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28/07/2026

AQUELLA NOCHE NO LLOVIÓ

Vivía sola, y tenía una preciosa terraza llena de flores.

Los zapatos en la entrada, por el placer de andar descalza. Un día, los encontró guardados. ¡Qué raro!. Tras sus largos baños mañaneros, disfrutaba del sol y un café cuidando sus flores. Los enseres recogidos, no olvidados en la encimera, según su costumbre. ¡Qué raro!. 

Un día sonó su teléfono identificándose como repartidor. “¿Puede abrir?, traigo un paquete”. Un momentito, estoy llegando. “Si quiere se lo dejo a quien esté en su casa, llamo al timbre y nadie abre, pero he visto que miraba por la mirilla” Vivo sola, se recordó a sí misma sin llegar a verbalizarlo. Voló a casa y recogió el paquete antes de que el uniformado hubiera traspasado el umbral.

En una ocasión dejó un cazo lleno de agua en el fuego en un “mientras tanto”. Una bolsa de espagueti sin abrir, preparado para cuando hirviera. Al volver a la cocina, la pasta estaba colada en una ensaladera y el cazo limpio, secándose.

Una mañana de abril, el olor a tierra mojada la despertó. La terraza cubierta con una  lámina de agua, las flores agradecidas parecían sonreír, mirándola cual girasoles. Pero aquella noche no llovió. Se asomó a la calle seca. Ni una gota de agua en las aceras, ni una lágrima en los cristales. Ni siquiera el rocío era responsable de haber regado su tesoro. Solo entonces supo que no estaba sola.


26/07/2026

QUE EL DINERO NO DA LA FELICIDAD

Que se lo digan al heredero del imperio de moda cuyo padre se ha precipitado al vacío. A él el dinero le ha quitado la felicidad. Al menos por una buena temporada. Acusado de parricidio, lo que le sobra es pecunio para defenderse. En un eventual juicio sin testigos, la verdad la sabe sólo él. 

Yo no tendría esos problemas. Me refiero a las cuitas que le llevaron a la situación en la que se encuentra. Vamos a ver, ¿que mi padre es el puto amo, con perdón de una de las empresas más grandes y más todo del país?, pues tan contenta. Una fortuna no se puede arriesgar por el ego. ¿Que me da trabajo?, genial. Me ponga donde me ponga. Dependienta, cajera. Como si tengo que hacer de modelo de ropa. Soy soldado. Humilló lo que haga falta. Que no se diga que estoy per ser la hija del jefe. Eso sí, después de las penurias y las piernas embotadas, dame algo interesante. Voy a acompañar a elegir las nuevas colecciones. Que yo me quedo callada, te lo prometo. Déjame ir a Milán a ver que están haciendo, a Paris por ver por dónde van los tiros, Nueva York, Países Bajos. Prémiame lo bien que me he portado. ¿Que no me da trabajo? A mi bola. Me pongo a hacer punto con mi madre y a disfrutar de lo que hay. 

El hijo del magnate no sabe aprovechar las oportunidades. Que quiere montar su propia línea, dice. Déjate de rollos, el mercado está complicadete. Te lo están dando todo hecho. Disimula. Le dan una responsabilidad y el chaval la empieza a pifiar. Bajan en picado los bendecíos. Toma decisiones de estrategia sin que le hayan pedido opinión, no sé qué hizo, el caso es que no funciona. A punto ha estado de meter en un problema a la que lleva siendo años una empresa solvente. Apártate que sigo yo, le dice el padre. Normal que le quite. Yo confieso que como hija hubiera reaccionado de otra forma. Digo esto desde mi ignorancia en cuanto a lo que se refiere ser millonario. Y a la pasta en general. Yo con los números bien. Te puedo hacer una integral doble o una ecuación diferencial, rétame. Eso sí, si la unidades son € o $ o £, vamos, si se trata de dinero, me bloqueo. No me pidas que divida una cuenta en un restaurante, no sé sacar el porcentaje para una propina ni a cuánto tocamos. Mi padre decía que no se habla de dinero. Yo soy muy de escuchar a mi padre. En ese caso, que padre me dice que no sirvo para su empresa, para ese puesto, tranquilamente me vuelvo a casa y me pongo a otra cosa. Que lo hubiera entendido. Dame otra ocupación, ¿en qué puedo ayudar?. Me hubiera bastado con hacerle de chófer. La conversación, el día a día. Te llevo y te recojo. Con eso me alimento yo y me sobre. Pero no, este chico tenía sus proyectos y sus sueños. Que está en su derecho. Como en su derecho está el padre de no financiárselos.

