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31/12/2025

ALGO VERDE

Si se trata de salir a comer por ahí, pedir una ensalada me parece innecesario. La intersección entre comida en restaurante y pedir una ensalada para mí es el conjunto vacío. Pero resulta común denominador de muchas comidas familiares o de amigos; vamos, que es un clásico. 
Cuando sales a cenar, cuando vas a un restaurante, lo que mola es comer cosas que no comes en casa, digo yo. El plan no es voy a pedir un besugo a la espalda a ver si lo hacen mejor que yo, no. Lo pido porque es el plato de la casa. Mola probar especialidades, alguna cosa complicada, de elaborada preparación, un producto típico o algo que no comas habitualmente, que no consista en cortar un par de tomates y echarle un poco de sal, vinagre y aceite. Aunque estés a plan. En tal caso, comes menos y punto, o te quitas del compartir y pides ensalada para ti.
No me estoy refiriendo a las comidas de menú diario, esas de bajar al bar de la esquina a comer porque estás trabajando y no te da tiempo a ir a casa y luego volver a la oficina. Ahí comete un tomate o lo que te parezca. ¡Incluso unos guisantes con jamón!

Quiero hablar de esas cenas de amigos o familia, unas croquetas, vale, una ensaladilla, venga, unos calamares fritos, unas berenjenas, unas alcachofas, un arroz con bogavante. Todo eso y sobre todo un buen filete empanado con unas patatas fritas de verdad, sí. La escena es la siguiente, ¿compartimos? Vale. Para compartir hay que pedir platos que se puedan compartir, es decir, si van por unidad, deben ser múltiplos de los comensales; (esa es otra, a veces hay que explicar al camarero que si sois siete a la mesa y la raciones de croquetas son de seis, que pongan siete ¡puñetas! y luego prorratee que no es para tanto) Si es de servir o picar, de fácil reparto; en caso contrario es un desastre. Yo soy partidaria de platos divisibles, que se pueda picar sin necesidad de servirse. Es que a mí de las cenas con amigos y familia, lo que me alimenta es la conversación y las risas. Soy de paladar fácil, pobre, diría mi padre. No es que no sepa lo que me gusta, que lo sé, pero me importan más otras cosas. Por eso tampoco discuto mucho, en caso de elecciones individual, pregunto a alguien de confianza ‘¿qué me apetece?’ Como hacía el tío Felipe. 

Después del ‘¿compartimos?’ suele venir ‘cada uno elige un entrante’. Vale. Y siempre hay quien suelta ‘¿y no vamos a pedir algo de verde?’ a mí me dan ganas de decir ‘no’. Especialmente cuando en la carta no hay ensaladas. Si entre los platos recomendados no hay ensaladas, no la pidas, porque te van a traer una maldita lechuga iceberg con hojas tamaño gigante y cuatro tomates mal cortados y una ventresca más o menos rica, un espárrago blanco, que decora y unos pimientos de lata. Encima, viene sin aliñar, para más inri. Lo siguiente es ‘¿la aliñas tú?’ Porque el que la ha pedido nunca la quiere aliñar, nos ha jodido mayo con las amapolas. El que la ha pedido lo ha hecho por nuestro bien, pero él no se moja. Ya ha hecho bastante. ¿No querías ensalada? Pues apechuga. Desde el COVID el asunto de las vinagreras también llamadas combos, merece mención aparte; como ya no pueden traer la clásica pareja botellitas, una dorada (o verdosa y la otra más ocre, te llenan la mesa de bolsitas de aceite y vinagre de Módena y saquitos de sal. Con lo cual el tema del aliño se complica, hay zonas de la ensalada que quedan saladas, a otras no les llega nada y otras incomibles por exceso de sal o vinagre. ‘Toma sirve tu’ y tampoco quiere servir, porque es un petardo servir la ensalada, los trozos enormes hacen que no haya quien reparta equitativo. Si quieres ensalada, ábrete la lata de atún en casa, pela el tomates, lo salas un pelín, le pones su chorro de aceita de oliva virgen extra y lo que te apetezca. Pero no me pidas una ensalada para compartir en un restaurante. Primero porque, a no ser que se trate de la ensalada del siglo, hecha con pitimini y regada con gamusinos, va a ser un plato soso y sin gracia que cualquier televidente de master chef o similar podrían mejorar en un pis pas; segundo, por el tema del aliño, si con la sal cada uno vive en su patio particular, si le añades las variables de la cantidad y calidad del aceite y la elección entre vinagre y limón, para que vamos a hablar. Otra opción es ‘vamos picando de la fuente’, eso sirve para las croquetas, para la ensalada es una cochinada. Sin contar con los eventuales barcos de rebañe final. 

Todo se cierra a la hora de los postres, ante los apetecibles ofrecimientos de flanes caseros, tiramisú o capas de hojaldre en escarcha, siempre hay algún espontáneo que suelta ‘¿y que tienen de fruta?’. No hijo no, fruta no. Te has bebido el Guadiana, ahora estás con los chupitos de tequila y vodka, que por no elegir hay de ambos en la mesa, no te pidas una mandarina, alma de cántaro. No intentes disimular que se te ve el plumero. 

30/12/2025

LA CENA

Una reunión navideña. No sabíamos quién iba a venir. Se suma a este dato la incertidumbre de la hora a la que quien podía ese día, podía. Un abanico de opciones desde el desayuno a las copas, pasando por el aperitivo, comida, tardeo o cena. La cantidad de compromisos de unos sesentones es variada, desde la afición al esquí, a la ópera, los hijos ausentes durante el año que vuelven con el turrón, los nietos y las  necesarias carantoñas, los progenitores que resisten con lucidez y de los que no nos queremos perder ni un suspiro; y también algunas cuitas, como el cuidado de aquellos padres que aún nos acompañan, pero han perdido la luz en sus ojos y se nos escapa su vida. O solo que siguen trabajando. O que tienen un ensayo con su banda, como todos los viernes. Una banda con nombre presunto en cocción.

En pleno diciembre en Madrid, reservar una mesa parecía un imposible sin tener en cuenta la dificultad añadida de las condiciones de contorno del caso. Véase número de comensales y hora del encuentro. Dos variables a la sazón importantes, casi diría fundamentales. De un grupo de compañeros de clase del cole allá por 1975, uno contacta con otro. Que si nos vemos. Uno vive en el extranjero y propone la Cava Baja o la Alta o el ‘centro’ para tomar unos caldos navideños. Se nota que este uno abandonó Madrid cuando no existía la M30. Si ir al ‘centro’ es una locura, no sabe que en la actualidad hay aceras de circulación obligatoria en un solo sentido, para peatones, que se desaloja la Puerta del Sol en fin de año, previo a las uvas. Que ir al centro es una locura siempre, pero en Navidad ni soñando te acercas. A no ser que, junto con los votos matrimoniales, hayas jurado asistir a la plaza mayor en Nochebuena con una pandereta y un gorro de Papá Noel a comprar unas figuritas para el Belén. Una penitencia como cualquier otra, que en realidad tiene mucho de romanticismo.

Dentro del grupo de asistentes a la cena, que finamente tuvo éxito de crítica y público (se llenaron todas las asientos reservados) y que esperamos no sea última, si no la primera de muchas; entre los asistentes, digo, más o menos confirmados había varios escapistas. Sí, se trata de esos participantes entusiastas en la preparación de un encuentro que en el momento justo del mismo hacen ¡puf! y desparecen. Carrasparra cartapacio me disuelvo en el espacio. No cogen el teléfono, no llaman para cancelar, simplemente no aparecen. Eso, siendo yo misma quien reservó la mesa y una de las candidatas principales a rajarme en el último minuto, hacía del encuentro, cuando menos, impredecible.

