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25/11/2022

A MI NO ME HAN DETENIDO NUNCA, POR AHORA

 

"Alto o disparo. Queda usted detenido"  y después, una retahíla hablada en la que se mezclan los derechos y el abogado y el silencio. Hay que ser malo para tener un abogado al que llamar si te detienen. O no. A lo mejor eso de tener un abogado, que no sólo licenciado en derecho, dirían los puristas, es lo cotidiano. ¿Quién no tiene uno en su vida? Que no digo amigos, que eso sí, y hasta familia, que también. ¿Pero uno al que llamar cuando te detienen? No me veo en tal situación. aunque todo puede pasar.

Por ejemplo: El otro día fui al Zendal, a que me vacunaran, como soy trabajadora sanitaria, ya me toca la cuarta dosis. Y última. Que se vacune Rita a partir de ahora. Llovían sin tregua. De esos días de Madrid que el tiempo está para hacer vida sedimentaria. De esos días que al abrir los paraguas, éstos se dan la vuelta,  sin llegar a volar, o sí. Da igual lo que te pongas que acabas empapado. Uno de esos días. Uno de esos días que el que hay que alejarse de los charcos canallas que crecen junto a las aceras. Siempre puede aparecer un conductor con prisas en pasar el semáforo que no ve a los peatones que esperan. No solo llueve en la calzada. Las baldosas "mina" hacen las delicias de las tiendas de medias y calcetines. Uno de esos días. Llegar al Zendal tiene su mérito, y con la cortina de agua que te cubre lo visión, más. Tras dar varias vueltas sin saber dónde aparcar, decido dejarlo en un sitio. Busco la entrada peatonal, sin éxito. Salgo un par de veces al frío invierno. Al volver a cubierto veo una flecha que dice "vacunación". La sigo. Pero de pronto las indicaciones se acaban. Al lado de una puerta en la que reza: "prohibido el paso". Sé que no está bien, pero decido entrar. De la oscuridad del garaje sale una señora enfurecida, vestida de uniforme de guardia de seguridad. "¡No se puede entrar!" Me doy la vuelta y explico la situación, con relativa calma. Estoy hasta la coronilla. "Tiene que salir, y entrar por la puerta de al lado de urgencias". Le dogo que no voy a salir a la calle, que no pienso salir de ninguna de las maneras. Y que voy a atravesar esa puerta en la cuelga un cartel de prohibido el paso. "¡Señora, la voy a detener, está usted cometiendo un delito!" No sé si será o no delito, pero sigo, acciono el pulsador, es una puerta de barra y abro. Le digo, "no tiene usted humanidad". Me siento desamparada y sola. La guardia de seguridad se me acerca a la carrera, trotando, yo sigo. Hoy me vacuno, caiga quien caiga. Al ver que soy más rápida que ella, que no se la ve muy deportista y además lleva encima el peso de la ley, que es mucho, recurre a su transmisor, que le cuelga del cinturón. Da aviso a todas las unidades de la presencia de un intruso. Al llegar a la sala de vacunación, me están esperando tres guardias de seguridad que visten el mismo uniforme que la señora del garaje. Con un poco menos de mala idea, me repiten que he cometido un acto ilegal, accediendo por un prohibido al interior del hospital. No saben si llamar a la Policía. Que espere un momento, tienen consultar con el personal médico. No quiero decir que yo también lo soy, me muero de vergüenza. Sale una enfermera muy dispuesta de la zona de boxes y le ponen al día de la situación. Me mira compasiva y se retira a deliberar. Me dejan sola con los armarios que van disfrazados de guardias. "¿Señora, quiere una silla?" Me pregunta solícito uno de ellos. "¿Para qué quiero una silla si me van a detener?" Es lo único que me viene a la cabeza. Finalmente la enfermera aparece, me coge del brazo, hace un gesto a las autoridades y me vacuna sin mediar palabra. No vuelvo.

Otra vez me pasó, también cerca de un hospital. Iba a recoger a mi madre, le daban el alta. Esperaba en un semáforo cuando por el espejo retrovisor vi que detrás de mí había un coche de policía. Será mi mala conciencia, pero yo cuando veo a la policía siempre pienso: ¿Qué estaré haciendo mal?. Siempre creo que soy yo. Al ver el coche, estar cerca del Hospital, pensé que algo pasaba, incluso creí ver que encendían las luces. Era un sábado a la hora de la siesta, no había nadie en la calle. Como muy buena ciudadana que soy, me salté el semáforo, para dejarles pasar, puse el intermitente y me dirigí hacia una calle donde hay un parking público. El coche me siguió, las sirenas sonaban más fuerte; como buena ciudadana, me volvía a saltar el segundo semáforo, para dejarles pasar. Así hasta llegar a la entrada del aparcamiento, donde me detuve. Para mi sorpresa el coche de policía seguía detrás de mí. Cuando estaba cogiendo el ticket salieron dos maromos, pistola en ristre. Alto o disparo. El encargado del aparcamiento, viendo que había tomate, salió a mi encuentro. "Es mejor que haga caso señora, no entre" Cada agente se me acercó por un lado. "¿Dónde va?" A aparcar, dije, voy a recoger a mi madre del Hospital, que le dan hoy el alta. "¿Pero no se da cuenta de que ha cometido usted tres infracciones muy graves en 200m?" yo me excusé con el tema de las luces y la sirena. "¡Se las estábamos poniendo para que se detuviera!" Me dejaron ir, la cara que debí poner sería un poema. Mi madre esperando.

