
En realidad, hay dos maneras de hacerlo, una es, dando la plasta al personal, aburriendo al mundo con tus miserias, quejándote de tu mala fortuna y llenando el ambiente y las ondas que ayes; la otra consiste en encerrarte y comunicarte con el exterior lo imprescindible. En la adolescencia la primera opción me parecía posible. Ahora la supervivencia existe cerrando las cortinas y las persianas. El solo contacto con el aire se me hace intolerable. Pues eso.
Imprescindible en cualquier caso hacer la vida más fácil y agradable a quien se te acerca o quien está al lado por necesidad o lazos. Para eso, nada de penas, nada de quejas, propósito de enmedienda: no criticar. Recuerda siempre qué habrían hecho los buenos. Esos ejemplos que guardas, de los que ya no están. Y, pa'lante.
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