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04/01/2026

LAS ESTUPENDAS DE R.D

No. No me refiero a la querida república. Más bien a Don Rubén, poeta, el de la princesa. La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?  Padre se sabía el poema entero, ventajas de la educación de la memoria, denostada en épocas de disipadas disciplinas. Aprendimos de la libertad y del olvido. Al grano: Rubén Darío no es solo el nombre de una estación, de una parada, de una boca de metro. ¡Acabáramos! Don Rubén sin saberlo escribió frases que nadie sabe que son suyas, 'juventud, divino tesoro" y sobre todo, "la princesa está triste, ¿Qué tendrá la princesa?', Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado de su clave de oro; y en un vaso olvidado se desmaya una flor."  El tono de la lectura ha de ser tal que invoque a una caída lánguida de la mirada y el ánimo al final del verso. Padre mencionaba a la princesa cuando las lágrimas amenazaban. Estoy aquí, para lo que necesites.

Pero no quería hablar de poesía, ni de mi padre. Aunque los padres están en todas partes. En la plaza que toma prestado su nombre al poeta hay un solemne edificio de forma de arco de circunferencia, que acompaña con elegancia la forma de la plaza; en el edificio un portal; para entrar, un portón que no desmerece el aspecto general; un vestíbulo generoso con sofás para la espera y el diálogo; a otras cotas: las viviendas, principal, segundo…. El ínclito edificio fue refugio en alguna guerra. 

En fin, dichosos los poetas, el caso es que el local del bajo de la conocida plaza, alberga en la actualidad un centro de Yoga.  Actividad de moda en la actualidad, saludable tanto para mente como para cuerpo. Se trata de un secreto a voces entre la alta sociedad madrileña, entre lo más selecto del barrio de Almagro y Salamanca. Solo se conoce por el boca a boca. La aristocracia de las mujeres en buena forma, las estupendas, solo comparte con las más íntimas la ubicación de tan preciado secreto. Que hoy desvelo sin pudor pero con miedo real a las represalias. Nadie puede desmerecer el poder de un grupo de mujeres concentradas en la respiración y posturas imposibles puede llegar a tener. Ríanse ustedes. El Centro, como Enrique Busián, no tiene puerta de calle, está en los intestinos del edificio. Escondido a la vista en su interior, Don Rubén se sorprendería de la algarabía de la planta baja si al salir a fumar a su balcón con vistas, compartiendo confidencias con Don Joaquín, a quien por cercanía cada tanto frecuentaba. (se trata este encuentro imaginario, nacido en mi cabeza. No sé Sorolla y Darío se conocieron, si fueron o no amigos. Solo me hace gracia imaginarlos en un balcón mirando a la plaza  y observar el trasiego a la entrada de la casa, muy de mañana) Se asombraría cual portugués (de que los niños en Francia hablasen tan bien francés). Se trata de una fauna de estupendas que cruzan el Paseo de la Castellana por el puente de Juan Bravo a la sazón puente de Enrique de la Mata Gorostizaga. Esa fauna de féminas consta de chavalas adultas y no tanto. Con el pelo perfecto en un recogido del que no se escapa nada; cuando de canas, de canas; si tornasolado, lo mismo y si es tinte o mechas, cada cosa en su lugar. Frecuentan las melenas. Coleta con la goma de los espárragos. Casual y perfecta. Embutidas en perfectas mallas, no adquiridas en tiendas populares si no en locales exclusivos, el ropaje recoge los eventuales defectos, que son pocos, y dan un aspecto elegante y conciso a las damas. Se completa el atuendo con un chalequito ceñido que cubre la camiseta o sudadera. Zapatillas sin mácula de polvo o suciedad, como si no tocaran el suelo al caminar, como no fueran susceptibles a la vorágine de las aceras salteadas de pecios previo a la limpieza soplada de los afanados porteros de la zona, o como las damas hubieran llegado volando.

El caso es que hay un centro de yoga que es lugar de reunión de esta élite, de estas mujeres que se conozcan o no, pertenecen a un selecto grupo, son la aristocracia oculta de la capital. En esas clases unas profesionales ad hoc organizan, entrenan, adiestran, a esas madres, mujeres de, jefas de servicio de la Princesa, o responsables de operaciones de grandes compañías, “bigfour”, directoras, ejecutivas agresivas o no, mujeres de éxito personal y profesional. Acuden discretamente a ese nudo gorgiano que solo las elegidas conocen. Entran con la cabeza alta y salen llenas de vida y con energía renovada, tras una sesión de posturas imposibles y paz, seguramente enfrentan al nuevo día con conexiones desconocidas para los mortales. Si no eres yogui, ni eres nadie. Que lo sepas.


Decathlon ha democratizado el deporte y ha hecho tabla rasa, nos ha hecho la ilusión de estar todos al mismo nivel. Falso. Siempre hay clases, siempre hay niveles, no existe la igualdad, ni en el deporte ni en la vida; para eso ha venido el yoga, para poner a cada uno en su lugar. Ha hecho su selección y ha elevado a la élite, a lo más exquisito de la sociedad, a la práctica de determinadas actividades deportivas que solo los elegidos son capaces de llegar a entender. Porque requiere el oro de nuestros días, que es el tiempo y la plata, la reflexión. Así la práctica del yoga es como llevar un diamante, algo presuntamente discreto e inabarcable a la vez.

Madre, mi madre, se hubiera apuntado a yoga, y seguramente habría acudido atravesando el puente de Juan Bravo, con zapatillas doradas y la estera en ristre a las clases que imparten chavalas estupendas llenas de paz y armonía, en un ambiente zen de serenidad, sosiego, tranquilidad espiritual, donde la respiración es el eje del ejercicio y el sudor fruto del esfuerzo mental de la concentración y el control de la posición. Apuraría mi madre un chester sin filtro antes de entrar a clase y a la salida acudiría en animada conversación, acompañada de nuevas amigas de su actividad reciente o no, a algún café cercano donde daría cuenta de un buen pincho de tortilla antes de enfrentarse a la jornada. Moderna ella pero sin renunciar a su esencia. Volvería en taxi a casa o al Hospital. O quedaría con padre.

Pero no se dejen engañar, es condición necesaria ser VIP para acudir a esas clases, es denominador común la indumentaria selecta, que no parece deportiva de lo elegante, que contiene las carnes alisando los  bultos celuliticos, agrupa tensiones y disimula errores. Llevan un pelo perfecto, que no se descoloca tras el ejercicio ni se atribula, no le afecta la humedad, ni al cabello ni al maquillaje. No se dejen engañar es condición beca pero no suficiente. Se puede usted embutir en tal ropaje y adquirir un aspecto inevitable de morcilla de Burgos que le va a delatar an cualquier ambiente, las puertas no se abrirán a su paso. Es un coto vedado. No admite intrusos.


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