Y la tercera, que no será la última me pasó el otro día. Me fui a pasar cinco días a Praga. Ciudad maravillosa, como Segovia. Como Segovia pero con música.  Uno de esos violinistas se sentó en nuestra mesa en un café. Le alabamos el arte, y nos propuso ir a escucharle a Kłodzko donde daría un concierto al día siguiente. Es una ciudad polaca muy cercana a la frontera, conocida por su belleza como la pequeña Praga. Estábamos los viajeros en ese humor de sí. Así es que sacamos los billetes y allá que los fuimos, en autobús. El problema fue en el viaje de vuelta, que se equivocaron al escribir mi nombre. No me di cuenta hasta que me pidió el conductor mi DNI, me dijo "¿María Luisa?" Yo le mostré el documento tapando mi nombre, atemorizada. no coindice más que una a. Pasé la prueba, ni se fijó. Pero al llegar a la frontera se me congeló el aire, no podía respirar cuando entró el ejército en el autobús y nos obligó a bajar. Ya estaba visualizando mis próximos años, del calabozo a la cárcel, y de una a otra prisión, me mandarían a la guerra, creerían que era una espía. Son entender ni una palabra en todo ese viaje. Ningún consulado ni embajada contestaría a mis llamadas y acabaría en Siberia, deportada, al menos, delgada. Volvimos a subir  a sentarnos en nuestros asientos y el "capitán" dijo "¿Felipe?". Felipe me sacó de mi pesadilla. No había ningún Felipe y seguimos rumbo hacia la bella Praga. ¡Qué momento!.



21/11/2022

EL VIAJE

El viaje en solitario en avión tiene un punto crítico, que es la asignación de asiento. No tanto importa el asiento propio, como el del vecino. Uno debe decidir a veces entre pasillo y ventanilla.  Nunca en medio. Eso te toca. La decisión, desde mi punto de vista, depende de la duración del vuelo. Si corto, ventanilla.  Si largo, pasillo. Por necesidades fisiológicas. Prefiero no molestar.
Una vez en tu asiento, por muy buen libro que lleve uno, por mucho que deba aprovechar el viaje sea para el descanso, sea para el trabajo; es importante el vecino y a la vez compañero de viaje. La proximidad, que afecta a todos los sentidos, provoca, a veces, el rechazo por preservar la intimidad. Por eso, hasta que no llega el compañero hay una suerte de tensión disimulada. De reojo se observa la fisionomía, el tamaño es importante, los flacos son siempre bienvenidos. El colmo es viajar en clases preferentes, donde por muy bien equipado que sea el vuelo, si no hay contacto, lo que seguro que se comparten son sonidos, y en 12 o 14 horas de viaje por mucho que uno se haga el muerto, los ruidos son parte de la intimidad más íntima. 

La suerte o desgracia puede colocar a una divina, que viaja con mallas y zapatillas de deporte, calcetines calentadores; embutida en sudadera a juego y chaleco michelín de lorza estrecha. Se sienta, infla una "u" que le sirve de almohada y sujeta su cuello. Gafas de sol que se retira para colocarse un antifaz opaco, gorra de béisbol sobre coleta prieta, visera caída sobre el rostro. Antes del cierre de puertas ya está disfrazada.

Te puede tocar la parejita que no para de toser. Y tú, sin ser paranoico de la mascarilla, te revuelves en tu asiento. Porque la parejita no para de pedir cosas desde antes que se cierren las puertas. Que si agua, un caramelo, que no me pasa la carraspera. Y llevan, además, un surtido de galletas, bocatas, picos ¡Hasta aceitunas!, en una bolsita. Son muy ecológicos.  Todo lo guardan, todo lo envuelven. Se ofrecen cariñosos uno al otro viandas. Comparten auriculares entre tanto para ver una peli. Y la mascarilla, él por debajo de la barbilla, ella colgando de una oreja. Entre los sorbitos a la botella,  ahora me como un caramelo, ahora un bocata de jamón, no les da tiempo a ponérsela. Tanta tos llama la atención de la fila de delante, de la de atrás y de medio avión. Que no se les pasa. Y no se tapan. Eso sí, los azafatos llevan puestos los ojos de no ver. Han pasado 50 veces a su lado y no han dicho esta boca es mía. 

Te puede tocar un viaje de mayores, muy mayores. Ya apuntarse un viaje al inserso es vivir la senectud sin complejos y aceptar y aprovechar lo que la edad supone de ventaja. Ellos vuelan con la energía y puntualidad de la primera vez. Muchos han empezado a volar en esa etapa de canas y calvicie. Ligeros de equipaje y cargados de historias que no llegan a destino porque en la espera ya las han compartido con conocidos y extraños.  Poco les importa el dónde van. Es la aventura.  Es el alojamiento. Son los paseos. Si tendrán la fuerza y los zapatos adecuados. Las escaleras y las medicinas que llevan preparadas. El idioma tanto les da. No tienen edad de preocuparse, ya se harán entender.  Les inquieta cómo quedan los hijos y los nietos.  ¿Se apañarán sin ellos? Da gusto un viaje con un equipo veterano. Son la mejor compañía. Los que se quejan no viajan, lo hacen los entusiastas. Que les da todo lo mismo. Con igual atención visitan Berlín que Amman. Van en primavera a las playas de levante y en otoño a Canarias. Cambio de maleta.

Lo que casi nunca toca, como compañero,  es el amor de tu vida. A veces sí. Antes, que en los mostradores se controlaba la situación,  ya lo imaginó David Lodge en el "Mundo es un pañuelo", hacer parejitas en los vuelos transoceánicos y a ver qué pasaba. El mundo que imaginaba D. L. era siempre divertido, ya fuera manta o pañuelo, terapia o confesión.  Pero eso es harina de otro costal, el humor inglés que hacía saltar los puntos de las heridas de mi padre, convaleciente y pasándolo bomba con la lectura. 




18/11/2022

VERDE TOSCANO

¿Será que la lluvia se acaba en Pirineos? ¿Será que por debajo del Ebro ya no hay agua? Las nubes se levantan y a excepción de unos trozos del norte de la península que se mojan. Que si vas a Santander, no te olvides del paraguas que no para de llover. De esa cordilleras norteñas no pasa ni una gota. Al menos ordenadamente.

Así, llega el viajero a Italia en otoño y descubre los matices del verde. Que el verde es vida y alegría, que verdes hay tantos como días. Que verdes se diferencian en el horizonte y estructuran el paisaje. Que verdes se dibujan las líneas que separan los prados y los huertos. Que verde es la geometría de la Toscana, que verde, Emilia Romana. Que verde es Italia, que verde que te quiero verde, verde aceituna, verde plata, verde otoño. 

