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04/10/2025
QUERIDAMARIGLORIA
21/09/2025
¡Y QUE VIVAN LOS CACIQUES!
Un concierto en el Siroco siempre mola, es un planazo. En mi caso la última vez que había ido, se podía fumar, así es que casi no lo reconozco. El "puerta" le dice a la madre 'pero tu viniste ayer'. Y se lía, 'tu, usted, perdón'. Lo que hacen las canas. Tú, tu, tu.
Los Caciques han tocado en el Siroco este
finde. Que yo sepa tenían solo un disco. Les había ido a ver hace… ¿30 años?
Entonces no me sabía ni una canción. En esa época madrileña en que la todos
íbamos a los mismos sitios, en esa edad en que todo el mundo se conoce (supongo que los que tengan ahora nuestros años de entonces pensarán "igual que
ahora"). Todos estábamos enamorados de todos. Pasaban esas cosas. Salías de casa sin haber quedado, llegabas al
bar de los Ginkases con una amiga, con tu hermana, con tu primo. Y acababas en el
Sol o en el Siroco con una panda de gente, conocidos o no. Imprescindibles en ese momento. Auténticos. Luis, Quique, Javier (X), Cali eran
amigos, amigos de amigos o conocidos o hermanos de alguien; y allá que fuimos.
Entre Culturales (catalizador o chispazo de la MOVIDA), ser sobrina de "la
Herrero", el BASE, el Estudio, Navacerrada, al final Madrid era una
especie de red en la que todos estábamos conectados. Era muy divertido.
Sobrevivimos de milagro. Pero era muy divertido. Éramos bastante libres. Con
nuestras restricciones. Pero libres, jóvenes y felices. No sé si en ese momento
fuimos del todo conscientes, yo creo que sí. Lo pasamos muy bien. Con nuestros
altibajos.
Cuando salí del Siroco entonces, recién
acabada la carrera, me prometí que no volvía a un concierto sin saberme las
canciones, por mucho que fueran amiguetes. Ayer me las sabía todas, menos una
por la que ofrecieron una caña al que la cantara. Eso no vale, no está en el
disco. Y la de Burning, vaya; versionaron a Antonio con el Sitio de mi recreo,
vale. Eso sí que no me lo esperaba. Y a los Brincos, dicen que destrozando una
canción. Por lo visto les confundían con ellos en su momento. No es lo mismo. Lo bueno de ser
más o menos coetáneos es que algunas letras no solo te las sabes si no que te
suena o te imaginas de dónde puede venir la idea. Pones cara a la música. Porque conoces a Mengano o a Futano, que
te han contado. Lo que pasó. Y muchas letras son tuyas, porque estabas por ahí, aunque no te
vieran.
Ayer en Siroco era salir de los Ginkases y
pasarte al Penta o al Delany’s, padres e hijos. Ole ole y ole la energía y el
buenrollismo que transmitieron. No sé en el escenario, pero el público se lo
pasó en grande. G con la cámara de fotógrafo oficial, J que tenía que haber
subido a cantar, M a base de tequila porque no engordan tanto como la cerveza,
S con su chica y su hermano, que es su fotocopia; estaban todos, o casi todos,
que no es lo mismo, pero es igual. El Pingüino se sabía todas las letras. Que
le vi dándolo todo. Vino gente de lejos solo para verles. Los tíos del novio volaron desde Bruselas para ocupar la primera fila. ¡Olé! Y sueño verte pasar….por la avenida principal por la baranda…
¡Había señoras con abanico! Jajajaja Bienvenido
el abanico, que fue de mano en mano como la falsa moneda por generosidad de la
dueña, otras con ventiladores portátiles. ¡Qué risa! En el Siroco. El chico de
atrás, bueno a lo mejor no es un chico, es un señor, presidente CEO de un
Banco, un despacho de abogados o una empresa del IBEX, está a punto de
desmayarse de calor y nos cuenta que en la playa ha visto en verano gente que llevaba
un collar con un ventilador. Daba cosa. Parecía un cinturón bomba.
Por supuesto pelos canos, barrigas
cerveceras, cuerpos redondeados, perlas y tintes, tonsuras a tutiplén y mucho
entusiasmo, de primera fila. A darlo todo. Brazos en alto y risas, ¡bravo!. Las mismas caras, los mismos corazones. Las mismas sonrisas. Porque cuando alguien sonríe, le ves.
