Seguidores

23/03/2026

JR LOVE STORY NO PLOT

  Con motivo de la serie Love Story, ahora están saliendo del armario todos los admiradores de John John  y las de Carolyn. Jr,  salvando las distancias y con todos los respetos, es de los hombres más guapos del mundo mundial y su chica otro tanto. Muchísimo más guapos ambos que los actores que los representan en la serie, que por cierto no tiene ningún interés más que lo guapísimos que son los dos.  No conozco pareja que se diga semejante tonterías durante todo el día. Los diálogos son absurdos, la trama es muy poco interesante por no decir inexistente. La ausencia de argumento es patente. Pero el glamour que tiene ese chico no tiene no tiene parangón. Y ella. Pero es que John John era el novio de América, fue el hijo de América y luego el novio. Ella conquistó su corazón y podía haber conquistado el de los puñeteros Estados Unidos de América con todos y cada uno de sus habitantes y sus banderas.



Hoy vayas por donde vayas, salen como setas personajes que jamás confesarán haber visto la serie. No tienen tiempo, dicen. No veo esas bobadas, enarbolan banderas de gente sesuda. Que ellos no ven series, solo películas de autor. ¡Una mierda! Con perdón. Por cualquier calle de Madrid te empiezas a encontrar chavales, y no tan chavales, con la gorra hacia atrás. En vez de chándal, calzón ancho para correr y una desenfadada camiseta blanca recién planchada.  Son mayorcitos algunos. La visera  para atrás, pantalones cortos por la rodilla montando en una bicicleta que han sacado del trastero de sus abuelos porque es más vieja que la tana.

Por no hablar de las féminas. Esas chicas intentando emular la inigualable melena de Caroline. Que no se puede imitar, porque es de otro planeta, de un rubio y longitud descatalogados. Melena que tapa con ese pañuelo azul, haciendo nudos en las esquinas, con un gesto sencillo. Tipo bandana, que ni es coleta ni es diadema . Cuidadito con las imitaciones que puede parecer que te has recogido el pelo para pasar la aspiradora o hacer los baños. No siempre vale copiar, el resultado puede ser nefasto. Para llevar semejante pañuelito y que te quede bien hay que tener mucha personalidad o asesores de imagen. Ni lo intentes. Esa mirada entre tibia y glacial o de resfriada, que no se sabe si se pasado la tarde llorando; que tampoco la tiene nadie. 

Se han agotado en Shein las gafas tipo Adelina Optique (Aldo) ovaladas tras la que oculta ella su mirada. Las de él tipo Ray-Ban, más comunes, han sigo recuperadas del baúl de los recueros para salir a la calle en cuanto ha salido el más tímido rayo de sol. Vamos a imitar el color del esmalte de uñas, la vestimenta entera, con sus zapatos Oxford incluidos, hasta la manera de llorar o descolocarse la melena y morderse el labio de ella. Hasta hacernos daño. 

El fenómeno Jr ha llagado y las calles se han llenado de aspirantes. ¿Qué nos fascina tanto de la pareja? ¿Qué les hace divinos para gente tan dispar? Con el trágico final de la pareja, con la poca vida que pudieron compartir, ¡hay que ver cómo se nos da de bien a los humanos ensalzar vidas ajenas, idolatrar en masa y tan pronto olvidar. No hace falta argumento. Pero ha sido un éxito sacar la serie a la antigua usanza, un capítulo cada viernes. Temazo. Expectativa.

08/03/2026

ESTÁS PARA ENTRAR A VIVIR

Estar entre amigos es la más grande medicina. Bálsamo de Fenegrás. Estar entre amigos es manantial de energía, alegría. Estar entre amigos enriquece, ensancha, amplía horizontes, alimenta. Estar entre amigos, como decía alguien que fue grande también, es estar en brazos. Estar entre amigos mezcla las risas y las lágrimas sin solución de continuidad. Estar entre amigos es una función discontinua de salto infinito. Que de pronto parece marcharse allá donde no se cruzan los caminos y sin aviso vuelve desde lo más recóndito del mundo o de la casa de al lado. 