La transparencia de los álamos que se alimentan en la ribera acongoja el espíritu. Corre el aire entre las ramas que las fechas empiezan a desnudar. La niebla que acobarda la superficie del río, arriesga a manar. Cual de un fantasma se tratara, un tono blanco de nube limpia se agarra a la blanda tierra de la ribera. Protege el cielo al suelo lleno de vida, rico en cultivo. Trasluce el amanecer, corre la jornada y anoche a escondidas. Todo en un lapso, en un instante. Pasan los días que la belleza embarga, que la tibieza embriaga. Verde crudo de rocío, sin abrigarse, tapiza las mañanas. Hasta en el bronce de la escultura resalta el óxido del olvido,  verde olivo.

La bienvenida alegre de los cipreses lápiz. Cortejan caminos, acompañan y guían. El albero de las fachadas agujerea las colinas. No es de extrañar que se concentren maestros del arte en estas coordenadas. Da la impresión de que cada momento debe ser guardado para su recuerdo. Por eso, genios de la pintura se acercan al verde toscano, que ni es vino, ni forestal, ni verde botella. Es un verde toscano que abarca del pardo al más oscuro. Siempre verde esperanza. Los maestros captan trozos de esa belleza perdiéndose mirarla en paz y disfrutarla sin retenerla, con tal de hacerla eterna.

Luego está lo urbano, de lo ya habló Stendhal, con su síndrome. ¿Qué no puede ser bello en ese entorno? ¿Quién osaría a alterar el flujo, la energía que transmite el paisaje, cada rincón? Es en honor del campo en el que se asienta, que nace cada pueblo, que cada casa se alza, respetando el olor, respetando el color, reverenciando la suerte que supone abrir los ojos cada día entre tanta belleza. Si colina, colina, si rivera o esquina de un convento, cada espacio es único, un lugar de reverencia, de recogimiento. Verde que te quiero verde. Como verde eres tú. 

11/11/2022

LAS NOTAS

Te ponen un cuatro. El disgusto es morrocotudo.  "¡No, es que no hay que dar tanta importancia a las notas!"  Dice el revenido profesor. “Pues ponme un ocho. No te digo ya un 10, o un nueve; ¡no tanto, maestro! eso se los dejo a quien que sí da importancia a las notas. No es mi caso”. Yo, que no le doy mucha importancia, me conformo con un siete, y no me importaría tener un 8 en vez de un cuatro.” ¡Coño! Que no anima un cuatro a nadie. “Te pongo un cuatro y así te esfuerzas más para la próxima” ¡No! "Felicidades, se nota que has estudiado, 4.9".  Encima con cachondeito. ¡ERROR!, ponme un 5 y dime o "aprietas el culete y le das al pedalete" o la próxima evaluación la pencas, cate que te crio. Punto.

En estos tiempos de supuesto estímulo a la autoestima y consideraciones exquisitas enfocadas a la protección de la sensibilidad y soslayo del sufrimiento al menor, a la salvaguarda de su íntegra personalidad, fomentar que se desarrolle en libertad, que busque su camino, que sepa de sexo antes de que le inquiete siquiera. En estos tiempos confusos en que un niño no puede beberse una cerveza ni votar, pero sí decidir si es hombre o mujer, cuando aún no se le han quitado los granos de la pubertad; en estos tiempos de vida entre algodones, no entiendo cómo siguen machacando con las notas y compensando frustraciones a base de medicinas y tratamientos psicológicos. Parece que buscan encasquetar en cajones a cada uno, hacer clasificaciones con las que manejar datos, más que ocuparse, se preocupan. Hay tantos síntomas y patologías como niños, que si TOC, que si TDA, TDH. Acrónimos etiqueta que no resuelven el mar de fondo, porque mientras tanto el niño, jodido, con perdón. Al niño hay que tratarlo a lametazos, no es un experimento. Que los psicólogos están muy bien, pero los profes, algunos, han perdido el norte. ¡Que manía con machacar a los estudiantes! Es un la letra con sangre entra encubierto en buenísimo. En un cierra los deditos que vas a saber lo que es bueno, pero sin regla. Hubo una época confusa de transición en la que se prodigaban los "progresa adecuadamente" que desconcertaba a los padres. Pero la vuelta a la rigidez y calificaciones negativas por, por ejemplo, escribir asíntota sin acento en mates, es un extremo al que no se debe llegar. Evaluar solo porque se ha alcanzado el resultado correcto, en mates, es excesivo. El procedimiento vale, vale mucho. Cierto que, en la vida real, aunque sigas el procedimiento, si operas de menisco a un señor que venía con apendicitis, la has cagado. Pero a los 14 años, aun no tienes el bisturí.

En el cole, siempre pensé que se trataba de aprender, no de sacar buenas notas. ¡Qué manía de fastidiar la mejor época de la vida! Quedan muchos años para aprender cosas a base de sufrir. ¡Qué ganas de amargar existencias, asfixiar pasiones, amordazar la alegría! Para ahorrarle las faltas de ortografía, el remedio es la lectura, más lectura y no tachones en sus escritos. Y mucho menos, suspensos. Yo tenía un profesor de Electrotecnia que nos advirtió "el que escriba prever con más de dos "e", está suspenso”. No imagino el contexto en esa asignatura en la que se podía usar tal vocablo. Y desde entonces me fijo, hay gente que dice y escribe "preveer", "preever" e incluso "preeveer". Sabio profesor Fraile, pero ahí ya éramos mayores de edad (casi todos).

