Seguidores

11/08/2026

LAS HIELERAS

Benditos inventores. Quiero hacer aquí un sincero homenaje a, de entre todos ellos, al anónimo y muy querido y sin embargo ignoto inventor de las bolsas de hielo.

Mucho se habla de la bombilla o de internet. Ese paso de gigante entre la iluminación con velas y el led. Avances inolvidables, cierto. Pero con nombre propio. El pasado de la comunicación mediante cartas, con sus sobres y sus sellos, cuyo recorrido ha sido motivo de ríos de literatura e imaginación. Sí. Porque cómo fueron esas misivas desde el ínclito Filípides, soldado griego que recorrió los 40 km que separan Atenas de Maratón para comunicar la victoria de los griegos, pasando por las cartas de amor desde la guerra o hacia el frente. Las cartas de los hijos que marchaban a estudiar o a trabajar lejos de casa. Y de pronto un WhatsApp desde Australia. Tal cual. Ya no hay cartas ni excusas. Si no hablas con tu marido o con tus padres es porque no te da la gana. Porque desde un Cali post sismo, a la pocas horas, Fer nos tranquiliza, que están todos bien. A pesar de esa imagen de una catedral en derrumbe, del suelo que se mueve. Pasos de gigante. Ese romanticismo que generaba la distancia se ha eclipsado tanto como se ha perdido la magia del anochecer, que vamos hacia el albedrío de cambiar a demanda la noche por el día, no viceversa. Aberraciones varias.

Mucho menos serio y trascendente es la invención de la bolsa de hielo. Edison se llevó la gloria con su patente; dicen que fue en 1914 cuando una poco conocida Florencia Parpart, inventó la nevera, ignoro si ella misma incorporó el congelador y dentro de éste esos malignos cachivaches de plástico: las hieleras o cubiteras. 

Que yo me acuerde, al principio eran rígidas, metálicas, con un cacharro dentro extraíble que era el compartimentador, por así decirlo. Progresivamente se fueron flexibilizando. Las dedos se quedaban adheridos a la superficie metálica helada, tanto peor si lo hacías sin ponerlas bajo el grifo previamente a aplicar presión en el trasdós. Las del plástico fueron un ligero avance en cuanto a ligereza y adherencia táctil, empeoró en cambio la higiene por la dificultad de limpiarlos. Acumulaban guarrería en los múltiples recovecos de los que los originales carecían. Que podían ir en directo al friegaplatos.

Por no hablar del llenado de las hieleras. Que no había que llenarlas del todo es hecho conocido por todos. Unos en modo científico y otros por experiencia que es la madre de la otra. Que el agua aumenta de volumen al pasar de líquido a sólido. Sí. Ahora bien ¿cuánto? Había quien pensaba que se multiplicaba por mil, rellenando los cachorrillos con una fina lámina que no servía ni para un güisqui (usando una entera); otros olvidaban el fenómeno y las llenaban al ras, con lo que al sacar los hielos eran generosos pero muchas veces se unían unos con otros montando una especie de súper tableta de chocolate transparente. Que no había quien rompiera.

Siempre había alguien, generalmente un hermano, que sacaba un par de hielos para una Coca Cola y no rellenaba el resto, el siguiente hacía lo mismo, hasta que llegaba uno que se encontraba un solitario hielo, lo usaba y devolvía la hielera al congelador vacía: por si alguien no quería hielo.

No nos podemos olvidar del ese momento que es la introducción de la hilera en el congelador. Hay congeladores y congeladores y hay pulsos y pulsos pero debemos reconocer que llevar la hielera llena desde el grifo al congelador es un reto del que no es fácil salir victorioso. El proceso empieza por el llenado. Cierras el grifo o no, tras hacerlo. Quizá puedas llevar la hielera con una mano, o lo mejor no te atreves. Más sensato. Te diriges a la nevera. Lo normal es ir con la hielera sujeta por los extremos usando ambas manos y sacando la lengua por un lateral de la boca, o por el centro, dependiendo del grado de concentración. Vas mirando el agua que inevitablemente se mueve. Con cuidado. No quieres dejar reguero en el suelo. ¡Porras!. Está cerrada la puerta de la nevera. Puede tratarse de congelador puro y duro o congelador de cajones. Tanto da. En el caso del congelador puro y duro, por muy “no frost” que marque su etiqueta, todos hemos tenido esa experiencia de intentar abrir la puerta sin entrenamiento previo. Cuando la ves cerrada sabes que con una mano no vas a poder. Si hay encimera cercana y despejada, procedes a depositar tu carga; en caso contrario, vuelves al fregadero. Abres la puerta del congelador cruzando los dedos para que no se cierre sola, que no es hipótesis a descartar. En ocasiones es recomendable llevar en mano trapito limpio para impedir el portazo. Y vuelta con la hielera. En el caso de congelador con cajones el problema se puede o suele dar al abrir en cajón en cuestión. Recomiendo encarecidamente abrir antes de llegar y especialmente sugiero comprobar que hay hueco. Porque ese último paso de depositar el recipiente lleno de líquido es actividad de alto riesgo. Teniendo en cuenta que no puedes inclinar tu carga para que quepa por razones evidentes. Ya sea porque el espacio sea escaso, porque sea irregular la superficie de apoyo (bolsa ve verdura, por ejemplo: unos guisantes), o por una interjección no necesariamente mal intencionada en el momento de tan delicada maniobra, basta que alguien te llame para que pierdas la concentración  y se derrame el agua dentro del congelador que siempre es peor que fuera. Porque la desidia hace que ese agüilla que se le cae a uno en el interior del congelador se convierta en tu pecado venial inconfesable. Y esa lámina, ese agua, también se congela y se une a los problemas ocasionados por no cerrar la puerta y que se forme hielo en las neveras no frost. Todo suma y convierte una nevera limpia en una suerte de obstáculos incrustados en el hielo que rodea las superficies. No hablamos ya de si la nevera está sucia o hay restos alimenticios olvidados. 

Por eso y por mucho más quiero dejar aquí por escrito mi sincero agradecimiento al anónimo invertor del hielo en bolsa. Barato me parece con la cantidad de disgustos que evita. Y con la cantidad de alegría en potencia asociada a su adquisición. Esos cubatas con el hielo perfecto. Ese café con hielo frío, no medio medio. Por no hablar de los cubitos mini, para preparar cócteles o expresos Martini, tan en boga en algunas latitudes.

Que vivan las bolsas de hielo y que vivan los inventos paralelos, tipo bolsa de agua llena (no completamente, recuérdese el tema del aumento de volumen) que se deja congelar y luego se introduce en nevera portátil para llevarse de merendola las coca colas y los botellines. Quien dice botellines dice unas ostras o lo que haga falta para celebrar, que hay que celebrar. Ojito a meter botellines en el congelador, que explotan y también las latas explotan, sí aunque tengan alcohol, explotan, que tarda más en congelar, sí, pero explotan, y una nevera, un congelador con un botellín explotado, da tarea, entre los cristales, la espuma congelada, el líquido amarillento de sospechoso color y el olor… no te arriendo la ganancia. El arte de sacar la cervecita justo antes del punto de congelación solo está al alcance de unos cuantos.

07/08/2026

LOS VIAJES DE LA ENVIDIA

 

