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30/03/2020

CUANDO TODO PASE


Hablo con ella cada día. La más jabata, la mejor. Como todos los hermanos, el favorito del otro, el más espabilado. Nos preguntamos de lo cotidiano, además de lo importante que es recurrente por triste y dramático; por ver cómo hemos llevado el día, incidimos en los detalles. Ella ha comido ensaladilla rusa, en casa hemos hecho verduras al horno.

Y me dice; Estaba pensando cómo vamos a hacer cuando podamos salir. ¿salimos todos a la vez? Como todos los hermanos, con su punto de seriedad castellana al alioli con la juerga.

He pensado varias soluciones para cuando podamos salir. Me lo imagino como en los aviones, que primero entran los que van con niños o tiene alguna dificultad para moverse, luego los fila cero, vamos, los de business. A continuación: hasta la fila 15, o desde la 17. Pienso que saldremos, los que salgan, por edad. Lo lógico sería que salieran por décadas. En plan: el lunes tienen permiso los nacidos en la década de los 90, por ejemplo, que son gente entre 20 y 30 años, con autonomía, que posiblemente hayan pasado el puñetero virus sin enterarse. El martes los nacidos entre 1980 y 1990, un poquito más afectados, quizá. El miércoles del 70 al 80, el jueves empieza la zona crítica, del 60 al 70 y el viernes del 50 al 60. No acumulativo. Los únicos que pueden salir todos los días, acompañados si son menores, son los nacidos entre los 90 y este peculiar 2020. Los niños todo vale, al cole de nuevo. Pero el resto, se sale un día. El sábado todos a casa y el fin de semana salen los nacidos antes del 50. Barra libre. Y el lunes siguiente ya a mogollón. Lo que es imprescindible que esté abierto desde el primer día, son los bares. Eso no es negociable.

Otra manera sería por matrículas. Los que tengan DNI acabado en 1 salen el lunes, y así hasta el domingo. Es más mezcla, pero se tarda un poco más. También podía ser por calles, o números, los pares el lunes, miércoles y viernes, los impares martes jueves y sábado. Del bajo al tercero el lunes y martes, del tercero al sexto miércoles y jueves, y el resto viernes y sábado. Por profesiones no puede ser, eso no hay quién lo compruebe, eso sí, con unas multas asequibles, tipo 2€ para los infractores, podría dar pie a recaudar. Tacita a tacita. Yo ahí lo dejo.

Las combinaciones se pueden complicar todo lo que queramos. Pero opino que lo mejor serían cosas que se pudieran comprobar fácilmente, porque sino la poli, que bastante ha tenido, lo va a tener chungo. Pensando en eso también podríamos ir a hechos objetivos, calvos, con barba, rubios, morenos…No en plan discriminatorio. Tiene que ser algo que se pueda comprobar con el DNI, o que sea objetivo, y se vea a simple vista. 
El caso es salir y volver a empezar. Con alegría


29/03/2020

LA VIDA ON LINE


Con toda la informática y los medios que tenemos, es tronchante lo de las clases on line, por Skype, por zoom. La verdad es que los profesores se lo están currando. Y los alumnos. Y es que una hora on line es neta. Dura exactamente una hora. Y hay que preparar mucho material para llenarla. Pero no estabamos prepararados, los chascarrillos no funcionan igual a traves de la red que cuando estas vieno a la gente en carne viva.

A las 7:00 suenan las alarmas y los progenitores se levantan. Los niños se retrasan un poco, remolonean: con suerte amanecen media hora antes de empezar las clases. La mayoría se lava la cara y los dientes y se peinan, se plantan una sudadera encima del pijama y se conectan. No hay mundo alrededor. La verdad es que tienen picos importantes de concentración. 

