como si huyera, con esa intranquilidad de la adolescencia cuando se prolonga demasiado y no deja paso a la madurez. Atragantándose con la rutina y los deberes diarios. Una irlandesa es Rachel. Podrías haber sido tú. Podría haber sido cualquiera o ninguna de nosotras. Con historias distintas o iguales. Protagonista y única. Referente y ausente. Llena de convicciones y con ausencia de normas aceptadas. En debate interno constante a la vez que se sume en el disparate. Sin saber si se estaba saltando una prohibición o un simple obstáculo, creando sin saberlo sus propios recuerdos, su historia única. Inconsciente del paso de los días y la vida.


23/03/2026

LOVE STORY ESTÁ PASANDO

Con motivo de la serie Love Story, están saliendo del armario todos los admiradores de John John  y las de Carolyn. Jr.,  salvando las distancias y con todos los respetos, es de los hombres más guapos del mundo mundial y su chica otro tanto. Muchísimo más guapos ambos que los actores que los representan en la serie, que por cierto no tiene ningún interés más que lo guapísimos que son los dos.  No conozco pareja que se diga semejante tonterías durante todo el día. Los diálogos son absurdos, la trama es muy poco interesante por no decir inexistente. La ausencia de argumento es patente. Pero el glamour que tiene ese chico no tiene no tiene parangón. Y ella. Pero es que John John era el novio de América, fue el hijo de América y luego el novio. Ella conquistó su corazón y podía haber conquistado el de los puñeteros Estados Unidos de América con todos y cada uno de sus habitantes y sus banderas.

Hoy vayas por donde vayas, salen como setas personajes que jamás confesarán haber visto la serie. No tienen tiempo, dicen. No veo esas bobadas, enarbolan banderas de gente sesuda. Que ellos no ven series, solo películas de autor. ¡Una mierda! Con perdón. Por cualquier calle de Madrid te empiezas a encontrar chavales, y no tan chavales, con la gorra hacia atrás. En vez de chándal, calzón ancho para correr y una desenfadada camiseta blanca recién planchada.  Son mayorcitos algunos. La visera  para atrás, pantalones cortos por la rodilla montando en una bicicleta que han sacado del trastero de sus abuelos porque es más vieja que la tana.

Por no hablar de las féminas. Esas chicas intentando emular la inigualable melena de Caroline. Que no se puede imitar, porque es de otro planeta, de un rubio y longitud descatalogados. Melena que tapa con ese pañuelo azul, haciendo nudos en las esquinas, con un gesto sencillo. Tipo bandana, que ni es coleta ni es diadema . Cuidadito con las imitaciones que puede parecer que te has recogido el pelo para pasar la aspiradora o hacer los baños. No siempre vale copiar, el resultado puede ser nefasto. Para llevar semejante pañuelito y que te quede bien hay que tener mucha personalidad o asesores de imagen. Ni lo intentes. Esa mirada entre tibia y glacial o de resfriada, que no se sabe si se pasado la tarde llorando; que tampoco la tiene nadie.

Se han agotado en Shein las gafas tipo Adelina Optique (Aldo) ovaladas tras la que oculta ella su mirada. Las de él tipo Ray-Ban, más comunes, han sido recuperadas del baúl de los recueros para salir a la calle en cuanto ha salido el más tímido rayo de sol. Vamos a imitar el color del esmalte de uñas, el pintalabios, la vestimenta entera, con sus zapatos Oxford incluidos, hasta la manera de llorar o descolocarse la melena y morderse el labio de ella. Hasta hacernos daño.

El fenómeno Jr. ha llagado y las calles se han llenado de aspirantes. ¿Qué nos fascina tanto de la pareja? ¿Qué les hace divinos para gente tan dispar? Con el trágico final de la pareja, con la poca vida que pudieron compartir, (como alguien ha dicho: nos/se ahorraron la vejez) ¡hay que ver cómo se nos da de bien a los humanos ensalzar vidas ajenas, idolatrar en masa y tan pronto olvidar. No hace falta argumento. Pero ha sido un éxito sacar la serie a la antigua usanza, un capítulo cada viernes. Mientras el mundo se desmorona a nuestro alrededor todas queremos sr CBK, todos JJ y esperamos impacientes la llegada del viernes. ¡Pero si hasta han desaparecido los flequillos en las frentes adolescentes! Love Story nos tiene hipnotizados, ha vuelto el minimalismo impostado.


08/03/2026

ESTÁS PARA ENTRAR A VIVIR

Estar entre amigos es la más grande medicina. Bálsamo de Fenegrás. Estar entre amigos es manantial de energía, alegría. Estar entre amigos enriquece, ensancha, amplía horizontes, alimenta. Estar entre amigos, como decía alguien que fue grande también, es estar en brazos. Estar entre amigos mezcla las risas y las lágrimas sin solución de continuidad. Estar entre amigos es una función discontinua de salto infinito. Que de pronto parece marcharse allá donde no se cruzan los caminos y sin aviso vuelve desde lo más recóndito del mundo o de la casa de al lado. 