Como siempre, recurro a mi propia historia. No estoy segura de que mis padres vieran nuestras notas. Las miraban, sí, porque las cogían con las manos e incluso las firmaban, creo. Ahora a los niños, en algunos colegios, no les dan las notas hasta que tienen 12 o 13 años, son los padres quienes las recogen. Alucino. Las notas son del alumno, él es el primero que debe tener acceso a esa información. ¡Qué ultraje es ese de que yo mire que le han puesto “sobresaliente” a mi niño en Plástica! ¿quién me ha dado a mi vela para saber que mi hija ha tenido un 18? (Guiño a los liceanos y franchutes en general) ¡Qué ha sacado tres Aes! Y lo sé yo cuando ella me lo cuenta. No. Recuerdo el “mamá, ya me han dado las notas, prepara a papá” y la respuesta en telegrama, hoy sería un WhatsApp “papá preparado, prepárate tú”. La supuesta despreocupación por las notas en mi casa, en mi infancia y más allá; la atribuía a las diferencias entre los hermanos. A ese "cada uno es cada uno". Y el esfuerzo era lo importante. Incluso recuerdo un día en el que en el cole me felicitó una amiga, bastante gamberra -había provocado un incendio con otro niño porque querían hacer que parecieran pergaminos los trabajos de cartulina expuestos en clase-, me felicitó por no haber suspendido ninguna y me preguntó que qué me iban a regalar. ¿Una bicicleta? Había sacado notable en gimnasia, con mis largas piernas conseguí correr muy rápido por el patio cubierto.  Me quedé perpleja. Nada. En ese momento quizá pensé que mis padres no se fijaban en mí. Las cositas de celos entre hermanos. "¿Quién es tu favorito?" "Tú, mi vida". Y nos lo decían a todos. Y lo sentíamos todos, que éramos los favoritos. No era eso, no querían que me agobiara con las calificaciones, querían que disfrutara, que fuera niña. Eso sí que era cuidar el espíritu y respetar al niño. Lo fácil es regañar y premiar. Contenerse y no mostrar la preocupación ante una mala nota, no comparar,  dejar espacio, eso sí que es valiente. Te voy a querer siempre, te voy a querer igual, y demostrártelo cada día, que tú te sientas querido. No me defraudas, sé que te esfuerzas, eso es lo importante, digan lo que digan los boletines del colegio. "Pero papá, pero mamá". Nada, ni peros ni peras. Tu sigue esforzándote, que es lo importante. De otra manera no hubiera acabado de estudiar. La vida no siempre es justa, pero esa enseñanza es la buena, para mí.

Yo tenía un profe de mates que se llamaba Luis de Paz. Le sobraban motivos para habernos mandado a todos a la mierda. Por un lado, éramos incombustibles, rebeldes, contestatarios, niños, al cabo; por otro, él fue un aspirante a ingeniero que no ingresó, entonces una vez se ingresaba ya se adquiría el estatus de funcionario. En los tiempos en los que lo mismo daba que en el examen hubiera que hacer una integral triple que ir haciendo chingoletas desde Ferraz a la Escuela. Entonces Luis de Paz se hartó de intentar ingresar y se hizo profesor. Podía estar revenido, pero no. Pasión no tenía por qué suponérsele. Luis fue un magnífico profesor. Solo había dos números en sus calificaciones, el uno y el nueve. Ponía muchísimas notas, anotaciones, en su lista. Si hacías algo muy bien te ponía un nueve elevado a 999999, por muchos unos que te cayeran, era difícil suspender; pesa más un nueve a la nueve, que crece a toda mecha, que un uno a la uno, que se queda igual.

Me asusta ver a niños tan preocupados por las malas notas, angustiados no ya por suspender, si no por sacar menos de un ocho (16), pidiendo perdón porque han fallado. ¿A quién? Los niños no fallan, lo hacemos nosotros, que no sabemos enseñar, que no sabemos hacerles tener ganas de aprender, somos su espejo, su imagen a la que imitar, y con esos ojos de rayos X que tienen, no ven nada.


10/11/2022

VIVIR Y MORIR EN DISNEY

Hoy es uno de esos días en los que uno se da cuenta de verdad del paso del tiempo. Porque el tiempo solo pasa de verdad en los nacimientos y en la muerte. 

En los nacimientos, que son alegría; ese punto de inflexión de convertirse en padre, que tus amigos, tus hermanos lo sean, supone, mucho más que las bodas o noviazgos, el momento en el que de verdad todo cambia. Los padres no saben lo que les espera, pero es lo mejor que le has podido ocurrir y ya nunca serán los mismos, el que una personita dependa de ti no se puede igualar a ninguna experiencia. Y en la muerte nos quedamos un poco más solos. Hoy hace seis años que nosotros estamos un poco más solos, sin ti, padre, papá.

Por eso, podría recrearme en la melancolía, pero ¿qué diría mi padre si cayera en ese tópico?. Padre era un hombre muy serio, muy serio, muy serio. Y no me río nunca, nunca, nunca. Entre su voz, su discurso, su porte y su barba, cualquiera dudaba de tal afirmación. Pero en el fondo, y no tan en el fondo, todo se resumía para él en: la doctora, sus hijas, su nietos, sus padres, sus hermanos; el monte y sus paseos, el botánico y la procesionaria; y los amigos. Y las croquetas y los salmonetes y la sopa, si hay suerte. Y no tomarse nada demasiado en serio.
Por eso creo que hoy, si estuviera por aquí, no hablaría de eventuales guerras entre los herederos de los azules y los grises; él, que se dio un traspiés cuando supo que Trump gobernaría; no hablaría de jóvenes ni jóvenas, ni siquiera de todas, todos y todes, ya no le vería la gracia; el tema de la "arroba"(@), al que dio muchas vueltas y por el que trajo de cabeza a media Biblioteca Nacional, igual de con el "andpersan" (&) y los soldados de Salamina, hubieran quedado aparcados frente la encerrona que tuvo lugar en un parque Disney de Shanghái. Porque eso tiene bemoles . 
Una familia que va a echar el día al parque infantil. Han ahorrado, porque cuesta una pasta, el capricho. La madre ha hecho miles de bocatas, en China antes solo se podía tener un hijo -quizá no sean aficionados al túper-, aun así los precios de los perritos calientes, hamburguesas y refrescos son un disparate en esos sitios. No digamos las cervezas, imprescindibles tras pasar unas cuantas horas entre hacer colas para ver a Mickey y subirse al tren de la bruja. Un suponer. En Shanghái más que bocatas, llevarán guiosas y baos. Cuando ya se les han acabado las provisiones, están hasta la coronilla, el padre de la madre, la madre de los hijos, los hijos de la madre, la madre del padre, el padre de los hijos y los hijos del padre. Y no digamos si han ido al Parque con "amiguitos". Numerándolos cada tanto, que no se pierda nadie. Instrucciones para los por si acaso. Y luego les toca llevarles a casa. Al caer el sol, están a punto de que la cabeza les estalle, les fallen las piernas o sufran una crisis de cualquier tipo. Los niños no saben si tienen hambre, dolor de tripa,  sueño. El caso es que, donde todo era felicidad hace un instante, ahora son ganas de mimos y lloros, exigencias y necesidades de toda índole. Unos se hacen pis, otros pas. 