Como tardaron tanto en arrancar, comentarios,
“no salen porque no se las saben, las canciones”; o: "Les da
vergüenza" En los bises, que casi no da tiempo a aplaudir para que
volvieran. Todos se conocen en el Siroco, aunque no se reconozcan. La gente
habla con el de al lado y sale un nexo que te conecta. Ya decía lo que me
sonabas. Los hijos, inconfundibles. Son los amigos de entonces.
"La calle del pez". Empezamos…"Por la baranda...no te quieres enterar,
cariño mío, de lo que yo a ti te quiero" Ambientazo.
"¿Por qué te sabes todas las
canciones?" Le dice una señora que iba con su amiga, (que debían pasar por
ahí) a una veinteañera. "Por mi madre" dice la chavala, y señala a la
mencionada. Un señor se dirige a la barra a repostar y va cantando desgañitado:
"Y puedes comprobar…compañía…De una
chica como ésta...de una chica como la mía..." Y se la canta a la
madre, que sonríe ante un botellín que hace de micrófono improvisado y desafinan juntos "tu mirada, y de
tus labios rojos" Jajaja. Un
barbudo le dice a la madre: Es que está es de Burning. Por eso. Ha visto que dejaba de saltar, la madre.
Cuando llegaron a la Sirenita, un chaval que
había ido con sus amigos, comparte micrófono con la hija y la madre se une. El
novio de la hija y la amiga de la hija son resilientes y sonríen. La hermana de
la madre sonríe también. Están como yo hace 30 años, no se saben las letras. ¡Qué faena!. Al acabar
el concierto el chico del micrófono imaginario le dice a la hija '¿Cómo dices
que se llamaba este grupo? ¡Son simpáticos!' Jajajaj.
En mi caso me sé todas las canciones porque
soy fan, me encantan. Y además se estropeó el CD del coche y ¿Cuál se quedó
dentro? Por la baranda. Así es que hemos hecho muchos
viajes dejándonos la voz y soltándolo todo con la música de los Caciques; que
es un buen conducto para el desahogo y para encontrar alegría, energía. Como dice
mi amiga L, cantar mola (especialmente si no te oye nadie, en mi caso)
La despedida con ya me ves. Épica. Que no se querían ir. Ni nosotros que se fueran.
Y ahora ya me ves, ya me ves, ya me ves
Ya me ves, ya me ves
Llevo el ritmo con los pies
Y así en bucle… ya me ves. Tengo agujetas de
reírme, en los mofletes. Qué bien me lo he pasado.
Y ahora ya me ves, ya me ves, ya me ves
Ya me ves, ya me ves
Llevo el ritmo con los pies
...........
Y ahora ya me ves, ya me ves, ya me ves
Ya me ves, ya me ves
Llevo el ritmo con los pies
….
¡gracias! gracias D.
20/09/2025
ROBERT
A veces pienso que se me dan bien los obituarios. Es como si tuviera familiaridad con la pena y por eso me sale solo. Es morirse antes y ¡zas! Todo fluye. Me gustaría más ser divertida que hacer llorar. Pero cada uno juega con las cartas que le tocan. Ya está bien de regret. De nada vale lamentarse y regodearse en el y si. Ay y si hubiera ido yo a tal o cual sitio, si hubiera comprado esa casa en vez de alquilar.¡ Yo que sé! Hay tantos y sis que no podríamos vivir, porque la vida es eso, ir descartando unas opciones y decantándonos por otras. Y se es mucho más feliz cuando decides y asumes profundamente que la decisión que tomaste era la mejor. Y no miras atrás. No hay y sis. El caso que en las despedidas me vengo arriba, sintetizo, resumo y procedo.
Pero se ha muerto Robert Redford. ¡Madre mía de mi vida! ¿Cómo puede ser eso? Si no murió ni en dos hombres y un destino. Porque no murió. No te dejes engañar por las apariencias y esa balacera que se monta en un pueblo perdido de la América Latina. No. Hay segunda parte.