Entre amigos tanto da hablar de política como de quitameriendas, porque nadie quiere tener razón. Y todos te la quitan. Y cada uno tiene su rol, el que habla todo el rato, el puntilloso, el que no dice nada, el divertido, el desternillante, el plasta, el triste, el ligón, el soltero de oro, el que habla y nadie le entiende, al que le pasa de todo, el protagonista, el agonías. Estar entre amigos da calor en invierno y fresco en verano. Estar entre amigos alivia los males y refuerza el carécter también. 

Lo que quieres es estar ahí, y que no se acabe la tarde, la noche, la semana. Estar entre amigos es un cóctel que te chuta alegría y energía en la yugular. Estar entre amigos te despierta del letargo en el que mezclas a diario las reuniones, los informes, las ponencias, el mistol y la coliflor. Estar entre amigos te quita el hambre y la sed. Porque cuando estás entre amigos no necesitas nada más.

En las veladas de amigos, si esperas lo bastante, siempre llega esa hora mágica de la exaltación (a veces posterior a la del reproche, que de cuando en cuando, toca). Bien por la ingesta, bien por la influencia de la luna, en un cierto punto empiezan las confesiones y los achuchones y los besos. Las palabras que no se dicen y las que se repiten. Abrazos en medio de la música y el frío. Que no sabes lo mucho que te quiero. Que sí lo sé. Pues te lo digo otra vez para que no se te olvide.

Cuando has recorrido un camino, que a cierta edad ya es largo, hay mucho cadáver en la cuneta, en sentido literal o figurado. Los cadáveres reales se añoran, los figurados se entierran procurando olvidar. Los seres querido que se fueron se traen al presente con respeto y con amor, se recrea el anecdotario que les hace seguir vivos. Se repasan historias y se alimenta el recuerdo. Esos amigos están aquí 

¿Qué es la vida sin esos amigos con los que hables de lo que hables le estás diciendo lo mucho que les quieres?. ¿Qué sería de la vida sin los amigos?. Los amigos que te hacen reír, los amigos que te acompañan sin condiciones. ¿Qué será la vida sin ellos?. Esos amigos con los que lloras en público porque relajas tanto las defensas y protocolo que olvidas formalidades y bobadas. 

¡Estás para entrar a vivir! Es el mejor piropo del mundo mundial. Y llega como una bala, veloz e incisiva, de un amigo después de alguna regañina, que de todo tiene que haber y se encaja como un buen derechazo. Estás para entrar a vivir. Ahí lo dejo.

05/02/2026

SUS LABORES

He visto un vídeo, un anuncio, un reel, buenísimo. En la imagen aparece un chico de edad incierta, treinta y tantos. Podrían ser más, o menos. Está tirado en un sofá con la tele puesta, el móvil en la mano y una cerveza abierta en la mesa donde también descansan su pies descalzos. Vestido como que acaba de llegar, la corbata en el apoyabrazos, pantalón de traje y camisa con los dos botones de arriba desabrochados. La chaqueta doblada en el respaldo del sofá. Detrás de él, en una cesta de mimbre sobre la mesa del comedor, una montaña de ropa suciau. Aparece en la imagen una mujer, más o menos de la misma edad. Coleta alta que indica que se ha recogido la melena de cualquier manera, con la goma de los espárragos. Se va a arrepentí cuando se la quite. Lleva un vestido de flores, deportivas y las y le dice “madre mía¿ has visto toda esa ropa sucia?” Y después  suelta algún improperio. El chico se levanta raudo y cariñoso a calmarle. Te tenía que contar, no sabes de lo que me he dado cuenta, no te preocupes- le dice- hay un duende en esta casa. Vengo observando desde que nos mudamos, cuando dejo los platos de la cena en el fregadero al día siguiente han desaparecido. Cuando me levanto siempre  está  la cocina recogida y limpia, el friega platos vacío y hasta la mesa puesta del desayuno y el café preparado, solo tengo  que encender el fuego. Hemos tenido muchísima suerte con esta casa. Mira, tienes que probar , cariño, yo me quito los calzoncillos todos los días y los dejo en el bidé, pues cuando voy al cuarto de baño al levantarme, no están, y por la tarde o al día siguiente, aparecen limpios y planchados en mi armario. Es magia. Esta casa está encantada. De verdad que hemos sido afortunados, nunca nos vamos a mudar. ¿Has visto como están las plantas del jardín? Si hay más flores que en el retiro. ¿Y los cuartos? Hasta el cuarto de los niños está recogido, sin montones de ropa por los suelos, y cuando voy a darles un beso por las noches no están todos los juegues por el suelo, que si vas a oscuras te matas. Que va. Y hasta las camas estas hechas a mediodía cuando vengo a comer, la nuestra también, amor, la nuestra también. ¡Noooo, yo no la hago! ¡No te digo que es magia!. Es que es estupendo. Y da igual que cocinemos patatas fritas y huevos, o esas cosas que te ponen nerviosa porque se ensucia mucho la cocina. A lo mejor son unas  palabras mágicas, no sé. El caso es que al levantarnos está todo limpio y perfecto. Relájate que ya verás como mañana no está ahí esa ropa. Anda, vente a ver la tele conmigo o te pongo un vino y me cuentas tu día. Deja, deja ahí la basura, ya verás como mañana no está. No te preocupes tanto. Y lo mejor es el fina, la nevera, es que nunca falta de nada. Un día hago carbonara y pienso uy casi no queda guanciale. Al día siguiente ya hay. Leche, para pasar una pandemia, papel higiénico, pasta de dientes. Todo. Y además justo los ingredientes para lo que hemos pensado cocinar al día siguiente. Hasta he pensado que nos espían. ,

