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04/10/2026

BAILAR

 

Me dejó impactada una frase de Larry, en el Cuarteto “Recuerda, si a una chica no le gusta bailar y nadar…”.  Debatí esa frase y muchas otras de la obra con mis amigas, mientras leíamos al fantástico y pedante hermano de Gerard, mucho más escritor que aquel que hablaba de su familia y otros animales. Me fascinó el cuarteto. Nos fascinó a las amigas, nos íbamos pasando el libro de unas a otras. Fue el libro que más me gustó encontrar de la biblioteca de los padres. Fueron tres, Clea no estaba. Son mi tesoro.

Pero voy al lío. Durante una época muy larga de mi vida pensé que el baile estaba restringido a las bailarinas, o a las que sabían bailar. Hablo en femenino porque estoy hablando de salir a bailar en un concierto, en una fiesta, y ahí los hombres bailan acompañando. Cada uno tiene sus gestos aprendidos tipo “estoy sembrando”, moviendo el brazo con alegría y abriendo la mano a modo esparcir semilla, (con una carga de fondo importante o doble sentido). Ese brazo en alto con el índice apuntando al cielo o al escenario es también muy socorrido, o animar con las manos abiertas al grupo ( en caso de DJ todo va dirigido a los amigos) 

Cuando yo empecé a ir a fiestas, se llamaban guateques y se colocaban las bebidas en una mesa y alguien se encargaba de poner discos. El momento cumbre eran las lentas. Todo eso ocurría en plena efervescencia adolescente, cuando estas acostumbrándote a tu nuevo cuerpo, a resultar atractiva sin darte cuenta. La mayoría de las chicas a esas edades se ven feas, gordas o delgadas. No encuentran que ponerse en abarrotados armarios porque no saben si esconder o enseñar. No saben siquiera si quieren ser mayores de verdad. En las fiestas, el momento de “las lentas” era un cuerpo a tierra: Las chicas nos sentábamos y los chicos nos sacaban a bailar. No hace tanto tiempo 1980, antes del RockOla y el  Rompeolas; antes del Penta y el Delanys, justo antes. Entonces la tensión era enorme. A ver quién te sacaba a bailar. O a ver si te quedabas sola en las sillas. Hoy tendrías recursos para aburrir. Desde una llamada, fumarte un pitillo, empolvarte la nariz….pero entonces las cosas no funcionaban así. “Es que no sé”. “Da igual, yo te llevo”. Madre mía ¡qué momentos! En alguna ocasión me libré de un baile incómodo por mi altura, sacaba unos cuantos centímetros a mis amigos. Alguno se subió a un taburete, ¿dónde estará ese chico que lo tenía tan claro? 

Entre otras cosas yo pensé que no había aprendido a bailar entre otras cosas, por mi altura, como ya he dicho “ser alto está sobrevalorado “. Además de mi tara familiar de tener un oído enfrente de otro. Con la prolifera de oídos perfectos en la familia me tocó a mí tener orejas. Mira que me hubiera gustado saber tocar la guitarra, eso daba muchos puntos. O el contrabajo, con eso no se liga nada, seguro, pero mola muchísimo.

El caso es que la edad, mucho más que el alcohol, favorece la deshinibición. He descubierto que casi nadie sabe bailar, y que da lo mismo. Hay quien baila como si cantara, otros parece que están haciendo gimnasia, hay quien baila como si fuera una niña, con los brazos abriéndose y dando vueltas para que el vestido se hinche. Y los que saben bailar tampoco lo hacen como profesionales en la pista, en una fiesta. A no ser que salgamos por peteneras y les dé por poner sevillanas. Cuando viene el toque sevillita (con perdón, que esto no tiene que ver con los de la Giralda y la calle Betis, que quiero yo a mucha gente de allí), con la iglesia hemos topado. Ahí solo se admiten nativos. La excepción es un amigo mío muy querido que en una particular fiesta que celebramos hace ya la pira de años, con su tupé y barbas pelirrojas, camisa blanca y cuerpo generoso, se bailó de la primera a la última con todas las nativas, sorprendidas ellas por su pericia, delicadeza y hombría. No se habían visto es una igual. Pero eso es espectáculo. 

Yo me refiero al bailoteo cuando vas a escuchar a tu banda a una sala de conciertos. Cuando se saben las canciones peor que tú o se las inventan, cuando da igual como cante, cuando lo importante no son los detalles si no la alegría. Esas acusaciones maliciosas por la falta de ritmo, me dan lo mismo. ¿Quien dijo ritmo? Hay un sitio no de moda donde han dado en el clavo y ahí pasamos las tardes, después de comer, con los amigos. Bailando y riéndonos. Es quizá el sitio de mi recreo, como dice Cris.


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