Pareja de hecho de Paul, el guapo por excelencia. Que como Gary, está ya en los Cielos. Paul el guapísimo, el fino, con perdón. Porque si Robert era guapo no tengo palabras para Paul. Mítica pareja, el Golpe o dos hombres y un destino. La música, las escenas, las conversaciones, se agolpan en mi cabeza. Quiero un fin de semana para darme una pechada de ver pelis suyas. Cuando era acción, porque acción. Amor por amor y risas, ironía fina. Siempre bueno, siempre coherente, siempre humano, realista. En el amor y desamor Descalzos, tal como éramos….puf. Periodista auténtico. Y esa manera de lavar la cabeza a Meryl en Memorias de África que creo es una de las escenas más sensuales y casi eróticas del cine. Sin que ocurra nada, está pasando. Va a pasar. Paréntesis (me parece fatal que todas sus películas hayan pasado a ser de pago con su muerte. Ahí lo dejo)
Mi único pero fue en” el hombre que susurraba a los caballos”, porque una cosa es hacer papeles acordes con tus ideales políticos o religiosos y otra, que ya supone saltar una raya, es alterar el argumento por vanidad. Quien haya leído el libro y visto la peli, sabe de lo que hablo. Aun así, el detalle no desluce el tema, ni altera el sentido del hilo. Pero importa.
En todos los hombres del presidente, te da un infarto de datos que retiene, de tesón por defender la verdad, del riesgo por llegar al fondo. Enaltece la figura del periodista como lo hace del ladrón en otras grabaciones.
Así que actor y director, ¡fenómeno! De lo guapo, guapo guapo, tampoco, pero, que un guapo como él, que acepte compartir pantalla con Paul el bello, indica un poco que le importa un bledo tanta guapura. Con ese flequillo pajizo que le cubría la frente y ha tenido que enamorada a la mitad del planeta (contando que al resto no ha llegado su deportiva figura y esa sonrisa ancha llena de dientes)
De chismorreo poco, más allá de sus compromisos con respecto a algún tema político y el medioambiente. Discreto. Mucho
Leo montones de chismes ahora, que si Barbra se lo quería beneficiar en Tal como éramos. ¡Hombre no le fastidies! Pero nadie habla de ese pelo. Bob, ese flequillo, es la envidia de miles de adolescentes hoy. Ese mechón cubriendo tu frente, ese color imposible que viró al rojizo. ¿Quién te peinaba Bob? ¿Te dejabas tocar ese mechón a veces rígido, otras despreocupado? Signo inconfundible de tu imagen.
Descansa o disfruta en paz, Robert, nosotros seguiremos viéndote.
05/09/2025
ChatGPT
Este
verano he estado tentada en varias ocasiones de usar ChatGPT para cosas de
lo más variopintas. No se trata de hacer trampas. He buscado un atajo. Todo por
no hablar. Por no preguntar. Por ver qué dice. Decisiones trascendentes que no soy capaz de tomar, tipo
“me pongo la camiseta roja me pongo la camiseta azul”, muy propias del estío y
el hastío, del aburrimiento tipo verano a la antigua. Y otras cosas que me
guardo.
Pero
lo de ayer fue diferente. Mi hija se iba a ver a una amiga por su cumple. Es
un viaje largo, que hace todos los años, desde que se conocieron. La amiga vive
en Pontevedra. Mi hija en Madrid. Sale el viernes y vuelve el domingo. Todos
los finales de verano, igual. Una paliza. A los 25, está en la edad.
Con
el tema de los incendios de este verano estábamos preocupadas por si se
fastidiaba la excursión. Además de consternadas por la devastación que las llamas
han dejado, por la desolación del negro que ha teñido los campos verdes del
norte. Esas antorchas inmensas que iluminaban la noche y el miedo. Trenes
suspendidos durante días, parecían una consecuencia leve frente a la magnitud de
la tragedia. Pero uno vive en su día a día, con su vista miope. No vemos de
lejos. Te mueves en las distancias cortas, con aquello que está a tu alcance resolver o estropear. Podré
o no podré ir a Galicia. Como lo de la camiseta. Recibió confirmación de que
todo estaba en orden. Bueno. Eso sí.
España en llamas. Cuando el bosque se quema, algo tuyo se quema. Todos contra
el fuego. (Campaña de prevención de incendios de 1990, para los que tienen la
memoria corta, como mi vista. Está es mi pullita. Ya vale con echarle la culpa
de todo al cambio climático. Se la podemos echar a las asíntotas.)
El día de autos: Adiós adiós. Pásalo bien. El periplo empezó con un momento de esos de aguantar la respiración y “uf” posterior. La
llevó mi ex novio y padre de la criatura. Salieron en moto hacia el sur por la
Castellana. Para dar la vuelta. Pasaron Colón, el Museo de Cera en la orilla derecha, La biblioteca Nacional en la izquierda; Cibeles El Banco de España a estribor y Correos, donde trabajó el abuelo, a babor. Cuando llegaron a
Neptuno la niña preguntó “cuando vas a dar la vuelta?”. Él: “¡coño! Es verdad, que los trenes a Galicia salen de Chamartín” .