Lo mejor de los viajes es contarlos. Es lo que decía al torero de las conquistas amorosas. Ligarse a la guapísima actriz tiene el componente indispensable de contarlo. Si no, ¿para qué? Y es que el placer es efímero pero el relato perdura. Si es bueno. Si por fin Colin Firth se entera de dónde estoy y viene a buscarme; antes de perderme, mandaría un par de WhatsApp, por lo menos. Ya se encargarán los amigos de que corra la voz,
Con los viajes pasa igual. El cuaderno de bitácora de un viaje es un árido documento a no ser que lo haya escrito Gabo o Reverte. Es una sucesión de fechas y datos a todas luces inservibles para el lector. Es el espacio para el desahogo. 
Un viaje en barco, día a día, es un petardo, desde el noray, luego que si la vela mayor, el Spinnaker y el foque. Venga cabos arriba y abajo, que no son cuerdas, que el agua cuerda es cabo. ¡Acabáramos! Por no hablar de los nudos, que si el as de guía, ballestrinque, nudo llano y el que a mí me deja perpleja: ahorcaperros. Si, el nombre es muy desafortunado pero se considera el único nudo corredizo realmente aceptado y utilizado con frecuencia por los marineros en cubierta. Ahí lo dejo. El viaje en barco tiene mucho curro, mucho limpiar la cubierta, miedo en ciertas ocasiones, aburrimiento a raudales. Pero las fotos y el relato obvian el tedio y resumen la aventura y la esencia de un recuerdo que es lo que se cuenta a la vuelta. Mucho tomar el sol, el viento el la cara, los baños de acrobacia desde cubierta, los avistamientos de delfines.
En general los viajes son eso, mucho lio. Confusiones en el rumbo. Que si es por aquí, que no, que es para el otro lado. El GPS ha salvado muchos matrimonios, pero no en todas partes hay cobertura. Y las crisis de orientación son de las más graves en un viaje, especialmente cuando hay prisas o presiones. Nada como ir con un sherpa en un grupo o un apache que se orienta a base de olfato y pistas invisibles.
Además, en los viajes, están los compañeros de viaje. No siempre es fácil la convivencia. Si es familia, porque es familia. Si son amigos porque se te ha olvidado lo maniático que era uno con los horarios, lo enfadado que se levantaba, lo activo que era o su poca iniciativa. Cualquier cosa, actitud, repetida durante 15 días puede sacar de quicio al contarlo. Es que la rutina es lo que tiene, es cansada, requiere grandes dosis de paciencia y eso se reserva para tu mundo más íntimo, donde los engranajes funcionan y las partes se ocupan de engrasarlos para que duren mucho porque son tu estructura. El caso es que en los viajes se puede organizar la marimorena en el día a día por una de pipas que desborda el vaso de Arquímedes... entonces se vacía del todo. Ojo.
Es bueno conocer al equipo de aventura y saber el papel que le corresponde a cada uno. Es una forma de minimizar el daño. De vuelta a casa, las miserias no salen. Salvo los aguafiestas que solo cuentan desgracias. Lo normal son las fotos del sol en el límite de irse o llegar, un barco pesquero con  un bonito que parece atún. Sonrisa de ganador.
“Vente a ver el eclipse a la Sierra de la Culebra”. Es la frase de moda, de lo más romántico que se vende estos días. Como lo fue “vente a ver rinocerontes conmigo a Sudáfrica o a Namibia”. Pero lo que no te cuenta nadie es todo lo que hay hasta que ves el puñetero eclipse o el rinoceronte de las narices. El frío o el calor que se pasa, los mosquitos, que no encuentras sitio para aparcar. No llegamos. Que resulta que tu colega de viaje es un friki del espacio y hay que hacer una maleta mini, solo viaja con tres calcetines, cada día lava uno y así cada día lleva al menos uno limpio. Pero siempre uno usado. Cada uno de un color, para no confundirse. No entramos en detalle con respecto a la ropa interior. Eso es el viaje que no se cuenta. A la vuelta quedan las risas de los protagonistas y la envidia de los que no fueron. 
Un jefe mío decía que viajar está sobrevalorado. Él prefería conocer las ciudades viendo documentales. Y es que en los viajes, como en la vida, lo importante no es donde si no con quién.

04/08/2026

LO QUE HACE NO FUMAR

El que no fuma no valora lo bastante la espita que se abre al fumarse uno un pitillo. Están mitificados algunos cigarrillos. Están sobrevalorados, no así la motivación que lleva a encenderlos. Y ahí quería yo llegar. Que cuando no se fuma las reacciones a las pequeñas tragedias y fracasos de la vida, a las alegrías, a los lutos, a la melancolía, a las ganas de celebración, son imprevisibles. ¡Qué digo imprevisibles! Entra en otra dimensión lo que puede ocurrir después de uno de esos momentos en que uno se fumaría un pitillo y resulta que ha dejado de fumar.

Dejar de fumar es una decisión horrible, en muchos casos forzados por la enfermedad. Ahí nada que decir. Pero cuando uno deja de fumar porque sí, se pasa la vida que le queda pensando ¿en qué momento? Salvo los que todo lo hacen bien, consecuentes y duraderos. Esos jamás se cuestionan nada y agitan la mano con asco y desprecio si alguien fuma cerca, o no tan cerca. Lo hacen sin disimulo, cargados de razones y ahora amparados por leyes que prohíben el tabaco en cualquier sitio decente. Leyes e ideología que asocian al fumador con el delincuente. Ellos, si pueden, les echan el sermón. Esa especie, que lo es, no merece haber empezado nunca a fumar. No se merecen haber pasado por la sublime experiencia de prender un cigarrillo, acercar la cabeza a la cerilla que te enciende él, confidencia, complicidad un roce de las manos algo más largo de lo ortodoxamente correcto. El olor de la intimidad, el efímero contacto que hace saltar una chispa y levantar la vista y mezclar las miradas. No merecen haber fumado nunca. Por no hablar del luto, la pena. Ese cigarrillo que parece que va a calmar el dolor. ¿Qué? Ya, que no lo calma. Pero la ilusión existe. O en la alegría, venga a brindar y a reír. ¿Qué cosa encaja más tras una cena, en una fiesta que ese cigarrillo viendo amanecer, atardecer...? Servir no sirve para nada. Supongo. Pero sustituto no tiene. La única opción es no hacer nada. O ponerte a discutir. Total, lo que hace no fumar. Fúmate un pitillo y no te enfades. Atiborrarse a comer no reemplaza el pitillo tampoco. Por mucho que a veces uno intente compensar o escapar por esa vía. Lo que hace no fumar.

Por eso, como ex fumadora que soy, estoy convencida de que debería llevarlo tatuado. Siempre seré ex fumadora. Lo sé. Y en esos momentos, hago disparates. Por ejemplo, el otro día, estaba leyendo un escrito imposible, retórico y tan complicado que no sabía si había pasado página o estaba todo el rato en la misma. En el pico de la desesperación, un fumador tiene dos opciones: La primera, la más inteligente desde mi punto de vista es posponer la satisfacción "cuando acabe me enciendo un pitillo": la opción B es la comodona "me fumo un pitillo y lo retomo, voy a hacer una pausa". En general la opción B no sirve de nada más que para distraerse, un pitillo lleva a otro, a una llamada por teléfono, sales a dar una vuelta y por menos de nada hasta el día siguiente no retomas el trabajo estancado. Eso sí, te has echado unas risas, has hecho amigos, igual conoces a alguien. En fin. La vida puede haber dado la vuelta con ese pequeño gesto. Sin embargo si no fumas y eres procrastinador, puede darte por limpiar los cristales, fregar la cocina o hacer un besugo a la espalda. Cualquier opción tiene igual probabilidad en ese momento en que te levantas de la silla porque te rindes, aunque sea momentáneamente. Lo que hace no fumar.  Que todo depende de cada uno, porque ¡a saber por lo que te puede dar! Lo mismo te coses un pantalón, podas lo rosales o le saltas a la yugular al primer transeúnte. Sin motivo aparente. Eso dirán las crónicas. No saben la mochila que llevas. Es lo que hace no fumar.

Está claro que las relaciones sociales son más difíciles sin el tabaco. Salvo para quien no lo haya probado o no haya llegado nunca a ser fumador. "Fuma Sofi", le decía mi abuelo a mi abuela. Y mi abuela que no. Pobrecito el abuelo, Don Luis, con sus pulmones frágiles y llenos de humo, murió pronto. La abuela, que como en tantas otras cosas, hizo lo que le dio la gana, vivió viuda muchos años con pulmones alegres. 

30/07/2026

LA PRIMERA MANO

 

Esta Maggie es la monda. De verdad. No se la puede una recomendar a nadie. Porque nunca sabes cuándo te vas a enamorar del libro, en qué momento lo vas a dejar aparcado en la mesilla, estratificándose entre otros materiales sedimentarios o, de pronto vas a hacer un clic y ya nada será como antes.

A veces me pregunto cómo será su vida. La de verdad. Para que se le ocurran las historias que cuenta. Sé que el lujo de ser escritor es que puede utilizar su escritura para muchas cosas. Una de ellas es inventar. La vida que no tuvo, la que le hubiera gustado. La que no. Otra puede ser, contar lo que le pasa, con la fidelidad a la realidad que el de la gana. Y los usos y husos de la escritura son vastos. Pero esta Maggie. Esta Maggie enreda mucho.

Conozco amantes y detractores de Maggie. Con su Hamnet ha dado carpetazo y cerrado muchas bocas. Pero aun así sé de grandes lectores que abandonan los libros de Maggie. No le pillo el tranquillo. Ya no intentaré en otra ocasión. Que no. Será que me recuerda momentos tristes. Que no. Son frases excusa, es un no quiero decir que no me gusta, porque los muy sesudos dicen que un crack. Es aplazar el momento, dejarse un tiempo. Y a mí me pasa. Sin ser gran lectora, porque ya solo leo lo que me gusta.

Pues “La primera mano…” lo cogí con entusiasmo. Bajó empicado a las diez páginas, como mucho. Un amigo mío dice que hay que leer de 20 en 20 páginas. Imposible, a la tercera estaba mirando el móvil, encendiendo la tele o fumándome un pitillo. Ni a tiros. Ni siquiera me he quedado dormida leyéndolo. Me hubiera ido a hacer la compra de no ser las 11 de la noche. No sabía quién era quien. No entendía los tiempos ni los lugares. Nada. Cada vez que cogía el libro tenía que retroceder porque no me acordaba de nada y no me enteraba. La trama no tenía sentido. Eso sí, hasta que empezó a tenerlo. Ahora vienen los listos que todo lo pillaron desde el principio. Allá ellos. Suerte que tienen, o no. Porque a mí me fascinó. Desde ese momento se suman lo maravillosamente que escribe y las cosas maravillosas que escribe, porque dice cosas preciosas. Ordena en frases para subrayar, pensamientos que parecen sacados como hilos que tu propia cabecita. Engancha una idea con otra. Devana el ovillo de la vida y lo usa para tejer una maravillosa historia a la que lamento no haberme enganchado desde el principio. Enhebra una vida en estas páginas, Dichosa yo, que he conseguido llegar al final. Dan ganas de volver a empezar al leer la última página.