Entre amigos tanto da hablar de política como de quitameriendas, porque nadie quiere tener razón. Y todos te la quitan. Y cada uno tiene su rol, el que habla todo el rato, el puntilloso, el que no dice nada, el divertido, el desternillante, el plasta, el triste, el ligón, el soltero de oro, el que habla y nadie le entiende, al que le pasa de todo, el protagonista, el agonías. Estar entre amigos da calor en invierno y fresco en verano. Estar entre amigos alivia los males y refuerza el carécter también. 

Lo que quieres es estar ahí, y que no se acabe la tarde, la noche, la semana. Estar entre amigos es un cóctel que te chuta alegría y energía en la yugular. Estar entre amigos te despierta del letargo en el que mezclas a diario las reuniones, los informes, las ponencias, el mistol y la coliflor. Estar entre amigos te quita el hambre y la sed. Porque cuando estás entre amigos no necesitas nada más.

En las veladas de amigos, si esperas lo bastante, siempre llega esa hora mágica de la exaltación (a veces posterior a la del reproche, que de cuando en cuando, toca). Bien por la ingesta, bien por la influencia de la luna, en un cierto punto empiezan las confesiones y los achuchones y los besos. Las palabras que no se dicen y las que se repiten. Abrazos en medio de la música y el frío. Que no sabes lo mucho que te quiero. Que sí lo sé. Pues te lo digo otra vez para que no se te olvide.

Cuando has recorrido un camino, que a cierta edad ya es largo, hay mucho cadáver en la cuneta, en sentido literal o figurado. Los cadáveres reales se añoran, los figurados se entierran procurando olvidar. Los seres querido que se fueron se traen al presente con respeto y con amor, se recrea el anecdotario que les hace seguir vivos. Se repasan historias y se alimenta el recuerdo. Esos amigos están aquí 

¿Qué es la vida sin esos amigos con los que hables de lo que hables le estás diciendo lo mucho que les quieres?. ¿Qué sería de la vida sin los amigos?. Los amigos que te hacen reír, los amigos que te acompañan sin condiciones. ¿Qué será la vida sin ellos?. Esos amigos con los que lloras en público porque relajas tanto las defensas y protocolo que olvidas formalidades y bobadas. 

¡Estás para entrar a vivir! Es el mejor piropo del mundo mundial. Y llega como una bala, veloz e incisiva, de un amigo después de alguna regañina, que de todo tiene que haber y se encaja como un buen derechazo. Estás para entrar a vivir. Ahí lo dejo.

05/02/2026

SUS LABORES

He visto un vídeo, un anuncio, un reel, buenísimo. En la imagen aparece un chico de edad incierta, treinta y tantos. Podrían ser más, o menos. Está tirado en un sofá con la tele puesta, el móvil en la mano y una cerveza abierta en la mesa donde también descansan su pies descalzos. Vestido como que acaba de llegar, la corbata en el apoyabrazos, pantalón de traje y camisa con los dos botones de arriba desabrochados. La chaqueta doblada en el respaldo del sofá. Detrás de él, en una cesta de mimbre sobre la mesa del comedor, una montaña de ropa suciau. Aparece en la imagen una mujer, más o menos de la misma edad. Coleta alta que indica que se ha recogido la melena de cualquier manera, con la goma de los espárragos. Se va a arrepentí cuando se la quite. Lleva un vestido de flores, deportivas y las y le dice “madre mía¿ has visto toda esa ropa sucia?” Y después  suelta algún improperio. El chico se levanta raudo y cariñoso a calmarle. Te tenía que contar, no sabes de lo que me he dado cuenta, no te preocupes- le dice- hay un duende en esta casa. Vengo observando desde que nos mudamos, cuando dejo los platos de la cena en el fregadero al día siguiente han desaparecido. Cuando me levanto siempre  está  la cocina recogida y limpia, el friega platos vacío y hasta la mesa puesta del desayuno y el café preparado, solo tengo  que encender el fuego. Hemos tenido muchísima suerte con esta casa. Mira, tienes que probar , cariño, yo me quito los calzoncillos todos los días y los dejo en el bidé, pues cuando voy al cuarto de baño al levantarme, no están, y por la tarde o al día siguiente, aparecen limpios y planchados en mi armario. Es magia. Esta casa está encantada. De verdad que hemos sido afortunados, nunca nos vamos a mudar. ¿Has visto como están las plantas del jardín? Si hay más flores que en el retiro. ¿Y los cuartos? Hasta el cuarto de los niños está recogido, sin montones de ropa por los suelos, y cuando voy a darles un beso por las noches no están todos los juegues por el suelo, que si vas a oscuras te matas. Que va. Y hasta las camas estas hechas a mediodía cuando vengo a comer, la nuestra también, amor, la nuestra también. ¡Noooo, yo no la hago! ¡No te digo que es magia!. Es que es estupendo. Y da igual que cocinemos patatas fritas y huevos, o esas cosas que te ponen nerviosa porque se ensucia mucho la cocina. A lo mejor son unas  palabras mágicas, no sé. El caso es que al levantarnos está todo limpio y perfecto. Relájate que ya verás como mañana no está ahí esa ropa. Anda, vente a ver la tele conmigo o te pongo un vino y me cuentas tu día. Deja, deja ahí la basura, ya verás como mañana no está. No te preocupes tanto. Y lo mejor es el fina, la nevera, es que nunca falta de nada. Un día hago carbonara y pienso uy casi no queda guanciale. Al día siguiente ya hay. Leche, para pasar una pandemia, papel higiénico, pasta de dientes. Todo. Y además justo los ingredientes para lo que hemos pensado cocinar al día siguiente. Hasta he pensado que nos espían. ,