Antes de que empiece la jornada, chatean con los compañeros, como si estuvieran en la puerta del colegio. La infraestructura no es fáciles, algunos se apañan con móviles. Se ditribuye la familia por la casa para evitar en lo posible las interferencias. El padre cruza en salón. “¿Dónde está el iPad? Tengo una reunion de departamento a las 9:00”" ¡Papaaaaa!" "¡Uh! ¡Si estás en clase! Perdón, perdón, me quito. Pero si no has entrado todavía, ¡hola Tomás! ". "Papaaaáaaa" "Me voy. Saluda a tu padre"

Cuando ya están casi listos. "¿Qué contraseña es hoy? ¿A quién tenemos a primera hora? Mates, ah, vale". La profe es la que llega tarde, no le funciona la wifi, o su hijo ha cogido todos los datos. “¿Qué tal chicos?, Buenos días. Vamos a empezar donde lo dejamos ayer”. “No profesora, ayer no tuvimos clase con usted, somos la B”. “¡Ah! ¡Es verdad!” No lo es, como Ana Mari se chive, se entera. “Entonces, tema nuevo, empezamos con la representación de funciones”. Ponte tú a explicar asíntotas on line. Y eso que, con la broma, es la tercera vez que empiezan. “¿Me seguís?” “Síiii, profe” “Juan, no te he oído”, “es que no le funciona el micro”, lo ha colado Ana Mari, solicita. “¡Ah, vale! ¿Y dónde está Andrés?”. “Es que le dolía la tripa, se ha ido al baño, ha mandado un WhatsApp al grupo de clase”. Ana Mari es la misma de siempre. El chaval no podía pedir permiso y su pantalla está en pausa. A segunda hora hay lengua, que si el sintagma nominal o el verbal. Tela. Hacer un análisis sintáctico on line es de premio. Biología, química, ácido más base, sal más agua. Los hidrocarburos, todos llenos de ces. “Ana, tía, dile a tu hermana que se calle, o vete a otro cuarto, que no se oye nada!” “No es mi hermana, es mi madre que tiene una reunión por Skype y en su cuarto no llega la wifi, ¿qué quieres que me vaya al cuarto de baño?”

La imaginación al poder para explicar así. Además, sin poder ver si están tomando apuntes, una cara en la pantalla, es todo lo que hay. Si el que baja la cabeza se ha quedado frito o está concentrado no es fácil saberlo. Al menos las asignaturas de letras parecen más sencillas de explicar. Aunque mantener la concentración y la atención es duro. La historia, la literatura, al filosofía. Sin interrupciones se llega de la prehistoria a la Revolución Francesa en una semana. Pero el arte, el dibujo, son de nota. Hay maestros y docentes magníficos que graban videos, envían preguntas. Si es difícil controlar una clase in situ, que no será una clase on line.

Luego ocurre lo que me contaban los niños, que a uno le están resolviendo una duda y el gamberro de clase suelta una broma, normalmente una rima subida de tono, para hacer reír a todos y claro, también lo oye el profe. Se enciende. ¿Qué contesta Miguelón?, “No, profe, no era para usted, me lo estaba diciendo para mí mismo”. ¿Para sí mismo? No se le ha ocurrido nada mejor su manida exccusa. ¿Cómo le castiga la profe? “Miguel, te silencio”.  Le silencia. Y entonces el cachondeo ya es mayúsculo, porque por el grupo de clase empiezan a mandarse mensajes. Como papelitos. ¡Para sí mismo! ¡Jaaa!. Y ya el profe ha perdido el control. Están todos muertos de risa. ¿Cómo se requisa un móvil a distancia? “Miguel, al rincón”. “¿A cuál, profe?” “Al que quieras”. Se levanta y se le ven los calzoncillos y unas pantuflas de Rayo MacQueen. Ya las risas se cuelan en directo. Se le ha olvidado que no llevaba pantalones. ¡Miguel! ¡Fuera de clase! Expulsado. Pero profe, si estoy en mi casa.

Examen oral, intentan ayudarse unos a otros, que no es fácil, porque el profesor maneja la situación. “Felipe, la guerra de los 100 días”. La imagen de Felipe está congelada, aparentemente. Se está haciendo el muerto. Todos a una “se le ha ido la wifi”. “Pues tu, Jimena”, Jimena se congela también. Es contagioso. Le va a dar la risa. En ese momento, detrás de Jimena aparece su madre “¿Qué os apetece comer hoy?” “¡Mamaaaa!” “¡ah, que todavía estás en clase! ¡Uy perdón!”. Y todos se rinden. Muertos de risa. Vuelve el padre de la compra, ha salido pertrechado y todos se contienen en lanzarse a él, que les cuente qué hay ahí fuera. “¡Cuidado chicos, que me tengo que lavar las manos

Quien les iba a decir a estos chavales que echarían de menos el colegio. Y quieren descansar de esto en Semana Santa. No me lo creo.