Porque era agosto e iban en moto, si no, no llegan. Él es un sherpa, se
orienta a oscuras. Es un Apache, detecta las huellas por instinto. Pues se iba a
Atocha. Normal. Llego a ser yo quien la lleva, y pierde el tren. Ya me pasó una vez llevando a mi madre a la estación, ella
iba a Valladolid a ver a los hermanos. Pero nosotras llegamos a la estación, aparcamos, entramos al invernadero rebosando aún de tortugas abandonadas. Teníamos
Atendo, un servicio para personas con mala movilidad, que funciona bien aunque lento. Cuando ya estaba sentadita madre en la
silla de ruedas ‘mierda’. Lo mismo.
El tren salía 18:08. Me llama la niña, que ya estaba en el vestíbulo. Todo en orden. No había salido la vía (18:05) Me pone al día con la anécdota sobre el lío con la estación. Cuelga. A las 18:30 se me ocurre preguntar al ChatGPT si el Alvia de las tal sale con retraso.
Mi
hija, con esto de las tecnologías, me ha compartido ubicación. Harta de mis
angustias nocturnas por imaginarla tirada en una cuneta. Seccionada a
proporciones iguales. Sus restos esparcidos en los charcos de la noche madrileña. Mi imaginación se alimenta con las series policiacas a
las que soy adicta. Harta de llamadas en medio del chunda chunda (ahora esa música
de gorra con visera hacia atrás). Harta de “no sé para qué tienes el móvil si
no lo coges”. El caso es que dispongo de la información, y sin llamar, para no
preocupar, compruebo que sigue en la estación. La veo incluso acercarse al
andén. Es alucinante. Un poco más y me entero de si fuma o no. Viene, va, habrá
salido ya la vía, va al baño, ¡no!, que ese es el de chicos. Vuelta al andén. Me
siento un CSI sin carné. Mientras tanto, el ChatGPT me dice que están
cancelados todos los trenes a Galicia por los incendios. Ha consultado la
página de Renfe, la de Adif y la información de la cadena SER, (cita fuentes,
todo muy profesional ). Compruebo la fecha, en efecto, 29 de agosto del 25,
hora 18:40, 18:50... Confirmo que la chavala sigue en la estación según la
ubicación compartida. Debe estar de los nervios. No llamo. Le pregunto al chat
qué pasa con los usuarios de esos trenes. Me contesta que mire la página del
operador. ¿Quién se habrá creído? No sabe con quién está tratando. Yo ya he mirado la página de Renfe, de Adif, si hubiera página del
AVE o del Alvia, ya la tendría en favoritos. Estoy enfadada con el chat. ¡Pensará que soy idiota!. Esas páginas o no hay quien las entienda o tienen
estructura carpetovetónica. Se lo indico (no mi opinión sobre la modernidad de
los operadores), le digo que mire él, para eso le he preguntado. “Vale, lo
miro”, me contesta dócil. Me informa de que los viajeros dispondrán de
servicios alternativos como autobuses o se les devolverá el dinero a los
usuarios. Son las 19:00, 19:30 y estoy
de los nervios. Por la ubicación, que de pronto viene y se va, veo que
al menos ya no está en la estación. Parece que es la 607. ¿Frente al Mesón de
Fuencarral? ¿A qué lado? Entonces sí está en el tren. ¡No! Es la carretera.
Pienso que le va a dar un parrús. A este ritmo, esa cena que le tenían
preparada es una entelequia. No quiero preguntar y le escribo y le hablo de su
batería, de la de su teléfono móvil, me contesta tan pancha que se le van los
datos, pero que tiene pilas y cargador. Ni mu de si va en tren o en un Cabify
despendolado con muchas botellitas de agua y revistas para el entretenimiento tipo película de Almodóvar. Otra opción es imaginarla en un “autobús de línea” desbocado o ya el colmo,
compartiendo coche tipo BlaBlaCar con indocumentados borrachines de destino
incierto. A las 22:45 me mensajea sin yo preguntar, me confirma (de refilón) que
va en el tren y no ha llegado. El mensaje es más o menos. “pero cuando llega
este puñetero tren”, de donde deduzco que el ALVIA no se ha cancelado, es más,
está arribando a destino. Se torea sola del cabreo que lleva. Pero yo estoy
tranquila de que vaya sobre carriles y no asfalto con un loco al volante
que solo quiere llegar para cobrar y hacer otro carrera. No sé cómo he podido
aguantarme y no llamar. Ni que practicara meditación, como Javi. Zen. Y el Chat
sigue diciendo que está suspendido el servicio. A más a más, los fines de
semana habrá obras de mantenimiento en la vía. ¡Hasta nueva orden! Por cierto,
no vuelvo a mirar la ubicación. Lo que tenga que ser, será.
