Ya está confesado. No vi la final España - Argentina. ¿Soy la única persona que no vio el partido? ¿Es pecado? Ni a medias lo vi, ni de refilón. No encendí la tele. No voy a presumir de intelectual, me quedé frita viendo una serie: ‘Crimen en el Paraíso’, que no tiene nada de profunda ni sesuda. Me gusta porque transcurre en una isla pequeña del Caribe, donde pasan muchísimas cosas, para lo pequeña que es y la diminuta comisaria que se encarga de encontrar a los malos a contracorriente. Me gustan lo colorido de la vestimenta y el paisaje y el mar. Me gusta el mar. Y me gusta que un detective británico, que siempre es el jefe, supere sus británicas manías e incluso su británica adicción al te para darse al ron y a las cervezas (que por cierto, guardan en una nevera de la comisaría).
No
vi la final pero estoy igual de emocionada y de contenta. Me siento súper
española, súper orgullosa; colgaría la bandera si tuviera balcón, engancharía
latas tricolores en mi dos caballos como un recién casada, me pintaría de rojo
y amarillo los mofletes y la frente y me echaría a la calle a esta noche a
petar la Castellana después de haberme subido ayer a espaldas del mismísimo Don
Cristóbal.
Pero
no vi el parido.
Fui
a dos colegios, en uno estaba prohibido
el fútbol. Solo había balones de baloncesto, sin recreo. Solo básquet. En el
otro, el patio era tan pequeño que se jugaban varios partidos a la vez, de
fútbol y de baloncesto y de beisbol, cuando se descubrió. Se compartía
portería, marcada con precisión a base de montañas de jerséis.
En
cualquier reunión de amigos, vengan del cole que vengan; sobre todo los chicos,
son candidatos a quitarle el puesto, que no la voz, al mejor comentarista
deportivo. Hablando de la técnica de cada jugador, del juego de equipo. Que si
Lamine quita un defensa al equipo contrario, del miedo que le tienen los
contrincantes, aunque no marque, La técnica de un equipo sin estrellas. Que si
Simón debía ser suplente. Que de porteros andamos sobrados. Que somos los
mejores. ¿Y si somos los mejores bueno y qué? Que si la selección Argentina es
canchera, ¿no será un eufemismo de macarras? Que se lo digan a los ingleses. Vivan los ingleses, por cierto. Hey Jude!
Y
después, que si Cucurella y su tatuaje y lo majo que es, que no es capaz de insultar a Mesi y
menos tapándose la boca. Ferrán y su sufrimiento por la mala crítica que le ha
hundido durante meses y le ha hecho dudar de sí mismo. Y ese golazo que borra toda
pena. Cantándole viva san Fermín a Merino. El conocimiento que tiene la gente de fútbol es inmenso, no sé cuánto tiempo y cuantas cañas le han dedicado, pero resulta apabullante. Es de tesis doctoral.
Los
comentarios se salpican de apuestas y brindis. En el post partido la sabiduría
futbolera se expande. Salen los detalles. Rodri, que es titulado en ADE y
esposo de cirujana. Porro, que se crio son sus abuelos. El aguante de todos a
la provocación de la albiceleste que conseguía fingir pisotones, dar collejas, insultar, intentar provocar. Que España iba a lo suyo, a no dejarse
manipular. Mente fría y objetivo nítido. No ofende el que quiere, si no el que puede. Cancheros, que no hay mejor desprecio que no hacer aprecio.
En
la tribuna algún español que no luce nada rojo. ¿Falta de confianza en la
selección? ¿Desinformación o desconocimiento del protocolo? ¿Ganas de llevar la
contraria? A uno de los anfitriones le traicionó el subconsciente al
elegir la corbata encarnada.
Partido
completo y una prórroga de infarto, viendo a unos chavales que lo intentaban
todo, a alguien se le escapó ¿Cuándo van a salir los titulares? Gracias Roja,
por encender la ilusión y la alegría. Gracias por poner a todos contentos.
He
leído que la celebración por la victoria de llamada Roja, frente a la selección
Argentina fue de tal envergadura que se registró en los sismógrafos. Que el IGN percibió la alerta. Hay que reconocer que solo el fútbol es capaz
de hacer sonar las alarmas por un posible terremoto. Hemos
pasado del riesgo de la ola y la entrada en resonancia de las gradas al peligro
de tsunami. De oca en oca.
Pero
no vi el partido. No sé si arrepentirme ya.





