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21/03/2021

EL SALUDITO DE DON JOSÉ


No sé a quién se le ocurrió la bobada de saludarse con el codo, porque es una chorrada. Entre otras muchas razones porque ahí es justo donde se mezclan las “miasmas”. Sí, antes era de mala educación no taparse la boca al toser o estornudar, ahora hay que hacerlo en el codo, en su parte interna. Vamos que, si en alguna parte del cuerpo hay posibilidad de que se concentren virus y bacterias provenientes de efluvios y otras lindezas, es en entorno de la articulación del brazo. Que las manos nos las lavamos mucho, tenemos un máster, pero la camisa y no digamos el jersey (chaleco) o lo rebequita no se lava tanto. Que conste. 

Con la cantidad de maneras ya inventadas que existen para saludar sin tocarse, no entiendo la necesidad de parir una bobada de semejante categoría.

Se puede saludar, en primer lugar, con la mano; hay un gesto conocidísimo que consiste en levantarla más o menos, a gusto o elección del consumidor, y, enseñando la palma, hacer un movimiento de arco, a izquierda y derecha, como un péndulo. También se puede abrir y cerrar, como se enseña a los niños, con los dedos estirados. Miren a los reyes, saludan desde la distancia. Los orientales se saludan con una leve inclinación de la cabeza, o reverencia. En concreto los japoneses son muy ceremoniosos y conservan costumbres ancestrales, respetan el paso del tiempo, la veneración a los mayores forma parte inherente de su cultura. De esta manera, cuanto mayor sea la persona a la que saludan, mayor será la reverencia. Intentan evitar cualquier contacto físico. Juntan las manos ellas delante del cuerpo, ellos las mantienen rectas y separadas, brazos caídos. Cuanto mayor sea la importancia, del otro, aumentan en número de inclinaciones y el ángulo de reverancia es mayor. Así, cuando se casó Timo con Yuriko, los amantes del sol naciente. Efa, de Tarazona de Aragón y Tim, irlandés errante, a la sazón padres del novio, acudieron orgullosos a la boda de su primogénito. Efa recién peinada, el pelo lleno de laca, levemente inclinó la Ilustre cabellera, con ganas de estrechar en su enorme abrazo los cuerpos menudos de sus consuegros. No comprendía la distancia y temía por sus rizos recién fijados. Por supuesto recibió la regañina del hijo, nervioso ante el acontecimiento, rodeados de bonsáis y diminutas bellezas. No fue suficiente en número ni en inclinación. Pero buena era Efa, para ella, su melena era sagrada. ¡Vamos! Después de las dos horas que se había pasado bajo el secador.

En la India para saludar juntan las manos a la altura del pecho y pegadas al cuerpo, como si fueran a empezar una oración de noche. Jesusito de mi vida. En función de si la otra persona tiene mayor rango social o alta categoría, se inclina la cabeza más o menos. Parece un bonito signo de respeto.

Saludos con las manos agitadas, con la cabeza. Genuflexiones varias, gestos de todo tipo y por último, pero no menos importante, el lenguaje de los sordos. Se trata de una lengua riquísima y que no requiere contacto. Esta llena de expresión corporal, ajena a tocamientos. Pero con la fuerza de las palabras. Por ejemplo, la palabra "hola", se gesticula llevando la mano a la frente y bajándola luego, como si fuera rémora de quitarse el sombrero o tocar su ala. "Buenos días" imita el acto de salir el sol, usando las dos manos. "Buenas tardes" es el gesto de tomar un café que hacen los niños juntando índice y pulgar y llevándoselo a la boca. "Buenas noches", el de la puesta del sol, se cierra el telón. Los tres saludos precedidos de llevarse los dedos unidos por las yemas a la boca, como cuando quieres decir que te chupas los dedos de rico que está algo. “Encantado”, de conocerte, es un suave masaje en círculo con la palma de la mano derecha abierta en el centro del pecho.

Si no nos hemos puesto de acuerdo en que el lenguaje de los signos en los distintos países, que no nos hemos puesto de acuerdo, ¿qué se puede esperar?. Es increíble que tal manera de comunicarse no sea universal. No lo es. 

También es conocido y un poquito más cursi el lenguaje de signos de ligue de los abanicos, que si acércate, que no me interesas, qué vergüenza y un etcétera lleno de misterios que atañen a la conquista y al celo.

En cualquier caso la bromita de tocarnos el codo no sé quién se la inventó. Ahora parece que el presidente se lleva la mano al corazón cuando saluda. Por lo visto la OMS desaconseja el saludo de codo y recomienda el de la mano en el corazón. Mucho me parece en algunos casos llevarte la mano al corazón. A veces no es para tanto. Y además, cuidadito, que según donde uno vaya, se lo pueden tomar de otra manera. ¡Lo que nos faltaba!



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