He visto un vídeo, un anuncio, un reel, buenísimo.
En la imagen aparece un chico de edad incierta, treinta y tantos. Podrían ser
más, o menos. Está tirado en un sofá con la tele puesta, el móvil en la mano y
una cerveza abierta en la mesa donde también descansan su pies descalzos.
Vestido como que acaba de llegar, la corbata en el apoyabrazos, pantalón de
traje y camisa con los dos botones de arriba desabrochados. La chaqueta doblada
en el respaldo del sofá. Detrás de él, en una cesta de mimbre sobre la mesa del
comedor, una montaña de ropa sucia. Aparece en la imagen una mujer, más o menos
de la misma edad. Coleta alta que indica que se ha recogido la melena de
cualquier manera, con la goma de los espárragos. Se va a arrepentí cuando se la
quite. Lleva un vestido de flores, deportivas y las y le dice “madre mía¿ has
visto toda esa ropa sucia?” Y después
suelta algún improperio. El chico se levanta raudo y cariñoso a
calmarle. Te tenía que contar, no sabes de lo que me he dado cuenta, no te
preocupes- le dice- hay un duende en esta casa. Vengo observando desde que nos
mudamos, cuando dejo los platos de la cena en el fregadero al día siguiente han
desaparecido. Cuando me levanto siempre
está la cocina recogida y limpia,
el friega platos vacío y hasta la mesa puesta del desayuno y el café preparado,
solo tengo que encender el fuego. Hemos
tenido muchísima suerte con esta casa. Mira, tienes que probar , cariño, yo me
quito los calzoncillos todos los días y los dejo en el bidé, pues cuando voy al
cuarto de baño al levantarme, no están, y por la tarde o al día siguiente,
aparecen limpios y planchados en mi armario. Es magia. Esta casa está
encantada. De verdad que hemos sido afortunados, nunca nos vamos a mudar. ¿Has
visto como están las plantas del jardín? Si hay más flores que en el retiro. ¿Y
los cuartos? Hasta el cuarto de los niños está recogido, sin montones de ropa
por los suelos, y cuando voy a darles un beso por las noches no están todos los
juegues por el suelo, que si vas a oscuras te matas. Que va. Y hasta las camas
estas hechas a mediodía cuando vengo a comer, la nuestra también, amor, la
nuestra también. ¡Noooo, yo no la hago! ¡No te digo que es magia!. Es que es
estupendo. Y da igual que cocinemos patatas fritas y huevos, o esas cosas que
te ponen nerviosa porque se ensucia mucho la cocina. A lo mejor son unas palabras mágicas, no sé. El caso es que al
levantarnos está todo limpio y perfecto. Relájate que ya verás como mañana no
está ahí esa ropa. Anda, vente a ver la tele conmigo o te pongo un vino y me
cuentas tu día. Deja, deja ahí la basura, ya verás como mañana no está. No te
preocupes tanto. Y lo mejor es el fina, la nevera, es que nunca falta de nada.
Un día hago carbonara y pienso uy casi no queda guanciale. Al día siguiente ya
hay. Leche, para pasar una pandemia, papel higiénico, pasta de dientes. Todo. Y
además justo los ingredientes para lo que hemos pensado cocinar al día
siguiente. Hasta he pensado que nos espían. ,
Y es que eso son las tareas del hogar, un misterio que nadie ve. Los platos van al friegaplatos o se lavan, se secan y se guardan. La lavadora se carga, se saca y se tiende, se destiende, se plancha y se guarda. Las sábanas están limpias porque se lavan, como las toallas; se barre, se friega, se limpia el polvo, los cristales, los baños, los espejos. Porque la pasta de dientes no se quita sola del lavabo. No. No la costra de polvo se disuelve de la parte alta de los marcos de los cuadros. No. La mugre se acumula día a día, como material sedimentario que es. Las capas minúsculas se convierten en estratos de espesor y consistencia variable que van haciéndose dueños de las superficies horizontales.
La papeleras hay alguien que las vacía. Por no hablar de la compra. ¿Quién lleva el cartoncillo del papel higiénico a la bolsa del cartón? ¿Quién se da cuenta de que es el último? ¿Quién se da cuenta de queda poco y hay que comprar para que nadie tenga que salir con el culo en pompa del baño? Que queda poco café, papel de plata, bolsas de basura. Esas insignificancias que hacen la vida un poco más agradable. Quién. Aladino un su mágica alfombra hace viajes en continuo.
Y eso ocurre todos los días. Y todos los días
alguien va por detrás de los demás haciendo que su vida sea más agradable. Con
un paño blanco en una mano y muy buena disposición , una generosidad sin
límites. Porque se trata de un trabajo ingrato e infravalorado, normalmente
asociado a la madres, en muchos casos a las mujeres, retribuidas o no. Las
tareas del hogar son el infinito y no donde se cortan dos rectas paralelas. Es
un trabajo que no acaba nunca y que es circular, no tiene límites, es inmenso y
cuando se ha terminado de fregar el suelo por pequeña que sea la casa, ya se ha
ensuciado en algún sitio.
Se ha decidido subcontratar en gran medida todo lo
relacionado con el hogar. Incluso acostar a los hijos. Ante una actividad no
remunerada si no se externaliza, se ha pasado a encargárselo a otro, al que sí
se le remunera. De esta forma se establece una cadena en la que nadie se ocupa
de fregar sus propios cacharros, porque incluso quien se dedica a eso de forma profesional,
debe encargar a alguien mucha de sus propias tareas, para las que no le queda
tiempo. En este “nunca prescindas de la muchacha” que le dijo mi abuela a mi
madre cuando se iba a convertir en su nuera, hay una cesión y entrega de llaves
dando acceso a la intimidad que nos hace a todos vulnerables.
En todo ese trabajo hay una carga de fondo que es
el cuidado el otro. Cuando se cocina es evidente que un piensa en los demás, en
hacer algo rico con lo que todos disfruten, en el día a día, la familia. Pero
en todos los aspectos que supone las llamadas sus labores exigen ese trasfondo,
que la cama esté hecha y huelan a limpio las sábanas, el suelo barrido son las
migas de ayer, el espejo del baño limpio, los cristales sin churretes que dejen
entrar la luz; las mesas recogidas. La ropa limpia y planchada. En fin. Está
quien lo hace cuidando al otro. Aunque la realidad es que quien lo hace está
despotricando. Lleno de reproches hacia el resto de los habitantes, que no se
dan cuenta de que la basura está llena o el friegaplatos ha acabado. Y hay una
torre de ropa sucia. Al delegarlo en otros, por dinero, nos estamos equivocando
en la educación o con tanto éxito profesional estamos descuidando el núcleo de
la vida familiar. Mucho CEO y mucha CEA pero nadie llena la nevera.

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