28/07/2026

AQUELLA NOCHE NO LLOVIÓ

Vivía sola, y tenía una preciosa terraza llena de flores.

Los zapatos en la entrada, por el placer de andar descalza. Un día, los encontró guardados. ¡Qué raro!. Tras sus largos baños mañaneros, disfrutaba del sol y un café cuidando sus flores. Los enseres recogidos, no olvidados en la encimera, según su costumbre. ¡Qué raro!. 

Un día sonó su teléfono identificándose como repartidor. “¿Puede abrir?, traigo un paquete”. Un momentito, estoy llegando. “Si quiere se lo dejo a quien esté en su casa, llamo al timbre y nadie abre, pero he visto que miraba por la mirilla” Vivo sola, se recordó a sí misma sin llegar a verbalizarlo. Voló a casa y recogió el paquete antes de que el uniformado hubiera traspasado el umbral.

En una ocasión dejó un cazo lleno de agua en el fuego en un “mientras tanto”. Una bolsa de espagueti sin abrir, preparado para cuando hirviera. Al volver a la cocina, la pasta estaba colada en una ensaladera y el cazo limpio, secándose.

Una mañana de abril, el olor a tierra mojada la despertó. La terraza cubierta con una  lámina de agua, las flores agradecidas parecían sonreír, mirándola cual girasoles. Pero aquella noche no llovió. Se asomó a la calle seca. Ni una gota de agua en las aceras, ni una lágrima en los cristales. Ni siquiera el rocío era responsable de haber regado su tesoro. Solo entonces supo que no estaba sola.


26/07/2026

QUE EL DINERO NO DA LA FELICIDAD

Que se lo digan al heredero del imperio de moda cuyo padre se ha precipitado al vacío. A él el dinero le ha quitado la felicidad. Al menos por una buena temporada. Acusado de parricidio, lo que le sobra es pecunio para defenderse. En un eventual juicio sin testigos, la verdad la sabe sólo él. 

Yo no tendría esos problemas. Me refiero a las cuitas que le llevaron a la situación en la que se encuentra. Vamos a ver, ¿que mi padre es el puto amo, con perdón de una de las empresas más grandes y más todo del país?, pues tan contenta. Una fortuna no se puede arriesgar por el ego. ¿Que me da trabajo?, genial. Me ponga donde me ponga. Dependienta, cajera. Como si tengo que hacer de modelo de ropa. Soy soldado. Humilló lo que haga falta. Que no se diga que estoy per ser la hija del jefe. Eso sí, después de las penurias y las piernas embotadas, dame algo interesante. Voy a acompañar a elegir las nuevas colecciones. Que yo me quedo callada, te lo prometo. Déjame ir a Milán a ver que están haciendo, a Paris por ver por dónde van los tiros, Nueva York, Países Bajos. Prémiame lo bien que me he portado. ¿Que no me da trabajo? A mi bola. Me pongo a hacer punto con mi madre y a disfrutar de lo que hay. 

El hijo del magnate no sabe aprovechar las oportunidades. Que quiere montar su propia línea, dice. Déjate de rollos, el mercado está complicadete. Te lo están dando todo hecho. Disimula. Le dan una responsabilidad y el chaval la empieza a pifiar. Bajan en picado los bendecíos. Toma decisiones de estrategia sin que le hayan pedido opinión, no sé qué hizo, el caso es que no funciona. A punto ha estado de meter en un problema a la que lleva siendo años una empresa solvente. Apártate que sigo yo, le dice el padre. Normal que le quite. Yo confieso que como hija hubiera reaccionado de otra forma. Digo esto desde mi ignorancia en cuanto a lo que se refiere ser millonario. Y a la pasta en general. Yo con los números bien. Te puedo hacer una integral doble o una ecuación diferencial, rétame. Eso sí, si la unidades son € o $ o £, vamos, si se trata de dinero, me bloqueo. No me pidas que divida una cuenta en un restaurante, no sé sacar el porcentaje para una propina ni a cuánto tocamos. Mi padre decía que no se habla de dinero. Yo soy muy de escuchar a mi padre. En ese caso, que padre me dice que no sirvo para su empresa, para ese puesto, tranquilamente me vuelvo a casa y me pongo a otra cosa. Que lo hubiera entendido. Dame otra ocupación, ¿en qué puedo ayudar?. Me hubiera bastado con hacerle de chófer. La conversación, el día a día. Te llevo y te recojo. Con eso me alimento yo y me sobre. Pero no, este chico tenía sus proyectos y sus sueños. Que está en su derecho. Como en su derecho está el padre de no financiárselos.

Digo yo que a este chico el dinero le ha envenenado. La novia propia y la del padre han debido ahondar y hacer que sangraran más las heridas que hubiera. En eso las mujeres tenemos muy mala idea. Que tú te mereces más, con lo listo que eres. Que es un vago, ¿cómo le vas a dejar solo?. Dale más, no le des tanto. Se lo merece, es un piernas. Total, que lo que entre padre e hijo se podía haber resuelto con unos güisquis se emponzoñó con terapeutas que no eran psicólogos, no sé si son falsas terapeutas o gente que pasaba por ahí. Parientes de intención dudosa, consejeros, oportunistas y aprovechados con el letrero de “quiero ayudar”. Un montón de báculos artificiales que no debieron pedir para resolver su ropa sin lavar. A mí me da la impresión de que entre unos y otros fueron construyendo una realidad ficticia llena de túneles y obstáculos, riscos y peligros. En uno de ellos, desafortunadamente, acabaron los días del progenitor. Toda esa parafernalia llenó sus días de una simbología que mezclaba dinero y odio. Las montañas de oro del tío Gilito batidas con proyectos imposibles. Quien sea que fuera que alimentó ese dispararte no debe sentirse orgulloso del resultado.

Sea cual sea el motivo de la caída y deceso del patriarca en presencia de su hijo, es una tragedia con horribles consecuencias. Para ese hijo que si tenía un conflicto con el padre nunca lo podrá resolver, para el padre, claro, principal damnificado. Y para la familia y amigos inmersos ahora en un horrible proceso que no deja espacio al duelo. Las pesquisas, los interrogatorios, el juicio. “¿Dónde estaba usted el día tal, a la hora cuál?” Es que a mí me ponen en esa tesitura y me contradigo seguro. No porque mienta, porque no me acuerdo. O recuerdo cosas distintas cada vez. O me olvido. Que no es a propósito. No es la edad. 

Por eso digo yo, que el dinero no da la felicidad a algunos. A mí si me la daría. Que esos líos no los tengo yo. Me pongo a disfrutar y punto. Que me pongan a prueba, que lo quiero demostrar. 


24/07/2026

LAS DESAPARICIONES DE MERCADONA



Es fácil de entender que se agote la falda Guinda en la Boutique de moda, el vestido Arno o la camisa París. Pasan las temporadas, las modas cambian, la ropa se agota. Ese capricho que no te diste, esperando a las rebajas, ya no te lo vas a poder dar. Te aguantas. La actriz que salía en tal película con esas sandalias se ha hecho mayor o es una antipática y ya no te gustan tanto. Hasta te parecen macarras, como ella. En fin somos en general muy influenciables en el qué me pongo. Otra cosa es “¿qué comemos hoy? Que sí, también hay modas, ya no comemos empanadillas si no guiosas. ¡Pobres aquellos que no conocen la empanadilla! Ha desparecido el gazpacho clásico y si no le añade aguacate o remolacha eres carpetobetónico. Hay comidas viejunas que más quisieran los trampantojos o los plantos desetructurados. Pero algunos básicos, eso me mosquea más que desaparezca. 

El té rojo, gomas de pelo, horquillas, peines, el humus king size, el tomate frito Hida -ha vuelto-. Chicles de regaliz y de sandía, eran tan grandes que el efectuó saciante era inmediato y asociado a que no te cabía nada más en la boca; el gel de glicerina, con idéntico olor al jabón y tan natural y barato como éste; crema facial de caviar, al nivel de las de farmacia pero sin receta y con dos ceros menos en el precio; quesos Cottage y Grana Padano como el tomate Hida, Guadianas de Mercadona que van y vienen; ajenos a las modas, que vienen y van porque tú eres el rey del glam, rey del glam; la ensaladilla rusa con gambas-depende del barrio-, las tostas redondas para dippear, el pan de sándwich tamaño medio DIN A4, nata fresca?, jabón de Marsella líquido, cebolla frita en lata. Cada uno podría escribir su lista, según sus adiciones o aficiones. No se trata de desapariciones temporales en su mayoría. No es falta de stock, salvo excepciones. No hay estantes vacíos. A un cierto punto, cuando ha pasado un tiempo prudencial, los solícitos empleados del Mercadona te miran como si te lo estuvieras inventando. “ Yo nunca he visto el té rojo; espere que pregunto a la encargada.” No, té rojo no hay. Hace mucho. Tú sabes que no es cierto. A lo mejor infusiones no compras cada semana. Pero el pan, que sí, ese producto que ya sabes dónde está. Llegas con los ojos cerrados al estante y no hay siquiera un recuerdo de su existencia. Nunca ha estado allí. Se requeriría pericia de policía científica para encontrar indicios de que alguna vez en ese estante donde hay frutos secos variados, estuvieron un día esas cebolletas en vinagre, ligeramente dulce, rosadas. Que quedaban genial para el aperitivo. No te molestes. Se ha borrado de la memoria del personal y del disco duro de todos los recuerdos.