Se trataba como digo, de una reunión de amigos del cole. Hemos llegado todos a la sexta planta según mis cálculos, algunos nos hemos visto un poco, otros son grandes amigos, pero algunos no nos veíamos desde hacía más de 40 años. Se dice pronto. Tanto es así, que los primeros que llegaron al restaurante tuvieron que ser presentados por el camarero. ¡Hombre! Dijeron ambos que, por descarte, se identificaron a duras penas; pero que, hasta que no empezaron a hablar, no volvieron al patio cubierto del cole a ver la lluvia, al momento de salir al recreo y elegir equipo para jugar al fútbol, al látigo, al balón prisionero o a churro va. A preparar las chapas o las canicas. A los pupitres y a las clases llenas de vaho. A correr a la cola de la puerta de atrás de la cocina para coger el bocata de pegote de nocilla o chorizo de Pamplona. Denostados bocatas ¡oh! ¡Qué recuerdos!. Y así fuimos llegando todos.

Entre los comensales había viajeros y dobles nacionalidades, pero por unanimidad ganaban las orejas atentas escuchando atentas y caras alegres, ojos llenos de alegría. Qué gusto de risas y anécdotas.  De profesiones variadas, más o menos técnicas, humanistas, contando historias, nos dimos cuenta de que, entre los ocho que éramos, cinco habíamos elegido como segunda opción para estudiar, la carrera de Matemáticas, la entonces (1983) Exactas. Ahora las matemáticas están de moda, porque ‘tienen muchas salidas’. En el 83, con una selectividad de pesadilla, solo hacían matemáticas los frikis o muy frikis. Pero, mira tú por donde, entre los hilos que forman el tapiz de nuestra infancia está un magnífico profesor de mates que nos hacía creer a muchos, que era una asignatura genial, que nos enseñaba trucos y apaños para resolver problemas que de otro modo resultaban verdaderos atolladeros.

Recordamos a cada uno de los ausentes, así que, dense por aludidos y acudan a la próxima, amigos; que, si les pitan los oídos sin parar, ya saben por qué es. ¡Qué bien me caen mis amigos del cole! ¡Qué fácil es hablar con ellos! Parece como si estos cuarenta y pico años hubieran sido un paréntesis, nada más. Tras un primer momento de duda, aparecen las palabras, las risas, esas miradas, una complicidad divertida. Todos tenemos nuestra mochila, y algunos de nuestros pequeños traumas tuvieron lugar cuando estábamos juntos, en esa época convulsa entre la niñez y la edad adulta. Fuimos testigos o culpables de los pequeños o grandes tropezones ajenos o propios. Responsables inconscientes de las heridas de otros. Incapaces entonces de mirar más allá de nuestra propio tribulación. Muchos salieron más o menos dañados. Pero es que la vida es así. Ni el control actual del bullying, del acoso escolar, las alarmas que hoy en día existen, impedirán jamás la realidad de las relaciones entre niños y adolescentes, llenas de rivalidad, de enfrentamientos, de amor, de amistad, de hormonas disparadas, de celos, admiración. En fin, un cóctel difícil de manejar para el chaval y a veces opaco para el docente, que no detecta el conflicto en la algarabía.

Quizá ya es hora de arrancar costras y postillas, a quien le quede alguna, jovenzuelo que aún recuerda; no deben quedar escaras ni dolores, quizá es horas de sanar. Hemos sobrevivido a mucho más. Hemos rebasado hace tiempo el Ecuador de la vida. Y que lo que nos toque, que nos pille bailando, riendo, cantando, esquiando. Brindo por eso. Brindo por dejar de ser rumiantes, que no es nuestra naturaleza. Pocas experiencias son tan sanadoras como un reencuentro desde la madurez, sin perjuicios, con alegría con los niños que fuimos. Con la mirada limpia de los que ya se han quitado hasta las cataratas. Con la distancia y la serenidad que dan los años. Somos los mismos, sin filtros.

19/12/2025

FRAN L. QUINTANILLA

 

Belen y Jeff tienen un precioso estudio de arquitectura donde cada tanto dedican un espacio a exponer pintura, escultura…Es además excusa para la conversación y el encuentro. El reencuentro. Los abrazos. Las sonrisas. Los abrazos.

Confieso que en esta ocasión tenía especial interés en asistir. El artista es Fran L. Quintanilla.  Fran era del cole. Como Belén, Teresa, Arantxa, Mariangeles, Mariana. Fuimos las amigas del cole a ver las obras del chico de clase.

Belen es la anfitriona, con Jeff y nos recibe además con buen vino y queso que sabe a beso. 

Hace más de 40 años que no compartimos pupitre, eso no tiene ninguna importancia. Nos reímos igual, hablando somos las mismas. Gesticulando. Solo que ahora nuestros hijos se han hecho mayores que nosotras.

Éramos del mismo cole. Un día, hace tanto, recorríamos las calles cuartas sin asfaltar, desde la parada o hacia la parada. Allí los padres de Fran, escultor él, pintora ella, tenían su estudio. Después de haberlo tenido en esa zona de Madrid cuyas calles lucen nombres de ríos, donde vivía Belén, que pasaba de su casa, por el jardín, a casa de Fran, sin avisar. Amigos los padres desde siempre. Tanto que yo pensé que eran primos, como Luis, también vecino de la ribera.

Nos sentábamos juntos o separados, sin pensar en el mañana, que ya es hoy, que ha llegado, junto con el futuro; teníamos la cabeza puesta en el recreo o en los amores imposibles. Con el miedo a los exámenes o a salir a la pizarra. A ese mítico profesor que para una vez que te ríes suelta “Cuenta eso que te hace tanta gracia para que nos riamos todos” Horas de colegio. Años de años de colegio. No sabíamos lo que nos esperaba, lo que deparaba la vida. Vivíamos sin prisa y con urgencia a la vez. Bastante felices, diría yo, visto desde la distancia.

Han pasado más  de cuatro décadas y unas cuantas amigas del cole, gracias a la constancia de Belén, tuvimos ayer la oportunidad de admirar la obra de Fran, que él mismo explica, si le insistes, si preguntas, si escuchas. ¿Son esculturas o estructuras? Un visitante pregunta si es arquitecto. Dan ganas de jugar con ellas, de tocarlas. Resulta que nacieron así, jugando, jugando con piezas de madera como las que muchos teníamos en casa guardadas en un bote de Colón. Sin que se entere Alaska. A nosotros nos bastaban los cubos de colores, los paralelepípedos y los arcos y los cilindros para nuestras modestas pretensiones creativas, para nuestras construcciones que inevitablemente caían derrumbadas por esa última pieza que las coronaba. Pero a Fran se le quedaron cortas las piezas en el juego. Y las empezó a hacerlas él mismo. Jugando. Y siguió y siguió, su hija se aburrió y él siguió. Normal que se aburriera, dice.

