
Pero al cabo, (nada os debo, me debéis cuanto escribo...)sí, nosotros soñábamos con ser mayores para poder hacer lo que nos diera la gana. ¿Y? Define "'hacer lo que te de la gana" Es que no queríamos crecer para tener más responsabilidad, No. Ni queríamos madurar. No estaba clara la edad objetivo. No. Tan solo que queríamos hacernos mayores para hacer lo que nos diera la gana. Fuera lo que fuera eso. Acostarnos tarde, ver pelis porno, comer guarrerías, pizza a diario. Si no hay pizza entonces una hamburguesa. Ponernos lo que quisiéramos, tacones, escotes, tachuelas, pero largo, corto, de colores. ¿Y? Y después qué. "después de ti. Después de ti no hay nada. ¿Para qué me curaste cuando estaba herido?. Si hoy me dejas de nuevo con el corazón partío" Eso es otro cantar.
Lo más próximo a hacer lo que te de la gana, sin haber crecido lo bastante como para que fuera real, era estar sin padres. Solo en casa. Todos teníamos amigos que estaban 'sin padres' con mucha frecuencia. Planazo. Había que ir a esas casas al par de días de que se hubieran ido los padres y al mes. A los dos días la nevera estaba llena, relucían los libros en las estanterías. Fiesta el viernes. Alcohol para todos. Sensación de libertad. Pasados los primeros brillos una casa sin padres era un desastre donde no quería ir nadie, ni la asistenta estaba dispuesta. Se plantaba en jarras y no había forma de que flexibilizara su postura. Una casa sin padres era un caos para el invitado y un desasosiego inconfesable para los hijos. Estaban deseando verles. Eso sí, el día previo a la vuelta se organizaba zafarrancho, todo en su sitio, limpieza general de la torre de cazos y cacitos, reposición de botellas en la medida de lo posible. Jornada de ventanas abiertas y desinfección general.
¡Qué alegría la vuelta a la rutina y a obedecer a regañadientes!
Está tan idealizado lo de hacernos mayores que no hay decepción más grande que ésa.
Lo más próximo a hacer lo que te de la gana, sin haber crecido lo bastante como para que fuera real, era estar sin padres. Solo en casa. Todos teníamos amigos que estaban 'sin padres' con mucha frecuencia. Planazo. Había que ir a esas casas al par de días de que se hubieran ido los padres y al mes. A los dos días la nevera estaba llena, relucían los libros en las estanterías. Fiesta el viernes. Alcohol para todos. Sensación de libertad. Pasados los primeros brillos una casa sin padres era un desastre donde no quería ir nadie, ni la asistenta estaba dispuesta. Se plantaba en jarras y no había forma de que flexibilizara su postura. Una casa sin padres era un caos para el invitado y un desasosiego inconfesable para los hijos. Estaban deseando verles. Eso sí, el día previo a la vuelta se organizaba zafarrancho, todo en su sitio, limpieza general de la torre de cazos y cacitos, reposición de botellas en la medida de lo posible. Jornada de ventanas abiertas y desinfección general.
¡Qué alegría la vuelta a la rutina y a obedecer a regañadientes!
Está tan idealizado lo de hacernos mayores que no hay decepción más grande que ésa.
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