Y es que eso son las tareas del hogar, un misterio que nadie ve. Los platos van al friegaplatos o se lavan, se secan y se guardan. La lavadora se carga, se saca y se tiende, se destiende, se plancha y se guarda. Las sábanas están limpias porque se lavan, como las toallas; se barre, se friega, se limpia el polvo, los cristales, los baños, los espejos. Porque la pasta de dientes no se quita sola del lavabo. No. No la costra de polvo se disuelve de la parte alta de los marcos de los cuadros. No. La mugre se acumula día a día,  como material sedimentario que es. Las capas minúsculas se convierten en estratos de espesor y consistencia variable que van haciéndose dueños de las superficies horizontales.

La papeleras hay alguien que las vacía. Por no hablar de la compra. ¿Quién lleva el cartoncillo del papel higiénico a la bolsa del cartón? ¿Quién se da cuenta de que es el último? ¿Quién se da cuenta de queda poco y hay que comprar para que nadie tenga que salir con el culo en pompa del baño? Que queda poco café, papel de plata, bolsas de basura. Esas insignificancias que hacen la vida un poco más agradable. Quién. Aladino un su mágica alfombra hace viajes en continuo.

Y eso ocurre todos los días. Y todos los días alguien va por detrás de los demás haciendo que su vida sea más agradable. Con un paño blanco en una mano y muy buena disposición , una generosidad sin límites. Porque se trata de un trabajo ingrato e infravalorado, normalmente asociado a la madres, en muchos casos a las mujeres, retribuidas o no. Las tareas del hogar son el infinito y no donde se cortan dos rectas paralelas. Es un trabajo que no acaba nunca y que es circular, no tiene límites, es inmenso y cuando se ha terminado de fregar el suelo por pequeña que sea la casa, ya se ha ensuciado en algún sitio.

Se ha decidido subcontratar en gran medida todo lo relacionado con el hogar. Incluso acostar a los hijos. Ante una actividad no remunerada si no se externaliza, se ha pasado a encargárselo a otro, al que sí se le remunera. De esta forma se establece una cadena en la que nadie se ocupa de fregar sus propios cacharros, porque incluso quien se dedica a eso de forma profesional, debe encargar a alguien mucha de sus propias tareas, para las que no le queda tiempo. En este “nunca prescindas de la muchacha” que le dijo mi abuela a mi madre cuando se iba a convertir en su nuera, hay una cesión y entrega de llaves dando acceso a la intimidad que nos hace a todos vulnerables.

En todo ese trabajo hay una carga de fondo que es el cuidado el otro. Cuando se cocina es evidente que un piensa en los demás, en hacer algo rico con lo que todos disfruten, en el día a día, la familia. Pero en todos los aspectos que supone las llamadas sus labores exigen ese trasfondo, que la cama esté hecha y huelan a limpio las sábanas, el suelo barrido son las migas de ayer, el espejo del baño limpio, los cristales sin churretes que dejen entrar la luz; las mesas recogidas. La ropa limpia y planchada. En fin. Está quien lo hace cuidando al otro. Aunque la realidad es que quien lo hace está despotricando. Lleno de reproches hacia el resto de los habitantes, que no se dan cuenta de que la basura está llena o el friegaplatos ha acabado. Y hay una torre de ropa sucia. Al delegarlo en otros, por dinero, nos estamos equivocando en la educación o con tanto éxito profesional estamos descuidando el núcleo de la vida familiar. Mucho CEO y mucha CEA pero nadie llena la nevera, las casas dejarán de ser hogares.


