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17/08/2017

HABLO SOLA, CON QUIEN SI NO


Mi amiga imaginaria no existe. Es imaginaria. Mariana. Yo sencillamente hablo sola, con Mariana. No me parece malo. Peligroso sería si me respondiera. Eso sí que no. ¿Con quién hablas? Estoy sola, así que hablo sola. Asumo mi realidad y no estoy loca. Solamente es que necesito hablar, como todo el mundo. Y no tengo con quien. Sola no estás, Teresa. Bueno, pues entonces no será por eso.

Por lo visto el hombre es el animal que tiene un lenguaje más complejo y completo de comunicación. Para seguir siendo humana me veo en la necesidad absoluta de seguir utilizándolo. Aunque no tenga con quién. Alguien podría preguntarse que por qué en alto. Es lógico. Porque si fuera en bajo estaría pensando. Y hablar no es lo mismo que pensar. Para hablar necesito dar estructura a mi discurso. Y así  me entiendo un poquito mejor.

Como se me hace corto el discurso quiero contar la anécdota de cuando era pequeña. Soy la menor de diez hermanos que seguro que me adoran pero no me hacen ni caso. Cuando tenía siete años (la edad de la razón), encerrada en el baño, discutía yo sola. “No me gusta”. “Mira qué fea”. “Yo no he sido, se la va a cargar, porque se lo voy a chivar todo a mi padre”. Le decía al espejo. Al tocar la puerta, mi hermano Luis me preguntó, “¿pero con quién hablas Teresa?” “Con mi amiga Mariana”, contesté resuelta. Desde entonces Mariana no me ha abandonado. No tiene nombre de ser de mentira. ¿A qué no? Ese fue el origen de todo.

 

Ahora me gustaría tanto tener una respuesta como el miedo que tengo a que llegue. Llevo ya mucho tiempo abrazándome a mí misma y resolviendo conflictos sin contar con nadie. Todo empezó sin darme cuenta. Me fui aislando, poco a poco. Y ahora estoy en mi isla buscando al menos una amiga imaginaria que me lleve la contraria. Mi amiga imaginaria no existe, ¿o sí?

ELSA, TENEMOS QUE HACER ALGO.






Tenemos que hacer algo, me dijo alguien en el entierro de Elsa, la pequeña del Abeto.


En una ciudad no se va a un entierro a no ser que el muerto sea de tu familia. Temes inferir. Temes no ser oportuno. En un pueblo las cosas son distintas En un pueblo se para la vida por la muerte y no hay nadie comiendo, ni haciendo la compra, ni nadando cuando están enterrando a Elsa, la hija pequeña de Emilio. Se cierran todas las puertas y ventanas. Se llena el aire de silencio. Nadie pasea por el monte. En un pueblo no hay ruido cuando se llora. No hay aplausos por las bellas palabras. Corren los escalofríos por las pieles de todos cuando el sacerdote recuerda que Elsa le comentó esto o aquello. Cuando le dijo que quería estar más cerca de Dios. Todos callan. Hasta los animales respetan el mute. Cada uno acerca sus recuerdos de Elsa, la niña, de Elsa la adolescente, de Elsa adulta, pero nunca cerca del final.
 En Navacerrada, el pueblo y la terraza entera del Abeto, subimos al cementerio. Llenamos la iglesia, y luego el Campo Santo. Las banquetas de tres patas están vacías. Las sillas de director, naranjas, dobladas. Las cortinas indias echadas. No cabe luz por ninguna contraventana.


Sus hermanos, Marta, Emilio, María. Marta y María consumidas. Se han adelgazado sus siluetas, se han resumido hasta quedarse en llanto. Solo son sombras. Emilio sin voz. Y Juanita, madre, viuda; de pronto he visto su pelo cano, blanco como la nieve. Blanco como Navacerrada en invierno. Blanco. Blanco como el corazón de Elsa, que se ha ido. Queda Elsa la pequeña, la hija de Antonio y Marta. Es bonito y escalofriante que lleve su nombre. Sabrá honrar a su tía.

Enfrente, en el cementerio está Javier, el Chino. Ha subido el ataúd con Emilio. A su lado. No podía ser de otra manera. Mira en shock a esos niños que ya no lo son. Él conoció a Juanita embarazada de Elsa. Les mira sin pestañear, tiene el rostro lleno de lágrimas. 


