Me ha vuelto a pasar: me he saltado la salida de la autopista para ir a la oficina.
Mis amigas dirían “interpreta mi silencio”, en ese afán pseudopsicoanalítico o de psicología barata, de barra de bar, tan popular; con esos deseos de entender los gestos y los sueños y sacar elocuentes conclusiones. ¿Lo ves? Con las presuntas bases que nos han dado para ser sabios en el tema la lectura, en su momento, de “El arte de amar” de E. F y luego “Tus zonas erróneas” (tan yanki y tan conductista) y esos miles de libros que poblaban la sección de autoayuda del VIPS. Con la presunta formación, presuntamente psicoanalítico, con esa pátina, que no es ni poso, que nos han dado esas lecturas sumado al disfrute de las pelis de Woody Allen antes de que se destaparan sus aficiones personales. Dentro de esa facilidad de ver el ojo ajeno dañado por pajita y no ser capaz de detectar la viga en el propio. Somos así, aptos para analizar los males de los otros cual especialistas en la materia. Mientras, vagamos por nuestras miserias tapando agujeros como si nos hubiera tocado la lotería, disimulando.
El caso es que sí, me he vuelto a saltar la salida 13 de la carretera de La Coruña, por la que cada día salgo de la A-VI y recorro la calle Gobelas, al amparo de lujosos chalets ocultos por los jardines en la margen derecha y edificios de oficina en la izquierda, que lindan con el ruido de la autovía. Pero es que me he saltado la salida 14 también. La de Casa Quemada, que me hubiera permitido llegar un poco tarde, pero llegar. ¿En que iría yo pensando? He pasado Los Peñascales, recordando a un amigo que tenía casa allí; Torrelodones donde han montado un colegio muy especial; Las Rozas, y sus fiestas; Las Matas y su estación de tren. Hasta que no he llegado a la bifurcación de Navacerrada, a la altura de Villalba, cuando tenía que decidir si seguía hacia Segovia a ver a los abuelos o me iba a Nava a pasar el día con los padres. Lo visualizo, un paseo con padre a ver si llegamos a la Maliciosa, un tinto de verano, que es el agua de una fuente secreta. Y una paella que va a hacer madre, más fina que el grueso del meñique.
¡Pero concho! Si hoy es martes. ¡Será posible! Yo es que quiero una justificación “que mi hija no puede ir hoy a trabajar (al cole)“ Sin más comentarios. Solo un padre es capaz de entender que a veces no puedes. O no entenderlo, y simplemente, quedarse a tu lado sin preguntar. Hacerte tu comida favorita. Cogerte de la mano sin razón. Es tu red de seguridad incondicional y sin preguntas. Sabe que quieres largarte. Que ya está bien de ser bueno y correcto. Qué quieres darle la vuelta al cartel y que se vea “cerrado”. Porque sí. Como en esas tiendas a las que llegas y hay un letrero que dice “vuelvo enseguida”. ¿Cómo se mide enseguida? ¿Hace cuanto que se ha ido? Ese aviso está ahí puesto ¿para invitarte a que esperes o a que te vayas con viento fresco? Yo creo que es más lo segundo. Sin referencias ni existe el tiempo y no puedes medir la espera. Así es que yo digo eso “ahora vuelvo”. Signifique eso lo que signifique.

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