Digo yo que a este chico el dinero le ha envenenado. La novia propia y la del padre han debido ahondar y hacer que sangraran más las heridas que hubiera. En eso las mujeres tenemos muy mala idea. Que tú te mereces más, con lo listo que eres. Que es un vago, ¿cómo le vas a dejar solo?. Dale más, no le des tanto. Se lo merece, es un piernas. Total, que lo que entre padre e hijo se podía haber resuelto con unos güisquis se emponzoñó con terapeutas que no eran psicólogos, no sé si son falsas terapeutas o gente que pasaba por ahí. Parientes de intención dudosa, consejeros, oportunistas y aprovechados con el letrero de “quiero ayudar”. Un montón de báculos artificiales que no debieron pedir para resolver su ropa sin lavar. A mí me da la impresión de que entre unos y otros fueron construyendo una realidad ficticia llena de túneles y obstáculos, riscos y peligros. En uno de ellos, desafortunadamente, acabaron los días del progenitor. Toda esa parafernalia llenó sus días de una simbología que mezclaba dinero y odio. Las montañas de oro del tío Gilito batidas con proyectos imposibles. Quien sea que fuera que alimentó ese dispararte no debe sentirse orgulloso del resultado.

Sea cual sea el motivo de la caída y deceso del patriarca en presencia de su hijo, es una tragedia con horribles consecuencias. Para ese hijo que si tenía un conflicto con el padre nunca lo podrá resolver, para el padre, claro, principal damnificado. Y para la familia y amigos inmersos ahora en un horrible proceso que no deja espacio al duelo. Las pesquisas, los interrogatorios, el juicio. “¿Dónde estaba usted el día tal, a la hora cuál?” Es que a mí me ponen en esa tesitura y me contradigo seguro. No porque mienta, porque no me acuerdo. O recuerdo cosas distintas cada vez. O me olvido. Que no es a propósito. No es la edad. 

Por eso digo yo, que el dinero no da la felicidad a algunos. A mí si me la daría. Que esos líos no los tengo yo. Me pongo a disfrutar y punto. Que me pongan a prueba, que lo quiero demostrar. 


24/07/2026

LAS DESAPARICIONES DE MERCADONA



Es fácil de entender que se agote la falda Guinda en la Boutique de moda, el vestido Arno o la camisa París. Pasan las temporadas, las modas cambian, la ropa se agota. Ese capricho que no te diste, esperando a las rebajas, ya no te lo vas a poder dar. Te aguantas. La actriz que salía en tal película con esas sandalias se ha hecho mayor o es una antipática y ya no te gustan tanto. Hasta te parecen macarras, como ella. En fin somos en general muy influenciables en el qué me pongo. Otra cosa es “¿qué comemos hoy? Que sí, también hay modas, ya no comemos empanadillas si no guiosas. ¡Pobres aquellos que no conocen la empanadilla! Ha desparecido el gazpacho clásico y si no le añade aguacate o remolacha eres carpetobetónico. Hay comidas viejunas que más quisieran los trampantojos o los plantos desetructurados. Pero algunos básicos, eso me mosquea más que desaparezca. 

El té rojo, gomas de pelo, horquillas, peines, el humus king size, el tomate frito Hida -ha vuelto-. Chicles de regaliz y de sandía, eran tan grandes que el efectuó saciante era inmediato y asociado a que no te cabía nada más en la boca; el gel de glicerina, con idéntico olor al jabón y tan natural y barato como éste; crema facial de caviar, al nivel de las de farmacia pero sin receta y con dos ceros menos en el precio; quesos Cottage y Grana Padano como el tomate Hida, Guadianas de Mercadona que van y vienen; ajenos a las modas, que vienen y van porque tú eres el rey del glam, rey del glam; la ensaladilla rusa con gambas-depende del barrio-, las tostas redondas para dippear, el pan de sándwich tamaño medio DIN A4, nata fresca?, jabón de Marsella líquido, cebolla frita en lata. Cada uno podría escribir su lista, según sus adiciones o aficiones. No se trata de desapariciones temporales en su mayoría. No es falta de stock, salvo excepciones. No hay estantes vacíos. A un cierto punto, cuando ha pasado un tiempo prudencial, los solícitos empleados del Mercadona te miran como si te lo estuvieras inventando. “ Yo nunca he visto el té rojo; espere que pregunto a la encargada.” No, té rojo no hay. Hace mucho. Tú sabes que no es cierto. A lo mejor infusiones no compras cada semana. Pero el pan, que sí, ese producto que ya sabes dónde está. Llegas con los ojos cerrados al estante y no hay siquiera un recuerdo de su existencia. Nunca ha estado allí. Se requeriría pericia de policía científica para encontrar indicios de que alguna vez en ese estante donde hay frutos secos variados, estuvieron un día esas cebolletas en vinagre, ligeramente dulce, rosadas. Que quedaban genial para el aperitivo. No te molestes. Se ha borrado de la memoria del personal y del disco duro de todos los recuerdos.