Diseñó una fábrica con todo el sentido. Pensando en la producción, con sus silos ubicados en orden y con coherencia, la chimenea, el recorrido del material  tan claro y el de los trabajadores. No me sorprendería ver salir humo un día porque por fin se ha puesto en marcha esa miniatura. Hay una torre circular que me recuerda a la de Babel, a como yo me imagino que pudo ser la torre de Babel, con pequeños recovecos, por donde nació la incomprensión. Compuesta por piezas separadas que podrían ser ventanas o las grietas que se abrieron entre los distintos parlantes. Esas lascas que parece que pueden salir en cualquier momento y nunca tendrán hueco para volver a su sitio. El orden frente al caos. El círculo que adolece de aristas. Sus esculturas, estructuras, están vivas, ese es un gesto máximo de generosidad. Porque el observador las puede cambiar a su antojo, Fran te anima a hacerlo. Toca aquí, quita esto, ponlo en otro sitio. Es magia. Y sigue siendo bella. Sus esculturas son estructuras, sus estructuras son esculturas. Alguna recuerda a las Torres de Colón, previas al enchufe. ¿Son pilares las espigas? ¿Acaso tirantes? Y las piezas donde engarzan, ¿se trata de losas o forjados? Es un trabajo hecho desde la sensatez y conocimiento del comportamiento de los materiales, desde lo más lúdico y lo más sensato, genera belleza y armonía.

Es precioso de la obra de Fran el que delante y detrás de sus esculturas está su familia en la historia y en la creación. 

Yo recuerdo la caligrafía de mis amigas del cole, pero de Fran solamente recuerdo sus dibujos. Unos bólidos que salían del papel gracias a un dominio imposible de la perspectiva y los efectos especiales, lograda con la intuición y la constancia. No necesitaba nada más que un boli y un trozo de papel o una carpeta. Así son sus dibujos, a rotulador, a veces se gasta y añado alcohol. Fran fue un artista siempre, fue un pintor siempre, un escultor siempre. Gracias.



02/11/2025

Y cada vez/ bis

 

Cada vez que te veo.

Cada vez que te veo, se corta el aire a mi alrededor y deja de latir por un instante mi atribulado corazón.

Cada vez que te veo, es lapsus en el conteo de las horas y el reloj echa el ancla en el momento, el minutero es cincel que talla en el recuerdo esa visión.

Cada vez que te veo se revuelve inquieto mi comprometido ánimo.

Cada vez que te veo, con esa sonrisa de regalo, que es sol de invierno, faro en la noche tenebrosa, esa sonrisa que solo tú me das, que te devuelvo sin querer, que no puedo retener en mí, porque es tuya; cada vez, me vuelvo a enamorar.

Cada vez que te veo, te reconozco como el príncipe que viene a rescatarme de mi voluntario cautiverio.

Cada vez que te veo, y tú me ves, y tú me miras, me ves por dentro, y un gesto casi imperceptible se configura en tu cara, sabiendo como sé que es un guiño sólo para mí; se me descompone el mecanismo en el que tengo sujeta mi cordura. Y todo es mar y todo es agua, y nado sin ataduras en el líquido de tu mirada. 

Cada vez que te veo sé que me estás esperando. Y es un secreto a voces porque el aire es aureola que nos envuelve. Y el mundo es testigo, y nadie lo ve, y todos lo saben y lo ignoran a la vez.

Cada vez que te veo me da un vuelco al corazón.

Cada vez que te veo pienso que solo eres para mí, que tu sonrisa me la dedicas como se dedica un poema.

Cada vez que te veo me gusta más verte. Más lo temo y más me presta, más me prenda.

Cada vez que te veo pierdo el equilibrio y olvido el rumbo; me descubro frágil, sin voluntad, pero con esperanza.

Cada vez que te veo, renuevo mis votos y me prometo ser digna de ti.

Cada vez que te veo, noto como me separo lentamente del suelo, me elevo y podría convertirme en alas para sobrevolarte. Y mirarte, y verte. Y acompañarte.

Cada vez que te veo.

 

Y es que cada vez que te veo me desconecto de mi voluntad, que se engancha en tus ojos y te pertenece. Porque yo te la entrego.

 

Cada vez que te veo sé que la espera se acorta. Un chico no puede poner esa sonrisa a todo el mundo. La sonrisa no se tiene, la sonrisa nace, se da, la provoca un estímulo ajeno.

Cada vez que te veo sé que a ti tu sonrisa te la saco yo. Tengo miedo porque sé que no tiene remedio. Y porque no sé cual va a ser el momento. Que temo y deseo en igual proporción .

Cada vez que te veo me escondo en mí misma porque vuelvo a pensar que no me lo merezco.

Cada vez que te veo me siento una impostora, y que en cuanto me acerque a ti, me descubrirás. Porque tú me ves.

Cada vez que te veo temo que te des cuenta de que soy un fraude y que no vuelvas a sonreír.

 

Por eso no quiero verte,

Por eso no quiero que me digas que te hago vibrar.

Por eso me escondo cuando veo tu pelo alborotado, entre cano y amarillo, con esos rizos rebeldes para tu edad. Imagino tu habitación desordenada y llena de aire fresco de la mañana. Testigo de tu sueño, libre y sin filtros.

Por eso cambio el rumbo cada mañana y cuando no lo puedo cambiar, altero mi itinerario y mis horarios.

Por eso no te quiero ver, quiero que esa sonrisa llena de dientes dure para siempre. Que ilumine mi vida y mi camino.

Por eso y porque sé quién eres. Eres mi futuro. Eres mi rayo verde.

Por eso no quiero estropearlo. Otra vez.

 

Cada vez que te veo sé que eres tú. Que estás ahí porque me has elegido.

Cada vez que te veo no puedo sentir orgullo porque siento vergüenza, pudor por mi cuerpo ajado, bochorno por mis canas, mis arrugas, mi rostro envejecido, mis gorduras, mis andares.

Cada vez que te veo a la vez me siento la reina en la alfombra de rosas, haces de mis harapos sedas que flotan entre nosotros y nos rozan como besos. De mis arrugas historias y de mis canas rayos de plata para iluminar la noche. 

Cada vez que te veo tu sonrisa me devuelve al presente. Tu sonrisa me enfrenta a verme tal cómo soy. Quién dejé de ser. Me desnudas. Me abrazas.

Cada vez que te veo me haces sentir bien, mejor, hermosa, valiente.

Cada vez que te veo sé que lo soy, hermosa, valiente, valiosa.

 

Cada vez que te veo estamos solos, aunque haya gente. Desaparece todo menos nosotros. Y me ves. Y te veo.

Cada vez que te veo sé que eres tú. Que estás ahí porque el destino ha elegido tu ubicación y la mía para que nos encontremos.

Cada vez que te veo sé que solo juntos existe el futuro.

Cada vez que te veo sé que tengo un objetivo, encontrarme de una vez y aceptar este premio que la vida me ha dado, que eres tú.

Porque cada vez que te veo sé que todo tiene sentido.

 

Cada vez que te veo encajan las piezas y el engranaje hace que avance. Y todo funciona de verdad. Y yo también encuentro mi sonrisa.

Cada vez que te veo entiendo por qué y siento tanto vértigo.

Cada vez que te veo tengo miedo porque sé que existe la opción de la felicidad.

Siento un temor que me dice que no me queda otra opción que ser  valiente. Y ante esa grieta que se abre justo donde acaba el dedo gordo de mi pie, entiendo por fin que vamos a caminar juntos.

 

Cada vez que te veo encuentro el sentido en tus rizos ocres, en tu larga sombra. Y, sobre todo, por encima de todo, en tu sonrisa. Y es la mecha que enciende mi ilusión.

Y es que cada vez que te veo, me encuentro sonriendo, dando yo mis sonrisas a la vida.

Cada vez que te veo quiero que hagamos una fotografía y nos inmortalicemos juntos. Es la primera del álbum del camino que vamos a hacer juntos.

