Procedo a explicarme, que veo que voy por otros derroteros, que me salen meandros en este riachuelo. He leído que dormir con frío alarga la vida. Por lo visto. La temperatura ideal para un sueño reparador se sitúa entre los 15 y los 19 grados y este descanso profundo favorece la producción de melatonina y serotonina, hormonas que mejoran el estado de ánimo y reducen la ansiedad. “En un mes, al dormir a 19 grados, observamos un aumento de la grasa parda y una mejora en la sensibilidad de la insulina” ¡La grasa parda”… En fin.
Sé de uno que va a ser eterno. Desde que, por circunstancias, vive solo, se ha acostumbrado a encender poco la calefacción. Viviendo como vive en mitad del Pirineo, no es de extrañar que reciba pocas visitas. En su casa hace tanto frío que tiene que quitar el vaho de las cristales para saber si llueve o nieva fuera. Otra opción es llamar a un vecino, que a veces no basta el aliento para vislumbrar el cielo y adivinar la meteorología al otro lado del vidrio. Se forma una costra en el vidrio, que en verano es rocío y en invierno un hielo difícil de quitar. En su casa hace tanto frío, que a veces le castañean los dientes. Pero él se abriga y ya está. O aprovecha para arreglar esto o aquello, tumbarse a ver la tele en el salón no es opción. Aún no hay estalactitas en la chimenea, gracias a que de vez en cuando caldea el salón con unos leños. Su horario y obligaciones le impiden estar en casa el tiempo suficiente para confiar al fuego la temperatura del hogar por eso no enciende más.
Todo empezó porque un día al entrar en casa empezó a quitarse capas hasta quedarse en camiseta, en pleno invierno, y pensó y ¿si bajo de 24ºC a 23ºC el termostato? No tenía sentido ese exceso. Le había llegado una factura de la luz que le dejó helado (viene a cuento el adjetivo) y a pesar de no estar en necesidad económica, mi amigo es de los que se molestan si se les toma el pelo. Llega a casa de noche entre semana; total, para cenar ya templa la cocina; el perro, un enorme pastor alemán, vive en el jardín, tanta calefacción ¿para qué? Con tal de que no revienten las tuberías…Apenas notó la diferencia por un grado. A la semana lo bajó otro grado. Se fue motivando. En un mes estaba a 18ºC.
Ahora cada grado es un logro, un escalón. La factura de la calefacción ha bajado en picado. Se le han hecho los ojos chiribitas. ¿Y si lo bajo un poco más?. Siendo la temperatura al otro lado de la puerta de la calle de menos 10ºC, el efecto cálido de entrar en casa se mantiene, aún estando el termostato a 15°C. Él es un hombre de principios y la vida le ha enseñado a no rendirse. Llega a casa con energía. En el coche, de vuelta del trabajo iba, deja que el calorcito le abrigue durante el camino; al llegar, entabla conversaciones consigo mismo, de aliento, mientras recoge el salón o la lavadora, entreteniendo en un ajetreo de tareas del hogar la diferencia térmica. Anda rápido por la casa si recibe una llamada de teléfono.
Cuando llega la hora de acostarse lo hace sin pensar, procurando pasar de las prendas de diario al pijama como si estuviera de campamento, desnudándose en medio de desconocidos: no deja que ninguna zona del cuerpo quede al descubierto sin tener otra prenda preparada para cubrirla. Y de ahí pasa a meterse bajo el edredón y una capa de mantas heredadas que pesan más que abrigan. Dentro de la cama se concentra en el éxito, un día más. Prohibido el uso del calcetín o el gorro, aunque la tentación le asalte. La elegancia y saber estar por encima de todo, aún sin testigos, que la soledad no es excusa para el abandono. Una vez calentado el hueco que ocupa, es una momia, no se mueve. Se anima a sí mismo con su nuevo logro. Un día más. La nariz, imprescindible que quede fuera de las capas de abrigo. Se levanta con el rostro como si hubiera estado en un spa. De la cama a la ducha cada vez tarda menos, y el café, caliente, caliente se ve el humo salir de la taza y detrás de la ventana, la escarcha. Ya lo decía Alaska:
Todo el mundo me pregunta
Qué me pongo, mis secretos de belleza
Y yo siempre les contesto "mucho frío"
Me miran con extrañeza.
No se creen que yo duermo en un Frigidaire
Y que el hielo me conserva muy bien.
Las ganas que tiene mi amigo de que llegue el verano.





