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11/08/2023

RECICLANDO QUE ES GERUNDIO

El reciclaje es necesario, imprescindible y estupendo hasta que se convierte en una pesadilla. Para conseguir que sea eficiente, debe ser sencillo. En caso contrario sólo lo practicarán los frikis. Aprenderse los colores que corresponden a cada material tiene un pase. Los envases, latas, envases al amarillo, el cartón y papel al azul,  lo orgánico al marrón y el vidrio al verde. Esto lo he mirado en Internet porque yo sigo con dudas cada vez que en una cocina, propia o ajena, abro la puerta de la basura. Y es susceptible de matizar. Porque creo que no todos los plásticos y decibelios van al amarillo, y no todo lo orgánico al marrón, sólo lo crudo, que hay otro cubo de restos. Me pierdo.

Antes, un sencillo cubo, a la sazón recubierto con una bolsa de la compra, para aprovechar, para no tirar; es ahora la puerta abierta a Narnia. Tres cubos es un mínimo, a veces bolsita de cartón para solo cartón (limpio, ojito); incluso cubo de plástico para restos orgánicos si gallinas u otros animales pertenecen al núcleo familiar, cajita para las cápsulas de café, las pilas, el aceite usado... El grado de compromiso de algunos con el planeta a través del reciclaje es casi inquietante. Dudo que sean capaces de hacer algo más aparte de reciclar. Y lo que se enfadan si te equivocas. Ojo.

Cuando en una fiesta se distribuyen cubos en el perímetro del baile para facilitar la tarea del desperdicio, tarea que los efluvios confunden; entonces es cuando viene la polémica. Tres cubos es un clásico: cartón, latas y otros, por ejemplo. Los animosos invitados son diligentes y lata que se acaban, lata que va al contenedor improvisado con su cartelito correspondiente nombre con letras de colores. Las colillas, ya casi especie en extinción, se juntan en cenicero, aunque su composición es también mezcla de varios, digo yo: que el tabaco es orgánico, el papel, papel y el filtro ¿qué es el filtro? Y tú me lo preguntas, clavando tu pupila en mi pupila.


No es tan fácil. El típico sobre de papel que tiene una transparencia que permite ver el destinatario sin que esté escrito en el propio sobre. ¡ojo! Papel y plástico; las inocentes bolsas de té con su envoltorio de plástico, etiqueta de papel, grapa, bolsa en sí y materia orgánica interior son un nudo gordiano.  ¿Qué?. ¿Quién es el listo que se toma una infusión? Una tila, quizá. La caja de la pizza, pecio de urgencias nocturnas y pereza al cocinar, no va al contenedor de papel ¡No! Ese trocito de pepperoni se lo veta. Por mucho que rebañes, los platos de cartón, ya no son cartón. Si hay resto orgánico todo cambia. ¿una caja de bombones? que le digan a Forrest, pobre. Entre la caja de cartón, el envoltorio de plástico, el papel semi de plata envoltorio de cada pieza, algún bombón que nadie se comió, y ahí queda solitario, el típico con licor o una guinda dentro. ¿Cómo se tira eso a la basura? Normal que se regalen las cajas de bombones. Mejor eso que tomárselos en casa, le pasas a otro la patata caliente.

No digo yo que volvamos a hace 100 años, no, ni 50. Pero echo de menos ir guardando los vidrios, de vinos y botellines y dárselos a los chavales para que se ganen unas monedillas que a la vez les hacen conscientes de que eso no se tira. Echo de menos la bolsa del súper cambiando su función a bolsa de la basura, en algunos supermercados las agujerean para que no sean útiles a tal menester. Echo de menos esa falda hecha con las cortinas del salón, los pantalones que fueron mantel, o el zurcido y la codera en vez de tira eso que es más barato comprarte uno nuevo. Yo soy de poco tirar. Aun a riesgo de acercarme a Diógenes. 



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