01/02/2026

DORMIR CON FRÍO

 

Una vez aclarado que Frío no es nombre de varón y que no me refiero aquí a dormir con alguien ni entrar en detalle de lo que eso supone, que quizá sea objeto de otra columna; si no que quiero hablar aquí de dormir con frío, en minúsculas. La circunstancia está intrínsecamente asociada a dormir solo, ya que la compañía además de otras muchas cosas, aporta calorías que ninguna nórdico (edredón) es capaz de alcanzar. 

Procedo a explicarme, que veo que voy por otros derroteros, que me salen meandros en este riachuelo. He leído que dormir con frío alarga la vida. Por lo visto. La temperatura ideal para un sueño reparador se sitúa entre los 15 y los 19 grados y este descanso profundo favorece la producción de melatonina y serotonina, hormonas que mejoran el estado de ánimo y reducen la ansiedad. “En un mes, al dormir a 19 grados, observamos un aumento de la grasa parda y una mejora en la sensibilidad de la insulina” ¡La grasa parda”… En fin.

Sé de uno que va a ser eterno. Desde que, por circunstancias, vive solo, se ha acostumbrado a encender poco la calefacción. Viviendo como vive en mitad del Pirineo, no es de extrañar que reciba pocas visitas. En su casa hace tanto frío que tiene que quitar el vaho de las cristales para saber si llueve o nieva fuera. Otra opción es llamar a un vecino, que a veces no basta el aliento para vislumbrar el cielo y adivinar la meteorología al otro lado del vidrio. Se forma una costra en el vidrio, que en verano es rocío y en invierno un hielo difícil de quitar. En su casa hace tanto frío, que a veces le castañean los dientes. Pero él se abriga y ya está. O aprovecha para arreglar esto o aquello, tumbarse a ver la tele en el salón no es opción. Aún no hay estalactitas en la chimenea, gracias a que de vez en cuando caldea el salón con unos leños. Su horario y obligaciones le impiden estar en casa el tiempo suficiente para confiar al fuego la temperatura del hogar por eso no enciende más.

Todo empezó porque un día al entrar en casa empezó a quitarse capas hasta quedarse en camiseta, en pleno invierno, y pensó y ¿si bajo de 24ºC a 23ºC el termostato? No tenía sentido ese exceso. Le había llegado una factura de la luz que le dejó helado (viene a cuento el adjetivo) y a pesar de no estar en necesidad económica, mi amigo es de los que se molestan si se les toma el pelo. Llega a casa de noche entre semana; total, para cenar ya templa la cocina; el perro, un enorme pastor alemán, vive en el jardín, tanta calefacción ¿para qué? Con tal de que no revienten las tuberías…Apenas notó la diferencia por un grado. A la semana lo bajó otro grado. Se fue motivando. En un mes estaba a 18ºC. 

Ahora cada grado es un logro, un escalón. La factura de la calefacción ha bajado en picado. Se le han hecho los ojos chiribitas. ¿Y si lo bajo un poco más?. Siendo la temperatura al otro lado de la puerta de la calle de menos 10ºC, el efecto cálido de entrar en casa se mantiene, aún estando el termostato a 15°C. Él es un hombre de principios y la vida le ha enseñado a no rendirse. Llega a casa con energía. En el coche, de vuelta del trabajo iba, deja que el calorcito le abrigue durante  el camino; al llegar, entabla conversaciones consigo mismo, de aliento, mientras recoge el salón o la lavadora, entreteniendo en un ajetreo de tareas del hogar la diferencia térmica. Anda rápido por la casa si recibe una llamada de teléfono.

