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29/05/2017

MON ONCLE


Teresa: Cuando fuimos a ver la película de Tatí, pensaba que era por nosotras. ¿Qué otras sobrinas había? ¿Quién más que él era “mi tío”? Pasa la infancia y los años y te enseñan a compartir y sabes que no eres único, ¿o sí? No creo que nadie tenga un silbido propio como tenían mi padre y mis tíos para encontrarse en la multitud, por ejemplo. ¡Toma castaña!. Ellos sí. Es que son fenómenos.

Mi tío tiene varias teorías, como todos los Montoya. Tan convencido está de todas ellas,  que seguro que son ciertas. Hará solamente falta tiempo para demostrarlas. Ha sido capaz de lograr lo que ha propuesto siempre.

Algunas de sus tesis: el humor y el amor. Perseverar y dudar. Todas se mezclan, porque todas son lo mismo. Hay que ser muy generoso para dar todo esto, y muy bueno.

El humor: hacer reír a los demás partiendo de la base de reírse de ti mismo, de lo que más duele, de lo más absurdo, de lo más bonito, da igual. “Doña Paquita erguida, espalda en plano, presidiendo la mesa de galones de cristal de La Granja, brillos azules y naranjas. Vega Sicilia cambiando su color. Encorsetada la reunión en el salón del timbre en la panza del caballo. La lámpara que llora. Al brindar siempre la misma broma. Lío de cordones de zapatos. Un arranque de enfado y enseguida la risa, la carcajada.

El dedo índice en alto, las cejas arqueadas señalando asombro. ¡Fenómeno! Cuéntame cosas. La boca en un círculo. ¿Y tú les has dicho a tus amigos que tienes un tío en Valladolid? ¡Estás tonto! Y la mueca de sorpresa y de guasa, las palmas en alto, los brazos abiertos y reclinado ligeramente hacia el respaldo. Insistir una y otra vez hasta hacerte llorar de risa.

¿Cómo se puede ser ingeniero siendo un filósofo? (¡tú sí que eres filósofo!) Ni idea. Felipe se disfrazó de profesor cuando lo era, parecía recién llegado de una facultad inglesa llena de césped. Gafas de pasta aunque la miopía se hubiera esfumado, a juego con la chaqueta de lana, el pantalón de pana, la bufanda de cuadros,… Imagino a Teresa, paciente buscando el disfraz. Y al ver el resultado y sobretodo al ver tu cara dándote cuenta de que todo era ad hoc con el puesto, ese gesto de guasa, y el dedo índice unido al pulgar por las yemas haciendo una o, de OK.

 
La constancia: Dice que sus hermanos son más listos que él, pero más vagos. ¡Tú sí que eres listo! ¡No fastidies! Lo repite, lo elabora, medita, porque no presume de nada. Persevera hasta que te convence o te hace reír, que es lo que quiere. Lo que más le puede divertir es que tu entiendas la broma y aprendas también a hacer reír, a reírte de ti mismo. A confundirte con otro cuando te miras al espejo. ¿Alguna vez te has visto de perfil?. Hacerte pasar por él cuando te encuentras con un desconocido que te habla como a un amigo, no le sacas del error, te contagias de su entusiasmo sin despeinarte. Bueno, él seguro que hace mucho que no se despeina.

Mi tío, no es el de Tatí. A él le gusta la sopa y el ponche del Alcázar, el de verdad. Preguntará el ingrediente secreto las veces que hagan falta en la plaza. ¡Pero hombre!

Felipe me enseñó lo más importante: que hay que tratar a lametazos no solo a los niños, sino a la gente que quieres. Ahora lo veo claro, Felipe no ha dejado nunca de ser un niño, eso es lo que quería contarnos. Hay que mantener la constancia, el interés, la alegría y  la inocencia de la infancia para vivir. Sigue encaprichándote, repite, asómbrate, mira hacia arriba, hacia el mundo adulto y no te creas nada. Sigue tu instinto, sé bueno. Queda mucho para hacernos mayores. Disfruta, que esto es fenómeno.

Me dijo Teresa si podría leer algo de Felipe, Felipe, mi padre, mi padre Felipe, intentaré poner blanco sobre negro lo que tengo escrito aquí, muy dentro de mí.   Ojalá pudiera hacerles reír a los dos. Soy afortunada y os debo mucho, gracias. Pero, me quedo con el boli.

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