 

Paquita Medialdea,

Madrid, octubre de 2025

 

04/10/2025

QUERIDAMARIGLORIA

Querida MariGloria:
Hoy te encantaría estar aquí, porque nos has vuelto a reunir. Faltan los que no han podido. Ya sabes. A lo mejor les puedes dar un achuchón de nuestra parte.

No te imaginas cómo te echamos de menos. Sé que has cumplido de sobra con la vida. Una vida de entrega, trascendencia, trabajo y de amor. Una vida en la que siempre han estado los demás por delante de ti, antes que tú. Los demás antes que tus intereses, que tus deseos. Porque convertiste tus prioridades en la entrega al otro. 
Con tu figura esbelta, nunca fuiste frágil, siempre esqueleto, siempre en la esencia, siempre atenta, siendo el pegamento que nos une. Gracias.

Querida MariGloria. Eres buena.  Alimentas de comprensión nuestros corazones. Con tu ejemplo, con tus palabras. Nos enseñas cada vez lo que es el agradecimiento. Gracias a ti siempre.

Querida MariGloria, conseguiste en tu despedida aglutinar esa piña Montoya, verla y tenerla cerca en estado puro, cantado, contando. Viendo tenis. Encontrando palabras en juegos imposibles. Juntos.

Querida Mari  Gloria, ha pasado el verano sin ti, te echamos de menos. Has dejado un hueco enorme, que no está vacío, si no lleno de anécdotas y mucho cariño. Gracias por tanto Mari Gloria, Gogo, Mariglo. Eres de todos. Eres por todos querida. Gracias por escuchar, gracias por las cosas pequeñas, gracias por lo que nadie sabe. Gracias por dejarnos estar a tu lado en este viaje. No has pedido nada a cambio. Siempre disponible, siempre dispuesta, siempre preparada. Siempre atenta.

Querida Mari Gloria siempre has tenido tiempo para ir a ver a una amiga, para acompañar. No has tenido pereza. Y nos has hecho un poco más buenos teniéndote cerca.

Querida MariGloria. Te vas y te llevas una sabiduría de la no has presumida nunca. Te vas con tu alegría. Te vas con la música, con tus ganas de bailar. Entusiasta del Madrid, del tenis, de Segovia, querida Segovia, los torteles y del bocata de jamón. Entusiasta de la familia y de la vida. De los libros de misterio que se pueden leer, con tu particular censura. Que no salgan cosas feas. ¿Qué necesidad hay? Y es cierto, poco aporta a la trama. Te vas sin haberte tomado un yogur y con la cabeza lúcida y la memoria intacta.

Querida MariGloria no me creo que no podamos quedar, charlar, hacer un plan . No poder escucharte decir lo buenos que son todos, los abuelos, los hermanos, tus sobrinos, la gente de tu casa. Y lo listos.

Querida Marigloria, gracias otra vez, gracias porque nos has hecho a todos favoritos. Tus hermanos favoritos, tus cuñadas favoritas, tus sobrinos favoritos, tus sobrinos nietos favoritos, tus amigas favoritas. Dicen ellas, que has ayudado a tanta gente. En tu casa, todas, de un extremo a otro del pasillo, de arriba a abajo y de abajo arriba, pasando por todos los rincones, dejas buenas palabras, consuelo, alegría, disposición. ¡Cuánto ocupas con tu escueta figura!.


Gracias. Este mes de julio ha sido un remate redondo de aprendizaje y agradecimiento. Es como si nos hubiéramos descubierto en los otros. Porque desde tu amor estabas trazando con hilo fino esa despedida que nos dejas como broche de vida. No te enaltece la ausencia. No te hace grande o mejor la muerte. Siempre te hemos querido igual. Dicen que estás en un sitio mejor, desde donde nos cuidas. Ya. Yo echaré mucho de menos cuando nos cuidabas aquí.

21/09/2025

¡Y QUE VIVAN LOS CACIQUES!

Un concierto en el Siroco siempre mola, es un planazo. En mi caso la última vez que había ido, se podía fumar, así es que casi no lo reconozco. El "puerta" le dice a la madre 'pero tu viniste ayer'. Y se lía, 'tu, usted, perdón'. Lo que hacen las canas. Tú, tu, tu.

Los Caciques han tocado en el Siroco este finde. Que yo sepa tenían solo un disco. Les había ido a ver hace… ¿30 años? Entonces no me sabía ni una canción. En esa época madrileña en que la todos íbamos a los mismos sitios, en esa edad en que todo el mundo se conoce (supongo que los que tengan ahora nuestros años de entonces pensarán "igual que ahora"). Todos estábamos enamorados de todos. Pasaban esas cosas. Salías de casa sin haber quedado, llegabas al bar de los Ginkases con una amiga, con tu hermana, con tu primo. Y acababas en el Sol o en el Siroco con una panda de gente, conocidos o no. Imprescindibles en ese momento. Auténticos. Luis, Quique, Javier (X), Cali eran amigos, amigos de amigos o conocidos o hermanos de alguien; y allá que fuimos. Entre Culturales (catalizador o chispazo de la MOVIDA), ser sobrina de "la Herrero", el BASE, el Estudio, Navacerrada, al final Madrid era una especie de red en la que todos estábamos conectados. Era muy divertido. Sobrevivimos de milagro. Pero era muy divertido. Éramos bastante libres. Con nuestras restricciones. Pero libres, jóvenes y felices. No sé si en ese momento fuimos del todo conscientes, yo creo que sí. Lo pasamos muy bien. Con nuestros altibajos.

Cuando salí del Siroco entonces, recién acabada la carrera, me prometí que no volvía a un concierto sin saberme las canciones, por mucho que fueran amiguetes. Ayer me las sabía todas, menos una por la que ofrecieron una caña al que la cantara. Eso no vale, no está en el disco. Y la de Burning, vaya; versionaron a Antonio con el Sitio de mi recreo, vale. Eso sí que no me lo esperaba. Y a los Brincos, dicen que destrozando una canción. Por lo visto les confundían con ellos en su momento. No es lo mismo. Lo bueno de ser más o menos coetáneos es que algunas letras no solo te las sabes si no que te suena o te imaginas de dónde puede venir la idea. Pones cara a la música. Porque conoces a Mengano o a Futano, que te han contado. Lo que pasó. Y muchas letras son tuyas, porque estabas por ahí, aunque no te vieran.

Ayer en Siroco era salir de los Ginkases y pasarte al Penta o al Delany’s, padres e hijos. Ole ole y ole la energía y el buenrollismo que transmitieron. No sé en el escenario, pero el público se lo pasó en grande. G con la cámara de fotógrafo oficial, J que tenía que haber subido a cantar, M a base de tequila porque no engordan tanto como la cerveza, S con su chica y su hermano, que es su fotocopia; estaban todos, o casi todos, que no es lo mismo, pero es igual. El Pingüino se sabía todas las letras. Que le vi dándolo todo. Vino gente de lejos solo para verles. Los tíos del novio volaron desde Bruselas para ocupar la primera fila. ¡Olé! Y sueño verte pasar….por la avenida principal por la baranda…

 

¡Había señoras con abanico! Jajajaja Bienvenido el abanico, que fue de mano en mano como la falsa moneda por generosidad de la dueña, otras con ventiladores portátiles. ¡Qué risa! En el Siroco. El chico de atrás, bueno a lo mejor no es un chico, es un señor, presidente CEO de un Banco, un despacho de abogados o una empresa del IBEX, está a punto de desmayarse de calor y nos cuenta que en la playa ha visto en verano gente que llevaba un collar con un ventilador. Daba cosa. Parecía un cinturón bomba.

