Este es un tema muy local. La dificultad de
atravesar como peatón una gran arteria de circulación. Pero imagino que hay
avenidas iguales a la madrileña Castellana, en el todas las ciudades y cada uno
puede imaginar la suya.
En Segovia más que calle, la pericia es necesaria
para atravesar la plaza del Azoguejo; ya sea en coche o andando. De hecho, en
los exámenes de conducir, ese punto de la ciudad es la prueba de fuego. En
Barcelona serán las Ramblas, supongo. En Londres, Trafalgar se lleva la palma
para mi gusto, sin contar con el peligro añadido de a dónde mirar, si izquierda
o derecha y los muñequitos cambiantes que lucen en los semáforos que, quieras
que no, desconcentran; en París, los Campos Elíseos; en Roma cualquier calle es
una aventura para cruzarla, circular por ella, andar, ir en bici, solo un
romano sobrevive sin infartar al tráfico de la ciudad eterna. También están
esas ciudades orientales con pasos de cebra en equis, estrella; formando un
guirigay que te hace olvidar a dónde vas. Y por fin está el pueblo de
Navacerrada. En el paseo de los españoles hay un paso de cebra que no llega a
la acera, si no a un murito que alberga unas bonitas petunias y hay que rodearlo,
manteniéndose uno en la calzada por donde vuelan los coches y ya fuera del paso
de cebra, para alcanzar la acera, que en este caso es un magnífico y sombreado
paseo.
Yo en Madrid sé que estoy muy en forma si cruzo la
Castellana sin pararme en la mediana. De un tirón. Pero en forma tipo
deportista de alto rendimiento, previo a mi participación en la Maratón, en
forma sin colgajos. Atleta, diría mi primo Javier. El asunto no es tanto debido
a la distancia a recorrer sino a que los semáforos de la Castellana están
puestos a traición. Si sales de Industriales ni de coña llegas a Zurbano del
tirón. Si llueve y no tienes paraguas, te aguantas, porque te va a tocar
pararte al menos una vez en el recorrido. Por no hablar de los quiebros que hay
que dar, porque la línea recta para cruzar es una utopía. Es decir, bajas por
la cuesta del chiringuito, pero te tienes que ir al semáforo, hacia Viriato o
hacia Pedro de Valdivia (si vas para allá hasta María De Molina no puedes
cruzar si no es arriesgando la vida. Hacia el otro lado, una vez rebasados en
dos tramos los carriles centrales, te toca andar por el bulevar para cruzar
Zurbano. Que, si vas a los ministerios, otro gallo cantaría, pero tampoco
llegas. Poca broma.
Pero todos los puntos para atravesar la avenida
tienen su detallito, a excepción, claro está del elevado de Juan Bravo, donde
cada tanto un amigo cliclista y yo nos vemos o quedamos, hay opiniones. Si no es el carril bus, son las terrazas
¡benditas terrazas que nos permiten fumar y ser libres aún!, casetas de obra,
paradas de autobús, semáforos no alineados, semáforos solo para vehículos. Por
no hablar de alcorques dañados por las raíces expansivas, aceras levantadas,
baldosas mina (de esas que cuando llueve te decoran el pantalón), charcos
eternos porque no drenan las alcantarillas. O puntos neurálgicos como Colón,
Atocha, Gregorio Marañón o Emilio Castelar, donde el azar es el único aliado
para cruzar correctamente; o Plaza de Castilla o La Paz (ahí hay un paso
subterráneo con sus cantantes y todo, con eso ya está garantizado que el cruce
a nivel es inviable) y que si quieres ir de la Paz al Vips de enfrente lo mejor
es cogerte el metro. Este problema del norte va a desparecer con el súper
parque.
Mucho se habla del semáforo de la calle Belén, el más breve de Madrid, o del de José Abascal, que tarda tanto en cambiar que el malabarista que entretiene a los conductores tiene tiempo de terminar su número completo como si estuviera en el circo. Normal que tenga sobrenombre la calle, conocida por sus atascos. Mucho se habla de lo escasos y lo mal que están los carriles bici, que es cierto. Pero quien sea capaz de cruzar la castellana de una, que levante la mano o que calle para siempre. Antes se podía llamar velocidad de crucero a la que te permitía recorrer Velázquez sin lo parar desde el infinito (donde se corta con Velázquez, paralelas…vienen siguiéndome) hasta el Retiro. Los semáforos estaban sincronizados. Ya ha caducado esa posibilidad, igual que tampoco existe velocidad para cruzar la castellana de un tirón, a no ser que te encarames al puente de Juan Bravo y sus encuentros o que hagas trampa y te lances a atravesar tramos en rojo con el riesgo del atropello, el claxon a todo volumen y los insultos.

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