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15/05/2022

AHORROS EN LA COMPRA

 

Yo antes era muy de Lôreal "porque yo lo valgo" en el asunto de hacer  la compra, lo heredaría de mi madre, claro. Ella sí que lo valía. Me refiero a la compra diaria, a llenar la despensa (quien la tenga), el pueblo llano: la nevera. Yo era mucho de: En plan (como se dice ahora): no se ahorra nada comprando en grandes superficies, tipo (como se dice ahora) Carrefour Las Tablas o Alcampo de San Chinarro. Mejor te vas a tu súper de toda la vida, a la vuelta de la esquina, donde solo hay leche Pascual. Que se mueran las ofertas, que son todas un timo. El clásico compra dos y te llevas uno gratis, maquiavélico invento que aprovecha el despiste del ingenuo que lleva una sola unidad, y le sale por un pico de la cara, es el apaño del tendero a cambio del ofertón . Descreída e ignorante de que la marca blanca de yogures griegos del Día, por ejemplo, es Danone o las gulas del Corte Inglés son casi angulas. O que el mejor Vitro Clean es el de Mercadona. Paseaba mi cuerpo serrano por esos supermercados que sólo tienen carros pequeños. ¿Por qué será? Los más selectos solo tienen cestas: "Tipo" Mantequerías Alemanas o Fass, Mallorca, Embassy. Donde a la clientela se le llama por su apellido. Yo era de las que iba a Fass a por una ensalada de arenque y aprovechaba para comprar mayonesa Musa, o el pan, o cualquier capricho. Y es que me encantan las mantequerías, de la provincia que sean, las tiendas con vitrina, donde los garbanzos son chiquitos y se venden a granel. Esas en las que no hace falta la etiqueta de denominación de origen. Las judías son de La Granja, y el hornazo de Salamanca. Las uvas Moscatel fino. Y las cerezas recién caídas del Jerte. Salgo de Mallorca con unos torteles, un par de inglés es y todos los quesos que ha tenido a bien recomendarme el impoluto tendero. Porque da gusto esas tiendas, lo bien que huele, que está todo relimpio. Es que así da gusto y así hacía mi compra. Ahorrando de mi tiempo, que es lo que más vale. Pero como dice un amigo mío vasco de corazón, que no hizo la mili, por un cúmulo de cosas; el tiempo no vale nada si no te lo pagan. Tal cual. 

Pero tengo otro amigo, de Cartagena a mucha honra (que tampoco hizo la mili, sus razones tenía) que sigue haciendo la compra en Sánchez Romero (tal cual) y llena el carrito. Que los hay ya (claro, que ya no es lo mismo desde que lo compró el Corte Inglés. Todo sabe a la Boutique del Gourmet). Él sigue haciendo la compra allí, de la semana, porque lo tiene al lado de casa. Y cuando su chica no está, encarga comida en un restaurante y alimenta a su prole a capricho. Mientras, el vasco prepara albóndigas para mañana y una carne mechada que viene la familia. Y yo un pescado al horno con sus patatas y sus pimientos de acompañamiento. El tiempo de algunos sigue valiendo aunque nadie lo pague. ¿Cuestión de perspectiva o de autoestima?. 

Eso sí, mi amigo es celoso en la cola de la caja. Como si estuviera comprando chuches de niño. Especialmente desde que pasó el virus. Dice que ya no tiene filtros, si es que algún día los tuvo. Desde que en el hospital le llamaban rey, príncipe, cariño, los astronautas que decían ser enfermeras, es otro. Si se le quiere colar el típico listo, aunque se conozcan de pupitre, le niega la mayor. ¡Ole tú! Solo llevo unas sardinas. Será cutre, piensa mi amigo, que ahora teme haberse olvidado de algo y tener que abandonar su puesto en la cola. Antes muerto, prefiere volver después. 

Y es que en cuestión de hacer la compra nadie tiene razón. Y a todos nos gusta presumir de chollos y bondades. Pero lo que sí he aceptado es que es más barato comprar de marca blanca en Mercadona, Día, Carrefour, que en Sánchez Romero. Por mucho que valga tu hora, ola mía no vale lo bastante. Eso sí, el que busca producto, como se dice ahora, se va al mercado de Chamartín y allí las mandarinas huelen a La Barraca, la merluza brilla, el ojo del besugo te mira todavía y solo hay cerdo que se ha alimentado de bellotas. Angelitos. Lo más caro de todo es comprar unas manzanas de oferta y tirarlas  cuando se ponen malas porque eran madera al diente. Ahí sí que lo barato sale caro. Digo yo. Que estudios de mercado no hago. Sigo haciendo lo que buenamente puedo.  Eso sí, a sabiendas de que en posesión de la verdad no estoy.

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