Por supuesto pelos canos, barrigas cerveceras, cuerpos redondeados, perlas y tintes, tonsuras a tutiplén y mucho entusiasmo, de primera fila. A darlo todo. Brazos en alto y risas, ¡bravo!. Las mismas caras, los mismos corazones. Las mismas sonrisas. Porque cuando alguien sonríe, le ves.

Como tardaron tanto en arrancar, comentarios, “no salen porque no se las saben, las canciones”; o: "Les da vergüenza" En los bises, que casi no da tiempo a aplaudir para que volvieran. Todos se conocen en el Siroco, aunque no se reconozcan. La gente habla con el de al lado y sale un nexo que te conecta. Ya decía lo que me sonabas. Los hijos, inconfundibles. Son los amigos de entonces.

"La calle del pez". Empezamos…"Por la baranda...no te quieres enterar, cariño mío, de lo que yo a ti te quiero" Ambientazo.

"¿Por qué te sabes todas las canciones?" Le dice una señora que iba con su amiga, (que debían pasar por ahí) a una veinteañera. "Por mi madre" dice la chavala, y señala a la mencionada. Un señor se dirige a la barra a repostar y va cantando desgañitado: "Y puedes comprobar…compañía…De una chica como ésta...de una chica como la mía..." Y se la canta a la madre, que sonríe ante un botellín que hace de micrófono improvisado y desafinan juntos "tu mirada, y de tus labios rojos" Jajaja.  Un barbudo le dice a la madre: Es que está es de Burning. Por eso.  Ha visto que dejaba de saltar, la madre.

Cuando llegaron a la Sirenita, un chaval que había ido con sus amigos, comparte micrófono con la hija y la madre se une. El novio de la hija y la amiga de la hija son resilientes y sonríen. La hermana de la madre sonríe también. Están como yo hace 30 años, no se saben las letras. ¡Qué faena!. Al acabar el concierto el chico del micrófono imaginario le dice a la hija '¿Cómo dices que se llamaba este grupo? ¡Son simpáticos!' Jajajaj.

En mi caso me sé todas las canciones porque soy fan, me encantan. Y además se estropeó el CD del coche y ¿Cuál se quedó dentro? Por la  baranda. Así es que hemos hecho muchos viajes dejándonos la voz y soltándolo todo con la música de los Caciques; que es un buen conducto para el desahogo y para encontrar alegría, energía. Como dice mi amiga L, cantar mola (especialmente si no te oye nadie, en mi caso)

La despedida con ya me ves. Épica. Que no se querían ir. Ni nosotros que se fueran.

Y ahora ya me ves, ya me ves, ya me ves

Ya me ves, ya me ves

Llevo el ritmo con los pies

Y así en bucle… ya me ves. Tengo agujetas de reírme, en los mofletes. Qué bien me lo he pasado.

Y ahora ya me ves, ya me ves, ya me ves

Ya me ves, ya me ves

Llevo el ritmo con los pies

...........

Y ahora ya me ves, ya me ves, ya me ves

Ya me ves, ya me ves

Llevo el ritmo con los pies

….

¡gracias! gracias D.

 


20/09/2025

ROBERT


A veces pienso que se me dan bien los obituarios. Es como si tuviera familiaridad con la pena y por eso me sale solo. Es morirse antes y ¡zas! Todo fluye. Me gustaría más ser divertida que hacer llorar. Pero cada uno juega con las cartas que le tocan. Ya está bien de regret. De nada vale lamentarse y regodearse en el y si. Ay y si hubiera ido yo a tal o cual sitio, si hubiera comprado esa casa en vez de alquilar.¡ Yo que sé! Hay tantos y sis que no podríamos vivir, porque la vida es eso, ir descartando unas opciones y decantándonos por otras. Y se es mucho más feliz cuando decides y asumes profundamente que la decisión que tomaste era la mejor. Y no miras atrás. No hay y sis. El caso que en las despedidas me vengo arriba, sintetizo, resumo y procedo.

Pero se ha muerto Robert Redford. ¡Madre mía de mi vida! ¿Cómo puede ser eso? Si no murió ni en dos hombres y un destino. Porque no murió. No te dejes engañar por las apariencias y esa balacera que se monta en un pueblo perdido de la América Latina. No. Hay segunda parte. 

Pareja de hecho de Paul, el guapo por excelencia. Que como Gary, está ya en los Cielos. Paul el guapísimo, el fino, con perdón. Porque si Robert era guapo no tengo palabras para Paul. Mítica pareja, el Golpe o dos hombres y un destino. La música, las escenas, las conversaciones, se agolpan en mi cabeza. Quiero un fin de semana para darme una pechada de ver pelis suyas. Cuando era acción, porque acción. Amor por amor y risas, ironía fina. Siempre bueno, siempre coherente, siempre humano, realista. En el amor y desamor Descalzos, tal como éramos….puf. Periodista auténtico. Y esa manera de lavar la cabeza a Meryl en Memorias de África que creo es una de las escenas más sensuales y casi eróticas del cine. Sin que ocurra nada, está pasando. Va a pasar.  Paréntesis (me parece fatal que todas sus películas hayan pasado a ser de pago con su muerte. Ahí lo dejo)

Mi único pero fue en” el hombre que susurraba a los caballos”, porque una cosa es hacer papeles acordes con tus ideales políticos o religiosos y otra, que ya supone saltar una raya, es alterar el argumento por vanidad. Quien haya leído el libro y visto la peli, sabe de lo que hablo. Aun así, el detalle no desluce el tema, ni altera el sentido del hilo. Pero importa.

En todos los hombres del presidente, te da un infarto de datos que retiene, de tesón por defender la verdad, del riesgo por llegar al fondo. Enaltece la figura del periodista como lo hace del ladrón en otras grabaciones.

Así que actor y director, ¡fenómeno! De lo guapo, guapo guapo, tampoco, pero, que un guapo como él, que acepte compartir pantalla con Paul el bello, indica un poco que le importa un bledo tanta guapura. Con ese flequillo pajizo que le cubría la frente y ha tenido que enamorada a la mitad del planeta (contando que al resto no ha llegado su deportiva figura y esa sonrisa ancha llena de dientes)

De chismorreo poco, más allá de sus compromisos con respecto a algún tema político y el medioambiente. Discreto. Mucho

Leo montones de chismes ahora, que si Barbra se lo quería beneficiar en Tal como éramos. ¡Hombre no le fastidies! Pero nadie habla de ese pelo. Bob, ese flequillo, es la envidia de miles de adolescentes hoy. Ese mechón cubriendo tu frente, ese color imposible que viró al rojizo. ¿Quién te peinaba Bob? ¿Te dejabas tocar ese mechón a veces rígido, otras despreocupado? Signo inconfundible de tu imagen. 

Descansa o disfruta en paz, Robert, nosotros seguiremos viéndote.

05/09/2025

ChatGPT

 

Este verano he estado tentada en varias ocasiones de usar ChatGPT para cosas de lo más variopintas. No se trata de hacer trampas. He buscado un atajo. Todo por no hablar. Por no preguntar. Por ver qué dice. Decisiones trascendentes que no soy capaz de tomar, tipo “me pongo la camiseta roja me pongo la camiseta azul”, muy propias del estío y el hastío, del aburrimiento tipo verano a la antigua. Y otras cosas que me guardo.

Pero lo de ayer fue diferente. Mi hija se iba a ver a una amiga por su cumple. Es un viaje largo, que hace todos los años, desde que se conocieron. La amiga vive en Pontevedra. Mi hija en Madrid. Sale el viernes y vuelve el domingo. Todos los finales de verano, igual. Una paliza. A los 25, está en la edad.