31/08/2025
US OPEN 25
Van
a pensar que soy una pija, siempre mirando la indumentaria de los tenistas. Que
si son feas o bastas. Pues es que a mí me gusta el tenis, verlo. Acabo cansada
de verlo en la tele, con que si lo jugara no sé qué sería de mí. Me encantaba
verlo jugar a mis amigos en Nava, se ponían guapísimos siempre. De blanco con
sus polos. Los importante era la conversación y estar juntos. Tanto daba quien
ganara. Bueno, a ellos sí les importaría. No sé. El torneo de Bego, con
fiestuqui después; el de Doña Endrina, hoy Hacienda. Pobre Arcipreste que ya no
tiene a su amor cerca. En fin.
El
caso, que el que me haya leído ya sabe que a mí me gusta como visten en
Winbledon, punto. Pero pensaba yo que en Nueva York, estarían a la altura.
Negativo. Vamos a ver, ¿es marketing de Nike esa equipación?
Fueraparte está el juez de silla, que parece cansado, Taiiiiiiim, o canta fuera tres minutos después, que ha seguido el juego, puñetas. Y cada tanto hace un resumen cilla, a su bola, a su manera. La equipación de Nike es infumable, la de la sorpresa Canadiense y la del pelirrojo italiano. Que encima parece que se han hecho pipi o algo peor, que se marca el sudo en el pantalón en cuanto han empezado q jugar. Encima a Sinner se le han roto los cordones de las zapatillas. Mal. Y siendo pelirrojo Jannik, parece de broma el color calabaza oscuro con el que le han vestido. Por no hablar de el del canadiense de origen ruso israelí, ese azul azafata. Que parece un camillero. Al menos los de Nike proponen algo parecido a un polo. Mejor sin duda que la equipación de Nole. Que ya se basta él para ser oscuro, pues Lacoste propone un todo negro, salvo gran cocodrilo verde al pecho. No le favorece, además. Es oscuro él, a pesar de sus bromas y de hacer de la raqueta violín al terminar el partido. A pesar de la gracieta chulesca de llevarse el dedo índice a doblar su oreja para oir los aplausos. Zapatillas negras incluidas. El colmo de Nike se resume en Carlos. El murciano juega bien al tenis, pero adolece de gusto. Es una gracia que no tiene, un don que le falta. A él le han encasquetado una sin mangas color berenjena un día, rosa chicle otro. Que no se pierda. Yo así no me puedo concentrar. Con ese corte de pelo que se nos ha dado. Angelito. Con ese rapado te tienes que afeitar, alma de cántaro. Entre la equipación, la ausencia de pelo y la barba de dos días pareces un facineroso. Que no digo yo que no te vayas de juerga, que tienes que pasártelo bien, pero en la pista hay unas normas. Haz el favor. A Norrie no le ha salvado ni ser británico, con esa elegancia innata de los isleños. Llevaba una camiseta que le quedaba grande, blanca, un sí pero no. y no lo había visto todo aún, la camiseta de Munar, inenarrable. Es urgente marcar un dress code.
La configuración general, el decorado, de la pista tampoco me gusta. Esos colorines de las toallas, innecesarios. La equipación de los recogepelotas, a juego. Por cierto, ¡qué tensión el trabajo de estos chavales!. Siempre pendientes de la bola que rechaza el jugador. A saber con qué criterio. De si necesita otra. El anuncio de Rolex me parece una ordinariez. Y una sugerencia, ya que en la mayor parte del mundo se circula en km por hora, entiendo que no es complicado para los de IBM hacer el cambio de mph a km/h y viceversa, ir cambiando de pantalla, por no tenernos con la calculadora. Poca broma que la bola en los saques va a velocidad no permitida por carretera. 240km/h.