Y es que eso son las tareas del hogar, un misterio que nadie ve. Los platos van al friegaplatos o se lavan, se secan y se guardan. La lavadora se carga, se saca y se tiende, se destiende, se plancha y se guarda. Las sábanas están limpias porque se lavan, como las toallas; se barre, se friega, se limpia el polvo, los cristales, los baños, los espejos. Porque la pasta de dientes no se quita sola del lavabo. No. No la costra de polvo se disuelve de la parte alta de los marcos de los cuadros. No. La mugre se acumula día a día,  como material sedimentario que es. Las capas minúsculas se convierten en estratos de espesor y consistencia variable que van haciéndose dueños de las superficies horizontales.

La papeleras hay alguien que las vacía. Por no hablar de la compra. ¿Quién lleva el cartoncillo del papel higiénico a la bolsa del cartón? ¿Quién se da cuenta de que es el último? ¿Quién se da cuenta de queda poco y hay que comprar para que nadie tenga que salir con el culo en pompa del baño? Que queda poco café, papel de plata, bolsas de basura. Esas insignificancias que hacen la vida un poco más agradable. Quién. Aladino un su mágica alfombra hace viajes en continuo.

Y eso ocurre todos los días. Y todos los días alguien va por detrás de los demás haciendo que su vida sea más agradable. Con un paño blanco en una mano y muy buena disposición , una generosidad sin límites. Porque se trata de un trabajo ingrato e infravalorado, normalmente asociado a la madres, en muchos casos a las mujeres, retribuidas o no. Las tareas del hogar son el infinito y no donde se cortan dos rectas paralelas. Es un trabajo que no acaba nunca y que es circular, no tiene límites, es inmenso y cuando se ha terminado de fregar el suelo por pequeña que sea la casa, ya se ha ensuciado en algún sitio.

Se ha decidido subcontratar en gran medida todo lo relacionado con el hogar. Incluso acostar a los hijos. Ante una actividad no remunerada si no se externaliza, se ha pasado a encargárselo a otro, al que sí se le remunera. De esta forma se establece una cadena en la que nadie se ocupa de fregar sus propios cacharros, porque incluso quien se dedica a eso de forma profesional, debe encargar a alguien mucha de sus propias tareas, para las que no le queda tiempo. En este “nunca prescindas de la muchacha” que le dijo mi abuela a mi madre cuando se iba a convertir en su nuera, hay una cesión y entrega de llaves dando acceso a la intimidad que nos hace a todos vulnerables.

En todo ese trabajo hay una carga de fondo que es el cuidado el otro. Cuando se cocina es evidente que un piensa en los demás, en hacer algo rico con lo que todos disfruten, en el día a día, la familia. Pero en todos los aspectos que supone las llamadas sus labores exigen ese trasfondo, que la cama esté hecha y huelan a limpio las sábanas, el suelo barrido son las migas de ayer, el espejo del baño limpio, los cristales sin churretes que dejen entrar la luz; las mesas recogidas. La ropa limpia y planchada. En fin. Está quien lo hace cuidando al otro. Aunque la realidad es que quien lo hace está despotricando. Lleno de reproches hacia el resto de los habitantes, que no se dan cuenta de que la basura está llena o el friegaplatos ha acabado. Y hay una torre de ropa sucia. Al delegarlo en otros, por dinero, nos estamos equivocando en la educación o con tanto éxito profesional estamos descuidando el núcleo de la vida familiar. Mucho CEO y mucha CEA pero nadie llena la nevera, las casas dejarán de ser hogares.


01/02/2026

QUINCE GRADOS

 

Una vez aclarado que Frío no es nombre de varón y que no me refiero aquí a dormir con alguien ni entrar en detalle de lo que eso supone, que quizá sea objeto de otra columna; si no que quiero hablar aquí de dormir con frío, en minúsculas. La circunstancia está intrínsecamente asociada a dormir solo, ya que la compañía además de otras muchas cosas, aporta calorías que ninguna nórdico (edredón) es capaz de alcanzar. 