En ese momento álgido, la música, que no ha parado en toda la jornada, se detiene: "Yur atension plis" y se escucha una seria voz masculina "Atención por favor, les habla el señor Elidio, presidente. Se ha detectado un caso de Covid-19 en nuestras instalaciones. A partir de este momento, el parque queda cerrado. Nadie puede salir ni entrar salvo equipos de emergencia sanitaria y los necesarios para el avituallamiento, que dispondrán de la adecuada vestimenta y protección y serán desinfectados antes de su acceso. Las atracciones permanecerán en servicio de modo continuo y abiertas para el uso y disfrute de los niños. Se extenderá la validez de los abonos del día hasta el fin de la cuarentena, de cuya duración no podemos aportar datos. Rogamos se mantengan tranquilos. Se ha habilitado una zona para su descanso. En ésta hay espacios de comedor y aseo. Todos los servicios son gratuitos, se les facilitarán útiles de aseo y mudas para su descanso. Se dividen los pabellones entre visitantes y trabajadores, dentro de cada uno de ellos, a su vez, existirá una planta de sintomáticos y otra de asintomáticos.  Bajo ninguna circunstancia, ya sea afectiva o de relación parental se permitirá que se incumpla esta premisa. No existe permeabilidad entre espacio y nunca se producirán conexiones más allá de las inalámbricas entre sanos y enfermos."

La primera reacción es de sorpresa, la inmediata siguiente, de alborozo.  En los adultos, el estupor es evidente. Esa madre "con todo lo que tengo que hacer yo". Ese padre que tenía entradas en el Wanda. Esos padres pareja, que ya visualizaban el momento de llegar a casa, abrir una botella de vino y entretejer sus sueños. En los niños la metamorfosis ha sido inmediata. Se ha desvanecido toda sombra de cansancio o malestar.  Sólo quieren  volver a empezar y jugar. El lío es fenomenal. Como la alegría contagia, gana siempre. Aparecen animadores, cuidadores, enfermeras, prueba de Covid en ristre. 

Se sabe cuándo empieza, pero no cuando acabará.  Es el sueño del infante. Quedarse a vivir en Disney. Eso sí que lo van a contar. Su vida de película. Es una historia sin orugas ni arrobas, pero tiene miga. ¿Qué dirías tú, padre, papá? ¿¡A qué es fenómeno!?


09/11/2022

EL CORTE INGLÉS DE GENERALÍSIMO

La vida me ha dado mucho. Entre otras cosas, amigos muy requetebuenos, amores; concentrados todos en la zona de influencia del Corte Inglés de Nuevos, antes bien conocido como Corte Inglés de Generalísimo, para los amantes del recuerdo. Luego,  de Castellana. 

No sé por qué se ha producido en mi vida esa concentración de afecto alrededor de nombrado punto neurálgico de mi ciudad. ¿Qué tenía yo ahí? Ni idea. Ni vivía cerca, ni el cole estaba por ahí, ni la facultad. Yo soy de Ciudad Universitaria. Mis parientes tampoco viven ni vivían por ahí, que yo soy de Segovia. 

Era salir de casa y para Nuevos que me tocaba ir. Yo, que fui reticente a aprender a conducir hasta el día que mi amiga Lourdes sufrió un vahído a todo lo alto, en el Puerto de Navacerrada, y me puso las pilas, como hermana mayor que siempre ha sido. Me saqué el carnet en tiempo récord. Desde entonces he olvidado la línea 6, el Circular, el 12, 14, el 7, 5, el 45 y todos los autobuses que llevaban a Raimundo, Castellana media, Ponzano, Robledillo, Basílica. Allí siempre empezaba el plan, ahí estaban, todos juntitos, mis amigos, mis amores. 

Para remate, ¿dónde van mis hijos al cole?: a uno que está en Nuevos. Cuando la gente me pregunta el porqué de la elección del centro, la cabeza me da vueltas igual que a la niña del exorcista. Porque no podía ser de otra manera.  En Nuevos tenía que estar el cole, a tiro de piedra del Corte Inglés de Castellana. No pregunten.

Mi amiga Teresa, a punto de ser nombrada sherpa, junto a su padre, del CI, es capaz de comprar una percha, unas John Smith, si las hubiera usado, una vajilla de la Cartuja y un Barbour, todo en cuestión de minutos, recorriendo con calma y sin preguntar, las venas del Corte Inglés de Nuevos. Mi amiga Teresa y María, lo mismo. Tanto monta. ¿Qué quieres un lápiz?, vamos al Corte Inglés, ¿el último disco de los Smiths?, ¿una lectura del ínclito Marías o  del declarado como muerto Eduardo Mendoza? paseo que se pegaban al Corte Inglés, para un regalo, un evento, manicura, pedicura, tintorería, farmacia. Una de mis hermanas también le cogió afición al centro. 

A mí me da miedo hasta aparcar en ese "Corte". El Pedos Verdes (P2 verde), es en el único  que soy capaz de ubicar, gracias a las reglas nemotécnicas y al amor. Como dice Gema, como Zipi y Zape son dos, y me gusta Tintín, Vuelo 714 para Sídney, tu teléfono es el 2555714. Las reglas son muy útiles. Talyecal, fluapor, cutocodiam. Ahí lo dejo. 

Solo de pensar en acercarme a esas puertas que se abren solas y te cae un chorro de calor como si te desinfectaran, me entra el pánico. Tengo una visión: avanzo por sectores que van evolucionando de electrodomésticos a corbatas y olvido el objeto de mi visita.  El podómetro canta que ya he hecho mis 10.000 pasos. Y aún no he encontrado el vestido que buscaba. Mi padre, fue allí a buscar los zapatos que usaría para las tres ocasiones en que fue padrino de boda.  Pidió unos zapatos ad hoc. Aún se comenta en los mentideros. 

