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23/06/2015

EL PSICOANALISIS O LOS CURAS

Siempre he defendido que en España el psicoanálisis no ha triunfado gracias a la confesión. Los curas siempre se han ocupado del 'listening', entre otras cosas. Y la figura del psicoanalista no tenía cabida. La salud espiritual y el desahogo se confiaba de rodillas y con la cabeza sujeta entre las manos, pegada la voz a una celosía y después el oído.

Sin embargo en la Europa Central había una carencia. Ese cabrito de las gafas redondas tuvo que darse cuenta del chollo. Porque es una ganga el análisis. El paciente - cliente se tumba plácidamente -los primeros días está lleno de desconfianza, después de las primeras lágrimas la cosa cambia y se relaja. Mas plácido aun se repanchinga el doctor en su butaca más cómoda; la ha elegido ad hoc, por supuesto, pasa horas en ella. Entonces empieza el espectáculo. El paciente habla, el doctor escucha, o no, a veces hay silencios. Pequeñas puntualizaciones. Un sí o un no aislado. De pronto el que yace pregunta. El doctor le devuelve un 'tu qué crees'. Si es muy bueno, en ocasiones, al terminar de contarle un sueño, dará una interpretación que seguro parece satisfactoria. El psicoanalista, como el sacerdote, escucha. Y si es bueno, escucha de verdad y relaciona sucesos que el paciente no se atrevería a juntar, por pudor, por miedo a algún cliché. De pronto todo cuadra. Todo encaja.
La ventaja del sacerdote es que aporta consuelo a través del perdón y la penitencia. Que le perdonen a uno, poder reconciliarse rezando, da una ventaja espiritual frente al resto de los mortales. Sacerdote y psicoanalista se diferencian en eso. En la fe.

Para el análisis hace falta paciencia, ahorrar y capacidad de sufrimiento, como el corredor de fondo. La fe, o al menos, la confianza, en que el tratamiento funcione ayuda también. Es casi necesario pertenecer a la clase social de los aristócratas de las emociones. Y es imprescindible un buen analista, con dosis infinitas de memoria y capacidad para aguantar el tedio que supone escuchar una y otra vez los mismos relatos, iguales argumentos, escuchar y aguantar lágrimas, histerismo, desesperación....como un padre o madre continente.

Para la paz que otorga el sacerdote solo hace falta la fe. Se dice pronto. Pero no es fácil. El creyente tiene una suerte infinita que es saber que hay un orden y una razón detrás de todo. En ese sentido se sitúa varios pasos por delante del pobre infeliz del diván. En fin, Freud inventó el psicoanálisis porque no era cristiano.

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