Con el tema de los incendios de este verano estábamos preocupadas por si se fastidiaba la excursión. Además de consternadas por la devastación que las llamas han dejado, por la desolación del negro que ha teñido los campos verdes del norte. Esas antorchas inmensas que iluminaban la noche y el miedo. Trenes suspendidos durante días, parecían una consecuencia leve frente a la magnitud de la tragedia. Pero uno vive en su día a día, con su vista miope. No vemos de lejos. Te mueves en las distancias cortas, con aquello que está a tu alcance resolver o estropear. Podré o no podré ir a Galicia. Como lo de la camiseta. Recibió confirmación de que todo estaba en orden. Bueno.  Eso sí. España en llamas. Cuando el bosque se quema, algo tuyo se quema. Todos contra el fuego. (Campaña de prevención de incendios de 1990, para los que tienen la memoria corta, como mi vista. Está es mi pullita. Ya vale con echarle la culpa de todo al cambio climático. Se la podemos echar a las asíntotas.)

El día de autos: Adiós adiós. Pásalo bien. El periplo empezó con un momento de esos de aguantar la respiración y “uf” posterior. La llevó mi ex novio y padre de la criatura. Salieron en moto hacia el sur por la Castellana. Para dar la vuelta. Pasaron Colón, el Museo de Cera en la orilla derecha, La biblioteca Nacional en la izquierda; Cibeles El Banco de España a estribor y Correos, donde trabajó el abuelo, a babor. Cuando llegaron a Neptuno la niña preguntó “cuando vas a dar la vuelta?”. Él: “¡coño! Es verdad, que los trenes a Galicia salen de Chamartín” .  Porque era agosto e iban en moto, si no, no llegan. Él es un sherpa, se orienta a oscuras. Es un Apache, detecta las huellas por instinto. Pues se iba a Atocha. Normal. Llego a ser yo quien la lleva, y pierde el tren. Ya me pasó una vez llevando a mi madre a la estación, ella iba a Valladolid a ver a los hermanos. Pero nosotras llegamos a la estación, aparcamos, entramos al invernadero rebosando aún de tortugas abandonadas. Teníamos Atendo, un servicio para personas con mala movilidad, que funciona bien aunque lento. Cuando ya estaba sentadita madre en la silla de ruedas ‘mierda’. Lo mismo.

El tren salía 18:08. Me llama la niña, que ya estaba en el vestíbulo. Todo en orden. No había salido la vía (18:05) Me pone al día con la anécdota sobre el lío con la estación. Cuelga. A las 18:30 se me ocurre preguntar al ChatGPT si el Alvia de las tal sale con retraso.

Mi hija, con esto de las tecnologías, me ha compartido ubicación. Harta de mis angustias nocturnas por imaginarla tirada en una cuneta. Seccionada a proporciones iguales. Sus restos esparcidos en los charcos de la noche madrileña. Mi imaginación se alimenta con las series policiacas a las que soy adicta. Harta de llamadas en medio del chunda chunda (ahora esa música de gorra con visera hacia atrás). Harta de “no sé para qué tienes el móvil si no lo coges”. El caso es que dispongo de la información, y sin llamar, para no preocupar, compruebo que sigue en la estación. La veo incluso acercarse al andén. Es alucinante. Un poco más y me entero de si fuma o no. Viene, va, habrá salido ya la vía, va al baño, ¡no!, que ese es el de chicos. Vuelta al andén. Me siento un CSI sin carné. Mientras tanto, el ChatGPT me dice que están cancelados todos los trenes a Galicia por los incendios. Ha consultado la página de Renfe, la de Adif y la información de la cadena SER, (cita fuentes, todo muy profesional ). Compruebo la fecha, en efecto, 29 de agosto del 25, hora 18:40, 18:50... Confirmo que la chavala sigue en la estación según la ubicación compartida. Debe estar de los nervios. No llamo. Le pregunto al chat qué pasa con los usuarios de esos trenes. Me contesta que mire la página del operador. ¿Quién se habrá creído? No sabe con quién está tratando. Yo ya he mirado la página de Renfe, de Adif, si hubiera página del AVE o del Alvia, ya la tendría en favoritos. Estoy enfadada con el chat. ¡Pensará que soy idiota!. Esas páginas o no hay quien las entienda o tienen estructura carpetovetónica. Se lo indico (no mi opinión sobre la modernidad de los operadores), le digo que mire él, para eso le he preguntado. “Vale, lo miro”, me contesta dócil. Me informa de que los viajeros dispondrán de servicios alternativos como autobuses o se les devolverá el dinero a los usuarios. Son las 19:00, 19:30 y estoy  de los nervios. Por la ubicación, que de pronto viene y se va, veo que al menos ya no está en la estación. Parece que es la 607. ¿Frente al Mesón de Fuencarral? ¿A qué lado? Entonces sí está en el tren. ¡No! Es la carretera. Pienso que le va a dar un parrús. A este ritmo, esa cena que le tenían preparada es una entelequia. No quiero preguntar y le escribo y le hablo de su batería, de la de su teléfono móvil, me contesta tan pancha que se le van los datos, pero que tiene pilas y cargador. Ni mu de si va en tren o en un Cabify despendolado con muchas botellitas de agua y revistas para el entretenimiento tipo película de Almodóvar. Otra opción es imaginarla en un “autobús de línea” desbocado o ya el colmo, compartiendo coche tipo BlaBlaCar con indocumentados borrachines de destino incierto. A las 22:45 me mensajea sin yo preguntar, me confirma (de refilón) que va en el tren y no ha llegado. El mensaje es más o menos. “pero cuando llega este puñetero tren”, de donde deduzco que el ALVIA no se ha cancelado, es más, está arribando a destino. Se torea sola del cabreo que lleva. Pero yo estoy tranquila de que vaya sobre carriles y no asfalto con un loco al volante que solo quiere llegar para cobrar y hacer otro carrera. No sé cómo he podido aguantarme y no llamar. Ni que practicara meditación, como Javi. Zen. Y el Chat sigue diciendo que está suspendido el servicio. A más a más, los fines de semana habrá obras de mantenimiento en la vía. ¡Hasta nueva orden! Por cierto, no vuelvo a mirar la ubicación. Lo que tenga que ser, será.


31/08/2025

US OPEN 25

Van a pensar que soy una pija, siempre mirando la indumentaria de los tenistas. Que si son feas o bastas. Pues es que a mí me gusta el tenis, verlo. Acabo cansada de verlo en la tele, con que si lo jugara no sé qué sería de mí. Me encantaba verlo jugar a mis amigos en Nava, se ponían guapísimos siempre. De blanco con sus polos. Los importante era la conversación y estar juntos. Tanto daba quien ganara. Bueno, a ellos sí les importaría. No sé. El torneo de Bego, con fiestuqui después; el de Doña Endrina, hoy Hacienda. Pobre Arcipreste que ya no tiene a su amor cerca. En fin. 

El caso, que el que me haya leído ya sabe que a mí me gusta como visten en Winbledon, punto. Pero pensaba yo que en Nueva York, estarían a la altura. Negativo. Vamos a ver, ¿es marketing de Nike esa equipación? 