No
tiene nada que ver, pero Shapovalov, por cierto, ¿cuántos plátanos se ha comido
durante el partido? Es curioso el lío que hay en ese estadio neoyorquino. No
hay silencio. Luego dicen de los mediterráneos. Aquí no se oye una mosca y no
se levanta nadie a mitad de partidos. Con todo este rollo alguien se preguntará
si me gusta el tenis o los tenistas, o la moda, o el atrezo. Me flipa el tenis.
Pero me despisto con facilidad. En otra época me hubieran diagnosticado con algún
tipo de trastorno y no hubiera podido estudiar una carrear. Pobrecita. Además
es que me gusta la armonía y la belleza tanto en la mesa como en la pista.
30/08/2025
PAMELA Y LIAM
Ya
me gustaba la pareja de moda nada más enterarme de la noticia. Él, serio, con
esa sombra de melancolía y de dolor que le imprimió la temprana viudez. Ella,
alegre y divertida y guapísima. A él antes de ser Oscar Schindler, con su
lista, no le conocía, confieso. Actor británico, irlandés para más inri, de
Irlanda del Norte. Northern Ireland. Eso marca. Tipo con apariencia de
profundo, hondo en su timidez, no solo tras su tragedia personal. Tiene ese
aspecto indefenso que se atribuye al chico alto desamparado que cualquier mujer
quiere salvar. Ese halo que imbuye al hombre de irresistible atracción para
según qué fémina. El típico reto en el que se embarcan las mujeres entusiastas,
que generalmente acaban con tíos muermos que son así porque no saben ser de
otra manera. No querían que les salvaran. Son sosos, aburridos. Por menos de
nada se casan y por supuesto la apatía y el coñazo vencen a la alegría. Con lo
que la cantinela de “somos diferentes y nos complementamos” se convierte en
tedio y pasan a ser una pareja gris por mucho que se tiña. Porque las miserias
de los tristes tiran mucho hacia abajo.
Por
otro lado está Pamela, la caña, esa vigilante de la playa con enorme delantera
que luego aumentó y luego redujo y no sé que más. Ella está estupenda, con tres
gotas de maquillaje o repintajeada hasta parecer otra, de rubia, de morena. Es
fenomenal. Ella gana por la sonrisa. Ha llegado a mayor con ella. No sé si será
la dieta vegana, su amor por los animales, o haber encontrado al hombre de su
vida cuando se está dejando el pelo blanco. ¡Ole Pamela! Ella está en su papel,
no se le pide mucho, llena la pantalla de alegría.
“Agárralo como puedas”, es una peli mala, mala. Y mira que yo iba dispuesta a reírme, iba entregada. Porque me encanta el romance. Pero de mala que es, es buena. Porque parece que está hecha a posta. De mal. Liam Neeson es imposible que pase por un actor cómico. Liam es un triste. Muy voluntarioso, se lo curra, seguro. Puede resultar atractivo, guapo quizá, que ya tenemos unos años, interesante. Cosas buenas no le faltan, pero nunca cómico. No se puede tener todo. Ni pretenderlo es bueno. Se conserva como el buen vino, también, pero divertido no es. Que no le sale. No tiene gracia. Liam es el típico amigo que te llama para contarte, a las tantas, como le ha ido; el hombretón gigante que llora como un niño chico; el oso grande y sensible fiel hasta el final. Con esas manazas, con ese porte que roza los dos metros, es que no puede ser ni ágil, que por definición es torpe. Sensible, atento, buena gente, pero no bromista. Todo esto, por supuesto, es invención mía, me lo he sacado de la manga de mi imaginación. No son atributos reales del estupendo actor de quien soy fan, además de por la Lista de S, tras su papel de padre en Love Actually. Me encanta la ternura de su personaje.