28/03/2020

ME VOY A LA COMPRA


Poco se habla de ir a la compra. Poco, para lo que supone. No es un "salgo un momento a por el pan", no. Tampoco es un "hago la compra y que me la lleven". Con razón tales servicios se han limitado a las personas que realmente lo necesitan.  Antes de ir a la compra hay que organizarse. A pesar de que se trata de un hecho que hasta hace poco era absolutamente cotidiano y al que no le dábamos especial importancia, salvo cuando hacerlo era un acto de amor en sí mismo, de cariño, de alegría. Esos días en los que en pareja acudíamos a comprar, cada uno elegía un capricho, siempre un detalle para el otro. Juntos por el barrio, de la pescadería a la frutería, selectivos en cuanto a los sitios, disfrutando del momento, del olor de las manzanas, eligiendo una carne para hacer a la brasa en la azotea, una sal especial, las especias coloridas, resaltarían en el mantel. Llegábamos a la bodega y nos dejábamos asesorar. O no. La pasión de él, siempre presente. Esos días de vino y rosas se acabaron. Por ahora.

En primer lugar hay que organizarse, no sé qué es lo primero la verdad. No puedes olvidar los guantes ni la mascarilla. Te tienes que poner algo que al volver puedas echar directamente a la lavadora. Un sayo, le llamaría mi madre. En estos momentos que ya llevamos 15 días en casa, resulta adecuado el estilo Demis Roussos para ocultar el atiborre. Es importante la elección del bolso en caso de ser mujer. Puedes optar por no llevarlo, pero entonces tienes que saber exactamente donde vas a ir, porque si es a Carrefour, recuerda que tienes un vale de descuento, si es a Unide no olvides la tarjeta, y también tienes una oferta de dos botes de Sanex a mitad de precio. Si es a Mercadona no hay nada que recordar. Si vas a la frutería de la esquina, no hace falta que cojas bolsa, te la dan, aunque vaya contra el reglamento. Si es al mercado recuerda que está cerrada la carnicería por las tardes. Sin bolso, las tarjetas al bolsillo. Todas, por si acaso. Lo malo del bolso además, es que al sacar la tarjeta metes la mano dentro, con los guantes y te imaginas a todos los virus invadiendo tus secretos. El bolso de mamá no se toca.

Otra decisión importante es si llevas o no bolsa. Tengo una enorme de IKEA, ya, pero si la lleno no soy capaz de volver con ella. A no ser que solo compre bolsas de Nachos y patatas fritas de las de la bolsa negra. Pensándolo bien, me sentaría delante de la tele y me "empatataría" esta noche, con unas cervecitas. No. Cojo una bolsa tamaño medio, de las que son fuertes, pero que, aun llena, es manejable. ¡Ah! La lista. ¿Qué me hace falta? Mermelada de frutos rojos, pan integral, espinacas, pasas, piñones, plátanos, fresas, nata, Bovril, guisantes, que no gigantes, mantequilla, vinagre de Módena, que tanto daño ha hecho a la cocina y a los sabores; pasta de dientes, lentejas, presa…mmm con unas patatas panaderas. Lo has apuntado durante el desayuno. Has decidido la comida sin consenso, en plan sorpresa. No quieres comprar mucho para no formar parte de la histeria colectiva pero no quieres salir todos los días, así es que decidiste hacer la compra por Internet, como cuando llegabas a casa del trabajo a una hora escandalosa, a la que todo estaba cerrado, menos el Carrefour Express, donde sólo quedaban “goodies” o un pan chicloso, y además no tenías fuerzas para ir. Te metiste en la página del Día, del Corte Inglés, de …no salían fechas disponibles para envío a domicilio. Preparaste listas enteras y entrabas en las webs con regularidad hasta que un día encontraste hueco ¡el 10 de abril! Lo que hace una semana te parecía el más allá, ahora lo tomas como un chorro de aire fresco. Tienes una hora para hacer la compra. Te sobran 55 minutos. Lo lanzas por si las moscas. Pero hasta el 10 de abril, es cierto que hay cosas en la nevera, pero siempre falta algo.