Fueraparte está el juez de silla, que parece cansado, Taiiiiiiim, o canta fuera tres minutos después, que ha seguido el juego, puñetas. Y cada tanto hace un resumen cilla, a su bola, a su manera. La equipación de Nike es infumable, la de la sorpresa Canadiense y la del pelirrojo italiano. Que encima parece que se han hecho pipi o algo peor, que se marca el sudo en el pantalón en cuanto han empezado q jugar. Encima a Sinner se le han roto los cordones de las zapatillas. Mal. Y siendo pelirrojo Jannik, parece de broma el color calabaza oscuro con el que le han vestido. Por no hablar de el del canadiense de origen ruso israelí, ese azul azafata. Que parece un camillero. Al menos los de Nike proponen algo parecido a un polo. Mejor sin duda que la equipación de Nole. Que ya se basta él para ser oscuro, pues Lacoste propone un todo negro, salvo gran cocodrilo verde al pecho. No le favorece, además. Es oscuro él, a pesar de sus bromas y de hacer de la raqueta violín al terminar el partido. A pesar de la gracieta chulesca de llevarse el dedo índice a doblar su oreja para oir los aplausos. Zapatillas negras incluidas. El colmo de Nike se resume en Carlos. El murciano juega bien al tenis, pero adolece de gusto. Es una gracia que no tiene, un don que le falta. A él le han encasquetado una sin mangas color berenjena un día, rosa chicle otro. Que no se pierda. Yo así no me puedo concentrar. Con ese corte de pelo que se nos ha dado. Angelito. Con ese rapado te tienes que afeitar, alma de cántaro. Entre la equipación, la ausencia de pelo y la barba de dos días pareces un facineroso. Que no digo yo que no te vayas de juerga, que tienes que pasártelo bien, pero en la pista hay unas normas. Haz el favor. A Norrie no le ha salvado ni ser británico, con esa elegancia innata de los isleños. Llevaba una camiseta que le quedaba grande, blanca, un sí pero no. y no lo había visto todo aún, la camiseta de Munar, inenarrable. Es urgente marcar un dress code.


La configuración general, el decorado, de la pista tampoco me gusta. Esos colorines de las toallas, innecesarios. La equipación de los recogepelotas, a juego. Por cierto, ¡qué tensión el trabajo de estos chavales!. Siempre pendientes de la bola que rechaza el jugador. A saber con qué criterio. De si necesita otra. El anuncio de Rolex me parece una ordinariez. Y una sugerencia, ya que en la mayor parte del mundo se circula en km por hora, entiendo que no es complicado para los de IBM hacer el cambio de mph a km/h y viceversa, ir cambiando de pantalla, por no tenernos con la calculadora. Poca broma que la bola en los saques va a velocidad no permitida por carretera. 240km/h.

No tiene nada que ver, pero Shapovalov, por cierto, ¿cuántos plátanos se ha comido durante el partido? Es curioso el lío que hay en ese estadio neoyorquino. No hay silencio. Luego dicen de los mediterráneos. Aquí no se oye una mosca y no se levanta nadie a mitad de partidos. Con todo este rollo alguien se preguntará si me gusta el tenis o los tenistas, o la moda, o el atrezo. Me flipa el tenis. Pero me despisto con facilidad. En otra época me hubieran diagnosticado con algún tipo de trastorno y no hubiera podido estudiar una carrear. Pobrecita. Además es que me gusta la armonía y la belleza tanto en la mesa como en la pista.

30/08/2025

PAMELA Y LIAM

 

Ya me gustaba la pareja de moda nada más enterarme de la noticia. Él, serio, con esa sombra de melancolía y de dolor que le imprimió la temprana viudez. Ella, alegre y divertida y guapísima. A él antes de ser Oscar Schindler, con su lista, no le conocía, confieso. Actor británico, irlandés para más inri, de Irlanda del Norte. Northern Ireland. Eso marca. Tipo con apariencia de profundo, hondo en su timidez, no solo tras su tragedia personal. Tiene ese aspecto indefenso que se atribuye al chico alto desamparado que cualquier mujer quiere salvar. Ese halo que imbuye al hombre de irresistible atracción para según qué fémina. El típico reto en el que se embarcan las mujeres entusiastas, que generalmente acaban con tíos muermos que son así porque no saben ser de otra manera. No querían que les salvaran. Son sosos, aburridos. Por menos de nada se casan y por supuesto la apatía y el coñazo vencen a la alegría. Con lo que la cantinela de “somos diferentes y nos complementamos” se convierte en tedio y pasan a ser una pareja gris por mucho que se tiña. Porque las miserias de los tristes tiran mucho hacia abajo.

Por otro lado está Pamela, la caña, esa vigilante de la playa con enorme delantera que luego aumentó y luego redujo y no sé que más. Ella está estupenda, con tres gotas de maquillaje o repintajeada hasta parecer otra, de rubia, de morena. Es fenomenal. Ella gana por la sonrisa. Ha llegado a mayor con ella. No sé si será la dieta vegana, su amor por los animales, o haber encontrado al hombre de su vida cuando se está dejando el pelo blanco. ¡Ole Pamela! Ella está en su papel, no se le pide mucho, llena la pantalla de alegría.

 

 “Agárralo como puedas”, es una peli mala, mala. Y mira que yo iba dispuesta a reírme, iba entregada. Porque me encanta el romance. Pero de mala que es, es buena. Porque parece que está hecha a posta. De mal. Liam Neeson es imposible que pase por un actor cómico. Liam es un triste. Muy voluntarioso, se lo curra, seguro. Puede resultar atractivo, guapo quizá, que ya tenemos unos años, interesante. Cosas buenas no le faltan, pero nunca cómico. No se puede tener todo. Ni pretenderlo es bueno. Se conserva como el buen vino, también, pero divertido no es. Que no le sale. No tiene gracia. Liam es el típico amigo que te llama para contarte, a las tantas, como le ha ido; el hombretón gigante que llora como un niño chico; el oso grande y sensible fiel hasta el final. Con esas manazas, con ese porte que roza los dos metros, es que no puede ser ni ágil, que por definición es torpe. Sensible, atento, buena gente, pero no bromista. Todo esto, por supuesto, es invención mía, me lo he sacado de la manga de mi imaginación. No son atributos reales del estupendo actor de quien soy fan, además de por la Lista de S, tras su papel de padre en Love Actually. Me encanta la ternura de su personaje.

 

Si lees algunas críticas de la película, flipas, lo flipas; que si es una obra maestra, que si hilarante, desternillante, he leído. Se deshacen en elogios. Es cierto que tiene puntos. Esa chusca a los polis que están todo el día con el café en vaso de cartón, las imposibles peleas, todo eso se ridiculiza sin piedad. Pero sin gracia. Choques absurdos, parodias y disparates en diálogos y escenas. No digo yo que no haya que verla otra vez, por si es que no me he enterado. Pero yo hasta que no cumpla 65 no repito peli, que por 12,5€ si tengo que ver dos veces una película igual me da por dedicarme a algo ilegal. Que no estoy para vender mi cuerpo, pero algo se me ocurriría. En fin. Que la peli es mala o muy mala. No merece un cuatro sobre cinco ni de coña. Y eso que yo me quedé hasta el final, final, final. Porque sabía que todo eran guiños, hasta la última canción, sabía que algo tenía que pasar. El muñeco de nieve, guiño a la infancia y a Nesbo. Y esperé. Esperé. A pesar de la crítica, peleándome con los limpiadores y el acomodador de la sala que se precipitaron y querían echarme ¡Premio! (Que tampoco era para tanto, tengo que decir) Pero yo tenía razón, y eso que al final tenía mis dudas, porque no he visto película con más créditos y gente currando, que les citan a todos. No tenía con quien celebrarlo más que con el empleado que no parecía con ánimos o con mi hija, avergonzada de verme plantada en medio de la sala vacía. “I knew it. Sonreí triunfal. 