Cuando llega la hora de acostarse lo hace sin pensar, procurando pasar de las prendas de diario al pijama como si estuviera de campamento, desnudándose en medio de desconocidos: no deja que ninguna zona del cuerpo quede al descubierto sin tener otra prenda preparada para cubrirla. Y de ahí pasa a meterse bajo el edredón y una capa de mantas heredadas que pesan más que abrigan. Dentro de la cama se concentra en el éxito, un día más. Prohibido el uso del calcetín o el gorro, aunque la tentación le asalte. La elegancia y saber estar por encima de todo, aún sin testigos, que la soledad no es excusa para el abandono. Una vez calentado el hueco que ocupa, es una momia, no se mueve. Se anima a sí mismo con su nuevo logro. Un día más. La nariz, imprescindible que quede fuera de las capas de abrigo. Se levanta con el rostro como si hubiera estado en un spa. De la cama a la ducha cada vez tarda menos, y el café, caliente, caliente se ve el humo salir de la taza y detrás de la ventana, la escarcha. Ya lo decía Alaska:

Todo el mundo me pregunta

Qué me pongo, mis secretos de belleza

Y yo siempre les contesto "mucho frío"

Me miran con extrañeza. 

No se creen que yo duermo en un Frigidaire

Y que el hielo me conserva muy bien.

Las ganas que tiene mi amigo de que llegue el verano.


30/01/2026

SÉ QUE ESTOY EN FORMA SI CRUZO LA CASTELLANA DE UNA VEZ

Este es un tema muy local. La dificultad de atravesar como peatón una gran arteria de circulación. Pero imagino que hay avenidas iguales a la madrileña Castellana, en el todas las ciudades y cada uno puede imaginar la suya.

En Segovia más que calle, la pericia es necesaria para atravesar la plaza del Azoguejo; ya sea en coche o andando. De hecho, en los exámenes de conducir, ese punto de la ciudad es la prueba de fuego. En Barcelona serán las Ramblas, supongo. En Londres, Trafalgar se lleva la palma para mi gusto, sin contar con el peligro añadido de a dónde mirar, si izquierda o derecha y los muñequitos cambiantes que lucen en los semáforos que, quieras que no, desconcentran; en París, los Campos Elíseos; en Roma cualquier calle es una aventura para cruzarla, circular por ella, andar, ir en bici, solo un romano sobrevive sin infartar al tráfico de la ciudad eterna. También están esas ciudades orientales con pasos de cebra en equis, estrella; formando un guirigay que te hace olvidar a dónde vas. Y por fin está el pueblo de Navacerrada. En el paseo de los españoles hay un paso de cebra que no llega a la acera, si no a un murito que alberga unas bonitas petunias y hay que rodearlo, manteniéndose uno en la calzada por donde vuelan los coches y ya fuera del paso de cebra, para alcanzar la acera, que en este caso es un magnífico y sombreado paseo.

Yo en Madrid sé que estoy muy en forma si cruzo la Castellana sin pararme en la mediana. De un tirón. Pero en forma tipo deportista de alto rendimiento, previo a mi participación en la Maratón, en forma sin colgajos. Atleta, diría mi primo Javier. El asunto no es tanto debido a la distancia a recorrer sino a que los semáforos de la Castellana están puestos a traición. Si sales de Industriales ni de coña llegas a Zurbano del tirón. Si llueve y no tienes paraguas, te aguantas, porque te va a tocar pararte al menos una vez en el recorrido. Por no hablar de los quiebros que hay que dar, porque la línea recta para cruzar es una utopía. Es decir, bajas por la cuesta del chiringuito, pero te tienes que ir al semáforo, hacia Viriato o hacia Pedro de Valdivia (si vas para allá hasta María De Molina no puedes cruzar si no es arriesgando la vida. Hacia el otro lado, una vez rebasados en dos tramos los carriles centrales, te toca andar por el bulevar para cruzar Zurbano. Que, si vas a los ministerios, otro gallo cantaría, pero tampoco llegas. Poca broma.

Pero todos los puntos para atravesar la avenida tienen su detallito, a excepción, claro está del elevado de Juan Bravo, donde cada tanto un amigo cliclista y yo nos vemos o quedamos, hay opiniones.  Si no es el carril bus, son las terrazas ¡benditas terrazas que nos permiten fumar y ser libres aún!, casetas de obra, paradas de autobús, semáforos no alineados, semáforos solo para vehículos. Por no hablar de alcorques dañados por las raíces expansivas, aceras levantadas, baldosas mina (de esas que cuando llueve te decoran el pantalón), charcos eternos porque no drenan las alcantarillas. O puntos neurálgicos como Colón, Atocha, Gregorio Marañón o Emilio Castelar, donde el azar es el único aliado para cruzar correctamente; o Plaza de Castilla o La Paz (ahí hay un paso subterráneo con sus cantantes y todo, con eso ya está garantizado que el cruce a nivel es inviable) y que si quieres ir de la Paz al Vips de enfrente lo mejor es cogerte el metro. Este problema del norte va a desparecer con el súper parque.