No me digan que soy la única que lo he echado de menos porque no es verdad. Lo que ocurre es que un día no hay té rojo y compras negro o verde; a la semana vuelves a buscarlo y ante la extrañeza, preguntas. El encargado de Mercadona te acompaña, literalmente. Atraviesa contigo los lineales y llega al frontal de las infusiones. Donde hace unos meses estaba el té rojo durante algunas semanas hubo un hueco sin cartel, ahora lo ocupa una infusión de frutos rojos acomodada como un niño travieso haciéndote creer que no ha hecho nada, en el caso de la infusión, que siempre ha estado allí. No estoy loca. Antes había té rojo. El encargado intenta primero entender, luego confiesa su desinformación. 

De estas desapariciones misteriosas lo que me preocupa es el porqué. Hay quien es experto en el relato. Quizá deberían encargarse ellos de explicar. La web del Mercadona, envía un mensaje semi automático "sentimos informarte que ya no lo vendemos. Pero vamos a pasar nota de tu interés por el producto. ¿En cuál de nuestras tiendas compras habitualmente? " o "ya no lo tenemos en nuestro surtido 😥 y vamos a pasar nota a los responsables de tu interés para que lo podamos valorar. Sentimos las molestias 🙏". Ante esa respuesta, la confusión es mayor. ¿Serían productos dañinos para la salud?  Esa crema que te echabas a diario, ¿será la causante de tus manchas?. A que van a tener la culpa los alimentos desaparecidos de lo gorda que me he puesto. Va a ser eso. Que me crearon adición. Esas patatas fritas, esos panes, contenían sustancias malignas que me hacían consumirlos con avidez. Mira tú por donde el peso que se me ha quitado de encima. Literal. 




22/07/2026

ME HE SALTADO LA SALIDA

Me ha vuelto a pasar: me he saltado la salida de la autopista para ir a la oficina. 
Mis amigas dirían “interpreta mi silencio”, en ese afán pseudopsicoanalítico o de psicología barata, de barra de bar, tan popular; con esos deseos de entender los gestos y los sueños y sacar elocuentes conclusiones. ¿Lo ves? Con las presuntas bases  que nos han dado para ser sabios en el tema la lectura, en su momento, de “El arte de amar” de E. F y luego “Tus zonas erróneas” (tan yanki y tan conductista) y esos miles de libros que poblaban la sección de autoayuda del VIPS. Con la presunta formación, presuntamente psicoanalítico, con esa pátina, que no es ni poso, que nos han dado esas lecturas sumado al disfrute de las pelis de Woody Allen antes de que se destaparan sus aficiones personales. Dentro de esa facilidad de ver el ojo ajeno dañado por pajita y no ser capaz de detectar la viga en el propio. Somos así, aptos para analizar los males de los otros cual especialistas en la materia. Mientras, vagamos por nuestras miserias tapando agujeros como si nos hubiera tocado la lotería, disimulando.
El caso es que sí, me he vuelto a saltar la salida 13 de la carretera de La Coruña, por la que cada día salgo de la A-VI y recorro la calle Gobelas, al amparo de lujosos chalets ocultos por los jardines en la margen derecha y edificios de oficina en la izquierda, que lindan con el ruido de la autovía. Pero es que me he saltado la salida 14 también. La de Casa Quemada, que me hubiera permitido llegar un poco tarde, pero llegar. ¿En que iría yo pensando? He pasado Los Peñascales, recordando a un amigo que tenía casa allí; Torrelodones donde han montado un colegio muy especial; Las Rozas, y sus fiestas; Las Matas y su estación de tren. Hasta que no he llegado a la bifurcación de Navacerrada, a la altura de Villalba, cuando tenía que decidir si seguía hacia Segovia a ver a los abuelos o me iba a Nava a pasar el día con los padres. Lo visualizo, un paseo con padre a ver si llegamos a la Maliciosa, un tinto de verano, que es el agua de una fuente secreta. Y una paella que va a hacer madre, más fina que el grueso del meñique.
¡Pero concho! Si hoy es martes. ¡Será posible! Yo es que quiero una justificación “que mi hija no puede ir hoy a trabajar (al cole)“ Sin más comentarios. Solo un padre es capaz de entender que a veces no puedes. O no entenderlo, y simplemente, quedarse a tu lado sin preguntar. Hacerte tu comida favorita. Cogerte de la mano sin razón. Es tu red de seguridad incondicional y sin preguntas. Sabe que quieres largarte. Que ya está bien de ser bueno y correcto. Qué quieres darle la vuelta al cartel y que se vea “cerrado”. Porque sí. Como en esas tiendas a las que llegas y hay un letrero que dice “vuelvo enseguida”. ¿Cómo se mide enseguida? ¿Hace cuanto que se ha ido? Ese aviso está ahí puesto ¿para invitarte a que esperes o a que te vayas con viento fresco? Yo creo que es más lo segundo. Sin referencias ni existe el tiempo y no puedes medir la espera.
Así es que yo digo eso “ahora vuelvo”. Signifique eso lo que signifique.

07/07/2026

¿TU ERES DE LOS QUE SALUDA EN UN PASO DE CEBRA?

El programa Ilustres Ignorantes, al que yo insisto en llamar Presuntos Ignorantes, que no implicados; empieza siempre con una dedicatoria a un grupo social., etnia , o a cualquier asunto que le apetezca al conductor que para eso es el que manda. El otro día se lo dedicaron a ese estrato humano formado por aquellos peatones que saludan a los conductores, a modo de agradecimiento cuando un conductor frena para dejarle ejercer su derecho de atravesar la calle por el asfalto rallado. Agachan un poquito la cabeza, buscando la mirada de quien vaya al volante, a veces esquiva, y levantan la mano acompañando el gesto de la cara.
Normalmente el conductor ignora deliberadamente el saludo del agradecido peatón, como si éste fuera transparente.  El peatón busca la intersección de las trayectorias de las miradas, con poca fortuna. Puede que la miopía o el lamentable estado del cristal, o lo reluciente que luce y refracta, depende; impidan al pobre peatón ver cómo el conductor consulta su teléfono por si hay mensajes o programa el navegador para optimizar su trayecto., haciendo caso omiso a los infructuosos intentos de conexión. El conductor se para por civismo o por obligación o porque no le compensa atropellar al pobre estudiante, mochila en mano, que se dirige al metro para ir a la universidad a hacer un examen. A la señora que arrastra el carro de la compra y contra todo lo que hace pensar por estereotipo o convenciones, es médico de familia, química nuclear, astronauta en funciones o secretaria del CEO de una Gran Cuatro. Es jefaza en iuai (E&Y), ingeniera de la NASA o investigadora del CSID. Pero sus hijos comen todos los días y también ella tiene que hacer la compra. Saluda agradecida sin esperar a cambio mas que no se le escape el pie al pirado que acelera impaciente para que no se le cale el coche y se vea en una camilla con todo lo que tiene que hacer.  Por una confusión, total, entre embrague y acelerador.
Esos seres ingenuos que saludan al conductor cuando frenan y no les atropellan son creyentes, aún tienen fe en la humanidad. Son buenas personas, rezuman bondad, son la encarnación de los ángeles en la Tierra. Seres de luz que aún empatizan con el otro, creen en él . Se pueden salvar y salvarnos a todos, porque de ellos depende que el mundo no se rompa. Personas que echan el pie al asfalto con la confianza, con la esperanza de que aquel que está dispuesto a acelerar con tal de evitar un frenazo y ganar así un minuto en su intensa vida, les atisbe por el rabillo de su prisa y frenen, a ser posible, a tiempo y sin insultos. Esos seres que monetarizan su tiempo hasta límites insondables se paran porque no tienen más remedio. Porque pro su cerebro pasan las imágenes de la grúa, la policía, un atestado y posible juicio si es que el osado peatón no acierta a parar a tiempo. Hace un cálculo rápido en su hoja de Excel mental y valora la conveniencia del frenazo. Sin contar con tener que llevar el coche a lavar en caso de atropello. Menuda inconveniencia. Pero no por eso va a consentir establecer contacto con el viandante, ni siquiera aceptará que las trayectorias de sus miradas se corten a mitad de camino. Bastante tiene con haber parado.
Conductor y peatón no son intercambiables. La esquizofrenia afecta al lugar en el que uno se encuentra. Y cuando peatón es conductor, no hay garantía de que el comportamiento sea el mismo que cuando peatón es peatón. Se disfraza de lagarterana y a saber el improperio que suelta el saludón peatón cuando se encarama a su bólido y se disfraza de impaciencia. Atrás queda el amable barbudo de la mano de su hijo, al que hace agradecer también. Ese abuelo entrañable que demora la marcha debido a mermas en su movilidad. Ojito que la gente cambia. Hay trasfuguismo, según la velocidad de crucero.
 

