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01/02/2026

DORMIR CON FRÍO

 

Una vez aclarado que Frío no es nombre de varón y que no me refiero aquí a dormir con alguien ni entrar en detalle de lo que eso supone, que quizá sea objeto de otra columna; si no que quiero hablar aquí de dormir con frío, en minúsculas. La circunstancia está intrínsecamente asociada a dormir solo, ya que la compañía además de otras muchas cosas, aporta calorías que ninguna nórdico (edredón) es capaz de alcanzar. 

Procedo a explicarme, que veo que voy por otros derroteros, que me salen meandros en este riachuelo. He leído que dormir con frío alarga la vida. Por lo visto. La temperatura ideal para un sueño reparador se sitúa entre los 15 y los 19 grados y este descanso profundo favorece la producción de melatonina y serotonina, hormonas que mejoran el estado de ánimo y reducen la ansiedad. “En un mes, al dormir a 19 grados, observamos un aumento de la grasa parda y una mejora en la sensibilidad de la insulina” ¡La grasa parda”… En fin.

Sé de uno que va a ser eterno. Desde que, por circunstancias, vive solo, se ha acostumbrado a encender poco la calefacción. Viviendo como vive en mitad del Pirineo, no es de extrañar que reciba pocas visitas. En su casa hace tanto frío que tiene que quitar el vaho de las cristales para saber si llueve o nieva fuera. Otra opción es llamar a un vecino, que a veces no basta el aliento para vislumbrar el cielo y adivinar la meteorología al otro lado del vidrio. Se forma una costra en el vidrio, que en verano es rocío y en invierno un hielo difícil de quitar. En su casa hace tanto frío, que a veces le castañean los dientes. Pero él se abriga y ya está. O aprovecha para arreglar esto o aquello, tumbarse a ver la tele en el salón no es opción. Aún no hay estalactitas en la chimenea, gracias a que de vez en cuando caldea el salón con unos leños. Su horario y obligaciones le impiden estar en casa el tiempo suficiente para confiar al fuego la temperatura del hogar por eso no enciende más.

Todo empezó porque un día al entrar en casa empezó a quitarse capas hasta quedarse en camiseta, en pleno invierno, y pensó y ¿si bajo de 24ºC a 23ºC el termostato? No tenía sentido ese exceso. Le había llegado una factura de la luz que le dejó helado (viene a cuento el adjetivo) y a pesar de no estar en necesidad económica, mi amigo es de los que se molestan si se les toma el pelo. Llega a casa de noche entre semana; total, para cenar ya templa la cocina; el perro, un enorme pastor alemán, vive en el jardín, tanta calefacción ¿para qué? Con tal de que no revienten las tuberías…Apenas notó la diferencia por un grado. A la semana lo bajó otro grado. Se fue motivando. En un mes estaba a 18ºC. 

Ahora cada grado es un logro, un escalón. La factura de la calefacción ha bajado en picado. Se le han hecho los ojos chiribitas. ¿Y si lo bajo un poco más?. Siendo la temperatura al otro lado de la puerta de la calle de menos 10ºC, el efecto cálido de entrar en casa se mantiene, aún estando el termostato a 15°C. Él es un hombre de principios y la vida le ha enseñado a no rendirse. Llega a casa con energía. En el coche, de vuelta del trabajo iba, deja que el calorcito le abrigue durante  el camino; al llegar, entabla conversaciones consigo mismo, de aliento, mientras recoge el salón o la lavadora, entreteniendo en un ajetreo de tareas del hogar la diferencia térmica. Anda rápido por la casa si recibe una llamada de teléfono.