Procedo a explicarme, que veo que voy por otros derroteros, que me salen meandros en este riachuelo. He leído que dormir con frío alarga la vida. Por lo visto. La temperatura ideal para un sueño reparador se sitúa entre los 15 y los 19 grados y este descanso profundo favorece la producción de melatonina y serotonina, hormonas que mejoran el estado de ánimo y reducen la ansiedad. “En un mes, al dormir a 19 grados, observamos un aumento de la grasa parda y una mejora en la sensibilidad de la insulina” ¡La grasa parda”… En fin.

Sé de uno que va a ser eterno. Desde que, por circunstancias, vive solo, se ha acostumbrado a encender poco la calefacción. Viviendo como vive en mitad del Pirineo, no es de extrañar que reciba pocas visitas. En su casa hace tanto frío que tiene que quitar el vaho de las cristales para saber si llueve o nieva fuera. Otra opción es llamar a un vecino, que a veces no basta el aliento para vislumbrar el cielo y adivinar la meteorología al otro lado del vidrio. Se forma una costra en el vidrio, que en verano es rocío y en invierno un hielo difícil de quitar. En su casa hace tanto frío, que a veces le castañean los dientes. Pero él se abriga y ya está. O aprovecha para arreglar esto o aquello, tumbarse a ver la tele en el salón no es opción. Aún no hay estalactitas en la chimenea, gracias a que de vez en cuando caldea el salón con unos leños. Su horario y obligaciones le impiden estar en casa el tiempo suficiente para confiar al fuego la temperatura del hogar por eso no enciende más.

Todo empezó porque un día al entrar en casa empezó a quitarse capas hasta quedarse en camiseta, en pleno invierno, y pensó y ¿si bajo de 24ºC a 23ºC el termostato? No tenía sentido ese exceso. Le había llegado una factura de la luz que le dejó helado (viene a cuento el adjetivo) y a pesar de no estar en necesidad económica, mi amigo es de los que se molestan si se les toma el pelo. Llega a casa de noche entre semana; total, para cenar ya templa la cocina; el perro, un enorme pastor alemán, vive en el jardín, tanta calefacción ¿para qué? Con tal de que no revienten las tuberías…Apenas notó la diferencia por un grado. A la semana lo bajó otro grado. Se fue motivando. En un mes estaba a 18ºC. 

Ahora cada grado es un logro, un escalón. La factura de la calefacción ha bajado en picado. Se le han hecho los ojos chiribitas. ¿Y si lo bajo un poco más?. Siendo la temperatura al otro lado de la puerta de la calle de menos 10ºC, el efecto cálido de entrar en casa se mantiene, aún estando el termostato a 15°C. Él es un hombre de principios y la vida le ha enseñado a no rendirse. Llega a casa con energía. En el coche, de vuelta del trabajo iba, deja que el calorcito le abrigue durante  el camino; al llegar, entabla conversaciones consigo mismo, de aliento, mientras recoge el salón o la lavadora, entreteniendo en un ajetreo de tareas del hogar la diferencia térmica. Anda rápido por la casa si recibe una llamada de teléfono.

Cuando llega la hora de acostarse lo hace sin pensar, procurando pasar de las prendas de diario al pijama como si estuviera de campamento, desnudándose en medio de desconocidos: no deja que ninguna zona del cuerpo quede al descubierto sin tener otra prenda preparada para cubrirla. Y de ahí pasa a meterse bajo el edredón y una capa de mantas heredadas que pesan más que abrigan. Dentro de la cama se concentra en el éxito, un día más. Prohibido el uso del calcetín o el gorro, aunque la tentación le asalte. La elegancia y saber estar por encima de todo, aún sin testigos, que la soledad no es excusa para el abandono. Una vez calentado el hueco que ocupa, es una momia, no se mueve. Se anima a sí mismo con su nuevo logro. Un día más. La nariz, imprescindible que quede fuera de las capas de abrigo. Se levanta con el rostro como si hubiera estado en un spa. De la cama a la ducha cada vez tarda menos, y el café, caliente, caliente se ve el humo salir de la taza y detrás de la ventana, la escarcha. Ya lo decía Alaska:

Todo el mundo me pregunta

Qué me pongo, mis secretos de belleza

Y yo siempre les contesto "mucho frío"

Me miran con extrañeza. 

No se creen que yo duermo en un Frigidaire

Y que el hielo me conserva muy bien.

Las ganas que tiene mi amigo de que llegue el verano.


30/01/2026

SÉ QUE ESTOY EN FORMA SI CRUZO LA CASTELLANA DE UNA VEZ

Este es un tema muy local. La dificultad de atravesar como peatón una gran arteria de circulación. Pero imagino que hay avenidas iguales a la madrileña Castellana, en el todas las ciudades y cada uno puede imaginar la suya.