El chorro de calor y los uniformes rojos, son una señal: entra, que ya no vas a salir. Hay gente que vive dentro, duerme en la sección de colchones y somieres, nunca en el mismo lecho; desayuna en la boutique del "grumete", carga el móvil mientras se asea en los baños, trabaja en mesas diferentes cada jornada, no hay días de asueto ni vacaciones, pasea...  No sé si se han apercibido, pero las flechitas que indican salida son minúsculas en la inmensidad del volumen del centro. Busco con desesperación la luz natural, una ventana que me advierta de la proximidad del fin. Pero no la veo. 

Creo que parte del miedo y aversión que tengo al Corte Inglés de Nuevos se debe, como todo, a los traumas a acontecimientos que sucedieron en mi infancia. Lo mejor de ir de compras con mi madre era acabar de ir de compras con mi madre. En el durante, por una cosa u otra, lo normal era enfadarse. Que hija más sosa tengo, hay que ver, que no te gusta nada, con el tipo que tienes tan estupendo. Y otras lindezas. Pero ese momento en el que la doctora, mi madre, preguntaba por tercera vez a una dependienta, por la sección de lencería y la susodicha, por tercera vez le contestaba sin ni siquiera mirarla, porque está entretenida con el bajo de su falda y una uñas rota: "al fondo a la derecha"; ese momento, en que yo sabía lo que se avecinaba, y empezaba a hacerme camaleón para camuflarme en el mueble expositor de las colonias, ese momento que se acercaba como un tsunami, llegaba en forma de "¿para usted qué es exactamente el fondo a la derecha?". Que a mi madre no le faltaba razón, no le faltaba. Pero yo era una niña, yo quería que todo fuera bien, no me gustaban los gritos ni las discusiones. Yo engordaba por no discutir. ¡Qué le voy a hacer! Aunque el sol me queme capaz soy de aceptar que la noche ha caído con tal de que haya paz; sinónimo erróneo de que me sigan queriendo. Ante la contundencia de mi madre, se volvía la uniformada señorita, entre avergonzada y con un enfado de mil demonios. El caso es que nos llevaba a lencería en un santiamén, de la mano. La cosa es que al salir del Corte Inglés, mi madre, que era muy de pincho de tortilla y torreznos a cualquier hora, proponía un café y nos apretábamos el aperitivo entre pecho y espalda,  pocas cosas maridan tan bien. Eso sí que molaba. Y la charla. Y el olor a tabaco rubio. El que no es feliz con eso es que no tiene corazón. Como el que lee Seda, de Baricco, y no siente. Seda es un termómetro de la sensibilidad. Cualquiera sabe en qué cloaca de miseria puede ser enterrada la desgraciada existencia del insensible.

El caso es, la cosa es, que el centro de carena de mi vida se ubica en ese maléfico lugar, cruce de calles y emociones, garajes, ópticas de toda confianza, subterráneos que la noche confunda; los bajos, discotecas, la oficina, casas de amigos y un sinfín de rincones que albergan mis recuerdos y atesoran mi memoria. El otro día sobreviví a él con mi querida tía Mari Gloria, que va camino de igualar al bisabuelo Claudio, en edad y bondad, y salió de las galerías con elegantísimo abrigo. De lo que uno es capaz nunca lo sabe hasta que se le pone a prueba. Cuando ubique mi centro de gravedad, sabré si voy a volcar.

08/11/2022

ENFADADOS


Tienen en común la política pareja, o pareja política,  que siempre hablan enfadados. De cualquier cosa. Es acercar la boca al micrófono y ya han fruncido el ceño. Sea de leyes o castigos, reivindicaciones o denuncias lo que argumenten, abusan del gesto contracto y la hostil mirada. Les sobra mala leche. Y les falta gracia. No entiendo por qué están tan cabreados. ¿No les decían en casa eso de: qué fea te pones cuando te enfadas? Se puede decir lo mismo sin arrugar el cejo ni levantar el dedo. Pero no. Cierran el puño, intimidan con el índice. Se inclinan con amenaza ¿A quién? Nosotros somos buena gente. No nos hace falta que nos señalen ni nos enmienden la plana. Ellos están permanentemente enfadados. Arengan a las masas. ¿Qué necesidad? No digo yo que se estén riendo todo el rato, como su compañera de partido y otros “sonrisitas”. Que parece, o que somos tontos los receptores o lo es ella. Como ella, tonta no es, por bobos nos toma. O no le caben los dientes para cerrar la boca y es un mero rictus lo que dibuja su cara.

Me recuerdan al típico profesor de la Escuela de prestigio indiscutible, que se acababa quedando solo. Con intachable fama de duro, llenaba las clases en auditorio, las más grandes. Había reservas de sitio con folios y madrugones. Ese supuesto erudito que tiraba tizas a dar. El que se abochornaba del nivel del respetable. El que humillaba el desconocimiento. Quizá no era tan buen profesor. Poco a poco se relajaban las ganas y el interés. Entre academias y apuntes, abandonaba su listón de imprescindible.

Pues estos enfadicas y su antónimo, los risitas, en política, lo mismo. Que les den. ¿Dónde está el arte del convencimiento, esa ambición de conquista para atraer el voto? ¿Dónde el anhelo de la persuasión? ¿Que fue del discurso lleno, ensortijado y con orden y objeto? Déjenos atónito diputado, convenza con su verbo y con su gracia y no con el abuso del desahogo que sustituye al cálido sermón. No vomiten sus miserias. Denos motivos para seguirles, háganse líderes sin envenenarnos. Que somos adultos. Que les va a dejar marca en la expresión esa permanente de su mirada, que los surcos poblarán su frente y ya nunca va a parecer que son felices. Por favor no se enfaden tanto, no griten con vehemencia, que suena a hueco. Tampoco se carcajeen y sonrían explicando como si fuéramos imbéciles lo elemental o lo intrincado. No nos traten así, señores diputados, ni como tontos ni como ovejas, que, de nosotros, humildes votantes, depende que sigan ocupando tan cálido sillón. Y no está tan mal la democracia. Procuremos no estropear esto también.