Cuando llega la hora de acostarse lo hace sin pensar, procurando pasar de las prendas de diario al pijama como si estuviera de campamento, desnudándose en medio de desconocidos: no deja que ninguna zona del cuerpo quede al descubierto sin tener otra prenda preparada para cubrirla. Y de ahí pasa a meterse bajo el edredón y una capa de mantas heredadas que pesan más que abrigan. Dentro de la cama se concentra en el éxito, un día más. Prohibido el uso del calcetín o el gorro, aunque la tentación le asalte. La elegancia y saber estar por encima de todo, aún sin testigos, que la soledad no es excusa para el abandono. Una vez calentado el hueco que ocupa, es una momia, no se mueve. Se anima a sí mismo con su nuevo logro. Un día más. La nariz, imprescindible que quede fuera de las capas de abrigo. Se levanta con el rostro como si hubiera estado en un spa. De la cama a la ducha cada vez tarda menos, y el café, caliente, caliente se ve el humo salir de la taza y detrás de la ventana, la escarcha. Ya lo decía Alaska:

Todo el mundo me pregunta

Qué me pongo, mis secretos de belleza

Y yo siempre les contesto "mucho frío"

Me miran con extrañeza. 

No se creen que yo duermo en un Frigidaire

Y que el hielo me conserva muy bien.

Las ganas que tiene mi amigo de que llegue el verano.


30/01/2026

SÉ QUE ESTOY EN FORMA SI CRUZO LA CASTELLANA DE UNA VEZ

Este es un tema muy local. La dificultad de atravesar como peatón una gran arteria de circulación. Pero imagino que hay avenidas iguales a la madrileña Castellana, en el todas las ciudades y cada uno puede imaginar la suya.

En Segovia más que calle, la pericia es necesaria para atravesar la plaza del Azoguejo; ya sea en coche o andando. De hecho, en los exámenes de conducir, ese punto de la ciudad es la prueba de fuego. En Barcelona serán las Ramblas, supongo. En Londres, Trafalgar se lleva la palma para mi gusto, sin contar con el peligro añadido de a dónde mirar, si izquierda o derecha y los muñequitos cambiantes que lucen en los semáforos que, quieras que no, desconcentran; en París, los Campos Elíseos; en Roma cualquier calle es una aventura para cruzarla, circular por ella, andar, ir en bici, solo un romano sobrevive sin infartar al tráfico de la ciudad eterna. También están esas ciudades orientales con pasos de cebra en equis, estrella; formando un guirigay que te hace olvidar a dónde vas. Y por fin está el pueblo de Navacerrada. En el paseo de los españoles hay un paso de cebra que no llega a la acera, si no a un murito que alberga unas bonitas petunias y hay que rodearlo, manteniéndose uno en la calzada por donde vuelan los coches y ya fuera del paso de cebra, para alcanzar la acera, que en este caso es un magnífico y sombreado paseo.

Yo en Madrid sé que estoy muy en forma si cruzo la Castellana sin pararme en la mediana. De un tirón. Pero en forma tipo deportista de alto rendimiento, previo a mi participación en la Maratón, en forma sin colgajos. Atleta, diría mi primo Javier. El asunto no es tanto debido a la distancia a recorrer sino a que los semáforos de la Castellana están puestos a traición. Si sales de Industriales ni de coña llegas a Zurbano del tirón. Si llueve y no tienes paraguas, te aguantas, porque te va a tocar pararte al menos una vez en el recorrido. Por no hablar de los quiebros que hay que dar, porque la línea recta para cruzar es una utopía. Es decir, bajas por la cuesta del chiringuito, pero te tienes que ir al semáforo, hacia Viriato o hacia Pedro de Valdivia (si vas para allá hasta María De Molina no puedes cruzar si no es arriesgando la vida. Hacia el otro lado, una vez rebasados en dos tramos los carriles centrales, te toca andar por el bulevar para cruzar Zurbano. Que, si vas a los ministerios, otro gallo cantaría, pero tampoco llegas. Poca broma.

