
Y es que éstas son las cosas que marcan la diferencia entre un colegio y otro. Así como en el Liceo (Francés) se puntúa sobre 20, y claro, un nueve es una mierda. El común de los mortales se satisface con un siete mientras ellos tienen dieciochos y diecinueves incalcanzables para un tío del Maravillas.
Alguno hubiera ofrecido el Alma por llevarle la cartera a un amigo del Liceo. Esa diferencia que marca el bilingüismo no.es una pose que se pueda imitar. Esa falta de.pudor para pasar sin interruptor de un idioma a otro. Porque se expresa mejor en francés. Hay una envidia insana en la mirada del españolito ante el idealizado viajero que se va a las colonias del sur de Francia en verano en vez de hacer un vulgar intercambio en el sur de Inglaterra para mezclarse con centroeuropeos y volver con un piercing y un mediocre nivel de inglés. O pasar un verano de pañoleta con los scouts y sus reglas y canciones obligadas. Sin embargo en el Liceo...ellos hacen otras cosas.
Pues con el fútbol y el baloncesto pasaba un poco lo mismo. Y es que al final es el orgullo y la alegría de lo que uno tiene lo que realmente se aprende en esos colegios que con tanta admiración se miran. Enseñan a los niños lo bueno de la diferencia, la suerte que tienen de estar ahí. Y así salen. La cabeza alta y dispuestos a lo que se les venga encima. Porque no hay nada más grande que tener ejemplos. Buenos ejemplos.
Alguno hubiera ofrecido el Alma por llevarle la cartera a un amigo del Liceo. Esa diferencia que marca el bilingüismo no.es una pose que se pueda imitar. Esa falta de.pudor para pasar sin interruptor de un idioma a otro. Porque se expresa mejor en francés. Hay una envidia insana en la mirada del españolito ante el idealizado viajero que se va a las colonias del sur de Francia en verano en vez de hacer un vulgar intercambio en el sur de Inglaterra para mezclarse con centroeuropeos y volver con un piercing y un mediocre nivel de inglés. O pasar un verano de pañoleta con los scouts y sus reglas y canciones obligadas. Sin embargo en el Liceo...ellos hacen otras cosas.
Pues con el fútbol y el baloncesto pasaba un poco lo mismo. Y es que al final es el orgullo y la alegría de lo que uno tiene lo que realmente se aprende en esos colegios que con tanta admiración se miran. Enseñan a los niños lo bueno de la diferencia, la suerte que tienen de estar ahí. Y así salen. La cabeza alta y dispuestos a lo que se les venga encima. Porque no hay nada más grande que tener ejemplos. Buenos ejemplos.
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