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21/06/2021

SORRY ABOUT THIS


Un año largo entre mascarilla y encierro. Tan largo que van 15 meses.  He dado clases on line, pantalón de pijama si no me daba tiempo y por arriba muy puesta. Eso sí, ni un día hemos dejado de ponernos como un pincel en casa, ducha, baño, cambio de ropa diario y alguna que otra obsesión con ventilar y cambiar sábanas y toallas. Mucha compra con previsión por Internet, que te daban cita para quince o veinte días, si te la daban. Y ¡ay de ti si se quedaban   sin existencias del famoso PPC! , como no consiguieras "el Elefante" en algún colmado, allá te las apañaras. He dejado de salir a correr a las seis de la mala. Que yo me ahogo con la mascarilla. No es pereza. ¡Que va! Ni que se me hayan llenado de donuts la cintura, ¡no!. Es solo que yo con mascarilla no corro. Además, es de cobardes.

Después de lo bien que me he portado, resulta que quitan el tapabocas en una semana. ¡Ahora! Y a mí, que no me salen granos nunca, que no será por edad, que aún me quedan años de sorpresas dermatológicas, será por constitución y herencia quizá. Que no soy de granos, vaya. Pues me salió ayer una protuberancia en mis labios ya de por sí carnosos, como los de mi padre. Se me  han hinchado tanto que soy la envidia de las aficionadas a las sonrisas quirúrgicas. Es una protuberancia que duele a rabiar, me llega el calambre a los dientes. He pensado si será un herpes. Mis progenitores me miran con aparente despreocupación que no hace sino agobiarme más. Pero parece que es volcán, ya está empezando a dar la cara a través de la enrojecida hinchazón, un diminuto círculo blanco. No me atrevo ni a tocarme, me lavo con muchísimo cuidado, porque el solo contacto con mis sabanas de algodón egipcio me lleva en línea directa a la vía Láctea entera, no te digo ya el jabón Lagarto, que tantas bondades tiene para el cutis, cual agua de mar, ¡cómo pica! . 

Y eso, que en cinco días se puede ir sin mascarilla. Pues yo ya no me la quito. A mi es que la mascara me protege. Me siento veneciana en el carnaval. Tapadita. Porque en realidad soy tímida. Y eso de poder esconder asombro o alegría, decepción o sonrojo a través de la tela, me da una cierra distancia que me aporta seguridad. Y hasta me atrevo a ser más simpática. Porque mi escudo me cubre. En ocasiones cuento algún chiste, implensable a cara descubierta. Dicen que los ojos son el espejo del alma, pero yo sé que mi boca expresa mucho aunque esté cerrada. Una media sonrisa ilumina la mirada, pero son más difíciles de esconder mis labios apretados o de carcajada, que un parpadeo. 

Me tiene descompuesta que quiten la mascarilla. A este ser que se me ha hecho huésped en el labio superior no le ha dado tiempo a secarse en una semana. Y todo porque el PS ha tenido un acto fallido. Que vamos a poder quitarnos la mascarilla en los espacios libres. Ha dicho ¿Que coño es un espacio libre? ¿Libre de humos, libre de que? Yo creo que al presi le ha dado un flus y se ha debido enamorar del aire de Ayuso o de sus éxitos electorales. Y como a ella, con su acento de chulapa, y cómoda en Chamberí, se le ha llenado la boca de libertad, Pedro no puede ser menos. 

Yo ya no me quito la mascarilla. Sorry about this. Decía ese noviete irlandés que era dueño del Finnegans, en la época del sembrado de bares irlandeses en Madrid. Sorry about this, decía señalándose un enorme grano que ocupaba su frente. Cómo si fuera culpa suya. Pues lo mismo yo con mi pobre labio. Al menos me puedo dejar la mascarilla. 




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