05/11/2022

INNECESARIO

En la vida las cosas malas ocurren. Y te aguantas. Hay a quien le cuesta más aceptar la realidad. Ese sencillo “es lo que hay”. Frases sabias que resumen con contundencia situaciones que no se pueden cambiar como el  “no depende de ti” no son suficientes para los soñadores, y entretienen sus días en el absurdo. Otros están tan panchos, son los inteligentes, y no miran atrás, se enfrentan con el regalo que, como su propio nombre indica, es el presente. No se toman a sí mismos demasiado en serio. Utilizan el humor con habilidad y cariño. Al fin y al cabo, somos seres finitos (matemáticamente). Hay quien tiene la fortuna de que, por nacimiento o formación, por carácter o virtud adquirida es capaz sobre elevarse un poquito y mirar con distancia. En la perspectiva se encuentra consuelo. Es cierto que la fe es un don, una gracia, un regalo y ayuda a la aceptación. 


Pero en la ficción nada de esto es necesario. Tienen los guionistas en sus manos algo tan elevado como es crear. Creen magia, no miseria. El cine y la literatura son instrumentos cuyo objeto es el aporte de disfrute. Por tanto, escritores, novelistas, guionistas ¡basta de dramas! Y, sobre todo, no maten ustedes al bueno... Es innecesario. Que, si quieren ser profundos, ahonden, pero con gracia, por favor, sin drama. En las historias inventadas no hace falta la miseria.


Hay algunos argumentos que son intolerables. Bambi. ¿A quién se le ocurrió matar a la madre? ¿Quién fue el canalla? La edad de ver Bambi es una en el que la madre es tu alimento, tu espejo, tu almohada, tu luz, tu colchón, tu pañuelo, tu cobijo. Es cierto que una madre es, o deber ser, eso, siempre. No hay edad de jubilación a partir de la cual ya no se es madre. Vale. Pero ese refugio que supone tu mamá, tu madre, cuando eres un niño que casi no sabe ni hablar, que dislexia las palabras a la vez que las aprende; un niño esponja, que mira y escucha. Ese momento de tránsito,  en que la madre traduce al mundo las emociones del hijo, sus deseos o sus pequeños malestares. Ese largo e intangible cordón umbilical que solo las hadas y la magia ven en las noches de luna. Ese niño no tiene edad para ver cómo, en una maravillosa película, se muera la madre del bebé, que es él, con el que ese niño se identifica, sin ninguna duda. Es una crueldad innecesaria. Absolutamente. Sé de reputados psicoanalistas que prohibieron esa película a sus hijos. ¿Para qué? ¿Qué imprescindible enseñanza esconde esa muerte, por un cazador, de la maravillosa cierva, que llena de lametazos a su hijo? Esa saliva que cura, que limpia, que mima. Las lágrimas de los niños solo se contienen con la esperanza de que no sea cierto. ¿Que la vida es así? ¿Y?

Avanzando en edad, llega Heidi, que ni padre ni madre. Tiene narices. Eso sí, el abuelo era un tesoro. Cuando lo fue. Porque hay que ser Heidi y tragarse al cascarrabias con el que se encontró después de la "pechá" que se dio subiendo a la dichosa casa de los Alpes. Pero, ¡puñetas! Pobre niña. Encima, su amiga es minusválida. Clara, que lo tiene todo en apariencia, no disfruta de la alegría y entusiasmo de Heidi. ¡Menuda tragedia! Que luego se arregla todo, sí, ¿pero cuantas tardes de sábado y sufrimiento en los 70 hasta que el abuelo recupera la sonrisa y Clara la movilidad de sus piernas? Mientras tanto el pobre pastor al que las dos niñas traen de cabeza, lo aguanta todo. Un santo, ¡Pedro se tenía que llamar!

El colmo fue Marco. Marco, que vivía con su familia, en una humilde morada de un pueblo italiano, al pie de las montañas, donde se levantaba muy temprano para ayudar a su buena mamá, que un día tuvo que cruzar el mar para ir a otro país. En ese momento de la partida la tristeza llegó a su corazón. 400 millones de capítulos esperando a que el pobre Marco, su hermano y su padre consiguieran ver a la madre. La angustia de los espectadores es incombustible. Un horror. Barcos y embarcaciones arribando a puerto y en ninguno está la madre, los niños mirando al mar, como pollitos piando en espera de miguitas. Mientras, Marco se distrae con su travieso amigo, un mono. No doy crédito al éxito de estas series.

Más cerca de casa, ocurrió la muerte de Chaquete, que, a diferencia de la de Fofó, fue ficticia. Se muere el payaso del "cómo están ustedes" y es la vida, que se acaba. ¿Pero por qué Chanquete? Con lo bien que se lo estaban pasando en Nerja esa panda inverosímil compuesta por chavales de todas las edades y condiciones, acompañados por la Mari Poppins española que era esa misteriosa pintora que todo lo entendía, pero que claramente no tenía edad para estar con esos niños. La Chim chiminey, Chim chiminey, Chim chim cher-ee! de la costa andaluza se hizo su hueco en el corazón adolescente, con el sabio barbudo de barco varado tan lejos del mar. En nuestros tiempos se hubiera sospechado inmediatamente de la amistad del grupo con los adultos. Pero, sin tener en cuenta eso, ¿para qué mataron a Chanquete? ¿Es que se murió el actor? ¿No tenían nada más que contar? ¿Se les acabaron las historias y las tramas? Esos guionistas, ni habían leído a los Cinco o Enid Blyton en general, o no tuvieron infancia. La muerte de Chanquete fue y sigue siendo innecesaria.

En tiempos más modernos, seguimos igual. Si ustedes se cargan al protagonista o al favorito del público, simplemente se debe a que la película es excesivamente larga. O carecen de imaginación; haberse hecho ingenieros entonces. Ya sabemos de la mortalidad y del dolor, es evidente que un día le van a pillar (o no), que le van a meter en la cárcel, se divorciará de su mujer. La vida es así. Los títulos de crédito un segundo antes de que todo se desmorone, por favor. No pido más Lo que para mí es intolerable es la muerte de los niños, o su sufrimiento, ya sea en un texto o en pantalla. Denota un morbo solo atribuible a la falta de imaginación. Cierro y apago. .


