
Todos conocemos a esa mujer que tiene mucho peligro. No es fácil saber qué tiene que le hace irresistible a los hombres, a todos, sin distinción de raza, edad, ideología o creencia. Si es simpatía o empatía, si son sus silencios o su cháchara, si es una sensualidad de la que tu careces. Con esa melena que se balancea a los lados de la cara, de color caramelo a juego con sus ojos de miel. O son sus canas y su mirada oscura. O su pelo corto a lo "garçon'. Su clásica manera de vestir, o lo moderna que resulta hasta el punto que su atuendo podría ser estrafalario en otra percha. Puede ser la amiga soltera o, a partir de cierta edad, divorciada, una o más veces. O felizmente casada. Pero tiene mucho peligro.
En cualquiera de sus estados o
condiciones, no sabes cómo proteger tu relación de ella. Todas las alarmas
suenan en cuanto entra en escena. Te vuelves invisible y muy pequeña, se te tuerce
el aparejo, pierdes el control. No quieres parecer celosa ni controladora. Pero
tiemblan los cimientos de tu estabilidad cuando aparece. Estás segura de que si
Félix (tu chico) la conoce, se te enamora y cancelamos planes de boda por mucho
que hincara rodilla en un marco incomparable. No te da motivos para dudar de
él. Pero tú sabes que cualquier castillo es susceptible de desmoronarse. Salvo
que la unión tenga el objeto de juntar lindes y estén todos de acuerdo en ese
barco, torres más altas han caído. El compromiso o el matrimonio se tambalea
según la intensidad del seísmo y este terremoto está muy arriba de la escala.
Las ondas de esa mujer fantasma son de amplitud desconocida. Es capaz de
detectar la frecuencia propia del individuo al que se propone o no, conquistar,
y hacerle entrar en resonancia sin dificultad alguna. No se da la circunstancia
de que intente conquistarlo, no parece un acto asociado a la voluntad ese
expandir sus feromonas y hacer crujir los cimientos del amor que el caballero
que se le pone por delante profese a su pareja. Solamente ocurre.
Ella puede ser bajita o alta, entrada
en quilos o flaca. No tiene importancia. Es una diosa para el caballero agraciado
con su atención. Puede ser frágil o sólida, dependiendo del objetivo que tenga
delante momento. Charlatana o escuchante. Es un camaleón en estado puro. Detecta
involuntariamente la necesidad del otro y activa su deseo sin darse cuenta. Está
en su naturaleza. Le ocurre estando ella misma en pareja o no. El sufridor
número uno su marido o novio del momento. Si es resistente, habrá tolerado
eventuales cuernos o sospecha de infidelidad. Es posible que nunca haya
ocurrido nada. Es posible pero inimaginable. La incertidumbre y las
inseguridades propias del ser humano se multiplican al contemplar día tras día
cómo su mujer, su novia, desestabiliza a sus amigos, clientes, al camarero, al
presidente. Tanto da. Si es maduro y seguro de sí mismo, con el profundo
conocimiento de que no puede hacer nada al respecto para evitarlo, se mantendrá
al margen, intentando no emborracharse ni montar un número. Nada alteraría el
curso de los acontecimientos. Puede que no se consume ni siquiera un
acercamiento más allá de un coqueteo de película, puede que no haya intercambio
de teléfonos ni fluidos, que no exista contacto de ninguna de las maneras. O
puede que sí. Esa consciencia de la naturaleza conquistadora de su pareja
requiere una integridad que solo la kryptonita puede garantizar. Y la kryptonita,
como el ingrediente secreto, no existe. Así es que Julián - esposo mira a Emma –
diosa y sabe que no está en su mano. Es el escenario que teme cada vez que
cruzan el umbral de su casa. En las ocasiones que, sin cruzarlo, los que lo atraviesan
son sus invitados, familia o amigos. Tanto da. Julián reconoce su impotencia y
muere de amor. Emma le quiere también. Pero está en su naturaleza.
Y es que esa mujer que lleva en la
sangre la conquista, sufre por el dolor que causa. No solo el daño que le hace
al Julián de turno, que no es el primero ni será el último. Los estragos que
causa en las hermanos, amigos, compañeros de trabajo. Lo ha intentado todo.
Estar sola, mudarse, ser monógama consecutiva. Ha intentado no salir de casa,
no entrar. Pasarse el día viajando. Nada funciona. No se mueve con el objetivo
de seducir, simplemente ocurre. Es que ella tiene mucho peligro. De pronto se
ve envuelta en una conversación en la que el otro ya está completamente
subyugado, entregado a cualquier requerimiento que se le pudiera pasar por la
cabeza. Es una fase que nunca recuerda. Esa que transcurre entre la detección
involuntaria de la víctima y darse cuenta de que está entregado, a sus pies.
"Como desees", lee en sus ojos. Ha llegado hasta ahí en una suerte de
hipnosis, sus entrañas se hacen dueña de los mandos y es incontrolable. Cuando
lo ve, se asusta y en ese momento empieza su retirada. No hay reto mayor para ese
hombre absolutamente perdido entre su mirada y en el calor del fuego de su
melena que esa firme decisión que adopta la hembra cuando se quiere marchar. El
orgullo del sembrador, la bravura, el pundonor, la hombría, se activan en su
interior como esa llama antigua e instintiva que permitió la supervivencia de
la especie gracias a la conquista y al tesón. Y no quiere dejarla marchar de
ninguna de las maneras. Pero la ha perdido.
Es que Emma tiene mucho peligro.
