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01/03/2020

ME DA MIEDO ENTRAR EN LA COCINA



Mi nevera no está leyendo a Marx. Pero otro día vinieron a arreglárnosla. Llevaba sonando meses, pero ya los decibelios provocaron las protestas de vecinos, niños que no podían dormir, mayores que no oían la tele. Empezó a subir el volumen de la casa para compensar. Y cuando ya Julio, del 4º, lloraba tan fuerte que Maribel, del primero, mojaba un chupete en anís para consolarle, que Juan, del 3º, apagó el sonido de su televisor al darse cuenta de que oía acoplado el del 5º, que veía la misma película. Hasta que no puso la radio Mariana, que vive en el bajo, porque José Luis, del 2º B también oye la SER. Cuando todo se mezcló de tal manera que íbamos a necesitar una junta de vecinos para priorizar, porque Ana Mari oye la Cope, y se enfada, claro. Ante el miedo del evento, llamé a IKEA.
De paso digo que los de IKEA son unos paquetes, que está genial para comprar servilletas de 25 x 25 no se lo discuto a nadie. Que sus perritos calientes, cada vez más pequeños, son los mejores, tampoco lo discuto. Además de ser un antídoto al veneno del divorcio, están de muerte. Agradezco a los perritos calientes con su cebolla crujiente, largos años de felicidad matrimonial y armonía. Pero eso no quita que son unos paquetes. Sí, es maravilloso diseñar tu propia cocina y montarla tú mismo. Igual que una librería o una cómoda. Nunca son exactamente iguales a cómo las viste en la tienda. Y casi siempre sobran o faltan clavos, ante tal evento, mi santo, del lao de la seguridad, recurría al diámetro superior, ni un terremoto de grado IX descoyuntaría nuestros muebles de IKEA. Al grano: llamo al servicio técnico y después de pasar un test más difícil que un examen de Teleco, me aceptan como cliente. No, la nevera no está en garantía, no, no tengo el recibo, hace 10 años que la compramos, ya no tenemos ni la librería, Billy, donde guardábamos esos papeles. Nos hemos cambiado tres veces de casa, sí, la nevera vino con nosotros, milagrito del Niño Jesús que funciona. ¡Pero suena! Y nos van a echar de casa.
Después de una mañana entera de llamadas, a números que están y no están en nuestro servicio, en fin, que la cuenta de Movistar va a salir por un pico, por fin consigo el número del técnico. Al grabarlo en mi móvil, para n tener que volver a pasar por el proceso, me aparece un mensaje "numero existente". Mierda. No me lo puedo creer. ¿Cómo lo había guardado? ¿por la I de IKEA? ¿por la R de reparaciones?  Golpes de frente contra pared. ¿Cómo lo guardo ahora AaIKEA? Me imagino tendida en la carretera después de un accidente, probablemente con tomates en los calcetines. Ya me regañarán. Y el sanitario de turno que encuentra que mi primer número es Joaquín, de Ciudad Real, que recorre estos mundos de Dios reparando las picias de IKEA.
Pues vino Joaquín, nos saludamos, un café, no gracias, acabo de tomar; sí, ahora es la nevera, vaya, pues sí que suena, a ver, déjeme que eche un vistazo, el friegaplatos bien, ¿verdad?, sí, niquelado lo dejó usted la última vez, ¿y los niños?, crecidos, en el cole ya todos, la mujer los lleva y los trae, que yo ando liado de un lado para otro. ¿Los suyos?, uy muy mayores, en Alemania, están los mellizos, de Erasmus. ¿Y la niña?, bueno la niña es la madre de mis tres nietos. Como locos estamos haciendo de abuelos cuando nos deja. ¡Cómo pasa el tiempo! Sí. ¿Tiene un secador? Sí. Apaga la nevera, saca los cajones del congelador, aplica el aire caliente. 12 minutos después de haber pasado el umbral de casa ya tiene la factura preparada, 57€. Lo que es saber. Y la paz reina en el vecindario. Julio ha dejado de llorar. Y Ana Mari se ha pasado a Onda Cero, que son más majos, dice.

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