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22/12/2023

DE PADRES A HIJOS

Hay frases que solo dicen los padres o los hijos.  Me refiero a padre varón y a hijo de toda índole, edad o condición. ¿Quién no ha recibido la sorpresa del hijo: "¿alguna vez alguien había limpiado esto?" El tono es mitad reproche mitad orgullo y el resto inocencia.  Que suma más, mucho más de uno.

Por ejemplo, el recipiente del baño donde se deja el jabón.  La jabonera de toda la vida. Cacharro que, sea del tipo que sea, con rejilla para que el agua escurra y el jabón no se deshaga dejando esa  baba desagradable que, sí, las madres nos empeñamos el limpiar a diario o cuando nos encaja, sin éxito. Siempre queda algo, siempre vuelve y se mezcla con el polvo en suspensión para la desesperación de Don Limpio. El aspecto pone en duda el trabajo de quien se ocupa de esas cuitas. La solución en muchos hogares ha sido el dispensador de jabón líquido. Nada que ver, resta mucha calidez y autenticidad ese aspecto práctico. ¿Qué es más higiénico? Sí. No lo es todo en la vida, la higiene. La personalidad multiplica. Y entonces ¿de qué sirve mangar jaboncitos en los hoteles? ¿De qué sirve ese día que entras en una maravillosa tienda de jabones naturales de colores y los compras a juego con los de la pintura o por su olor según estado de ánimo.  Ere morado lavanda, ese verde Heno de Pravia, ese marrón chocolate que huele a casa de los abuelos. ¡Eh! ¿De qué sirve?. ¿De qué sirve esa concha gigante que antes estaba encima de la tele?  Desde ella se oía el mar. Ese mar de donde la cogimos un día, cuando ya no era el hogar de nadie. Esa concha a la que la tele plana desterró a la encimera del baño? ¿De qué?

 

Pues sí.  "¿Mamá alguien había limpiado antes esto?" Descubre tu hijo.  A cualquier edad. ¿Cómo se imaginaria que iba a estar la caracola si nunca antes la hubiera limpiado nadie?

Ocurre algo parecido con la cafetera.  Italiana, por supuesto. Solo los auténticos cafeteros recurren a tal instrumento, desterrado como la caracola, por las Nespresso e imitaciones. Inigualable en aroma, especialmente si en casa se muele el café. ¿Incómodas? Tal vez. ¿Poco prácticas? También. Inigualables frente a la anónima melita, café recalentado. Cafetera italiana al poder. Un día el padre entra en la cocina. Ciudad abierta, como Roma. Se dispone diligente a hacer café para todos. Al terminar, como es muy disciplinado, friega la cafetera, italiana, con todos sus ángulos, polígono indeterminado, truncado tronco. Al ver que tarda, la familia entera se persona junto al fregadero donde con esmero ataca los recovecos mediante estropajo y nanas. "Esto no lo ha limpiado nunca nadie antes". Tal cual. ¿Por qué la cafetera no se puede meter en el friegaplatos?


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