En Segovia más que calle, la pericia es necesaria para atravesar la plaza del Azoguejo; ya sea en coche o andando. De hecho, en los exámenes de conducir, ese punto de la ciudad es la prueba de fuego. En Barcelona serán las Ramblas, supongo. En Londres, Trafalgar se lleva la palma para mi gusto, sin contar con el peligro añadido de a dónde mirar, si izquierda o derecha y los muñequitos cambiantes que lucen en los semáforos que, quieras que no, desconcentran; en París, los Campos Elíseos; en Roma cualquier calle es una aventura para cruzarla, circular por ella, andar, ir en bici, solo un romano sobrevive sin infartar al tráfico de la ciudad eterna. También están esas ciudades orientales con pasos de cebra en equis, estrella; formando un guirigay que te hace olvidar a dónde vas. Y por fin está el pueblo de Navacerrada. En el paseo de los españoles hay un paso de cebra que no llega a la acera, si no a un murito que alberga unas bonitas petunias y hay que rodearlo, manteniéndose uno en la calzada por donde vuelan los coches y ya fuera del paso de cebra, para alcanzar la acera, que en este caso es un magnífico y sombreado paseo.

Yo en Madrid sé que estoy muy en forma si cruzo la Castellana sin pararme en la mediana. De un tirón. Pero en forma tipo deportista de alto rendimiento, previo a mi participación en la Maratón, en forma sin colgajos. Atleta, diría mi primo Javier. El asunto no es tanto debido a la distancia a recorrer sino a que los semáforos de la Castellana están puestos a traición. Si sales de Industriales ni de coña llegas a Zurbano del tirón. Si llueve y no tienes paraguas, te aguantas, porque te va a tocar pararte al menos una vez en el recorrido. Por no hablar de los quiebros que hay que dar, porque la línea recta para cruzar es una utopía. Es decir, bajas por la cuesta del chiringuito, pero te tienes que ir al semáforo, hacia Viriato o hacia Pedro de Valdivia (si vas para allá hasta María De Molina no puedes cruzar si no es arriesgando la vida. Hacia el otro lado, una vez rebasados en dos tramos los carriles centrales, te toca andar por el bulevar para cruzar Zurbano. Que, si vas a los ministerios, otro gallo cantaría, pero tampoco llegas. Poca broma.

Pero todos los puntos para atravesar la avenida tienen su detallito, a excepción, claro está del elevado de Juan Bravo, donde cada tanto un amigo cliclista y yo nos vemos o quedamos, hay opiniones.  Si no es el carril bus, son las terrazas ¡benditas terrazas que nos permiten fumar y ser libres aún!, casetas de obra, paradas de autobús, semáforos no alineados, semáforos solo para vehículos. Por no hablar de alcorques dañados por las raíces expansivas, aceras levantadas, baldosas mina (de esas que cuando llueve te decoran el pantalón), charcos eternos porque no drenan las alcantarillas. O puntos neurálgicos como Colón, Atocha, Gregorio Marañón o Emilio Castelar, donde el azar es el único aliado para cruzar correctamente; o Plaza de Castilla o La Paz (ahí hay un paso subterráneo con sus cantantes y todo, con eso ya está garantizado que el cruce a nivel es inviable) y que si quieres ir de la Paz al Vips de enfrente lo mejor es cogerte el metro. Este problema del norte va a desparecer con el súper parque.

Mucho se habla del semáforo de la calle Belén, el más breve de Madrid, o del de José Abascal, que tarda tanto en cambiar que el malabarista que entretiene a los conductores tiene tiempo de terminar su número completo como si estuviera en el circo. Normal que tenga sobrenombre la calle, conocida por sus atascos. Mucho se habla de lo escasos y lo mal que están los carriles bici, que es cierto. Pero quien sea capaz de cruzar la castellana de una, que levante la mano o que calle para siempre. Antes se podía llamar velocidad de crucero a la que te permitía recorrer Velázquez sin lo parar desde el infinito (donde se corta con Velázquez, paralelas…vienen siguiéndome) hasta el Retiro. Los semáforos estaban sincronizados. Ya ha caducado esa posibilidad, igual que tampoco existe velocidad para cruzar la castellana de un tirón, a no ser que te encarames al puente de Juan Bravo y sus encuentros o que hagas trampa y te lances a atravesar tramos en rojo con el riesgo del atropello, el claxon a todo volumen y los insultos.


29/01/2026

DE PADRES E HIJOS

Aunque parezca que no, los padres conocen a sus hijos mejor que nadie. Eso es así. Aunque el hijo piense que no se enteran de nada, en algunas etapas de la vida, que están ausentes, que son mayores, que tienen sus problemas y el hijo no existe, que incluso es en ocasiones una presencia incómoda. Aunque el hijo crea que los padres no le ven, sumidos en sus rutinas;  conversaciones entre ellos llenas de risas y complicidad donde se siente fuera, discusiones de pareja, relatos que el hijo no siempre comprende. Aunque el hijo crea que los padres no le ven, le ven. Siempre le ven. Los padres están ahí, detrás de la niebla de los años malos, al sol si hay sol, a la sombra y en la nieve, con ojos en la nuca y orejas abiertas como antenas que detectan la posición del hijo, los padres no le pierden de vista, mientras pueden, mientras el hijo se deja. Entonces dejan de  verle, pero no porque disminuya la atención, no por desidia, si no porque el hijo se esconde.