Pero todos los puntos para atravesar la avenida tienen su detallito, a excepción, claro está del elevado de Juan Bravo, donde cada tanto un amigo cliclista y yo nos vemos o quedamos, hay opiniones.  Si no es el carril bus, son las terrazas ¡benditas terrazas que nos permiten fumar y ser libres aún!, casetas de obra, paradas de autobús, semáforos no alineados, semáforos solo para vehículos. Por no hablar de alcorques dañados por las raíces expansivas, aceras levantadas, baldosas mina (de esas que cuando llueve te decoran el pantalón), charcos eternos porque no drenan las alcantarillas. O puntos neurálgicos como Colón, Atocha, Gregorio Marañón o Emilio Castelar, donde el azar es el único aliado para cruzar correctamente; o Plaza de Castilla o La Paz (ahí hay un paso subterráneo con sus cantantes y todo, con eso ya está garantizado que el cruce a nivel es inviable) y que si quieres ir de la Paz al Vips de enfrente lo mejor es cogerte el metro. Este problema del norte va a desparecer con el súper parque.

Mucho se habla del semáforo de la calle Belén, el más breve de Madrid, o del de José Abascal, que tarda tanto en cambiar que el malabarista que entretiene a los conductores tiene tiempo de terminar su número completo como si estuviera en el circo. Normal que tenga sobrenombre la calle, conocida por sus atascos. Mucho se habla de lo escasos y lo mal que están los carriles bici, que es cierto. Pero quien sea capaz de cruzar la castellana de una, que levante la mano o que calle para siempre. Antes se podía llamar velocidad de crucero a la que te permitía recorrer Velázquez sin lo parar desde el infinito (donde se corta con Velázquez, paralelas…vienen siguiéndome) hasta el Retiro. Los semáforos estaban sincronizados. Ya ha caducado esa posibilidad, igual que tampoco existe velocidad para cruzar la castellana de un tirón, a no ser que te encarames al puente de Juan Bravo y sus encuentros o que hagas trampa y te lances a atravesar tramos en rojo con el riesgo del atropello, el claxon a todo volumen y los insultos.


29/01/2026

DE PADRES E HIJOS

Aunque parezca que no, los padres conocen a sus hijos mejor que nadie. Eso es así. Aunque el hijo piense que no se enteran de nada, en algunas etapas de la vida, que están ausentes, que son mayores, que tienen sus problemas y el hijo no existe, que incluso es en ocasiones una presencia incómoda. Aunque el hijo crea que los padres no le ven, sumidos en sus rutinas;  conversaciones entre ellos llenas de risas y complicidad donde se siente fuera, discusiones de pareja, relatos que el hijo no siempre comprende. Aunque el hijo crea que los padres no le ven, le ven. Siempre le ven. Los padres están ahí, detrás de la niebla de los años malos, al sol si hay sol, a la sombra y en la nieve, con ojos en la nuca y orejas abiertas como antenas que detectan la posición del hijo, los padres no le pierden de vista, mientras pueden, mientras el hijo se deja. Entonces dejan de  verle, pero no porque disminuya la atención, no por desidia, si no porque el hijo se esconde.

Durante la infancia el hijo otorga a los padres poderes sobrenaturales, quede un plumazo le arranca con el paso de los años y le devuelve con el paso de unos cuantos años más. Cuando el hijo es pequeño cree que puede jugar a engañarle un poco, como un juego del escondite. A pesar de la magia que se asigna a los padres, que todo lo saben, que tienen respuesta siempre, que son fuertes, que son el lugar seguro del hijo, el refugio donde no alcanza la metralla, a pesar de eso, el hijo juega. Ve en los padres a unos seres que, por arte de birlí biloque aparecen justo cuando lo necesita. Esa mirada del niño al padre que asume que todo lo sabe, que todo lo puede, es inherente a cierta etapa de la infancia. Pero siempre está esa fantasía del niño "vamos a engañarles", se hace el dormido, disimula cuando el progenitor le marca límites, como si no fueran con él. A la hora de acabar con las actividades lúdicas, se hace el travieso, prolonga la diversión y aplaza el deber y el aburrimiento. Como haría cualquier adulto sensato.

Hay unos años sabáticos para padres e hijos, donde todo fluye, y son etapas cíclicas, como el seno y el coseno; hasta que llega la adolescencia, que es el mazazo a la paciencia; devuelve al adulto sus peores pesadillas, a etapas convulsas de su vida, a experiencias propias o vecinas. Se enfrentan las posturas, aparece el reto, la rebeldía, el ostracismo, los portazos en las habitaciones. Gritos por nada. Gritos por todo. Silencios. Malas caras. Ahí sí que los padres "no tiene ni idea", "no se entera", según la visión del hijo. No es verdad. Siempre se entera. Aunque no lo haga.

