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20/05/2018

LOS IDIOMAS Y EL AMOR



Siempre me fascinó Babel. No hay mayor desgracia que no entenderse. Fue un duro castigo. No sé si justo. Pero lo estamos pagando todos. Además de la dificultad intrínseca que supone el uso del idioma propio, con sus matices y dificultades que hacen alejarse a las personas más queridas, por malentendidos, expresiones fuera de tono o uso de palabras que significan educacionalmente cosas distintas para personas diferentes, además. Y el dolor que eso conlleva. Que no se puede arreglar. Porque se llena todo de dialéctica. De palabrería, de intentos vanos de explicarse que ahondan la conversación en un fango que es arena movediza sin asidero. Es cavar bajo tus pies, hasta que se pierde el suelo, azadón en mano. La rama de salvación son los hechos, contra los que no se puede rebatir.

 

A la dificultad de hablar el propio idioma, le pones el extra de intentar entenderte en otro. Total, nada. TELA. Por eso, hechos. Recurrir a la policía, los testigos y testimonios es el único recurso que le queda a los malentendidos. Y aun así, tela.

 

 

 

Cambiando a los idiomas, en los cuales los hechos siempre valen, por cierto: Hay que tener en cuenta que los aquéllos son distintos por algo. Vamos a ver, cuando un inglés dice "I mean it", que eso signifique "lo digo en serio" tiene narices ¿o no? Toda la vida intentando aprender inglés para esto. No vale.

 

O cuando un español dice "te echo de menos" va el italiano y suelta "mi manchi", y el inglés "I miss you". Es que son cosas distintas. ¿Quién decidió que significaban lo mismo esas tres expresiones? Porque eso es cosa de algún listo. Y ya no digamos con el querer. Eso es una algarabía. Porque los angloparlantes yo es que no sé cuánto se quieren. Y quieren lo mismo a un gato, que a mesa exquisita, con centro de flores, cubiertos de plata, vajilla de la Cartuja, que a sus hijos y parejas. Todo se resume en el "I love it, you..." ¿Cómo se puede querer a una mesa?, será que les mola. No me vale que me digan de son palabras muchisignificantes, o polisémicas. En algo tan serio como el amor son menester las diferencias.

 

 

 

En cuanto a los temas de educación, el por favor y gracias, ya entramos en un maremoto en que claramente los españoles somos unos animales frente a la finura anglicana. Porque los ingleses "kindly request", y nosotros "está prohibido". Así, tal cual. No me creo que eso no de pistas sobre algo que se nos escapa. ¿El qué? Pues que pensamos y sentimos diferente, porque el idioma se inventó para expresarse. Y si en un idioma no tienen una palabra es porque eso no existe en ese idioma, sea objeto, animal, cosa o lo que es peor, sentimiento, emoción.

 

 

 

 

 

Como no soy experta en el lenguaje, sino una mera sufridora de sus consecuencias, llevo mi piedra hasta arriba del monte y la tiro porque no aprendo. Pero recuerdo una historia de un irlandés casado con una maña. No sé si es real o inventada. Decía que el esmoquin (del inglés smoking) o traje de noche masculino es un conjunto de etiqueta semiformal para lucir en fiestas nocturnas como entregas de premios, cócteles y otros actos sociales de cierta relevancia, pero sin llegar a la importancia de una velada formal como una boda, recepción oficial o cena de gala, ceremonias donde se luce etiqueta formal con un chaqué o frac.

 

Decía el irlandés, errante y fallecido ya que era aquél un claro ejemplo de malentendido, que los ingleses se ponían después de comer, o cenar, una smoking jacket, prenda diferente al traje común, para evitar que el olor del tabaco impregnase el tejido al fumar. Algún invitado hispano en una fiesta británica debió mezclar lo que oyó y lo que vio y llegó a su pueblo contando que los ingleses se ponían una cosa que se llamaba esmoquin, que era muy elegante. Y como esas miles. Tela
 

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