Si
lees algunas críticas de la película, flipas, lo flipas; que si es una obra
maestra, que si hilarante, desternillante, he leído. Se deshacen en elogios. Es
cierto que tiene puntos. Esa chusca a los polis que están todo el día con el
café en vaso de cartón, las imposibles peleas, todo eso se ridiculiza sin
piedad. Pero sin gracia. Choques absurdos, parodias y disparates en diálogos y escenas. No digo yo
que no haya que verla otra vez, por si es que no me he enterado. Pero yo hasta
que no cumpla 65 no repito peli, que por 12,5€ si tengo que ver dos veces una
película igual me da por dedicarme a algo ilegal. Que no estoy para vender mi
cuerpo, pero algo se me ocurriría. En fin. Que la peli es mala o muy mala. No
merece un cuatro sobre cinco ni de coña. Y eso que
yo me quedé hasta el final, final, final. Porque sabía que todo eran guiños,
hasta la última canción, sabía que algo tenía que pasar. El muñeco de nieve, guiño
a la infancia y a Nesbo. Y esperé. Esperé. A pesar de la crítica, peleándome
con los limpiadores y el acomodador de la sala que se precipitaron y querían echarme ¡Premio! (Que tampoco era
para tanto, tengo que decir) Pero yo tenía razón, y eso que al final tenía mis
dudas, porque no he visto película con más créditos y gente currando, que les
citan a todos. No tenía con quien celebrarlo más que con el empleado que no parecía con ánimos o con mi hija, avergonzada de verme plantada en medio de la sala vacía. “I knew it. Sonreí triunfal.
Lo
mejor de Agárralo como puedas es que estos dos personajes, personas reales o
ficticias, en su papel o en la vida real, se hayan encontrado en el otoño de la
vida y se lo estén pasando genial. Yo estoy en contra del cine para ver expertos, cinéfilos o críticos; si para ver una peli tienes que ser un friki o un erudito ¡acabáramos! Así están las salas. Es que se han olvidado de “para todos los públicos “. ¡Viva la pareja de moda!
28/08/2025
TENÍA TIEMPO Y GASOLINA
Porque tenía tiempo y gasolina que si no, ahora mismo estoy subida en una grúa y con un ataque de nervios, y a lo mejor me han puesto una multa que no puedo pagar.
Dicen
que ahora se usa mucho el navegador. De mí se burlan porque pongo la dirección en la lupita, doy al "enter" y luego hago lo que me da la gana. Sí. Pero ahí está. El por si acaso. El nunca
se sabe.
Para
poner mi anécdota en contexto, tengo que contar que a mi amiga Lurdes (Lurdes, Lurdes), le regaña el navegador.
Nadie se lo creía, hasta que lo vivieron en vivo y en directo. Es cierto que
ella ha hecho un poco siempre lo que le ha dado la gana. A mucha honra. Ha
pillado atascos que nadie ha sufrido, sus sucedidos son únicos, su anecdotario imbatible, ha llegado a San Rafael y luego ha acabado en el Puerto de Los Leones subiendo de Madrid a Navacerrada (no es para tanto, yo me pasé una vez la salida y acabé en Guadarrama, eso me pasa por subir por la Coruña) Si tenemos en cuenta que se trata de una ruta que podríamos hacer sin gafas, ambas, la cosa es seria (teniendo en cuenta nuestra miopía). En fin, ella tiene su historia, con ciervos, o
animales de toda índole que se han cruzado en su camino. Ella ahora pone el navegador, que le va indicando, gire a la derecha, a la izquierda. Recalculando. Hemos
visto que se ha salido de la ruta, vamos a calcular el mejor camino para llegar a su destino. Y así una y
otra. Con paciencia de robot el navegador va a adaptándose al criterio de mi
amiga. Ahí no cruzo que siempre hay mucho tráfico. No cojo esta salida que
luego no puedo entrar en el parking. Si me meto por ese carril, después tengo
que dejar entrar a los que se incorporan y pierdo tiempo. Cositas de camionero,
de conductor habitual. En fin. Hasta que el navegador coge fuerza "¡que te
he dicho que gires a la izquierda por Menéndez Pida!! Te va a guiar Rita la
Cantaora a la próxima" Mi amiga baja el volumen y escucha la radio, tan pancha.
Sin
llegar a ese punto de encontronazo, me he ido hoy a ver un puente sobre el
Jarama. Voy sin prisas, he salido pronto, lo quiero ver con calma. El depósito
está lleno, así que no tengo que estar pendiente de si encuentro una gasolinera
o no. Si es de REPSOL o si me viene mejor otra que me da más puntos. Con la
calma. No contaba con que tengo móvil nuevo. Y me han dicho que no lo cargue
hasta que no se agote la batería del todo. ¡Buena soy yo cuando me pongo a
seguir instrucciones! Es difícil que las siga, pero si lo hago, soy como el
tonto y la linde, que la linde se acaba y el tonto sigue. No tengo
flexibilidad. Soy un soldado. Con la batería al 4% he salido de casa. Tres cuartos de hora
después estaba sobre el ínclito puente. Apariencia feúcha, para quien entienda
de puentes bonitos y feos. La ubicación compleja, el acceso, difícil. Total,
que tras inspección de supervivencia decido volver. Pongo el navegador para
volver a la oficina. 1% de batería. Uf. Muerte de la batería. Valoro la posibilidad
de enchufarlo al cargador del coche. No es el oficial. Me resisto. No lo voy a
cargar. Total. Estoy al lado.