El caso es que los padres, salvo excepciones, está atento, no solo a la evolución de los resultados académicos, que efectivamente en esos años convulsos, se revuelven. Las calificaciones al padre le importan lo justo . A veces es excusa para iniciar conversación, nada más. Los padres están atento al desorden en el que ven que su hijo se sumerge. Los padres quieren que su hijo esté bien, no necesariamente "feliz", la felicidad está sobrevalorada. Los padres quieren que su hijo esté bien. Y se preocupa por el hijo todo el rato. Se ocupa, no tiene por qué estar preocupado, está atento. Igual que cuando era un bebé. Igual que cuando lloraba porque le salían los dientes, igual que cuando aprendió a montar en bici o andar o a nadar, igual que cuando nació su hermano e intentaba calmar los celos o explicarlos, para que el hijo no se sintiera malvado por lo poco que quería a ese ser que le había robado la atención. Los padres es padre siempre incluso cuando no ejerce, incluso cuando no le dejan serlo, incluso cuando no lo es. 

Los padres quieren que su hijo esté bien, que sus amigos sean buenos, que se divierta, que estudie, que viaje, pero que esté bien, que sea una buena persona. Son cosas que no se aprenden en el colegio ni en la universidad. A veces la adversidad, la mala pata, conducen al hijo por caminos de los que los padres no pueden desviarle, por mucho que lo intenten. Angostos recorridos que les son ignotos, por donde no caben sus canas cabelleras. Las drogas, el alcohol, los fracasos amorosos, las amistades, hay cocteles explosivos en donde los padres no puede influir, no puede prohibir. Por muchos límites que ponga, por muchas barreras que construya, por mucho que lo intente, a veces no es posible, ni con el ejemplo, ni con el amor, evitar el desastre en el hijo. Evitar su dolor, evitar su llanto. Los padres se cambiarían 100 o las veces que hiciera falta por el hijo con tal de que este pudiera eludir el sufrimiento. Los padres siempre es padre. No se jubila jamás de esa tarea. Muere con ella.

Un día, una hija, siendo ya mayor, vivía independiente; llamó a su padre para pedirle cualquier cosa, en modo socorro. Le costó un dolor esa llamada. El padre contestó "por fin me pides ayuda". Y allá que fue a rescatar a la niña mujer, la hija. Siempre que la hija recuerda ese momento, se le saltan las lágrimas, y es que, de los muchos defectos que tiene, ese es posiblemente el que más daño le hace: no ser capaz de pedir ayuda. Y uno de los defectos con los que más hace sufrir a la gente que la rodea y la quiere. A veces los ve, atentos a su mal humor, a su tristeza; sin saber qué hacer, porque no es capaz de pedir ayuda. Su marido, siempre atento, no se atreve a respirar cuando la ve así; sus hijos, que la miran como polluelos con sus boquitas abiertas y sus ojos redondos, buscando qué pueden hacer para que vuelva a ser ella de nuevo. Sus amigos, que la intentan cuidar y ella se revuelve, no necesita nada. Y es que no sabe cómo salir de su bucle, no sabe pedir ayuda. No sabe lo que le pasa, o sí. Tiene que llamar a sus padres, tomar con ellos un café en la cocina de casa, dar un paseo, y aceptar que necesita, que no puede sola, pero que lo adivinen ellos, porque no se lo va a pedir. El padre, que ya es abuelo y a punto está de ser bisabuelo, mira a la hija y solo se reprocha cuál sería el momento en el que le hizo sentir que no podía pedir ayuda. Que tenía que ser fuerte cuando aún no estaba preparada; que debía ser más valiente, cuando no podía dominar su miedo. Y el padre sabe que no puede dejar el mundo hasta que la hija le pida de nuevo ayuda. Se curará quizá, la hija, a través de los hijos propios, cuando acepta cada día que le llamen pidiendo socorro y nunca les haga sentir que no está ahí para eso, que se jubila de madre. Pero ¿acaso es eso posible? ¿Acaso son los padres culpables o responsables siquiera de que el hijo no pida ayuda? ¿Cómo se le hace ver al hijo que siempre puede ir a acurrucarse entre los abrazos y brazos de los padres, que ese es su sitio seguro? Pase lo que pase.