Mucho se habla del semáforo de la calle Belén, el más breve de Madrid, o del de José Abascal, que tarda tanto en cambiar que el malabarista que entretiene a los conductores tiene tiempo de terminar su número completo como si estuviera en el circo. Normal que tenga sobrenombre la calle, conocida por sus atascos. Mucho se habla de lo escasos y lo mal que están los carriles bici, que es cierto. Pero quien sea capaz de cruzar la castellana de una, que levante la mano o que calle para siempre. Antes se podía llamar velocidad de crucero a la que te permitía recorrer Velázquez sin lo parar desde el infinito (donde se corta con Velázquez, paralelas…vienen siguiéndome) hasta el Retiro. Los semáforos estaban sincronizados. Ya ha caducado esa posibilidad, igual que tampoco existe velocidad para cruzar la castellana de un tirón, a no ser que te encarames al puente de Juan Bravo y sus encuentros o que hagas trampa y te lances a atravesar tramos en rojo con el riesgo del atropello, el claxon a todo volumen y los insultos.


29/01/2026

DE PADRES E HIJOS

Aunque parezca que no, los padres conocen a sus hijos mejor que nadie. Eso es así. Aunque el hijo piense que no se enteran de nada, en algunas etapas de la vida, que están ausentes, que son mayores, que tienen sus problemas y el hijo no existe, que incluso es en ocasiones una presencia incómoda. Aunque el hijo crea que los padres no le ven, sumidos en sus rutinas;  conversaciones entre ellos llenas de risas y complicidad donde se siente fuera, discusiones de pareja, relatos que el hijo no siempre comprende. Aunque el hijo crea que los padres no le ven, le ven. Siempre le ven. Los padres están ahí, detrás de la niebla de los años malos, al sol si hay sol, a la sombra y en la nieve, con ojos en la nuca y orejas abiertas como antenas que detectan la posición del hijo, los padres no le pierden de vista, mientras pueden, mientras el hijo se deja. Entonces dejan de  verle, pero no porque disminuya la atención, no por desidia, si no porque el hijo se esconde.

Durante la infancia el hijo otorga a los padres poderes sobrenaturales, quede un plumazo le arranca con el paso de los años y le devuelve con el paso de unos cuantos años más. Cuando el hijo es pequeño cree que puede jugar a engañarle un poco, como un juego del escondite. A pesar de la magia que se asigna a los padres, que todo lo saben, que tienen respuesta siempre, que son fuertes, que son el lugar seguro del hijo, el refugio donde no alcanza la metralla, a pesar de eso, el hijo juega. Ve en los padres a unos seres que, por arte de birlí biloque aparecen justo cuando lo necesita. Esa mirada del niño al padre que asume que todo lo sabe, que todo lo puede, es inherente a cierta etapa de la infancia. Pero siempre está esa fantasía del niño "vamos a engañarles", se hace el dormido, disimula cuando el progenitor le marca límites, como si no fueran con él. A la hora de acabar con las actividades lúdicas, se hace el travieso, prolonga la diversión y aplaza el deber y el aburrimiento. Como haría cualquier adulto sensato.

Hay unos años sabáticos para padres e hijos, donde todo fluye, y son etapas cíclicas, como el seno y el coseno; hasta que llega la adolescencia, que es el mazazo a la paciencia; devuelve al adulto sus peores pesadillas, a etapas convulsas de su vida, a experiencias propias o vecinas. Se enfrentan las posturas, aparece el reto, la rebeldía, el ostracismo, los portazos en las habitaciones. Gritos por nada. Gritos por todo. Silencios. Malas caras. Ahí sí que los padres "no tiene ni idea", "no se entera", según la visión del hijo. No es verdad. Siempre se entera. Aunque no lo haga.