Te echas a la calle, menos mal que no llueve. Llevas las bolsas, las tarjetas y la lista. Te has calzado los guantes, la mascarilla y el sayo. Ya, mascarilla solo los infectados, pero ¿y si yo lo estoy? ¡Hala, pa’lante!.

Nada más entrar en el súper, “te fumigan”, te obligan a darte gel en las manos y a ponerte otros guantes, de los finitos transparentes. Gracias. Gracias. La primera decisión es si coges o no carro. Vas protegida, la barra del carrito no la limpian cada vez que alguien lo coge, pero llevas guantes (dos). Además, si coges las cosas en tu bolsa, para no tocar nada, la tienes que llevar a cuestas por todo el establecimiento. Pillas el carro y empiezas. La estancia en el supermercado cada día se parece más a los coches de choque o al billar, es como si fuéramos todos polo positivo, y en cuanto nos acercamos a más de 1.5m, sin querer, sin darnos cuenta, los campos se rechazan y pum cambiamos de dirección. Rebote. Se ven movimientos caóticos por toda la estancia. Te acercas a la carne, y el señor del bigote va a coger una bandeja de lomo y tú, fuuus, eres rechazada de inmediato hacia el lineal de los preparados. Estás mirando los humus variados, que no tenías planeado comprar y se te antoja un aperitivo, pilla, pilla. (Su voz, entre otras mil) Mientras, se ha acercado una señora mayor, corta de vista, está a punto de rebasar la distancia de seguridad cuando tu sistema de detección advierte de la presencia del intruso y zas, sales rebotado, en la sección de comida para llevar, a donde has sido propulsado, no hay nada, así es que vuelves a tu lista, guisantes, espinacas, la fruta. Bajas a por el pan, hay una “aglomeración” cerca de la zona de los panes especiales, que ahora tienen una pinta horrible, envueltos en bolsas de plástico, te decides por el Bimbo clásico; en cuanto lo encuentras, eres repelido con un Angulo de 135º hacia los yogures, aunque no lo tenías pensado, te encaprichas del yogur griego, que tanto les gusta en casa. Justo a tiempo porque una mano se ha colado en tu burbuja de seguridad y se dirige hacia los actimeles, actimelízate, fuus; rechazada hacia la zona de galletas, qué peligro, ¿quién se resiste a unas Chiquilín?; y de ahí, entre carambolas varias, pasas por los nachos, las almendritas…para cuando llegas a la caja el carro boza, sabes que vas a necesitar otra bolsa. Por lo menos.

Empiezas a colocar los productos en la cinta, cuando te deja la cajera. No han limpiado la superficie, normal; piensas: "si saco el gel de la bolsa y el Kleenex me van a tomar por loca". Te resistes. Pero, ¿cuando llegues a casa lo vas a limpiar todo? Los empleados lo han colocado con guantes, sí, pero a saber cómo han llegado ahí, o quien lo ha tocado. ¿Necesita bolsa? Sí, una, por favor. Sin apoyarlas en ningún sitio vas rellenando tus bolsas. Te van a crecer los brazos de lo que pesan. ¡Ay madre!, si todavía te falta pagar. Sacas la tarjeta como puedes, porque con los guantes eres muy torpe. Piensas en quitártelos, pero, ¿cómo? Si te los quitas, todos los bichos están ahí. Si les das la vuelta como hacen en las series de los médicos de la tele, ¿Cómo te los vuelves a poner? Hay que quitárselos a pellizcos en las puntas de los dedos. Hay gente esperando, consigues sacar la tarjeta y pagar, como te has quitado el guante y tienes que poner el pin; valoras seriamente si llegarías con la nariz, tienes un boli desinfectado en el bolsillo y marcas los números con él.

Por la calle sabes que das apariencia de necesitar ayuda, y de hecho si te cruzaras con alguien, te la ofrecería. Al llegar al portal analizas la posibilidad de llamar al telefonillo, pero otra vez te asalta la duda, ¿Quién lo habrá tocado? O seré yo quien lo infecte. En realidad nadie, porque nadie ha venido a casa desde hace más de 15 días. Luego queda tocar la puerta del portal, el botón del ascensor, la puerta del ascensor, el botón del ascensor…Usas tu propia llave. Así no molestas. Al  llegar a casa, otra vez. ¿Dónde dejo las bolsas? ¿Las tiro a la basura una vez vaciadas? Limpias los limpias con un papel de cocina con un poco de lejía. Tú, que no has sido paranoico en tu vida, te sientes súper culpable. Como alguien se ponga malo en tu familia, es tu culpa. ¡Porras se me ha olvidado el papel higiénico! No es coña.