08/05/2026

MUCHA IA

No quiero una inteligencia artificial que redacte mis informes ni opere a mis pacientes. No quiero una IA que escriba mis discursos ni decida la estrategia militar de mi país.

Quiero una IA que cambie la sábanas los viernes y me las ponga limpias junto con un camisón recién planchado en la colcha impecable. Quiero una IA que los lunes y jueves cambie las toallas, que friegue el baño a conciencia y deje la cocina como los chorros del oro. Que si hay que echar una gotita de vinagre en el cubo de la fregona una vez al mes, para que brille el parqué, proceda. Que los armarios estén como para meterse a vivir dentro o tenerlos abiertos y que el público los visite; que no haya una mota de polvo en los cuadros al pasar el dedo y no digamos pelusas rebeldes bajo los sofás. Que los cristales estén tan limpios que parezca que está abierta la ventana. Que los espejos reluzcan aunque no me guste lo que vea. Que no haya esquina ni cajón con una miga traviesa que sea capaz de atraer a un bicho, sea insecto o roedor. Que las moscas no encuentren atractivo en atravesar en aire de mi estancia, que huele tanto a limpio que les espanta sin necesidad de insecticida.

No quiero una cuidadora, no quiero una limpiadora, no quiero un robot que todo lo friegue. Quiero que la IA coloque el friegaplatos, tienda la ropa y la planche ordenada, quiero que me haga el cambio de armario. "¡Ay hija a mí me encanta en cambio de armario, recordar la ropa del verano, seleccionar lo que me va más este año, que vuelven las modas!". ¡Patrañas!. Como la puñetera Dyson y el Rumba. O la THERMOMIX. Mucho robot y mucha ayuda, pero luego hay que limpiarlos. Si, y eso la IA no lo hace, los pelos y los atascos, los cables que se enredan y se caen las lámparas y los ordenadores, las pantallas. Que parece que ha habido una guerra después de que trabaje el Rumba. Destroza alfombras, que empieza a tirar de un hilo y es como el tonto, que se acaba la linde y sigue, pues el Rumba lo mismo; arrasa con todo, en un descuido: o se engancha y desaparece por sitios insospechados. Y tú me dirás, hombre, "ponlo estando en casa". No sabes de su poder hipnótico. ¿Para qué quieres una mascota? No dejas de perseguirle.

 

Quiero que la IA ordene mi librería, por orden de autor, "¡ay que bonito es ordenarla tú! Así lo haces a tu gusta". Falso. Es una paliza de campeonato. Quiero que los cajones de la cocina estén relucientes como todo lo que guardo en ellos. La mesa puesta cuando voy a comer y la comida en su punto. No quiero ir a un restaurante ni a un hotel. Quiero que la IA se dedique a lo que importa, que para operar esa rodilla ya me pongo yo.

 

Que yo no quiero tanta IA que me organice la vida. ¿Qué pasa?, que se puede ser ingeniero de la NASA a base de mucha IA, conquistar Marte y llegar a la luna metiéndose uno repetidamente en ChatGPT, pero que le hagan la cama a uno, no. Que cambie las cortinas, que sacuda los cojines, en eso no se mete la IA. Pero los seis años de medicina más el MIR me los sustituye el ChatGPT en un “pispás” interpretando una radiografía o diciéndome qué tengo que tomar para mi cardiopatía, sin pasar por la lista de espera de la Concha. O me hace un plano sugiriendo la ubicación de las bajantes al diseñar un apartamento en Benicarló. ¡Vaya por Dios!. Tanto estudiar para que una máquina me diga la sentencia que aplica al caso que me ocupa en un nanosegundo y yo que estudié notarías… ¿para qué?, mucho abogado del Estado, y resulta que se lo pregunto al chat y no falla.

Da miedo todos iguales sin colores, da miedo los proyectos iguales, los edificios iguales, vestidos iguales, diciendo lo mismo. Da miedo tanta consigna y tanta homogeneidad. Da susto. Que al final nos convierta la IA en robots,

Señores desarrolladores de la IA déjense que ayudarnos a escribir correos o a aprobar exámenes, no quiero grandes logros ni fuegos artificiales, quiero tener la casa como una patena y ya me ocupo yo de mis pacientes y mis asuntos. ¡Y no digamos ya si me hace un par de huevos fritos con patatas y luego me deja todo recogido! Quiero hacer fiestas en casa, comilonas, chispunes y tomar gin-tonics hasta quedarnos roques. Y bailar y reírnos. Y ponerme lo que me de la gana. ¡Tanta IA!


03/05/2026

NO PODRÍA SER INFLUENCER

Yo compro por impulsos, funciono como una bomba de pistón. O no piso o una tienda o me doy un homenaje. Funciono como un relé. A mí lo de comprar me da por rachas, ya sea para lo cotidiano o lo extraordinario. Me puedo pasar diez años queriendo tirar todos mis jerséis, sin comprarme nada, aunque tenga agujeros toda mi indumentaria, aunque trasparenten las camisetas,… que no me abrochen los pantalones o me queden anchos. Si estoy de no comprar, no compro. No puedo tener un accidente. No estoy preparada. Eso sí, si me cambia de pronto el “chip”, o mis niños me dicen que necesitan algo, que se preparen los terminales y las bacaladeras, que voy para allá, no hay dique que contenga mi afán consumista.


En el supermercado, me pasa lo mismo. No soy de grises, o mi nevera boza, o está vacía. O tengo preparada la despensa para un COVID, una DANA, una FILOMENA y una invasión alienígena, todo junto y a la vez, sin solución de continuidad, o me da por usarlo todo, aprovechar restos para croquetas, sacar latas del Pleistoceno.  Cocinar y preparar comidas para 
que no caduquen ni se me estropeen las lechugas; y hasta que en los cajones del frigo no corren las pelusillas del frío, huérfanas, no vuelvo a hacer la compra. Y no digamos ya si se trata de cosméticos, cremitas y otras lindezas. Si fui de viaje una vez e hice acopio de botecitos varios de gel, suavizante, crema hidratante y champú, mini jabones, etc., hasta que no se acaba todo, todito, no compro ni Johnson's para niños, por no comprar. Pero cuando me da, me da. Es como lo de ahorrar, soy de blanco y negro, lo doy todo o me hago marcas con el cinturón.

Pues hoy he ido al Mercadona, se me había acabado la Nivea, recordando a mi abuela Sofía y a mi madre, con su piel de algodón suave, me ha dado por atribuir a la Nivea tan preciado acabado superficial. Frente a la sección de cremas estaban paradas tres personas: un elegante caballero, recién jubilado que ha asumido las tareas de abastecimiento de su casa y se debatía frente a las ofertas de cremas varias con el encargo en la cabeza de su santa esposa, que no recuerda con exactitud, solo ha apuntado “crema de manos”. Junto a él una empleada del hogar, que no se ha quitado el uniforme de camias con florecitas y pantalón a juego, sin el delantal. Se cubre con un abrigo fino. Mira las cremas dudando entre precio y calidad. Y la tercera persona es una señora que tiene prisa, ejecutiva agresiva, mujer empoderada, a saber. Cuelo mi brazo entre los tres y pillo una lata azul de Nivea que echo al carro. Veo que los tres reaccionan de inmediato y se deciden, el señor coge dos latas, con seguridad; la empleada una, con tranquilidad; y la estupenda otra, con disimulo, no quiere ser igual que los demás. Me fijo en el precio, cuatro y pico, veo la crema de marca blanca, 1.8€, en cuanto la zona se despeja doy el cambiazo. Me lo ahorro. Y luego pienso: qué antipática soy, no puedo ser “influencer”.

20/04/2026

ESPABILA

 

Hay varias cosas que he oído últimamente y que me parece que son definitivas para que espabile el más apoltronado.

La primera es una pregunta a Steve Jobs (o a Bill Gates, tanto da, a veces me hago un lío) SJ es la monda, aunque no esté entre los vivos, el tío creo APPLE, le despidieron y volvió de CEO, poca broma). El caso: la pregunta fue: “¿cuál es la clave de su éxito? ¿qué rutinas practica?”. El del micro pensando que le iba a hablar de chia, meditación o yoga con cereales o hacer la cucharilla con redondilla jugando a las chapas. ¡A saber!. Algún truco infalible en primicia para poner en práctica inmediatamente. Lo importante, como siempre, fue la respuesta, Él contestó que la única rutina que practicaba a diario era no quejarse. Que su vida cambió a mejor el día que abandonó la queja. Tal cual. Es que la queja es muy mala. Ya lo hemos hablado. 

Otra cosa que oído y me ha encantado (no sé si es verdad o no) porque creo que es buenísima: alguien hablaba del famoso “no tengo tiempo para nada” “estoy liadísimo” (excusitas de por qué no llaman, no salen, no van al gimnasio, no visitan a sus padres, hijos o amigos). Ante esa falta de tiempo, recomendaba pensar en Sarkozy, que fue elegido presidente de la República y se ligó a Carla Bruni mientras tanto. Vamos, que tiempo hay. Enlazado con el amor, o el desamor, y en relación a la tristeza tras una ruptura amorosa, alguien decía, “mira si Jennifer Aniston superó que le abadonara Brad Pitt, tú tienes que parar llorar porque te ha dejado ese imbécil, así que déjate de tonterías!. No está mal.