Durante la infancia el hijo otorga a los padres poderes sobrenaturales, quede un plumazo le arranca con el paso de los años y le devuelve con el paso de unos cuantos años más. Cuando el hijo es pequeño cree que puede jugar a engañarle un poco, como un juego del escondite. A pesar de la magia que se asigna a los padres, que todo lo saben, que tienen respuesta siempre, que son fuertes, que son el lugar seguro del hijo, el refugio donde no alcanza la metralla, a pesar de eso, el hijo juega. Ve en los padres a unos seres que, por arte de birlí biloque aparecen justo cuando lo necesita. Esa mirada del niño al padre que asume que todo lo sabe, que todo lo puede, es inherente a cierta etapa de la infancia. Pero siempre está esa fantasía del niño "vamos a engañarles", se hace el dormido, disimula cuando el progenitor le marca límites, como si no fueran con él. A la hora de acabar con las actividades lúdicas, se hace el travieso, prolonga la diversión y aplaza el deber y el aburrimiento. Como haría cualquier adulto sensato.

Hay unos años sabáticos para padres e hijos, donde todo fluye, y son etapas cíclicas, como el seno y el coseno; hasta que llega la adolescencia, que es el mazazo a la paciencia; devuelve al adulto sus peores pesadillas, a etapas convulsas de su vida, a experiencias propias o vecinas. Se enfrentan las posturas, aparece el reto, la rebeldía, el ostracismo, los portazos en las habitaciones. Gritos por nada. Gritos por todo. Silencios. Malas caras. Ahí sí que los padres "no tiene ni idea", "no se entera", según la visión del hijo. No es verdad. Siempre se entera. Aunque no lo haga.

El caso es que los padres, salvo excepciones, está atento, no solo a la evolución de los resultados académicos, que efectivamente en esos años convulsos, se revuelven. Las calificaciones al padre le importan lo justo . A veces es excusa para iniciar conversación, nada más. Los padres están atento al desorden en el que ven que su hijo se sumerge. Los padres quieren que su hijo esté bien, no necesariamente "feliz", la felicidad está sobrevalorada. Los padres quieren que su hijo esté bien. Y se preocupa por el hijo todo el rato. Se ocupa, no tiene por qué estar preocupado, está atento. Igual que cuando era un bebé. Igual que cuando lloraba porque le salían los dientes, igual que cuando aprendió a montar en bici o andar o a nadar, igual que cuando nació su hermano e intentaba calmar los celos o explicarlos, para que el hijo no se sintiera malvado por lo poco que quería a ese ser que le había robado la atención. Los padres es padre siempre incluso cuando no ejerce, incluso cuando no le dejan serlo, incluso cuando no lo es. 

Los padres quieren que su hijo esté bien, que sus amigos sean buenos, que se divierta, que estudie, que viaje, pero que esté bien, que sea una buena persona. Son cosas que no se aprenden en el colegio ni en la universidad. A veces la adversidad, la mala pata, conducen al hijo por caminos de los que los padres no pueden desviarle, por mucho que lo intenten. Angostos recorridos que les son ignotos, por donde no caben sus canas cabelleras. Las drogas, el alcohol, los fracasos amorosos, las amistades, hay cocteles explosivos en donde los padres no puede influir, no puede prohibir. Por muchos límites que ponga, por muchas barreras que construya, por mucho que lo intente, a veces no es posible, ni con el ejemplo, ni con el amor, evitar el desastre en el hijo. Evitar su dolor, evitar su llanto. Los padres se cambiarían 100 o las veces que hiciera falta por el hijo con tal de que este pudiera eludir el sufrimiento. Los padres siempre es padre. No se jubila jamás de esa tarea. Muere con ella.