10/01/2026

LAS CROQUETAS REDONDAS

 

Hablemos de las croquetas redondas. Que están de moda, sí. Lo sé. Yo pensé que era más ajustado llamarlas esféricas, decíame que redondas no era el adjetivo más ajustado a la forma ya que la descripción del volumen buscaba; pero me gustaba más, para un título, la palabra ‘redonda’, que lleva intrínseca la perfección. Que no tiene ni principio ni fin.

Hablemos de esas  croquetas llamadas redondas. Una croqueta redonda no es croqueta si no albóndiga, en todo caso: albondiguilla.
 
No me puedo aguantar y acudo a las fuentes, a ver si es que me estoy liando “redondo es que tiene forma de círculo. redondo, redondeado, curvo, curvado, orbicular, lenticular”. En mi modesta y poco formada opinión, eso no le atribuye volumen al objeto. Si entendemos como círculo la superficie que encierra la circunferencia que tiene su mismo radio, estamos hablando de algo plano. Circular, con forma de círculo. ¡Claro, estoy confundiendo redondo con circular!. Luego pienso en la Tierra, y leo que ya postuló Aristóteles que la Tierra era redonda. Tales afirmó que la Tierra tiene forma de bola, bastante hace más de 2500 años. El caso es que se habla siempre de plana frente a redonda, no esférica, en todo caso: de esfera chata. No sé qué pensar.

Tampoco me puedo resistir y acudo de nuevo a la santa RAE, o DRAE, con ‘d’ de diccionario. Sorpréndeme la definición que el sacro sitio hace de croqueta: “Porción de masa, generalmente redonda u ovalada, hecha con un picadillo de jamón, carne, pescado, huevo u otros ingredientes, que, ligado con besamel, se reboza en huevo y pan rallado y se fríe en aceite abundante”.

¿Se puede saber desde cuándo las croquetas son redondas? Además, insisto, ¿redonda? ¡esférica! que un redondel es plano, que tiene dos dimensionares y las croquetas, salvadas de la IA, gozan por ahora de las tres dimensiones. Redonda es la sección de una botella, redonda es incluso la sección de una croqueta, de forma ovalada como dice en el cuerpo de la definición.

¡Que me pierdo en divagaciones! Vayamos al origen de la croqueta, alimento de aprovechamiento por excelencia. ¿Que se hace cocido, pollo asado, merluza al horno?, con los restos y un poco de harina y leche sale una besamel, se prepara y extiende -punto fundamental, el grosor del preparado es cercano a la pulgada- la masa en una fuente; se deja endurecer en la nevera; y al día siguiente, utilizando dos cucharas y mucha paciencia, se preparan las croquetas. (Se admite la licencia del uso de manga pastelera, revolución en la confección) Del tamaño de los cubiertos depende el resultado. Se dejan en un plato o tabla y se van sumergiendo en huevo batido y pan rallado. Primero en uno, luego en otro, en sendos platos soperos. Los más expertos no se manchan las manos, con las mismas cucharas se completa la operación entera. Es un espectáculo hipnótico ver a alguien con maña hacer croquetas. Late la ilusión de comérselas después de fritas. Elaboradas de esta manera, la forma esférica es imposible y la ovalada es solo una consecuencia lógica del procedimiento. Para hacer esferas se requiere otro método, bien a mano, palma abierta sobre la porción de masa arrancada del todo y un ágil movimiento con la palma sobre el alimento, aplicando la presión justa y haciendo movimientos circulares cuyo eje es el de la bolita. Tal cual se hacen las albóndigas o las bolas de arena mojada en la playa. Las bolas de papel mojado para hacer guerras, las bolas de nieve, en fin. Hay quien usa vaso o taza y no se mancha.