Y es que en las redes se puede aprender mucho, he cogido toda esta información y me la he echado al morral, a ver si me sirve y la sé utilizar. Junto con estos consejos y algún otro, guardo el de una presentadora exitosa, casada con un presunto escritor, que adjudica a andar con mucha mala lecha su buen estado de forma.

Así que, aquí me tienen, andando con mucha mala leche, sintiéndome tan buenorra como Jennifer y que me eche de menos Brat y sin quejarme ni un poquito, a ver si me ligo a mi crash. Que, como todo el mundo sabe es un inglés elegante y repelente, a la sazón actor y abandonado también por su estúpida mujer.


19/04/2026

LA VIDA FELIZ (D. FOENKINOS)

 D. F no defrauda. Siempre es amable. Es un magnífico escritor que escribe cosas deliciosas maravillosamente. Puede parecer muy cursi esta frase, pero desde mi punto de vista es exactamente así. No estoy descubriendo América. Su solidez y prestigio están consolidados y premiados. Por supuesto su talento está más que reconocido en el mundo literario internacional. 


Describe la vida e intenta siempre adornarla sin bodoques. Ya sea en la tristeza o en la tragedia, construye un camino hacia la armonía. Enciende la luz y da cabida a la felicidad.

Agradezco a J(X), este descubrimiento, en el jardín de la casa de mi abuela en Segovia. En el jardín del primo Pablo, que tan generosamente abre, como todas las casas en las que ha vivido, a los amigos, a la familia, a la celebración, a estar juntos.

Fue un día no precisamente alegre, de julio, cuando por necesidades del guion, un grupo grande de amigos y familiares estábamos en Segovia. Como siempre, Pablo abrió las puertas de su casa. Veniros a casa después. Nos juntamos ahí, estamos más a gusto. 

Allí estábamos. Los amigos de Pablo, los amigos de Juan, los amigos de Marta. Yo siempre me he sentido mezcla de amiga y prima. 

Los amigos de Juan rodeaban a Juan, y verles juntos era volver a una época de tribulaciones y mudanzas. Una época previa al asentamiento y a la madurez quien la alcanzara. De alguna forma todos nadábamos entre los sueños y la ilusión, en un intento de retrasar la edad de hacernos de verdad mayores. Los amigos de Juan rodeaban a Juan en una suerte de abrazo.

X, amigo de Juan, amigo de Pablo, amigo de Marta, entre unas cosas y otras, me habló de Foenkinos. Fue él quien quien me puso en bandeja semejante tesoro y no las críticas sesudas de Babelia. Era como si el propio Foenkinos hablara. Con la delicadeza, con la fuerza y con el entusiasmo de la esperanza. Con la armonía y la paz de su propia literatura despertó en mí la curiosidad y las ganas de leerlo. En ese jardín segoviano, al que volverán las hortensias, entre vino, lágrimas y alguna risa, descubrí a este magnífico escritor. Gracias X.

18/04/2026

LAS BUTRAGUEÑO

 

Influida y animada por mi prima, que sabe de moda mucho; y acompañada de mi hija, que también, me lanzo un viernes por la tarde a la Gran Vía. Decidida a arriesgar. Es una zona preciosa de Madrid , imagino a mis padres paseando por allí en los años 60. Ahora la algarabía es tal, que el disfrute no es tanto, pero sigue siendo hermoso. Paso por el Círculo, donde fue nuestra primera cita. En una bocacalle, detrás de unos contenedores de obra y unas horribles vallas, está la tienda de las hermanas Butragueño. ¿Es una perfumería? ¿Un bazar? No sé. Tienen un poco de todo. Pendientes, colonias, perfumes, peines, cepillos, coleteros y diademas entre muchas otra cosas que no soy capaz de recordar.

Mi prima, fan incondicional de CBK, adquirió diadema de carey. Ella es estilosa, y yo la recuerdo de niña con diademas parecidas. Como en casa también somos fans, allá que vamos.

Las Butragueño son hermanas y parientes del Buitre, sí. Hay una foto del padre “que es igual” que Emilio, apoyada en el mostrador, a la vista de todos. Firmada por el afamado futbolista. El padre está sentado en una silla Thonet, discreto escucha conversaciones o las inicia.

Se les han acabado las diademas anchas, debatimos entre unas más finas, que no son buenas, están de moda, pero llévate esta que te va a durar más. No se rompe. ¿Y un cepillo? Con la iglesia hemos topado. ¿lo quieres para desenredar o para cepillar? La cara de la madre e hija es un poema. Cepillar es lo que se hace con tu pelo, antes de acostarte. Me viene la imagen de la abuela paquita y su maravilloso cuarto de baño, donde nos sentaba en un taburete y nos colocaba un peinador sobre los hombros mientras nos peinaba y nos contaba historia, del bisabuelo, de padre, del abuelo, de los tíos, de Zújar, el almacén, o las bromas del día de los inocentes. La colonia del abuelo inundando los olores, el jabón la toja en la jabonera, y las toallas, alfombras y resto de menaje a juego, incluyendo lo que cubría el retrete, para prevenir los fríos segovianos. Papel higiénico el elefante.

Si quieres te puedo ofrecer esto, que es un mixto, y como todo lo mixto, ya sabes, es un quiero y no puedo. Porque este cepillo de cerdas hechas de pelo de jabalí, es lo que realmente te va a activar el cuero cabelludo y te va a cuidar de paso ese pelo tan bonito que tienes. Te brillará más el pelo, reparten la grasa natural del cabello, conseguirás reducir el encrespamiento, que seguro te atormenta y además son muy suaves, no rompen el pelo.

Salimos de la tienda madre e hija habiendo intercambiado teléfonos con las Butragueño, tan amigas. Es que mi prima vino ayer, no ayer no, el miércoles que la atendí yo. Muy maja y muy elegante. Ya. A ver si les quitan pronto el andamio, que no se les ve desde la calle. Es que van a convertir el hotel en un four seasons, como Canalejas. Anda, qué suerte, entonces tendrán mucha clientela elegante. Ya veremos.

Las diademas al final no te las pones porque te duele un montón la cabeza, basta de farsas. 

28/03/2026

CONOCER GENTE


Mi amiga N decía que para conocer a gente, en el Parque del Retiro, había que entrar empujando un carrito con un bebé o agarrados a la correa de un perro. Entre risas no sé si es un recuerdo o me lo he inventado, en aquel momento calibramos la posibilidad de hacernos con un carrito, en el pasear un Nenuco, porque bebé no teníamos. O si pensamos en ofrecernos a pasear el perro de un vecino. No estaban aun de moda los paseadores de perros. Si es por oficio, ya no es lo mismo.

Sigue en pie la máxima de que para hacer amigos a partir de una edad, hay que tener perro o un carrito con un bebé. Si de ligar se trata, casi mejor la opción del perro, porque si lo del bebé da pie a muchas preguntas, o a ninguna, que es peor. El mensaje no es claro. Imagino que hay quien maneja otras opciones, lejos de las consabidas herramientas de Internet, a mí no me va jugar a las cartas, existen los cursos de pintura o de teatro, hacerte amigo del Museo Del Prado. Nada como esa espontaneidad que da fumarte un pitillo y ponerte a charlar con el que tienes al lado, estés donde estés. A la salida del cine, de misa o del Alcampo. Porque echáis juntos el humo. ¿tienes fuego?. No, te dejo mi pitillo, eso es intimidad. Da mucho juego el tabaco. Opción menos sana que otras, eso sí.

Confieso que hoy, si en vez de llevar el carro de la compra, hubiera llevado un setter irlandés de generoso y acaramelado pelaje, hoy me hubiera enamorado.  Esas cosas que pasan. En un semáforo. Yo con mi carro de la compra y en la cabeza la lista, en el bolsillo el móvil con un post-it  pegado con lo que he apuntado, pero faltan cosas. Me bulle en la cabeza, que si la limpieza, quién come en casa esta semana. Voy a tener que volver. Y mira que me he traído el carro, justo para ir solo una vez. No llueve, por eso salgo, es sábado por la mañana, por eso cojo el carro, no me mola que los estupendos del bar verde de abajo me vean como la señora de la compra. Cuando salgo a hacer recados me gustaría tener ese halo de mujer interesante que sale porque ha quedado a tomar un Aperol, y no una señora a la que le faltan cebollas para la tortilla.