No me digan que soy la única que lo he echado de menos porque no es verdad. Lo que ocurre es que un día no hay té rojo y compras negro o verde; a la semana vuelves a buscarlo y ante la extrañeza, preguntas. El encargado de Mercadona te acompaña, literalmente. Atraviesa contigo los lineales y llega al frontal de las infusiones. Donde hace unos meses estaba el té rojo durante algunas semanas hubo un hueco sin cartel, ahora lo ocupa una infusión de frutos rojos acomodada como un niño travieso haciéndote creer que no ha hecho nada, en el caso de la infusión, que siempre ha estado allí. No estoy loca. Antes había té rojo. El encargado intenta primero entender, luego confiesa su desinformación. 

De estas desapariciones misteriosas lo que me preocupa es el porqué. Hay quien es experto en el relato. Quizá deberían encargarse ellos de explicar. La web del Mercadona, envía un mensaje semi automático "sentimos informarte que ya no lo vendemos. Pero vamos a pasar nota de tu interés por el producto. ¿En cuál de nuestras tiendas compras habitualmente? " o "ya no lo tenemos en nuestro surtido 😥 y vamos a pasar nota a los responsables de tu interés para que lo podamos valorar. Sentimos las molestias 🙏". Ante esa respuesta, la confusión es mayor. ¿Serían productos dañinos para la salud?  Esa crema que te echabas a diario, ¿será la causante de tus manchas?. A que van a tener la culpa los alimentos desaparecidos de lo gorda que me he puesto. Va a ser eso. Que me crearon adición. Esas patatas fritas, esos panes, contenían sustancias malignas que me hacían consumirlos con avidez. Mira tú por donde el peso que se me ha quitado de encima. Literal. 




22/07/2026

ME HE SALTADO LA SALIDA

Me ha vuelto a pasar: me he saltado la salida de la autopista para ir a la oficina. 
Mis amigas dirían “interpreta mi silencio”, en ese afán pseudopsicoanalítico o de psicología barata, de barra de bar, tan popular; con esos deseos de entender los gestos y los sueños y sacar elocuentes conclusiones. ¿Lo ves? Con las presuntas bases  que nos han dado para ser sabios en el tema la lectura, en su momento, de “El arte de amar” de E. F y luego “Tus zonas erróneas” (tan yanki y tan conductista) y esos miles de libros que poblaban la sección de autoayuda del VIPS. Con la presunta formación, presuntamente psicoanalítico, con esa pátina, que no es ni poso, que nos han dado esas lecturas sumado al disfrute de las pelis de Woody Allen antes de que se destaparan sus aficiones personales. Dentro de esa facilidad de ver el ojo ajeno dañado por pajita y no ser capaz de detectar la viga en el propio. Somos así, aptos para analizar los males de los otros cual especialistas en la materia. Mientras, vagamos por nuestras miserias tapando agujeros como si nos hubiera tocado la lotería, disimulando.
El caso es que sí, me he vuelto a saltar la salida 13 de la carretera de La Coruña, por la que cada día salgo de la A-VI y recorro la calle Gobelas, al amparo de lujosos chalets ocultos por los jardines en la margen derecha y edificios de oficina en la izquierda, que lindan con el ruido de la autovía. Pero es que me he saltado la salida 14 también. La de Casa Quemada, que me hubiera permitido llegar un poco tarde, pero llegar. ¿En que iría yo pensando? He pasado Los Peñascales, recordando a un amigo que tenía casa allí; Torrelodones donde han montado un colegio muy especial; Las Rozas, y sus fiestas; Las Matas y su estación de tren. Hasta que no he llegado a la bifurcación de Navacerrada, a la altura de Villalba, cuando tenía que decidir si seguía hacia Segovia a ver a los abuelos o me iba a Nava a pasar el día con los padres. Lo visualizo, un paseo con padre a ver si llegamos a la Maliciosa, un tinto de verano, que es el agua de una fuente secreta. Y una paella que va a hacer madre, más fina que el grueso del meñique.
¡Pero concho! Si hoy es martes. ¡Será posible! Yo es que quiero una justificación “que mi hija no puede ir hoy a trabajar (al cole)“ Sin más comentarios. Solo un padre es capaz de entender que a veces no puedes. O no entenderlo, y simplemente, quedarse a tu lado sin preguntar. Hacerte tu comida favorita. Cogerte de la mano sin razón. Es tu red de seguridad incondicional y sin preguntas. Sabe que quieres largarte. Que ya está bien de ser bueno y correcto. Qué quieres darle la vuelta al cartel y que se vea “cerrado”. Porque sí. Como en esas tiendas a las que llegas y hay un letrero que dice “vuelvo enseguida”. ¿Cómo se mide enseguida? ¿Hace cuanto que se ha ido? Ese aviso está ahí puesto ¿para invitarte a que esperes o a que te vayas con viento fresco? Yo creo que es más lo segundo. Sin referencias ni existe el tiempo y no puedes medir la espera.
Así es que yo digo eso “ahora vuelvo”. Signifique eso lo que signifique.