El caso es que los padres, salvo excepciones, está atento, no solo a la evolución de los resultados académicos, que efectivamente en esos años convulsos, se revuelven. Las calificaciones al padre le importan lo justo . A veces es excusa para iniciar conversación, nada más. Los padres están atento al desorden en el que ven que su hijo se sumerge. Los padres quieren que su hijo esté bien, no necesariamente "feliz", la felicidad está sobrevalorada. Los padres quieren que su hijo esté bien. Y se preocupa por el hijo todo el rato. Se ocupa, no tiene por qué estar preocupado, está atento. Igual que cuando era un bebé. Igual que cuando lloraba porque le salían los dientes, igual que cuando aprendió a montar en bici o andar o a nadar, igual que cuando nació su hermano e intentaba calmar los celos o explicarlos, para que el hijo no se sintiera malvado por lo poco que quería a ese ser que le había robado la atención. Los padres es padre siempre incluso cuando no ejerce, incluso cuando no le dejan serlo, incluso cuando no lo es. 

Los padres quieren que su hijo esté bien, que sus amigos sean buenos, que se divierta, que estudie, que viaje, pero que esté bien, que sea una buena persona. Son cosas que no se aprenden en el colegio ni en la universidad. A veces la adversidad, la mala pata, conducen al hijo por caminos de los que los padres no pueden desviarle, por mucho que lo intenten. Angostos recorridos que les son ignotos, por donde no caben sus canas cabelleras. Las drogas, el alcohol, los fracasos amorosos, las amistades, hay cocteles explosivos en donde los padres no puede influir, no puede prohibir. Por muchos límites que ponga, por muchas barreras que construya, por mucho que lo intente, a veces no es posible, ni con el ejemplo, ni con el amor, evitar el desastre en el hijo. Evitar su dolor, evitar su llanto. Los padres se cambiarían 100 o las veces que hiciera falta por el hijo con tal de que este pudiera eludir el sufrimiento. Los padres siempre es padre. No se jubila jamás de esa tarea. Muere con ella.

Un día, una hija, siendo ya mayor, vivía independiente; llamó a su padre para pedirle cualquier cosa, en modo socorro. Le costó un dolor esa llamada. El padre contestó "por fin me pides ayuda". Y allá que fue a rescatar a la niña mujer, la hija. Siempre que la hija recuerda ese momento, se le saltan las lágrimas, y es que, de los muchos defectos que tiene, ese es posiblemente el que más daño le hace: no ser capaz de pedir ayuda. Y uno de los defectos con los que más hace sufrir a la gente que la rodea y la quiere. A veces los ve, atentos a su mal humor, a su tristeza; sin saber qué hacer, porque no es capaz de pedir ayuda. Su marido, siempre atento, no se atreve a respirar cuando la ve así; sus hijos, que la miran como polluelos con sus boquitas abiertas y sus ojos redondos, buscando qué pueden hacer para que vuelva a ser ella de nuevo. Sus amigos, que la intentan cuidar y ella se revuelve, no necesita nada. Y es que no sabe cómo salir de su bucle, no sabe pedir ayuda. No sabe lo que le pasa, o sí. Tiene que llamar a sus padres, tomar con ellos un café en la cocina de casa, dar un paseo, y aceptar que necesita, que no puede sola, pero que lo adivinen ellos, porque no se lo va a pedir. El padre, que ya es abuelo y a punto está de ser bisabuelo, mira a la hija y solo se reprocha cuál sería el momento en el que le hizo sentir que no podía pedir ayuda. Que tenía que ser fuerte cuando aún no estaba preparada; que debía ser más valiente, cuando no podía dominar su miedo. Y el padre sabe que no puede dejar el mundo hasta que la hija le pida de nuevo ayuda. Se curará quizá, la hija, a través de los hijos propios, cuando acepta cada día que le llamen pidiendo socorro y nunca les haga sentir que no está ahí para eso, que se jubila de madre. Pero ¿acaso es eso posible? ¿Acaso son los padres culpables o responsables siquiera de que el hijo no pida ayuda? ¿Cómo se le hace ver al hijo que siempre puede ir a acurrucarse entre los abrazos y brazos de los padres, que ese es su sitio seguro? Pase lo que pase.


10/01/2026

LAS CROQUETAS REDONDAS

 

Hablemos de las croquetas redondas. Que están de moda, sí. Lo sé. Yo pensé que era más ajustado llamarlas esféricas, decíame que redondas no era el adjetivo más ajustado a la forma ya que la descripción del volumen buscaba; pero me gustaba más, para un título, la palabra ‘redonda’, que lleva intrínseca la perfección. Que no tiene ni principio ni fin.