 

Lo mejor de Agárralo como puedas es que estos dos personajes, personas reales o ficticias, en su papel o en la vida real, se hayan encontrado en el otoño de la vida y se lo estén pasando genial. Yo estoy en contra del cine para ver expertos, cinéfilos o críticos; si para ver una peli tienes que ser un friki o un erudito ¡acabáramos! Así están las salas. Es que se han olvidado de “para todos los públicos “. ¡Viva la pareja de moda!


28/08/2025

TENÍA TIEMPO Y GASOLINA


Porque tenía tiempo y gasolina que si no, ahora mismo estoy subida en una grúa y con un ataque de nervios, y a lo mejor me han puesto una multa que no puedo pagar.

Dicen que ahora se usa mucho el navegador. De mí se burlan porque pongo la dirección en la lupita, doy al "enter" y luego hago lo que me da la gana. Sí. Pero ahí está. El por si acaso. El nunca se sabe.

Para poner mi anécdota en contexto, tengo que contar que a mi amiga Lurdes (Lurdes, Lurdes), le regaña el navegador. Nadie se lo creía, hasta que lo vivieron en vivo y en directo. Es cierto que ella ha hecho un poco siempre lo que le ha dado la gana. A mucha honra. Ha pillado atascos que nadie ha sufrido, sus sucedidos son únicos, su anecdotario imbatible, ha llegado a San Rafael y luego ha acabado en el Puerto de Los Leones subiendo de Madrid a Navacerrada (no es para tanto, yo me pasé una vez la salida y acabé en Guadarrama, eso me pasa por subir por la Coruña) Si tenemos en cuenta que se trata de una ruta que podríamos hacer sin gafas, ambas, la cosa es seria (teniendo en cuenta nuestra miopía). En fin, ella tiene su historia, con ciervos, o animales de toda índole que se han cruzado en su camino. Ella ahora pone el navegador, que le va indicando, gire a la derecha, a la izquierda. Recalculando. Hemos visto que se ha salido de la ruta, vamos a calcular el mejor camino para llegar a su destino. Y así una y otra. Con paciencia de robot el navegador va a adaptándose al criterio de mi amiga. Ahí no cruzo que siempre hay mucho tráfico. No cojo esta salida que luego no puedo entrar en el parking. Si me meto por ese carril, después tengo que dejar entrar a los que se incorporan y pierdo tiempo. Cositas de camionero, de conductor habitual. En fin. Hasta que el navegador coge fuerza "¡que te he dicho que gires a la izquierda por Menéndez Pida!! Te va a guiar Rita la Cantaora a la próxima" Mi amiga baja el volumen y escucha la radio, tan pancha.

Sin llegar a ese punto de encontronazo, me he ido hoy a ver un puente sobre el Jarama. Voy sin prisas, he salido pronto, lo quiero ver con calma. El depósito está lleno, así que no tengo que estar pendiente de si encuentro una gasolinera o no. Si es de REPSOL o si me viene mejor otra que me da más puntos. Con la calma. No contaba con que tengo móvil nuevo. Y me han dicho que no lo cargue hasta que no se agote la batería del todo. ¡Buena soy yo cuando me pongo a seguir instrucciones! Es difícil que las siga, pero si lo hago, soy como el tonto y la linde, que la linde se acaba y el tonto sigue. No tengo flexibilidad. Soy un soldado. Con la batería al 4% he salido de casa. Tres cuartos de hora después estaba sobre el ínclito puente. Apariencia feúcha, para quien entienda de puentes bonitos y feos. La ubicación compleja, el acceso, difícil. Total, que tras inspección de supervivencia decido volver. Pongo el navegador para volver a la oficina. 1% de batería. Uf. Muerte de la batería. Valoro la posibilidad de enchufarlo al cargador del coche. No es el oficial. Me resisto. No lo voy a cargar. Total. Estoy al lado.

 

Vuelve tú a Madrid desde los alrededores del Aeropuerto sin navegador, con mi sentido de orientación y sin usar la autopista de Peaje. Digo yo que está bien que se señalice el Peaje en sí. Tanto señalización horizontal como cartelería varia, luminosa o no. Pero ¿Qué inconveniente existe en indicar por dónde se va a Madrid? Tras un primer cartel esperanzador "Madrid Barajas", uno, a los pocos metros confirmación , BARAJAS 6 MADRID 18; en la siguiente glorieta desaparece la capital, puedes ir a la T4, T3, T2, T1, M30, M40, M111, M13, M12; R2, Zonas Aeroportuarias, Fuente el Saz, Paracuellos, Polígono Industrial, , Zaragoza, camino La Cueva, Camino los Rosales, La Moraleja, Burgos, y por supuesto "todas las direcciones". Mensaje a los ciclistas, advirtiendo que circulen por el arcén en el túnel, avisos de control de velocidad. ¿Y Madrid? Doy una vuelta a la rotonda, como los gatos, a ver si es que me he saltado la señal. No. Voy a dar otra. El UBER que me persigue me da las luces. Aguanto las ganas de hacer alguna señal que muestre mi enfado. Estoy perdida. Elijo un M40, todas las direcciones, batiburrillo sin definir que me da algo de esperanza, las otras opciones me llevan a un pueblo en que no he estado nunca, a un aparcamiento en el que creo que no se me ha perdido nada o a una zona industrial. Insegura en mi ruta llego al siguiente cruce, ambiguas indicaciones: elijo la que no lleva el símbolo de peaje. Por elegir. Parece broma, pero no lo es, en la siguiente glorieta, rotonda, redonda, no hay indicación alguna para Madrid, solo Barajas, y terminales varias, M13, M12, R2 (peaje), M21, T4. ¿de verdad?. vuelvo a evitar el peaje y desemboco en una nueva glorieta con una sola rama "Aeropuerto. M13 todas las direcciones" No me lo creo. En la rotonda uso el ojo de halcón para divisar eventuales señales en la distancia. Imposible. Madrid no existe, un surtido de calles y carreteras locales y nacionales, circunvalaciones varias, inundan la señalética. Pero la palabra Madrid, símbolo del centralismo, no existe. A Madrid, donde se dirigen el 80 % de los vehículos que llenan ese asfalto, hay que saber ir, o que te lo diga el navegador. En caso contrario, estás listo. Llena el depósito de gasolina y doma tu ira. Ni en las bifurcaciones ni en las glorietas. Nada, ni rastro. Ay de mí, y mi manía de seguir las normas cuando menos hay que seguirlas. ¿Quién me ha hecho a mí así de cabezota? ¿Quién me manda a mí salir con el móvil sin cargar? Veo un hito vertical, un PK indica que estoy en la nacional II, punto Kilométrico 5. Llevo 11 km conduciendo a ciegas. No es el sol quien me ha orientado, ha suido la suerte. Porque igual podía haber aparecido en Burgos.  ¡Mierda PK 6, voy en sentido contrario! Pero ya todo me da lo mismo, llego al primer cambio de sentido y doy la vuelta. La NII es la prolongación de Avenida de América, María de Molina, ¡estoy salvada!. He conseguido evitar el peaje, pero cien por cien he gastado más en gasolina. Y en cuestión de tiempo, ¡para que te voy a contar! Una vez que consigo, 500 leguas al norte, dar la vuelta en un cambio de sentido, y ya incorporada en la nacional II, aparece el deseado cartel MADRID, y me indica por qué carriles debo ir. Esa me la sé. ¡A buenas horas mangas verdes! Ahora ya no necesito GPS. Temo que mi telefono despierte de su letargo y me avise de que coja esa salida o me regañe. Como a Lurdes.