Reivindico la croqueta con forma de obús. Esta fisonomía contribuye a su perfecto cocinado posterior, costra exterior crujiente sin ser dura, que preserva en calor del contenido con tendencia sublime a la licuefacción. Está claro que la RAE está algo obsoleta, no solo en cuanto al contenido de la croqueta, que las hay de boletus, morcilla, queso verde,…como en cuanto al rebozado, alcanzado también por la modernidad, se sustituye el pan rallado por quicos, semillas variadas, incluso el huevo se cambia por mejunjes variados, aptos para los intolerantes o alérgicos. Y muchas otras ideas que no quiero ni mentar. Pero la forma, señores, de la croqueta, no se debe perder ni desvirtuar. Por favor no recurran al paralelepípedo, que da una idea inequívoca de producción en serie. Y le quita hasta la gracia. Sería el principio del fin, solución aberrante que ni Los Tiempos Modernos deberían aceptar. ¡Que vivan las croquetas y las albóndigas! Pero que vivan separadas.

06/01/2026

HEROES

¿Se le ocurre a alguien algo más sexi que Bowie cantando Héroes? Con sus ojos bicolores. Ya solo por eso es un ser único. Su rostro concentrado,  angular y agudo; una boca que baja las comisuras, y cerrada esconde sus enormes dientes, su flequillo libre y rubio platino cayendo en plancha sobre su frente. Con esa contundencia en su figura, en sus movimientos,  seguro por el escenario. Sopla el viento y vuela el pelo como si estuviera cerca del mar. We can be heroes. ¿Como no vas a ser héroe?. Lo que tú digas. Reverencias te haría de admiración. Manos el alto, palmas.

Esa voz que sale de atrás, profunda y seria. Abre la boca tras el micro y asoma la dentadura de su sonrisa. ¡Bendito él que eludió la ortodoncia! And I, I’ll drink al the time. Baila de un modo casi imperceptible, moviéndose en corto, con un ritmo implacable, en un elegante traje de chaqueta. ¿Cómo se puede ser tan sexi cantando Heroes vestido de oficinista, por favor? Dobla la rodilla, movimiento de cadera leve. Sonríe. Enseña los dientes como diciendo ¡grrrrr!. ¡Que te como!, casi infantil. Esos paletos enormes que luce, casi vampíricos. Cause we’re lovers. Domina con un ritmo sutil y bárbaro el escenario. Encandila con contundencia.

Se retira brusco el micrófono de la boca. Recupera: You can be mean. El público aplaude en estado hipnótico. Está solo Bowie en el escenario, rodeado de músicos. Casi no mueve los labios. ¿De dónde sale esa voz? Fluye sin aparente esfuerzo. Va de la calma a lo más alto, pasando por los registros que le da la gana. Como si estuviera inventado la letra o cómo interpretarla en ese momento. Está serio y de pronto empieza a hacerse enorme, a sonreír.  I’ll be king and you will be my queen. ¡Olé!

What'd you say? Pues que sí, que quiero ser mala, sólo por un día, que bebas tú toda la jornada. Que vamos sí, que vamos a ser héroes, solo un día. Que nademos como los delfines. El público aplaude entusiasmado. Solo se ven brazos arriba dando palmas al ritmo que imprime Bowie.

Gracias por esta canción, por esta fuerza, por ese chute de energía que siento cada vez que te oigo cantarla. Gracias corriente alterna que se vuelve continua, o al revés. Enciende estadios con su potencia. Cortocircuita la miseria de las letras banales. Llena de esencia y sentido cada acorde. ¡Viva!

Leo que está inspirada por una pareja que se besaba junto al Muro de Berlín mientras él observaba desde un estudio cercano. Dicen que habla de cómo dos amantes, desafiando el peligro y la separación, pueden sentirse héroes por un día. No sé. Es brutal.

Todos deberíamos ser héroes , aunque solo fuera por un día.