Un día, una hija, siendo ya mayor, vivía independiente; llamó a su padre para pedirle cualquier cosa, en modo socorro. Le costó un dolor esa llamada. El padre contestó "por fin me pides ayuda". Y allá que fue a rescatar a la niña mujer, la hija. Siempre que la hija recuerda ese momento, se le saltan las lágrimas, y es que, de los muchos defectos que tiene, ese es posiblemente el que más daño le hace: no ser capaz de pedir ayuda. Y uno de los defectos con los que más hace sufrir a la gente que la rodea y la quiere. A veces los ve, atentos a su mal humor, a su tristeza; sin saber qué hacer, porque no es capaz de pedir ayuda. Su marido, siempre atento, no se atreve a respirar cuando la ve así; sus hijos, que la miran como polluelos con sus boquitas abiertas y sus ojos redondos, buscando qué pueden hacer para que vuelva a ser ella de nuevo. Sus amigos, que la intentan cuidar y ella se revuelve, no necesita nada. Y es que no sabe cómo salir de su bucle, no sabe pedir ayuda. No sabe lo que le pasa, o sí. Tiene que llamar a sus padres, tomar con ellos un café en la cocina de casa, dar un paseo, y aceptar que necesita, que no puede sola, pero que lo adivinen ellos, porque no se lo va a pedir. El padre, que ya es abuelo y a punto está de ser bisabuelo, mira a la hija y solo se reprocha cuál sería el momento en el que le hizo sentir que no podía pedir ayuda. Que tenía que ser fuerte cuando aún no estaba preparada; que debía ser más valiente, cuando no podía dominar su miedo. Y el padre sabe que no puede dejar el mundo hasta que la hija le pida de nuevo ayuda. Se curará quizá, la hija, a través de los hijos propios, cuando acepta cada día que le llamen pidiendo socorro y nunca les haga sentir que no está ahí para eso, que se jubila de madre. Pero ¿acaso es eso posible? ¿Acaso son los padres culpables o responsables siquiera de que el hijo no pida ayuda? ¿Cómo se le hace ver al hijo que siempre puede ir a acurrucarse entre los abrazos y brazos de los padres, que ese es su sitio seguro? Pase lo que pase.


10/01/2026

LAS CROQUETAS REDONDAS

 

Hablemos de las croquetas redondas. Que están de moda, sí. Lo sé. Yo pensé que era más ajustado llamarlas esféricas, decíame que redondas no era el adjetivo más ajustado a la forma ya que la descripción del volumen buscaba; pero me gustaba más, para un título, la palabra ‘redonda’, que lleva intrínseca la perfección. Que no tiene ni principio ni fin.

Hablemos de esas  croquetas llamadas redondas. Una croqueta redonda no es croqueta si no albóndiga, en todo caso: albondiguilla.
 
No me puedo aguantar y acudo a las fuentes, a ver si es que me estoy liando “redondo es que tiene forma de círculo. redondo, redondeado, curvo, curvado, orbicular, lenticular”. En mi modesta y poco formada opinión, eso no le atribuye volumen al objeto. Si entendemos como círculo la superficie que encierra la circunferencia que tiene su mismo radio, estamos hablando de algo plano. Circular, con forma de círculo. ¡Claro, estoy confundiendo redondo con circular!. Luego pienso en la Tierra, y leo que ya postuló Aristóteles que la Tierra era redonda. Tales afirmó que la Tierra tiene forma de bola, bastante hace más de 2500 años. El caso es que se habla siempre de plana frente a redonda, no esférica, en todo caso: de esfera chata. No sé qué pensar.

Tampoco me puedo resistir y acudo de nuevo a la santa RAE, o DRAE, con ‘d’ de diccionario. Sorpréndeme la definición que el sacro sitio hace de croqueta: “Porción de masa, generalmente redonda u ovalada, hecha con un picadillo de jamón, carne, pescado, huevo u otros ingredientes, que, ligado con besamel, se reboza en huevo y pan rallado y se fríe en aceite abundante”.

¿Se puede saber desde cuándo las croquetas son redondas? Además, insisto, ¿redonda? ¡esférica! que un redondel es plano, que tiene dos dimensionares y las croquetas, salvadas de la IA, gozan por ahora de las tres dimensiones. Redonda es la sección de una botella, redonda es incluso la sección de una croqueta, de forma ovalada como dice en el cuerpo de la definición.

¡Que me pierdo en divagaciones! Vayamos al origen de la croqueta, alimento de aprovechamiento por excelencia. ¿Que se hace cocido, pollo asado, merluza al horno?, con los restos y un poco de harina y leche sale una besamel, se prepara y extiende -punto fundamental, el grosor del preparado es cercano a la pulgada- la masa en una fuente; se deja endurecer en la nevera; y al día siguiente, utilizando dos cucharas y mucha paciencia, se preparan las croquetas. (Se admite la licencia del uso de manga pastelera, revolución en la confección) Del tamaño de los cubiertos depende el resultado. Se dejan en un plato o tabla y se van sumergiendo en huevo batido y pan rallado. Primero en uno, luego en otro, en sendos platos soperos. Los más expertos no se manchan las manos, con las mismas cucharas se completa la operación entera. Es un espectáculo hipnótico ver a alguien con maña hacer croquetas. Late la ilusión de comérselas después de fritas. Elaboradas de esta manera, la forma esférica es imposible y la ovalada es solo una consecuencia lógica del procedimiento. Para hacer esferas se requiere otro método, bien a mano, palma abierta sobre la porción de masa arrancada del todo y un ágil movimiento con la palma sobre el alimento, aplicando la presión justa y haciendo movimientos circulares cuyo eje es el de la bolita. Tal cual se hacen las albóndigas o las bolas de arena mojada en la playa. Las bolas de papel mojado para hacer guerras, las bolas de nieve, en fin. Hay quien usa vaso o taza y no se mancha.