Hay que aprender de los maestros. ¿Cómo es el final de "Dos hombres y un destino"? ¿Se ven en algún momento los cuerpos tendidos en la arena de Butch y su compañero, acribillados? No. La imagen final es una de esperanza, de confianza, de insensatez, de disfrute y estrujamiento de la vida. Robert y Paul, Paul y Robert confían en que van a poder salir de ésta, como siempre han hecho. Salen del edificio, con las armas en ristre, disparando a diestro y siniestro en medio de una balacera que reciben sin piedad. ¿Qué la palman? Está claro. ¿Y? ¿Qué necesidad hay de mostrar sus jóvenes cuerpos ensangrentados? Tienen que morir, está claro. Pero no hace falta decirlo. Acaba la peli y te vas a casa en paz.


Pero es que ya con esto de las plataformas hay que tener muchísimo cuidado, porque cualquiera puede hacer una película, y, sobre todo, una serie, y colgarla en Netflix, Movistar, Prime o lo que se le antoje. Ahí la basura se acumula más fácilmente que en tu papelera de reciclaje. Si la pandemia ha dejado a mucha gente sin ganas de salir, o les ha inyectado una inercia de aislamiento, no es de extrañar que dejen pasar sus días adheridos a la ficción. Y con estos mimbres, ya es de imaginar los cestos que saldrán. Reivindico la alegría.


02/11/2022

RISHI SUNAK

Rishi Sunak, he dicho. Quien a estas alturas de año no sepa quién es Rishi Sunak, no es de este mundo, o se acaba de despertar de un coma. Va a llenar portadas RS. El Obama Británico. Líder del Partido Conservador y Primer Ministro del Reino Unido desde el 24 de octubre de 2022. Está dando curiosas sorpresas la democracia mundial, en cualquier caso. En Italia, Brasil. Veremos.

Además de listo, rico, de ascendencia hindú, este chico, es que es muy guapo. Defectos se le pueden sacar a cualquiera. Por ejemplo esas hermosas orejas.  Dice una amiga mía que es de persona inteligente, tener las grandes orejas. (A mí me está liberando de complejos tal afirmación) Hay contraejemplos, sin duda y sin ir más lejos, aquél con quien comparte Rishi ser heredero de una Isabel. A cada uno la suya. También es bajito, ¡vaya por Dios!. No es tanto bajo como menudo, pequeño. Vale, da lo mismo. Rishi, tiene una pinta estupenda. No es muy fotogénico, los ojos un pelín juntos, le han debido decir que sonría con la boca cerrada, y es prudente ante el consejo. Lleva, sin esconder, pulseritas en la muñeca; probablemente hechas por sus princesas. Sin embargo, esa tez de aceituna a la vez que le distancia de los pálidos británicos, cuya tez en las costas españolas se vuelve color cangrejo, bien sea el sol o la ingesta de líquidos reconfortantes lo que lo provoca; ese rostro de oliva le hace inmune al envejecimiento y provoca en mí un efecto hipnótico. Me influye sin duda mi propio pasado. El recuerdo de mi padre volviendo de la India, cargado de regalos por primera vez, de un viaje de trabajo. La barba poblada de misterio y los ojos llenos de recuerdos. Trajo cuadros, telas con las que nos hicimos preciosos vestidos transparentes, envidia de modas y ajenos a ellas. Trajo figuras llenos de brazos, Shiva; trajo el humor y el candor y la calma y la bondad de la India. (Ahora India, sin "la") Trajo historias de hombres buenos, de un hotel en medio de un río sagrado. Río de vida y despedida a la vez. Si ya era un hombre profundo, la India acentuó su espiritualidad. Esa magia, esas honduras despertaron en mí el deseo de sumergirme en lo trascendente, una tendencia ya conocida hacia la introspección y la melancolía que quizá curaría a orillas del Ganges. 

RS ni fuma ni bebe y a lo mejor no dice tacos. Demasié. Que tanto buenísimo es imposible,  sacarán punta las alimañas. Personalmente estar a favor del Brexit, me parece rancio, antiguo. Pero del orgullo británico es difícil opinar. Ya sabemos que nos llaman "el continente". Además, quizá sea la solución, económicamente hablando, volver al trueque y a las cavernas. ¿Quién lo sabe?  

Si se le busca en la red, Rishi es un tetraedro, figura geométrica compleja y completa a la vez. Hecha de triángulos, míticos por sus propiedades, clasificación y ayuda al matemático en la comprensión del Universo. Eso sí, grano en el zapato del estudiante. Secretos escondidos en la corteza terrestre asumen tales formas.  Joyas de valor incalculable adquieren tal geometría. Ya lo vieron los Egipcios.

Cara A: En lo personal, nació en Southampton de padres de ascendencia india. Se siente británico, de confesión hinduista.​ Y se casó con una chica riquísima a la que conoció lejos de casa, y cuya ascendencia es similar a la suya. Tienen dos preciosas hijas. Viven el Londres, seguramente en una casa mucho mejor que la ubicada en el conocido como número 10. 

Cara B: En cuanto a su formación, estudió en Oxford, obtuvo una beca Fulbright. Un completo. 

Cara C: La faceta profesional es curiosa ¡Trabajó en Goldman Sachs! No sé si antes o después. No sé después de quéFue canciller de Hacienda un par de años y es miembro del Parlamento por Richmond desde 2015.  Ha sustituido a Liz Truss, la estelar, de recorrido fugaz en el cargo. Fue el primero en presentarse ante el nuevo rey como tal para que le imbuyera del cargo.  Esperemos que su majestad no haya tenido problemas con la  firma esta vez o no le resulte aburrido el protocolo. 

Cara D: Lo que nos queda por saber.

Así de pronto, parece un niño bien, con esa mata de pelo veteado y su mirada de miope. Es lo que tienen los extranjeros, que como no se les entiende muy bien, se fía uno de los rasgos externos, de lo que dicen de él. Prensa amarilla y periódicos serios se frotan las tibias con detalles y anecdotario imposible de comprobar. Al español de a pie, que valora su casa, pero es crítico con ella, por un añejo sentido de culpa, se le hacen los ojos chirivitas del modelo de democracia de otros. ¡A ver qué hace!