I, I will be king
And you, you will be queen
Though nothing will drive them away
We can beat them, just for one day
We can be heroes just for one day
And you, you can be mean
And I, I′ll drink all the time
'Cause we′re lovers, and that is a fact
Yes, we're lovers, and that is that
Though nothing will keep us together
We could steal time, just for one day
We can be heroes for ever and ever
What'd you say?
I, I wish you could swim
Like the dolphins, like dolphins can swim
Though nothing, nothing will keep us together
We can beat them for ever and ever
Oh, we can be heroes just for one day
I, I will be king
And you, you will be queen
Though nothing will drive them away
We can be heroes just for one day
We can be us just for one day
I, I can remember (I remember)
Standing by the wall (by the wall)
And the guns shot above our heads (over our heads)
And we kissed as though nothing could fall (nothing could fall)
And the shame was on the other side
Oh, we can beat them for ever and ever
Then we could be heroes
Just for one day

hook

We can be heroes
We can be heroes
We can be heroes
Just for one day
We can be heroes

outro

We′re nothing, and nothing will help us
Maybe we′re lying, then you better not stay
But we could be safer, just for one day
Oh-oh-oh, oh-oh-oh, just for one day

04/01/2026

LAS ESTUPENDAS DE R.D

No. No me refiero a la querida república. Más bien a Don Rubén, poeta, el de la princesa. La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?  Padre se sabía el poema entero, ventajas de la educación de la memoria, denostada en épocas de disipadas disciplinas. Aprendimos de la libertad y del olvido. Al grano: Rubén Darío no es solo el nombre de una estación, de una parada, de una boca de metro. ¡Acabáramos! Don Rubén sin saberlo escribió frases que nadie sabe que son suyas, 'juventud, divino tesoro" y sobre todo, "la princesa está triste, ¿Qué tendrá la princesa?', Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado de su clave de oro; y en un vaso olvidado se desmaya una flor."  El tono de la lectura ha de ser tal que invoque a una caída lánguida de la mirada y el ánimo al final del verso. Padre mencionaba a la princesa cuando las lágrimas amenazaban. Estoy aquí, para lo que necesites.

Pero no quería hablar de poesía, ni de mi padre. Aunque los padres están en todas partes. En la plaza que toma prestado su nombre al poeta hay un solemne edificio de forma de arco de circunferencia, que acompaña con elegancia la forma de la plaza; en el edificio un portal; para entrar, un portón que no desmerece el aspecto general; un vestíbulo generoso con sofás para la espera y el diálogo; a otras cotas: las viviendas, principal, segundo…. El ínclito edificio fue refugio en alguna guerra. 

En fin, dichosos los poetas, el caso es que el local del bajo de la conocida plaza, alberga en la actualidad un centro de Yoga.  Actividad de moda en la actualidad, saludable tanto para mente como para cuerpo. Se trata de un secreto a voces entre la alta sociedad madrileña, entre lo más selecto del barrio de Almagro y Salamanca. Solo se conoce por el boca a boca. La aristocracia de las mujeres en buena forma, las estupendas, solo comparte con las más íntimas la ubicación de tan preciado secreto. Que hoy desvelo sin pudor pero con miedo real a las represalias. Nadie puede desmerecer el poder de un grupo de mujeres concentradas en la respiración y posturas imposibles puede llegar a tener. Ríanse ustedes. El Centro, como Enrique Busián, no tiene puerta de calle, está en los intestinos del edificio. Escondido a la vista en su interior, Don Rubén se sorprendería de la algarabía de la planta baja si al salir a fumar a su balcón con vistas, compartiendo confidencias con Don Joaquín, a quien por cercanía cada tanto frecuentaba. (se trata este encuentro imaginario, nacido en mi cabeza. No sé Sorolla y Darío se conocieron, si fueron o no amigos. Solo me hace gracia imaginarlos en un balcón mirando a la plaza  y observar el trasiego a la entrada de la casa, muy de mañana) Se asombraría cual portugués (de que los niños en Francia hablasen tan bien francés). Se trata de una fauna de estupendas que cruzan el Paseo de la Castellana por el puente de Juan Bravo a la sazón puente de Enrique de la Mata Gorostizaga. Esa fauna de féminas consta de chavalas adultas y no tanto. Con el pelo perfecto en un recogido del que no se escapa nada; cuando de canas, de canas; si tornasolado, lo mismo y si es tinte o mechas, cada cosa en su lugar. Frecuentan las melenas. Coleta con la goma de los espárragos. Casual y perfecta. Embutidas en perfectas mallas, no adquiridas en tiendas populares si no en locales exclusivos, el ropaje recoge los eventuales defectos, que son pocos, y dan un aspecto elegante y conciso a las damas. Se completa el atuendo con un chalequito ceñido que cubre la camiseta o sudadera. Zapatillas sin mácula de polvo o suciedad, como si no tocaran el suelo al caminar, como no fueran susceptibles a la vorágine de las aceras salteadas de pecios previo a la limpieza soplada de los afanados porteros de la zona, o como las damas hubieran llegado volando.