27/03/2020

DOCTOR SIMON


Y dale con la tendencia. De verdad. Ya no es que usted, doctor, no lo explique bien. Lo hace estupendamente. Es que el destinatario de la información no se entera. Para que la comunicación sea posible, es menester que emisor y receptor conozcan los símbolos, que manejen el mismo idioma a la postre, que estén, en la medida de lo posible, en el mismo ancho de banda. 

El oyente vive en Salamanca y le pilla la rueda de prensa haciendo unas lentejas con la tele puesta, otro escucha la radio desde Jaca encogido porque además hace un frío que pela, o está en el campo y ya ha dado de comer a las gallinas y tiene, a las 12, medio día apañado, que luego en seguida se hace de noche. Y todos venga a lavarse las manos. Que nos salen heridas de tanto frotar. ¿Qué es mejor jabón que gel? Jabón usamos, aunque sea Lagarto. Sin contemplaciones. Con tal de que no nos pidan pasar a utilizar papel higiénico El Elefante, lo que haga falta. El que oye es disciplinado en nuestro estilo, somos gente muy obediente. Y usted, doctor, zurra y dale con las tendencias. Que si estamos llegando al pico, que si los indicios, los incrementos. ¿Pero qué es la tendencia? Eso se pregunta el conductor del 147, llegando al barrio del Pilar. O la cajera de UNIDE, que ha salido a fumar, con los cascos tapándole las orejas. O el abogado de KPMG, o el asesor Arturito, enfundado en un traje perfecto, aislado del entorno: air pods de moda; le toca turno, hoy tiene que ir a la torre. ¿Qué tendencia doctor? ¿Qué es la suavidad de la curva? ¿Es darle la vuelta, como dicen los de la Resistencia? ¿Cómo se puede dar la vuelta a una curva? ¿Retorciéndola? ¡Ay! Que me se me hace un nudo en el ombligo mismo, las asas intestinales se me retuercen.

Por favor, doctor, hable para todos. Usted entiende de enzimas y proteínas, sabe de glóbulos rojos y blancos. Las mates le vienen de refilón, los médicos son gente de ciencias a medias. Con respeto y con amor, son ustedes de letras, y explican a su manera humanística las estadísticas, las matemáticas. Y es que tienen poco de humano. No pasa nada, pero cuando habla de doblar la curva lo visualizo, y me imagino a un montón de forzudos con más músculo que Esautomátix, tirando de la curva hacia abajo, agarrados a ella como si fuera una rama de acero, les cuelgan los pies porque la rama se empina. No para de erguirse. Por favor, no hablen más de doblar la curva, ¿acaso podríamos llamar a Uri Geller que con su magia la doblegara?. Me agoto solo de ver la dichosa gráfica.

Mientras escucho, de cabeza voy sacando la pendiente por tramos, estoy entrando en resonancia. Resonancia. Rompan filas. Es complicado estudiar los datos, porque en España actualizan a una hora, una hora menos en Canarias, en EEUU medio día más, depende de si es el este o el oeste (lógico) y así todos.. En fin. Le  escucho, trato de seguirle y la sensación al oírle, doctor, es que intenta usted transmitir confianza, pero es que no le sale la voz y eso no ayuda. Parece que no le llega el aire. Encima, el otro día le preguntaron por lo que hacía al llegar a casa “caer rendido en la cama”. Déjese cuidar, doctor, por Dios.