Reivindico la croqueta con forma de obús. Esta fisonomía contribuye a su perfecto cocinado posterior, costra exterior crujiente sin ser dura, que preserva en calor del contenido con tendencia sublime a la licuefacción. Está claro que la RAE está algo obsoleta, no solo en cuanto al contenido de la croqueta, que las hay de boletus, morcilla, queso verde,…como en cuanto al rebozado, alcanzado también por la modernidad, se sustituye el pan rallado por quicos, semillas variadas, incluso el huevo se cambia por mejunjes variados, aptos para los intolerantes o alérgicos. Y muchas otras ideas que no quiero ni mentar. Pero la forma, señores, de la croqueta, no se debe perder ni desvirtuar. Por favor no recurran al paralelepípedo, que da una idea inequívoca de producción en serie. Y le quita hasta la gracia. Sería el principio del fin, solución aberrante que ni Los Tiempos Modernos deberían aceptar. ¡Que vivan las croquetas y las albóndigas! Pero que vivan separadas.

06/01/2026

HEROES

¿Se le ocurre a alguien algo más sexi que Bowie cantando Héroes? Con sus ojos bicolores. Ya solo por eso es un ser único. Su rostro concentrado,  angular y agudo; una boca que baja las comisuras, y cerrada esconde sus enormes dientes, su flequillo libre y rubio platino cayendo en plancha sobre su frente. Con esa contundencia en su figura, en sus movimientos,  seguro por el escenario. Sopla el viento y vuela el pelo como si estuviera cerca del mar. We can be heroes. ¿Como no vas a ser héroe?. Lo que tú digas. Reverencias te haría de admiración. Manos el alto, palmas.

Esa voz que sale de atrás, profunda y seria. Abre la boca tras el micro y asoma la dentadura de su sonrisa. ¡Bendito él que eludió la ortodoncia! And I, I’ll drink al the time. Baila de un modo casi imperceptible, moviéndose en corto, con un ritmo implacable, en un elegante traje de chaqueta. ¿Cómo se puede ser tan sexi cantando Heroes vestido de oficinista, por favor? Dobla la rodilla, movimiento de cadera leve. Sonríe. Enseña los dientes como diciendo ¡grrrrr!. ¡Que te como!, casi infantil. Esos paletos enormes que luce, casi vampíricos. Cause we’re lovers. Domina con un ritmo sutil y bárbaro el escenario. Encandila con contundencia.

Se retira brusco el micrófono de la boca. Recupera: You can be mean. El público aplaude en estado hipnótico. Está solo Bowie en el escenario, rodeado de músicos. Casi no mueve los labios. ¿De dónde sale esa voz? Fluye sin aparente esfuerzo. Va de la calma a lo más alto, pasando por los registros que le da la gana. Como si estuviera inventado la letra o cómo interpretarla en ese momento. Está serio y de pronto empieza a hacerse enorme, a sonreír.  I’ll be king and you will be my queen. ¡Olé!

What'd you say? Pues que sí, que quiero ser mala, sólo por un día, que bebas tú toda la jornada. Que vamos sí, que vamos a ser héroes, solo un día. Que nademos como los delfines. El público aplaude entusiasmado. Solo se ven brazos arriba dando palmas al ritmo que imprime Bowie.

Gracias por esta canción, por esta fuerza, por ese chute de energía que siento cada vez que te oigo cantarla. Gracias corriente alterna que se vuelve continua, o al revés. Enciende estadios con su potencia. Cortocircuita la miseria de las letras banales. Llena de esencia y sentido cada acorde. ¡Viva!

Leo que está inspirada por una pareja que se besaba junto al Muro de Berlín mientras él observaba desde un estudio cercano. Dicen que habla de cómo dos amantes, desafiando el peligro y la separación, pueden sentirse héroes por un día. No sé. Es brutal.

Todos deberíamos ser héroes , aunque solo fuera por un día.

I, I will be king
And you, you will be queen
Though nothing will drive them away
We can beat them, just for one day
We can be heroes just for one day
And you, you can be mean
And I, I′ll drink all the time
'Cause we′re lovers, and that is a fact
Yes, we're lovers, and that is that
Though nothing will keep us together
We could steal time, just for one day
We can be heroes for ever and ever
What'd you say?
I, I wish you could swim
Like the dolphins, like dolphins can swim
Though nothing, nothing will keep us together
We can beat them for ever and ever
Oh, we can be heroes just for one day
I, I will be king
And you, you will be queen
Though nothing will drive them away
We can be heroes just for one day
We can be us just for one day
I, I can remember (I remember)
Standing by the wall (by the wall)
And the guns shot above our heads (over our heads)
And we kissed as though nothing could fall (nothing could fall)
And the shame was on the other side
Oh, we can beat them for ever and ever
Then we could be heroes
Just for one day

hook

We can be heroes
We can be heroes
We can be heroes
Just for one day
We can be heroes

outro

We′re nothing, and nothing will help us
Maybe we′re lying, then you better not stay
But we could be safer, just for one day
Oh-oh-oh, oh-oh-oh, just for one day