07/07/2026

¿TU ERES DE LOS QUE SALUDA EN UN PASO DE CEBRA?

El programa Ilustres Ignorantes, al que yo insisto en llamar Presuntos Ignorantes, que no implicados; empieza siempre con una dedicatoria a un grupo social., etnia , o a cualquier asunto que le apetezca al conductor que para eso es el que manda. El otro día se lo dedicaron a ese estrato humano formado por aquellos peatones que saludan a los conductores, a modo de agradecimiento cuando un conductor frena para dejarle ejercer su derecho de atravesar la calle por el asfalto rallado. Agachan un poquito la cabeza, buscando la mirada de quien vaya al volante, a veces esquiva, y levantan la mano acompañando el gesto de la cara.
Normalmente el conductor ignora deliberadamente el saludo del agradecido peatón, como si éste fuera transparente.  El peatón busca la intersección de las trayectorias de las miradas, con poca fortuna. Puede que la miopía o el lamentable estado del cristal, o lo reluciente que luce y refracta, depende; impidan al pobre peatón ver cómo el conductor consulta su teléfono por si hay mensajes o programa el navegador para optimizar su trayecto., haciendo caso omiso a los infructuosos intentos de conexión. El conductor se para por civismo o por obligación o porque no le compensa atropellar al pobre estudiante, mochila en mano, que se dirige al metro para ir a la universidad a hacer un examen. A la señora que arrastra el carro de la compra y contra todo lo que hace pensar por estereotipo o convenciones, es médico de familia, química nuclear, astronauta en funciones o secretaria del CEO de una Gran Cuatro. Es jefaza en iuai (E&Y), ingeniera de la NASA o investigadora del CSID. Pero sus hijos comen todos los días y también ella tiene que hacer la compra. Saluda agradecida sin esperar a cambio mas que no se le escape el pie al pirado que acelera impaciente para que no se le cale el coche y se vea en una camilla con todo lo que tiene que hacer.  Por una confusión, total, entre embrague y acelerador.
Esos seres ingenuos que saludan al conductor cuando frenan y no les atropellan son creyentes, aún tienen fe en la humanidad. Son buenas personas, rezuman bondad, son la encarnación de los ángeles en la Tierra. Seres de luz que aún empatizan con el otro, creen en él . Se pueden salvar y salvarnos a todos, porque de ellos depende que el mundo no se rompa. Personas que echan el pie al asfalto con la confianza, con la esperanza de que aquel que está dispuesto a acelerar con tal de evitar un frenazo y ganar así un minuto en su intensa vida, les atisbe por el rabillo de su prisa y frenen, a ser posible, a tiempo y sin insultos. Esos seres que monetarizan su tiempo hasta límites insondables se paran porque no tienen más remedio. Porque pro su cerebro pasan las imágenes de la grúa, la policía, un atestado y posible juicio si es que el osado peatón no acierta a parar a tiempo. Hace un cálculo rápido en su hoja de Excel mental y valora la conveniencia del frenazo. Sin contar con tener que llevar el coche a lavar en caso de atropello. Menuda inconveniencia. Pero no por eso va a consentir establecer contacto con el viandante, ni siquiera aceptará que las trayectorias de sus miradas se corten a mitad de camino. Bastante tiene con haber parado.
Conductor y peatón no son intercambiables. La esquizofrenia afecta al lugar en el que uno se encuentra. Y cuando peatón es conductor, no hay garantía de que el comportamiento sea el mismo que cuando peatón es peatón. Se disfraza de lagarterana y a saber el improperio que suelta el saludón peatón cuando se encarama a su bólido y se disfraza de impaciencia. Atrás queda el amable barbudo de la mano de su hijo, al que hace agradecer también. Ese abuelo entrañable que demora la marcha debido a mermas en su movilidad. Ojito que la gente cambia. Hay trasfuguismo, según la velocidad de crucero.
 