26/03/2020

EL ENTERAO


Poco se habla del que se comió el murciélago. No se menciona al crack que se zampó el asqueroso bicho. ¿Era por hambre? ¿Por necesidad? ¡en una sopa! ¿Sopa de murciélago? ¿O acaso fue una excentricidad, un deseo irrefrenable de ser diferente? Vamos, ¿porque a quién se le ocurre? Para bicho raro, el puñetero murciélago. Que se engancha a un hilo y el tío no se suelta, caiga quien caiga, mientras sea de día, mientras haya luz. Cual marmota, da igual el ruido o el viento. Colgando se queda. Un murciélago se le ocurrió comerse. No podía haber sido un conejo, un pollo, no, el animalucho ese que en español para lo único que sirve es para jugar a palabras, porque tiene todas las vocales, o para clases de lengua. En inglés, que son más listos, es “bat”. Es decir, no le dan importancia. Es como “pero”, solo que con “a”. Los italianos, con inconfundible estilo latino, le dan coba: pipistrello. Hasta parece bonito, sonora palabra. Un buen título para una canción. En francés, mis amigos del Liceo harán comentarios ilustrados. Pero es que el bicho de las narices pesa entre tres y ocho gramos, vamos, que ni una cucharadita, de las de moca. Jolines ¿Dónde está el cretino que se lo comió? Nadie habla de él. Que dé la cara. ¿Cuántos años tiene? ¿Hombre o mujer? ¿Estaba en su sano juicio? Ha desaparecido de la faz de la tierra y de las noticias.

Quiero que el CSI, los SWAT, el FBI ¡open the door!, le busque y nos cuente, por favor, me concome la intriga. Que alguien le localice, le encuentre, y le haga una entrevista, que sea por zoom, tan manido estos días, que todos podamos verle la cara. Que le podamos hacer preguntas sorpresa. No preguntas escritas cribadas, sino espontaneas. Disparos de profundidad. No valen armas. Solo palabras.

Porque el tío “la que ha liao”. Estudiarán nuestros nietos la sólita curva. La tendencia, mucho más importante que las integrales inmediatas y ya no digo por partes; es sacar la función de la puñetera curva. Quiera Dios que no tenga asíntota sino un máximo (absoluto, no relativo), y a partir de ahí, calma. Porque las funciones exponenciales así, a pelo, no tienen máximo, para su desgracia y la fortuna del estudiante. De asíntotas no adolecen. Crecen y crecen como los peces en el río. ¿Tendrá punto de inflexión la curva? Por favor, amigos matemáticos, hermanos matemáticos, expliquen de una vez a periodistas y hombres de letras en qué consiste una función exponencial porque me va a dar un sarpullido. Me acuerdo una vez que un amigo mío escribió un artículo sobre la lavanda, pongamos, y le llamó árbol. Don Ramón, mi padre, se subía por las paredes. Pues igual me pasa cuando oigo a ilustres hablar de ex, que no se puede integrar porque le da lo mismo.

24/03/2020

NO TENEMOS OTROS PLANES O LA PELUCA DE ANA BLANCO


El otro día estábamos viendo en la tele el telediario de la 1, por supuesto, porque hay que ver el telediario a las 15:00 y a las 21:00, en TVE 1 para intentar escuchar la información más neutral, objetiva. Hay que ver el telediario de la 1. Es un valor seguro, Ana Blanco, que es una constante universal, de toda la vida. Ha sobrevivido a todos los gobiernos, a todos los colores. Con razón. Ana Blanco con su traje de chaqueta (o chaqueta solo, porque ella nunca se pone de pie como estos presentadores modernos que parecen más bien modelos, o que tienen una fiesta después y charlan, modelo chico chica tal cual estuvieran en la barra de un bar). Ana Blanco, camiseta blanca (nunca camisa) de pico o cuello redondo, de Zara o de Armani. Impecable. Impoluta. Cambia el color de la chaqueta, solapas en pico, simetría, ligeras licencias en el tono. Recién peinada, sin florituras, a veces flequillo, un poquito menos largo, un poquito más corto. La melena de longitud variable dentro de la unidad del milímetro. Alguna cana, las justas. O ninguna. El ojo pintado con una sutileza que debe llevar mucho trabajo, maquillaje neutral que da uniformidad al conjunto, carmín casi invisible. Si la perfección es la constancia, ella lo es. Da una confianza enorme. La falta de adornos o imprevisión hace que la concentración en sus palabras sea fácil. Lo que dice Ana Blanco es verdad, va a misa y yo, todo lo que sale de esa boca, leído, dictado, me da igual, aunque no sea verdad, yo me lo creo; y aunque no esté de acuerdo, a mí me parece bien.