El caso es que hay un centro de yoga que es lugar de reunión de esta élite, de estas mujeres que se conozcan o no, pertenecen a un selecto grupo, son la aristocracia oculta de la capital. En esas clases unas profesionales ad hoc organizan, entrenan, adiestran, a esas madres, mujeres de, jefas de servicio de la Princesa, o responsables de operaciones de grandes compañías, “bigfour”, directoras, ejecutivas agresivas o no, mujeres de éxito personal y profesional. Acuden discretamente a ese nudo gorgiano que solo las elegidas conocen. Entran con la cabeza alta y salen llenas de vida y con energía renovada, tras una sesión de posturas imposibles y paz, seguramente enfrentan al nuevo día con conexiones desconocidas para los mortales. Si no eres yogui, ni eres nadie. Que lo sepas.


Decathlon ha democratizado el deporte y ha hecho tabla rasa, nos ha hecho la ilusión de estar todos al mismo nivel. Falso. Siempre hay clases, siempre hay niveles, no existe la igualdad, ni en el deporte ni en la vida; para eso ha venido el yoga, para poner a cada uno en su lugar. Ha hecho su selección y ha elevado a la élite, a lo más exquisito de la sociedad, a la práctica de determinadas actividades deportivas que solo los elegidos son capaces de llegar a entender. Porque requiere el oro de nuestros días, que es el tiempo y la plata, la reflexión. Así la práctica del yoga es como llevar un diamante, algo presuntamente discreto e inabarcable a la vez.

Madre, mi madre, se hubiera apuntado a yoga, y seguramente habría acudido atravesando el puente de Juan Bravo, con zapatillas doradas y la estera en ristre a las clases que imparten chavalas estupendas llenas de paz y armonía, en un ambiente zen de serenidad, sosiego, tranquilidad espiritual, donde la respiración es el eje del ejercicio y el sudor fruto del esfuerzo mental de la concentración y el control de la posición. Apuraría mi madre un chester sin filtro antes de entrar a clase y a la salida acudiría en animada conversación, acompañada de nuevas amigas de su actividad reciente o no, a algún café cercano donde daría cuenta de un buen pincho de tortilla antes de enfrentarse a la jornada. Moderna ella pero sin renunciar a su esencia. Volvería en taxi a casa o al Hospital. O quedaría con padre.

Pero no se dejen engañar, es condición necesaria ser VIP para acudir a esas clases, es denominador común la indumentaria selecta, que no parece deportiva de lo elegante, que contiene las carnes alisando los  bultos celuliticos, agrupa tensiones y disimula errores. Llevan un pelo perfecto, que no se descoloca tras el ejercicio ni se atribula, no le afecta la humedad, ni al cabello ni al maquillaje. No se dejen engañar es condición beca pero no suficiente. Se puede usted embutir en tal ropaje y adquirir un aspecto inevitable de morcilla de Burgos que le va a delatar an cualquier ambiente, las puertas no se abrirán a su paso. Es un coto vedado. No admite intrusos.