Esta Maggie es la monda. De verdad. No se
la puede una recomendar a nadie. Porque nunca sabes cuándo te vas a enamorar
del libro, en qué momento lo vas a dejar aparcado en la mesilla,
estratificándose entre otros materiales sedimentarios o, de pronto vas a hacer
un clic y ya nada será como antes.
A veces me pregunto cómo será su vida. La
de verdad. Para que se le ocurran las historias que cuenta. Sé que el lujo
de ser escritor es que puede utilizar su escritura para muchas cosas. Una de
ellas es inventar. La vida que no tuvo, la que le hubiera gustado. La que no.
Otra puede ser, contar lo que le pasa, con la fidelidad a la realidad que el de
la gana. Y los usos y husos de la escritura son vastos. Pero esta Maggie. Esta
Maggie enreda mucho.
Conozco amantes y detractores de Maggie.
Con su Hamnet ha dado carpetazo y cerrado muchas bocas. Pero aun así sé de
grandes lectores que abandonan los libros de Maggie. No le pillo el tranquillo.
Ya no intentaré en otra ocasión. Que no. Será que me recuerda momentos tristes.
Que no. Son frases excusa, es un no quiero decir que no me gusta, porque los
muy sesudos dicen que un crack. Es aplazar el momento, dejarse un tiempo. Y a
mí me pasa. Sin ser gran lectora, porque ya solo leo lo que me gusta.
Pues “La primera mano…” lo cogí con
entusiasmo. Bajó empicado a las diez páginas, como mucho. Un amigo mío dice que
hay que leer de 20 en 20 páginas. Imposible, a la tercera estaba mirando el
móvil, encendiendo la tele o fumándome un pitillo. Ni a tiros. Ni siquiera me
he quedado dormida leyéndolo. Me hubiera ido a hacer la compra de no ser las 11
de la noche. No sabía quién era quien. No entendía los tiempos ni los lugares.
Nada. Cada vez que cogía el libro tenía que retroceder porque no me acordaba de
nada y no me enteraba. La trama no tenía sentido. Eso sí, hasta que empezó a
tenerlo. Ahora vienen los listos que todo lo pillaron desde el principio. Allá
ellos. Suerte que tienen, o no. Porque a mí me fascinó. Desde ese momento se
suman lo maravillosamente que escribe y las cosas maravillosas que escribe,
porque dice cosas preciosas. Ordena en frases para subrayar, pensamientos que
parecen sacados como hilos que tu propia cabecita. Engancha una idea con otra.
Devana el ovillo de la vida y lo usa para tejer una maravillosa historia a la
que lamento no haberme enganchado desde el principio. Enhebra una vida en estas
páginas, Dichosa yo, que he conseguido llegar al final. Dan ganas de volver a
empezar al leer la última página.