El caballero en cuestión lleva pantalón de vaquero, castellanos, camisa azul, jersey gris y americana de espiga. Le asoman unos calcetines de colores, pero no estridentes, discretos. De la correa lleva a Trueno, lo sé porque lo he leído en la chapa, donde reza Trueno y un teléfono que he preferido olvidar. Que soy capaz de memorizarlo. Y entonces no sé qué iba a ser de mí. Que dilema! Lo pirada que hubiera demostrado ser si se me hubiera ocurrido llamar, está fuera de toda escala social, no es de señoritas, ni de señoras. ¡Como sería la buena pinta de ¿Héctor?, dueño de Trueno, que una vecina mía casi se choca con una farola mirándole y otra ha atravesado la calle con el semáforo en rojo, dada la vuelta sin pudor para verle mejor. Y yo con mi carrito. Porque me ha mirado. Y entonces me ha sobrado la lista de la compra, ya no necesitaba ni papel de cocina ni KH7, todo me parecía una ordinariez. Pecata minuta comparado con ver cómo se escapa el amor de mi vida. Y yo sin tener una correa de la que sujeto a Pombo, elegante setter irlandés con el que suelo dar largos paseos por El Retiro cuando no voy a la casa de Campo o al Capricho. Estoy estupenda con tanto paseo. Y no digamos el mundo y al conversación que me ha dado el mejor amigo del hombre. Subo a la sierra a pasear por el monte y cuando voy a casa de mis amigos siempre pregunto si puedo ir acompañada. Todos se preguntan a quién llevaré. Pues hoy he echado de menos la existencia de mi Tron imaginario, Héctor y yo ahora estaríamos comiendo perdices.


EL FACTOR RACHEL

Rachel podía haber sido una amiga mía, podíamos haber sido cualquiera. O ninguna.

Me ha encantado este libro. No solo por cómo escribe Caroline O’Donogue, que es una maravilla. Me ha encantado la historia, lo que cuenta. Que no es nada del otro mundo y por eso mismo es todo. En esa cotidianidad reside la importancia del relato. Porque todos somos extraordinarios, y lo más extraordinario es lo anónimo. En hacer de la rutina algo único. Como la vida misma.

Agradecimientos al traductor, también. Que se nos olvida el tránsito que hace el manuscrito desde que el autor lo suelta hasta que llega al lector extranjero. Mi enhorabuena a ambos, por la frescura, por el ritmo, por las descripciones. Solo puedo pensar que siendo tan bueno, el traductor está respetando el estilo del autor. Autora en este caso.

La historia transcurre en su mayor parte en una ciudad de Irlanda. Podría haber sido Segovia. O no. Ocurren muchas cosas o pocas, según lo mires; es un trozo de vida de alguien, tal cual. 

Cuando quieres coger un atajo en la lectura, saltarte un par de líneas, un párrafo, para anticipar el desenlace, cuando tienes la tentación de leer en diagonal, no puedes evitar volver, porque sabes que te pierdes las palabras. Estás obviando la magia. 

La historia transcurre en Irlanda. O en Segovia, según. Es impresionante lo que nos parecemos irlandeses y españoles. Más de lo que confesamos. Recuerdo la primera vez que fui a Dublín. Lluvia fina, como el título de un libro. Debía ser primavera. Las terrazas estaban llenas de gente y de algarabía, de conversación, de risas, de voces, alboroto, de confidencias al abrigo de los brindis. Era lunes o martes, no sé. No era un día de fiesta, era un día cualquiera. Los irlandeses salen a tomar algo igual que los españoles, para charlar, para socializar, no tienen la soledad o el silencio del inglés bebiendo. (Hablo de lo que conozco, malo es generalizar) Pero yo atribuyo a ese carácter abierto, el éxito de los bares irlandeses en Madrid a mediados y finales de  los 90, en la cola de la movida. Como alternativa a Malasaña, el Penta, la Vía Láctea, los Gincases, ese bar de rokers, King Creole, donde había que llamar a un timbre y te juzgaban a través de una mirilla si eras digno o no de entrar. El Delaneys, con su enorme pasillo y sin límite de aforo. El Portalón, con sus mesas de hierro y mármol, antiguas ocupantes de un taller de costura. La foto de  Pat Metheny en rojo detrás de la barra, del primo Juan. En fin. Noches de efluvios y amores perdidos. Aparecieron después todos los O’Connors, Finnegans, bares de puntas, camarón que no hablaban español y que pasaron unos años estupendos en Madrid, combinado trabajo nocturno con clases de inglés.

Rachel podría haber sido cualquier amiga de los 90, una universitaria con sus conflictos, con sus amigos, sus alegrías y sus miserias. Llorando a amores platónicos inconsciente de la luz que irradia, arrasando sobre los rastrojos de la vida, sembrando discordia y cariño sin ser darse cuenta. Corriendo por los días como si huyera, con esa intranquilidad de la adolescencia cuando se prolonga demasiado y no deja paso a la madurez. Atragantándose con la rutina y los deberes diarios. Una irlandesa es Rachel. Podrías haber sido tú. Podría haber sido cualquiera o ninguna de nosotras. Con historias distintas o iguales. Protagonista y única. Referente y ausente. Llena de convicciones y con ausencia de normas aceptadas. En debate interno constante a la vez que se sume en el disparate. Sin saber si se estaba saltando una prohibición o un simple obstáculo, creando sin saberlo sus propios recuerdos, su historia única. Inconsciente del paso de los días y la vida.


23/03/2026

LOVE STORY ESTÁ PASANDO

Con motivo de la serie Love Story, están saliendo del armario todos los admiradores de John John  y las de Carolyn. Jr.,  salvando las distancias y con todos los respetos, es de los hombres más guapos del mundo mundial y su chica otro tanto. Muchísimo más guapos ambos que los actores que los representan en la serie, que por cierto no tiene ningún interés más que lo guapísimos que son los dos.  No conozco pareja que se diga semejante tonterías durante todo el día. Los diálogos son absurdos, la trama es muy poco interesante por no decir inexistente. La ausencia de argumento es patente. Pero el glamour que tiene ese chico no tiene no tiene parangón. Y ella. Pero es que John John era el novio de América, fue el hijo de América y luego el novio. Ella conquistó su corazón y podía haber conquistado el de los puñeteros Estados Unidos de América con todos y cada uno de sus habitantes y sus banderas.

Hoy vayas por donde vayas, salen como setas personajes que jamás confesarán haber visto la serie. No tienen tiempo, dicen. No veo esas bobadas, enarbolan banderas de gente sesuda. Que ellos no ven series, solo películas de autor. ¡Una mierda! Con perdón. Por cualquier calle de Madrid te empiezas a encontrar chavales, y no tan chavales, con la gorra hacia atrás. En vez de chándal, calzón ancho para correr y una desenfadada camiseta blanca recién planchada.  Son mayorcitos algunos. La visera  para atrás, pantalones cortos por la rodilla montando en una bicicleta que han sacado del trastero de sus abuelos porque es más vieja que la tana.

Por no hablar de las féminas. Esas chicas intentando emular la inigualable melena de Caroline. Que no se puede imitar, porque es de otro planeta, de un rubio y longitud descatalogados. Melena que tapa con ese pañuelo azul, haciendo nudos en las esquinas, con un gesto sencillo. Tipo bandana, que ni es coleta ni es diadema . Cuidadito con las imitaciones que puede parecer que te has recogido el pelo para pasar la aspiradora o hacer los baños. No siempre vale copiar, el resultado puede ser nefasto. Para llevar semejante pañuelito y que te quede bien hay que tener mucha personalidad o asesores de imagen. Ni lo intentes. Esa mirada entre tibia y glacial o de resfriada, que no se sabe si se pasado la tarde llorando; que tampoco la tiene nadie.

Se han agotado en Shein las gafas tipo Adelina Optique (Aldo) ovaladas tras la que oculta ella su mirada. Las de él tipo Ray-Ban, más comunes, han sido recuperadas del baúl de los recueros para salir a la calle en cuanto ha salido el más tímido rayo de sol. Vamos a imitar el color del esmalte de uñas, el pintalabios, la vestimenta entera, con sus zapatos Oxford incluidos, hasta la manera de llorar o descolocarse la melena y morderse el labio de ella. Hasta hacernos daño.

El fenómeno Jr. ha llagado y las calles se han llenado de aspirantes. ¿Qué nos fascina tanto de la pareja? ¿Qué les hace divinos para gente tan dispar? Con el trágico final de la pareja, con la poca vida que pudieron compartir, (como alguien ha dicho: nos/se ahorraron la vejez) ¡hay que ver cómo se nos da de bien a los humanos ensalzar vidas ajenas, idolatrar en masa y tan pronto olvidar. No hace falta argumento. Pero ha sido un éxito sacar la serie a la antigua usanza, un capítulo cada viernes. Mientras el mundo se desmorona a nuestro alrededor todas queremos sr CBK, todos JJ y esperamos impacientes la llegada del viernes. ¡Pero si hasta han desaparecido los flequillos en las frentes adolescentes! Love Story nos tiene hipnotizados, ha vuelto el minimalismo impostado.


08/03/2026

ESTÁS PARA ENTRAR A VIVIR

Estar entre amigos es la más grande medicina. Bálsamo de Fenegrás. Estar entre amigos es manantial de energía, alegría. Estar entre amigos enriquece, ensancha, amplía horizontes, alimenta. Estar entre amigos, como decía alguien que fue grande también, es estar en brazos. Estar entre amigos mezcla las risas y las lágrimas sin solución de continuidad. Estar entre amigos es una función discontinua de salto infinito. Que de pronto parece marcharse allá donde no se cruzan los caminos y sin aviso vuelve desde lo más recóndito del mundo o de la casa de al lado. 