Luego por la noche hay otra persona que no es Ana Blanco, para mí no es ya tan fiable como ella; pero por disciplina sigo viendo el telediario de las 21:00.
En ambos noticieros hay una corresponsal que va cambiando de ubicación. Ya solo eso me desasosiega. Igual que Almudena Ariza, eso de que se haya venido de Nueva York, me inquieta. ¿Qué haces en París Almudena? ¿Por qué? Me gustaba ver el día cuando aquí era de noche. Eras un pie al otro lado del charco. Me encanta el retardo con el que llegan las preguntas que te hace Ana, mientras asientes con profesionalidad, sin oír. La velocidad de la luz, culpable de ser mucho mayor que la del sonido. Como Lorenzo, en Italia. Bien. Valor seguro. Patterson, en Bruselas, con su acento limpio, salpicado de tonos europeos. O Idígoras en Londres. ¡Qué lujo de lenguaje! Siempre lluvia en el paisaje. Al grano, la corresponsal madrileña va cambiando de sitio, del Congreso de los Diputados a la Moncloa. Ha cogido mucho protagonismo. Ella no es una constante universal. Cambia de estilo. Se pinta muchísimo, como una puerta, diría Pilar. ¡Qué madre le deja salir así! ¿No sabes que no tenemos nada mejor que hacer? Que vamos a estar aquí.  A las 15:00 y a las 21:00. Danos tranquilidad en tu crónica. No abuses del decorado. Por favor, estamos al otro lado. ¿No ves que te saludamos? Presentes todos, España entera. Aprende de Ana, sencillez, monotonía hasta el aburrimiento, transmite calma, por favor. No dejes que el desasosiego nos invada. Eres una ventana al exterior. Aprende, blanca la camiseta, chaqueta acromática, disimula tu belleza boteriana, tu exageración. Que yo no escucho. No te pintes así porque ante una cara tan picassiana es que no puedo concentrarme en lo que cuentas. Pienso ¿por qué se habrá pintado así?, es distinta que ayer, ¡qué exagerado!, ¡qué colores!, esos mofletes violáceos. Es difícil emular a Ana, pero fíjate en ella. La paz de su aspecto plano es la clave.

22/03/2020

BUEN SERVICIO

Yo voy a contar mi anécdota.
Soy Ingeniero de Caminos, Canales, Puertos y Alcantarillas, como decía el abuelo Victoriano. El proyecto en el que estoy involucrada ahora, entre otros, se ejecuta en un cementerio.
Como estamos a punto de terminar el trabajo, el jueves 18 de marzo de 2020, en plena cuarentena, decimos quedar: el contratista, otro ingeniero y yo para rematar algunas cosas. Hacía una mañana preciosa. Con ese sol de final del invierno, que ya empieza a calentar, iluminando los cipreses de lápiz de los paseos, dando luz al albero y a los cantos rodados de las zanjas. El cementerio más bonito de Madrid, desde donde el cielo es más limpio si cabe. Nubes de fondo sobre la ciudad, atravesando en diagonal el horizonte, sobre la Almudena y el Calderón ya casi en ruinas. «Echamos» una mañana entretenida, haciendo de fontaneros y albañiles. Distraídos del contexto, porque allí siempre hay silencio. Por razones evidentes. Salvo visitas.
Acabamos a mediodía con despedidas a distancia. Volviendo a casa veo un pequeño atasco. Al llegar a Gran Vía. Me extraña. Es la policía, un control, pienso que soy de fiar. Vengo de trabajar. No miento. Es fácil. No me van a parar. Me paran. Porras. A mí me impone la policía. De mano, me siento culpable. Algo habré hecho. Hay gente a la que le encanta hablar con la guardia civil «agente» y despedirse, «buen servicio». Yo soy hija de que los grises son malos. El agente se inclina y casi toca la punta de la gorra con las de los dedos de la mano derecha. «Motivo de su desplazamiento». Le explico. «Carné que acredite su titulación» No tengo. ¡Mierda!. ¿Hay carné de ingeniero? ¿Y si no he acabado la carrera? Todas mis pesadillas se resumen en ese instante. Miro el asiento del copiloto, donde está mi bolso, cuaderno y montones de papeles y esquemas. Le puedo mostrar los planos. «Vale». Le enseño. «Muy interesante, ¿esto?» Le explico los detalles del dibujo, emborronado por decisiones de ultima hora, cambios que se ven in situ. «Circule, suerte con su proyecto.» Buen servicio.

