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19/03/2021

LA ISLA

 

Si no sabes lo que es la isla, sólo hay tres posibilidades. Uno: que no sepas lo que es “la Isla”, dos: que no tengas hijos adolescentes o no seas tú mismo un adolescente barra joven no tan joven, y por último que no hables con nadie. Dentro de la primera opción está incluida tanto la tercera, como ese grupo clásico de mentirosillos barra intelectuales de pacotilla que se avergüenzan de saber lo que es “la Isla”. Si bien es cierto que no toda la Galia está invadida por los romanos. ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste, todavía y como siempre, al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios romanos en los reducidos campamentos de Babaorum, Aquarium, Laudanum y Petibonum…, los indomables que, bien sea porque ya no ven la televisión por aburrimiento o porque solo vean películas que sus plataformas digitales les recomiendan, a falta de consejos amigos; o porque, en fin, tengan otras aficiones; son como las meigas.

El caso es que yo sí he visto la Isla, con interés medio escéptico, medio neutro en un primer momento: Por dar una oportunidad a la generación que viene. Con pasmo, estupefacción y mucha vergüenza, pasado un solo minuto de programa. El cúmulo de sensaciones y sentimientos que me invaden antes de que me venza el sueño, desde luego no son lo que se podría llamar satisfactorios, bonitos, positivos, ni nada de nada. Interesante no es el espectáculo. Aportar, no aporta nada. Pero desde luego dice mucho de la sociedad enferma en la que vivimos, de la que somos en parte responsables. Porque tiene muchísima audiencia, por mucho que Abraracúrcix  resista.

La supuesta pantomima que protagonizan un grupo formado por cinco parejas que deciden poner su relación a prueba durante un periodo de tiempo de uno, dos meses o tres, en un lugar paradisiaco, separados unos metros él de ella. Ellos en una casa de lujo, ellas en otra. Los novios rodeados de chavalas minifalderas y guapísimas que solo quieren conquistarles. Con el propósito único de hacer feliz a alguno de los novios. Malmeter contra la novia, escuchar y ejercer de mujer perfecta. Y las novias lo mismo, con un montón de guaperas estupendos que solo quieren ganar su afecto y quedarse unos días más en tan magnifico escenario. No solo los conquistadores tienen tela, en su misión de romper pareja, que es a lo que van. En el programa salen las perlitas que cada uno lleva dentro. Las novias y solteras muestran lo bichos que las mujeres podemos llegar a ser: intrigan, dicen medias verdades, cuchichean a las espaldas de las supuestas amigas del alma que se conocen de dos o tres días o semanas. Todo un ejemplo. De los chicos, qué decir, golfos y sinvergüenzas algunos, imprudentes muchos y en su mayoría buena gente, sensibles, manipulados y manipulables. Tampoco quedan muy bien, la verdad.

Dos meses de vacaciones pagadas, a todo trapo, en una gigante casa hortera y paleta, con piscina privada y el mar tras la duna. Casi no salen de la casa y del agua. Ni pasean, ni leen, ni investigan, ni van a la playa. Ni siquiera se hacen fotos de los pies con la arena albero y la raya del agua plana al fondo, una palmera casual encuadra la imagen. Todo un clásico en tales entornos. Otra posibilidad es la copa con hielos y limón y algún liquido elemento transparentando el azul de nubes y aguas y la arena inmaculada. Al menos eso no se ve en los programas, no es la chicha. Lo único que se muestra es como se cuecen cada noche y ensayan para ser actores porno. Yo no sé de dónde han salido estos elementos. Sospecho que son actores secundarios, argumento desmentido por la serísima presentadora. Su próximo proyecto será escribir una sesuda novela costumbrista, o quizá un ensayo sobre el significado último de la unión amorosa y su fragilidad. Participará sin duda en intensos debates televisivos que analizaran con profundidad y juicio el concepto de pareja.

Me parece un escándalo que se intente trasmitir la idea de que esas imágenes y comportamientos se aproximan siquiera a la realidad. Vamos a ver, ¿quién se ha visto en tal situación? Rodeado de cocoteras, ambiente marino, desayuno de zumo de frutas paradisiacas recién exprimidas, la mesa servida, la cama hecha, acicalado cada día y rodeado de gente divertidísima, que solo quiere conquistarte. Todo esto sin tener que pegar un palo al agua, sin estudiar ni trabajar, dedicado al hedonismo desde que sale el sol hasta el ocaso. Un día, y otro. ¿Quién dice que es una puesta a prueba de la solidez de una pareja? Es un insulto a la inteligencia y al amor. Todo dicho sin desmerecer la profesión y pericia de los llamados solteros, individuos que llegan al lugar con el mandato de ocupar el corazón de uno de los llamados novios, miembros de una pareja. En cuanto conquistan a uno, más días de vacaciones que acumulan. Pues claro, agudizan el ingenio y usan las tretas, y cuantas artimañas sea menester para obtener el sustancioso premio. ¿Qué no? 

El espectáculo es en sí bochornoso, pero muy entretenido según parece. Los chavales tienen grupos de WhatsApp que llaman “la Isla” donde las frases más comunes son “se viene”, “se lía”, "hay tema" o temita. Atentos a ambas pantallas van comentando las jugadas de los participantes del concurso. Sé que ellos no padecen de mi pasmo. Sé que ellos se ríen y divierten, comentan decisiones, y entretienen el rato que sigue al toque de queda temprano, con una tertulia mensajera y palomitas. Al día siguiente es argumento de café de media mañana. A la postre nada queda, cada mochuelo a su olivo y si te he visto no me acuerdo. Al cabo, nada os debo; me debéis cuanto he escrito. Se irán los habitantes de las casas, solos o en compañía de otros, arropados por el silencio de la presentadora que con su distancia y hierática figura es el único referente del concursante. ¿Emula quizá sin conocimiento a algún personaje de novela, cínico, descreído? Los concursantes se convierten en pollitos asustados en cuanto la ven y observan cada uno de sus gestos con miedo y atención focal, por si de ellos manara una pista siquiera de la pareja que alboroza soltería a unos metros tan solo del matorral floral que separa sus playas. No pestañean, olvidan sus propias faltas o actitudes curvas, para volver a una realidad que creían quizá enterrada bajo las dulces olas de ese mar turquesa calda, que moja con calma la orilla.


2 comentarios:

  1. Me espantan los programas de entretenimiento de la TV. No lo veo, pero escucho en la radio hablar de ello. Debe de ser un fenómeno de masas, pero creo que era más divertido MacGywer.

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