Vuelve
tú a Madrid desde los alrededores del Aeropuerto sin navegador, con mi sentido
de orientación y sin usar la autopista de Peaje. Digo yo que está bien que se
señalice el Peaje en sí. Tanto señalización horizontal como cartelería varia,
luminosa o no. Pero ¿Qué inconveniente existe en indicar por dónde se va a
Madrid? Tras un primer cartel esperanzador "Madrid Barajas", uno, a
los pocos metros confirmación , BARAJAS 6 MADRID 18; en la siguiente glorieta
desaparece la capital, puedes ir a la T4, T3, T2, T1, M30, M40, M111, M13, M12;
R2, Zonas Aeroportuarias, Fuente el Saz, Paracuellos, Polígono Industrial, ,
Zaragoza, camino La Cueva, Camino los Rosales, La Moraleja, Burgos, y por
supuesto "todas las direcciones". Mensaje a los ciclistas,
advirtiendo que circulen por el arcén en el túnel, avisos de control de
velocidad. ¿Y Madrid? Doy una vuelta a la rotonda, como los gatos, a ver si es
que me he saltado la señal. No. Voy a dar otra. El UBER que me persigue me da
las luces. Aguanto las ganas de hacer alguna señal que muestre mi enfado. Estoy
perdida. Elijo un M40, todas las direcciones, batiburrillo sin definir que me
da algo de esperanza, las otras opciones me llevan a un pueblo en que no he
estado nunca, a un aparcamiento en el que creo que no se me ha perdido nada o a
una zona industrial. Insegura en mi ruta llego al siguiente cruce, ambiguas
indicaciones: elijo la que no lleva el símbolo de peaje. Por elegir. Parece
broma, pero no lo es, en la siguiente glorieta, rotonda, redonda, no hay
indicación alguna para Madrid, solo Barajas, y terminales varias, M13, M12, R2
(peaje), M21, T4. ¿de verdad?. vuelvo a evitar el peaje y desemboco en una
nueva glorieta con una sola rama "Aeropuerto. M13 todas las
direcciones" No me lo creo. En la rotonda uso el ojo de halcón para
divisar eventuales señales en la distancia. Imposible. Madrid no existe, un
surtido de calles y carreteras locales y nacionales, circunvalaciones varias,
inundan la señalética. Pero la palabra Madrid, símbolo del centralismo, no
existe. A Madrid, donde se dirigen el 80 % de los vehículos que llenan ese
asfalto, hay que saber ir, o que te lo diga el navegador. En caso contrario,
estás listo. Llena el depósito de gasolina y doma tu ira. Ni en las
bifurcaciones ni en las glorietas. Nada, ni rastro. Ay de mí, y mi manía de
seguir las normas cuando menos hay que seguirlas. ¿Quién me ha hecho a mí así
de cabezota? ¿Quién me manda a mí salir con el móvil sin cargar? Veo un hito
vertical, un PK indica que estoy en la nacional II, punto Kilométrico 5. Llevo
11 km conduciendo a ciegas. No es el sol quien me ha orientado, ha suido la
suerte. Porque igual podía haber aparecido en Burgos. ¡Mierda PK 6, voy en sentido contrario! Pero
ya todo me da lo mismo, llego al primer cambio de sentido y doy la vuelta. La
NII es la prolongación de Avenida de América, María de Molina, ¡estoy salvada!. He
conseguido evitar el peaje, pero cien por cien he gastado más en gasolina. Y en cuestión de tiempo, ¡para que te voy a contar! Una
vez que consigo, 500 leguas al norte, dar la vuelta en un cambio de sentido, y
ya incorporada en la nacional II, aparece el deseado cartel MADRID, y me indica
por qué carriles debo ir. Esa me la sé. ¡A buenas horas mangas verdes! Ahora ya
no necesito GPS. Temo que mi telefono despierte de su letargo y me avise de que
coja esa salida o me regañe. Como a Lurdes.