Hablemos de esas  croquetas llamadas redondas. Una croqueta redonda no es croqueta si no albóndiga, en todo caso: albondiguilla.
 
No me puedo aguantar y acudo a las fuentes, a ver si es que me estoy liando “redondo es que tiene forma de círculo. redondo, redondeado, curvo, curvado, orbicular, lenticular”. En mi modesta y poco formada opinión, eso no le atribuye volumen al objeto. Si entendemos como círculo la superficie que encierra la circunferencia que tiene su mismo radio, estamos hablando de algo plano. Circular, con forma de círculo. ¡Claro, estoy confundiendo redondo con circular!. Luego pienso en la Tierra, y leo que ya postuló Aristóteles que la Tierra era redonda. Tales afirmó que la Tierra tiene forma de bola, bastante hace más de 2500 años. El caso es que se habla siempre de plana frente a redonda, no esférica, en todo caso: de esfera chata. No sé qué pensar.

Tampoco me puedo resistir y acudo de nuevo a la santa RAE, o DRAE, con ‘d’ de diccionario. Sorpréndeme la definición que el sacro sitio hace de croqueta: “Porción de masa, generalmente redonda u ovalada, hecha con un picadillo de jamón, carne, pescado, huevo u otros ingredientes, que, ligado con besamel, se reboza en huevo y pan rallado y se fríe en aceite abundante”.

¿Se puede saber desde cuándo las croquetas son redondas? Además, insisto, ¿redonda? ¡esférica! que un redondel es plano, que tiene dos dimensionares y las croquetas, salvadas de la IA, gozan por ahora de las tres dimensiones. Redonda es la sección de una botella, redonda es incluso la sección de una croqueta, de forma ovalada como dice en el cuerpo de la definición.

¡Que me pierdo en divagaciones! Vayamos al origen de la croqueta, alimento de aprovechamiento por excelencia. ¿Que se hace cocido, pollo asado, merluza al horno?, con los restos y un poco de harina y leche sale una besamel, se prepara y extiende -punto fundamental, el grosor del preparado es cercano a la pulgada- la masa en una fuente; se deja endurecer en la nevera; y al día siguiente, utilizando dos cucharas y mucha paciencia, se preparan las croquetas. (Se admite la licencia del uso de manga pastelera, revolución en la confección) Del tamaño de los cubiertos depende el resultado. Se dejan en un plato o tabla y se van sumergiendo en huevo batido y pan rallado. Primero en uno, luego en otro, en sendos platos soperos. Los más expertos no se manchan las manos, con las mismas cucharas se completa la operación entera. Es un espectáculo hipnótico ver a alguien con maña hacer croquetas. Late la ilusión de comérselas después de fritas. Elaboradas de esta manera, la forma esférica es imposible y la ovalada es solo una consecuencia lógica del procedimiento. Para hacer esferas se requiere otro método, bien a mano, palma abierta sobre la porción de masa arrancada del todo y un ágil movimiento con la palma sobre el alimento, aplicando la presión justa y haciendo movimientos circulares cuyo eje es el de la bolita. Tal cual se hacen las albóndigas o las bolas de arena mojada en la playa. Las bolas de papel mojado para hacer guerras, las bolas de nieve, en fin. Hay quien usa vaso o taza y no se mancha.

Reivindico la croqueta con forma de obús. Esta fisonomía contribuye a su perfecto cocinado posterior, costra exterior crujiente sin ser dura, que preserva en calor del contenido con tendencia sublime a la licuefacción. Está claro que la RAE está algo obsoleta, no solo en cuanto al contenido de la croqueta, que las hay de boletus, morcilla, queso verde,…como en cuanto al rebozado, alcanzado también por la modernidad, se sustituye el pan rallado por quicos, semillas variadas, incluso el huevo se cambia por mejunjes variados, aptos para los intolerantes o alérgicos. Y muchas otras ideas que no quiero ni mentar. Pero la forma, señores, de la croqueta, no se debe perder ni desvirtuar. Por favor no recurran al paralelepípedo, que da una idea inequívoca de producción en serie. Y le quita hasta la gracia. Sería el principio del fin, solución aberrante que ni Los Tiempos Modernos deberían aceptar. ¡Que vivan las croquetas y las albóndigas! Pero que vivan separadas.