08/05/2026

MUCHA IA

No quiero una inteligencia artificial que redacte mis informes ni opere a mis pacientes. No quiero una IA que escriba mis discursos ni decida la estrategia militar de mi país.

Quiero una IA que cambie la sábanas los viernes y me las ponga limpias junto con un camisón recién planchado en la colcha impecable. Quiero una IA que los lunes y jueves cambie las toallas, que friegue el baño a conciencia y deje la cocina como los chorros del oro. Que si hay que echar una gotita de vinagre en el cubo de la fregona una vez al mes, para que brille el parqué, proceda. Que los armarios estén como para meterse a vivir dentro o tenerlos abiertos y que el público los visite; que no haya una mota de polvo en los cuadros al pasar el dedo y no digamos pelusas rebeldes bajo los sofás. Que los cristales estén tan limpios que parezca que está abierta la ventana. Que los espejos reluzcan aunque no me guste lo que vea. Que no haya esquina ni cajón con una miga traviesa que sea capaz de atraer a un bicho, sea insecto o roedor. Que las moscas no encuentren atractivo en atravesar en aire de mi estancia, que huele tanto a limpio que les espanta sin necesidad de insecticida.

No quiero una cuidadora, no quiero una limpiadora, no quiero un robot que todo lo friegue. Quiero que la IA coloque el friegaplatos, tienda la ropa y la planche ordenada, quiero que me haga el cambio de armario. "¡Ay hija a mí me encanta en cambio de armario, recordar la ropa del verano, seleccionar lo que me va más este año, que vuelven las modas!". ¡Patrañas!. Como la puñetera Dyson y el Rumba. O la THERMOMIX. Mucho robot y mucha ayuda, pero luego hay que limpiarlos. Si, y eso la IA no lo hace, los pelos y los atascos, los cables que se enredan y se caen las lámparas y los ordenadores, las pantallas. Que parece que ha habido una guerra después de que trabaje el Rumba. Destroza alfombras, que empieza a tirar de un hilo y es como el tonto, que se acaba la linde y sigue, pues el Rumba lo mismo; arrasa con todo, en un descuido: o se engancha y desaparece por sitios insospechados. Y tú me dirás, hombre, "ponlo estando en casa". No sabes de su poder hipnótico. ¿Para qué quieres una mascota? No dejas de perseguirle.

 

Quiero que la IA ordene mi librería, por orden de autor, "¡ay que bonito es ordenarla tú! Así lo haces a tu gusta". Falso. Es una paliza de campeonato. Quiero que los cajones de la cocina estén relucientes como todo lo que guardo en ellos. La mesa puesta cuando voy a comer y la comida en su punto. No quiero ir a un restaurante ni a un hotel. Quiero que la IA se dedique a lo que importa, que para operar esa rodilla ya me pongo yo.

 

Que yo no quiero tanta IA que me organice la vida. ¿Qué pasa?, que se puede ser ingeniero de la NASA a base de mucha IA, conquistar Marte y llegar a la luna metiéndose uno repetidamente en ChatGPT, pero que le hagan la cama a uno, no. Que cambie las cortinas, que sacuda los cojines, en eso no se mete la IA. Pero los seis años de medicina más el MIR me los sustituye el ChatGPT en un “pispás” interpretando una radiografía o diciéndome qué tengo que tomar para mi cardiopatía, sin pasar por la lista de espera de la Concha. O me hace un plano sugiriendo la ubicación de las bajantes al diseñar un apartamento en Benicarló. ¡Vaya por Dios!. Tanto estudiar para que una máquina me diga la sentencia que aplica al caso que me ocupa en un nanosegundo y yo que estudié notarías… ¿para qué?, mucho abogado del Estado, y resulta que se lo pregunto al chat y no falla.

Da miedo todos iguales sin colores, da miedo los proyectos iguales, los edificios iguales, vestidos iguales, diciendo lo mismo. Da miedo tanta consigna y tanta homogeneidad. Da susto. Que al final nos convierta la IA en robots,

Señores desarrolladores de la IA déjense que ayudarnos a escribir correos o a aprobar exámenes, no quiero grandes logros ni fuegos artificiales, quiero tener la casa como una patena y ya me ocupo yo de mis pacientes y mis asuntos. ¡Y no digamos ya si me hace un par de huevos fritos con patatas y luego me deja todo recogido! Quiero hacer fiestas en casa, comilonas, chispunes y tomar gin-tonics hasta quedarnos roques. Y bailar y reírnos. Y ponerme lo que me de la gana. ¡Tanta IA!