Entre amigos tanto da hablar de política como de quitameriendas, porque nadie quiere tener razón. Y todos te la quitan. Y cada uno tiene su rol, el que habla todo el rato, el puntilloso, el que no dice nada, el divertido, el desternillante, el plasta, el triste, el ligón, el soltero de oro, el que habla y nadie le entiende, al que le pasa de todo, el protagonista, el agonías. Estar entre amigos da calor en invierno y fresco en verano. Estar entre amigos alivia los males y refuerza el carécter también. 

Lo que quieres es estar ahí, y que no se acabe la tarde, la noche, la semana. Estar entre amigos es un cóctel que te chuta alegría y energía en la yugular. Estar entre amigos te despierta del letargo en el que mezclas a diario las reuniones, los informes, las ponencias, el mistol y la coliflor. Estar entre amigos te quita el hambre y la sed. Porque cuando estás entre amigos no necesitas nada más.

En las veladas de amigos, si esperas lo bastante, siempre llega esa hora mágica de la exaltación (a veces posterior a la del reproche, que de cuando en cuando, toca). Bien por la ingesta, bien por la influencia de la luna, en un cierto punto empiezan las confesiones y los achuchones y los besos. Las palabras que no se dicen y las que se repiten. Abrazos en medio de la música y el frío. Que no sabes lo mucho que te quiero. Que sí lo sé. Pues te lo digo otra vez para que no se te olvide.

Cuando has recorrido un camino, que a cierta edad ya es largo, hay mucho cadáver en la cuneta, en sentido literal o figurado. Los cadáveres reales se añoran, los figurados se entierran procurando olvidar. Los seres querido que se fueron se traen al presente con respeto y con amor, se recrea el anecdotario que les hace seguir vivos. Se repasan historias y se alimenta el recuerdo. Esos amigos están aquí 

¿Qué es la vida sin esos amigos con los que hables de lo que hables le estás diciendo lo mucho que les quieres?. ¿Qué sería de la vida sin los amigos?. Los amigos que te hacen reír, los amigos que te acompañan sin condiciones. ¿Qué será la vida sin ellos?. Esos amigos con los que lloras en público porque relajas tanto las defensas y protocolo que olvidas formalidades y bobadas. 

¡Estás para entrar a vivir! Es el mejor piropo del mundo mundial. Y llega como una bala, veloz e incisiva, de un amigo después de alguna regañina, que de todo tiene que haber y se encaja como un buen derechazo. Estás para entrar a vivir. Ahí lo dejo.

05/02/2026

SUS LABORES

He visto un vídeo, un anuncio, un reel, buenísimo. En la imagen aparece un chico de edad incierta, treinta y tantos. Podrían ser más, o menos. Está tirado en un sofá con la tele puesta, el móvil en la mano y una cerveza abierta en la mesa donde también descansan su pies descalzos. Vestido como que acaba de llegar, la corbata en el apoyabrazos, pantalón de traje y camisa con los dos botones de arriba desabrochados. La chaqueta doblada en el respaldo del sofá. Detrás de él, en una cesta de mimbre sobre la mesa del comedor, una montaña de ropa suciau. Aparece en la imagen una mujer, más o menos de la misma edad. Coleta alta que indica que se ha recogido la melena de cualquier manera, con la goma de los espárragos. Se va a arrepentí cuando se la quite. Lleva un vestido de flores, deportivas y las y le dice “madre mía¿ has visto toda esa ropa sucia?” Y después  suelta algún improperio. El chico se levanta raudo y cariñoso a calmarle. Te tenía que contar, no sabes de lo que me he dado cuenta, no te preocupes- le dice- hay un duende en esta casa. Vengo observando desde que nos mudamos, cuando dejo los platos de la cena en el fregadero al día siguiente han desaparecido. Cuando me levanto siempre  está  la cocina recogida y limpia, el friega platos vacío y hasta la mesa puesta del desayuno y el café preparado, solo tengo  que encender el fuego. Hemos tenido muchísima suerte con esta casa. Mira, tienes que probar , cariño, yo me quito los calzoncillos todos los días y los dejo en el bidé, pues cuando voy al cuarto de baño al levantarme, no están, y por la tarde o al día siguiente, aparecen limpios y planchados en mi armario. Es magia. Esta casa está encantada. De verdad que hemos sido afortunados, nunca nos vamos a mudar. ¿Has visto como están las plantas del jardín? Si hay más flores que en el retiro. ¿Y los cuartos? Hasta el cuarto de los niños está recogido, sin montones de ropa por los suelos, y cuando voy a darles un beso por las noches no están todos los juegues por el suelo, que si vas a oscuras te matas. Que va. Y hasta las camas estas hechas a mediodía cuando vengo a comer, la nuestra también, amor, la nuestra también. ¡Noooo, yo no la hago! ¡No te digo que es magia!. Es que es estupendo. Y da igual que cocinemos patatas fritas y huevos, o esas cosas que te ponen nerviosa porque se ensucia mucho la cocina. A lo mejor son unas  palabras mágicas, no sé. El caso es que al levantarnos está todo limpio y perfecto. Relájate que ya verás como mañana no está ahí esa ropa. Anda, vente a ver la tele conmigo o te pongo un vino y me cuentas tu día. Deja, deja ahí la basura, ya verás como mañana no está. No te preocupes tanto. Y lo mejor es el fina, la nevera, es que nunca falta de nada. Un día hago carbonara y pienso uy casi no queda guanciale. Al día siguiente ya hay. Leche, para pasar una pandemia, papel higiénico, pasta de dientes. Todo. Y además justo los ingredientes para lo que hemos pensado cocinar al día siguiente. Hasta he pensado que nos espían. ,

Y es que eso son las tareas del hogar, un misterio que nadie ve. Los platos van al friegaplatos o se lavan, se secan y se guardan. La lavadora se carga, se saca y se tiende, se destiende, se plancha y se guarda. Las sábanas están limpias porque se lavan, como las toallas; se barre, se friega, se limpia el polvo, los cristales, los baños, los espejos. Porque la pasta de dientes no se quita sola del lavabo. No. No la costra de polvo se disuelve de la parte alta de los marcos de los cuadros. No. La mugre se acumula día a día,  como material sedimentario que es. Las capas minúsculas se convierten en estratos de espesor y consistencia variable que van haciéndose dueños de las superficies horizontales.

La papeleras hay alguien que las vacía. Por no hablar de la compra. ¿Quién lleva el cartoncillo del papel higiénico a la bolsa del cartón? ¿Quién se da cuenta de que es el último? ¿Quién se da cuenta de queda poco y hay que comprar para que nadie tenga que salir con el culo en pompa del baño? Que queda poco café, papel de plata, bolsas de basura. Esas insignificancias que hacen la vida un poco más agradable. Quién. Aladino un su mágica alfombra hace viajes en continuo.

Y eso ocurre todos los días. Y todos los días alguien va por detrás de los demás haciendo que su vida sea más agradable. Con un paño blanco en una mano y muy buena disposición , una generosidad sin límites. Porque se trata de un trabajo ingrato e infravalorado, normalmente asociado a la madres, en muchos casos a las mujeres, retribuidas o no. Las tareas del hogar son el infinito y no donde se cortan dos rectas paralelas. Es un trabajo que no acaba nunca y que es circular, no tiene límites, es inmenso y cuando se ha terminado de fregar el suelo por pequeña que sea la casa, ya se ha ensuciado en algún sitio.

Se ha decidido subcontratar en gran medida todo lo relacionado con el hogar. Incluso acostar a los hijos. Ante una actividad no remunerada si no se externaliza, se ha pasado a encargárselo a otro, al que sí se le remunera. De esta forma se establece una cadena en la que nadie se ocupa de fregar sus propios cacharros, porque incluso quien se dedica a eso de forma profesional, debe encargar a alguien mucha de sus propias tareas, para las que no le queda tiempo. En este “nunca prescindas de la muchacha” que le dijo mi abuela a mi madre cuando se iba a convertir en su nuera, hay una cesión y entrega de llaves dando acceso a la intimidad que nos hace a todos vulnerables.

En todo ese trabajo hay una carga de fondo que es el cuidado el otro. Cuando se cocina es evidente que un piensa en los demás, en hacer algo rico con lo que todos disfruten, en el día a día, la familia. Pero en todos los aspectos que supone las llamadas sus labores exigen ese trasfondo, que la cama esté hecha y huelan a limpio las sábanas, el suelo barrido son las migas de ayer, el espejo del baño limpio, los cristales sin churretes que dejen entrar la luz; las mesas recogidas. La ropa limpia y planchada. En fin. Está quien lo hace cuidando al otro. Aunque la realidad es que quien lo hace está despotricando. Lleno de reproches hacia el resto de los habitantes, que no se dan cuenta de que la basura está llena o el friegaplatos ha acabado. Y hay una torre de ropa sucia. Al delegarlo en otros, por dinero, nos estamos equivocando en la educación o con tanto éxito profesional estamos descuidando el núcleo de la vida familiar. Mucho CEO y mucha CEA pero nadie llena la nevera, las casas dejarán de ser hogares.