01/03/2020

ME DA MIEDO ENTRAR EN LA COCINA



Mi nevera no está leyendo a Marx. Pero otro día vinieron a arreglárnosla. Llevaba sonando meses, pero ya los decibelios provocaron las protestas de vecinos, niños que no podían dormir, mayores que no oían la tele. Empezó a subir el volumen de la casa para compensar. Y cuando ya Julio, del 4º, lloraba tan fuerte que Maribel, del primero, mojaba un chupete en anís para consolarle, que Juan, del 3º, apagó el sonido de su televisor al darse cuenta de que oía acoplado el del 5º, que veía la misma película. Hasta que no puso la radio Mariana, que vive en el bajo, porque José Luis, del 2º B también oye la SER. Cuando todo se mezcló de tal manera que íbamos a necesitar una junta de vecinos para priorizar, porque Ana Mari oye la Cope, y se enfada, claro. Ante el miedo del evento, llamé a IKEA.
De paso digo que los de IKEA son unos paquetes, que está genial para comprar servilletas de 25 x 25 no se lo discuto a nadie. Que sus perritos calientes, cada vez más pequeños, son los mejores, tampoco lo discuto. Además de ser un antídoto al veneno del divorcio, están de muerte. Agradezco a los perritos calientes con su cebolla crujiente, largos años de felicidad matrimonial y armonía. Pero eso no quita que son unos paquetes. Sí, es maravilloso diseñar tu propia cocina y montarla tú mismo. Igual que una librería o una cómoda. Nunca son exactamente iguales a cómo las viste en la tienda. Y casi siempre sobran o faltan clavos, ante tal evento, mi santo, del lao de la seguridad, recurría al diámetro superior, ni un terremoto de grado IX descoyuntaría nuestros muebles de IKEA. Al grano: llamo al servicio técnico y después de pasar un test más difícil que un examen de Teleco, me aceptan como cliente. No, la nevera no está en garantía, no, no tengo el recibo, hace 10 años que la compramos, ya no tenemos ni la librería, Billy, donde guardábamos esos papeles. Nos hemos cambiado tres veces de casa, sí, la nevera vino con nosotros, milagrito del Niño Jesús que funciona. ¡Pero suena! Y nos van a echar de casa.
Después de una mañana entera de llamadas, a números que están y no están en nuestro servicio, en fin, que la cuenta de Movistar va a salir por un pico, por fin consigo el número del técnico. Al grabarlo en mi móvil, para n tener que volver a pasar por el proceso, me aparece un mensaje "numero existente". Mierda. No me lo puedo creer. ¿Cómo lo había guardado? ¿por la I de IKEA? ¿por la R de reparaciones?  Golpes de frente contra pared. ¿Cómo lo guardo ahora AaIKEA? Me imagino tendida en la carretera después de un accidente, probablemente con tomates en los calcetines. Ya me regañarán. Y el sanitario de turno que encuentra que mi primer número es Joaquín, de Ciudad Real, que recorre estos mundos de Dios reparando las picias de IKEA.
Pues vino Joaquín, nos saludamos, un café, no gracias, acabo de tomar; sí, ahora es la nevera, vaya, pues sí que suena, a ver, déjeme que eche un vistazo, el friegaplatos bien, ¿verdad?, sí, niquelado lo dejó usted la última vez, ¿y los niños?, crecidos, en el cole ya todos, la mujer los lleva y los trae, que yo ando liado de un lado para otro. ¿Los suyos?, uy muy mayores, en Alemania, están los mellizos, de Erasmus. ¿Y la niña?, bueno la niña es la madre de mis tres nietos. Como locos estamos haciendo de abuelos cuando nos deja. ¡Cómo pasa el tiempo! Sí. ¿Tiene un secador? Sí. Apaga la nevera, saca los cajones del congelador, aplica el aire caliente. 12 minutos después de haber pasado el umbral de casa ya tiene la factura preparada, 57€. Lo que es saber. Y la paz reina en el vecindario. Julio ha dejado de llorar. Y Ana Mari se ha pasado a Onda Cero, que son más majos, dice.