Al salir del tanatorio mi cara estaba salada. Las huellas de las lágrimas derramadas. Juntas habrían llenado el embalse castigado este año por la sequía. 
Estábamos todos los que pudimos estar. Allí los mayores y los que no lo son tanto. Hemos pasado largas tardes en el Abeto. Con botellines helados y montados de lomo. Coca colas perfectas. Y copas sin vaso de tubo desde hace años. Patatas la Montaña con salsa Perrins. Esa ensalada de tomate con sal gorda. Juanita, tienes que volver. Emilio, no arregles ese congelador, deja que esos botellines sigan saliendo helados, a punto de congelarse. Llama a la mesa de los Cabo la de Baldomero. Atiende a los Carrero, Tato, Mancho, Herrero, Ferrero, Lafont, que Ramón ya no está, Pestaña, Barranco, Pinilla, Eymar, Antón, Ferreros y a los de Mesa. Guarda sitio a Pablo de Paz. En un rincón. Las Astigarraga, Llorden, Sánchez Fallos, Angel Fuertes quiere su sitio en la barra, cerca de la caja y la ventana, con ángulo para verlo todo. Los Amostegui. Los que no tienen nombre. Atiende a Diego o su hermana que sus padres han dejado huella con ese pelo blanco de él, ataviado de motero, Alberto, Tejada, los del Rey, los Perris, Faluco o su hermano, Capotes, Paco, los Rubio, los González (el Negro), Epi, Toronto, Diego, Juan Diego, sus hermanas, su hermano mayor; Dutilhes, Myriam. Su familia. Si viene Vicky trátala bien, que no suele salir, los Santamaria, Zaballas, García Bilbao. Los Marín tienen su mesa al lado de la puerta, Martín Peña, Rafa o Javier. Los Muñoz, las de Virgen de Begoña, Cunillés, Maradona, Albesa, Monteros, las Farrah y sus hermanos. Gente de la Mata, La Colonia, Los Copos, Los Corrales, cercas Mayores, Prado Jerez, Prado Molero, de las urbas del embalse, del Reajo, de Urbanasa. Resérvame el banco que voy a empezar pronto, con un café con leche como solo hacéis vosotros y no me pienso ir cuando se ponga el sol. Ese último rayo hará que quede fija en mi silla. El ocaso me dejará reflexionando entre efluvios, acompañada o sola, sobre todos los que he visto pasar por aquí. Sobre un día, como muchos otros, que he pasado en vuestras manos.


Vuelve Emilio, Juanita, Maria, Marta, Antonio; Javier. No sé si puedo entender del todo vuestro dolor. Cada dolor es único. Pero es tan injusto que Elsa se haya ido. Con toda una vida por hacer. Ella siendo más pequeña se lleva allá donde esté muchos de nuestros buenos ratos, como testigo, a distancia. Lo siento en alma. Navacerrada no es Navacerrada sin el Abeto y sin todos vosotros. Tenemos que hacer algo.



 


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14/08/2017

CORAZON PARTIO


¿Quién me va a curar el Corazón partío?

Pensó que podía. Pero no está seguro ya. Un corazón roto no se puede pegar. O sí. Pero sale otra cosa. Leyó una historia de una abuela y el café, una historia de transformación. Una historia que consistía en salir fortalecido de la adversidad. Pero ya no sabe si es capaz. Las heridas de los corazones rotos no se pueden coser. O sí. Quedan las costuras y las cicatrices. Queda otra cosa.
                                                                                     
¿Quién me tapará esta noche si hace frío?
Es cierto que el camino no es siempre fácil. La vida se va construyendo poco a poco. Aprendió a aprender y a querer , a sacar lo mejor de todas las situaciones. Sabía exprimir zumo dulce del amargor de las aceitunas demasiado verdes. Extrajo sueños de las pesadillas. Hizo luz con fuego enemigo. No fue sencillo. Pero luchó cada bola.
Su discurrir fue como el de muchos afortunados. Nació en un barrio burgués de Madrid. Fue al colegio religioso vestido de uniforme. Camisa blanca, corbata de rayes azules y verdes, pantalón gris, chaqueta azul con botones dorados, dos. En julio cursos en Londres, veranos marítimos después con la familia en la casa de Sangenjo. Se casó con una chica de allí. Su novia de siempre. Ese pelo rizado amarillo descansando en sus hombros, esos ojos de miel, le cautivaron desde niño. Él se dedicó a las finanzas, ella a la medicina. Sus hijos llenaron de risas los silenciosos pasillos de la casa de la calle Serrano. El alborozo de su presencia le hizo siempre sentirse lleno.
Y de pronto ella quebró su promesa. La dulce médico gallega empezó a llenar su cabeza con pájaros ajenos. El la veía distanciarse, le cuidaba con esmero, las comidas más ricas, las camisas planchadas, pero sus ojos se iban. Ella dejó de hablar, aunque parloteara. Ella se volvió cristal. El no tuvo oportunidades.  
Dime si tu te vas, cariño mío ¿Quién me va a curar el Corazón partío?

 

11/08/2017

REIG Y OREJUDO. OREJUDO Y REIG


Yo creo que he sido amiga vuestra. De Rafa conocida, el hermano mayor, el escritor. Me leí tu primera novela escrita con máquina de escribir, cambié los libros en Vips de donde los colocaban, escondidos, a ponerlos encima de los de Pérez Reverte. Regalé "Esa oscura gente" a todos mis amigos.

Me pregunto muchas veces si no seré yo también oscura o gente. Sentirse identificada en un libro es una sorpresa pero si conoces al autor es trampa. A mi me daría mucho miedo. Nunca me he encontrado en ningún libro. Ni falta que me hace. Precisamente mi pánico a escribir radica en que me siento incapaz de inventar personajes y estoy segura de que alguien se va a encontrar en mi novela. Y se va a ofender. Mi falta de imaginación me hace incapaz hasta de cambiar sus nombres. Porque no podían llamarse de otra forma. En realidad sé que no ocurrirá nunca. Que aunque escribiera sin parar, nadie se encontraría. Porque yo veo las cosas con una subjetividad alarmante. Que roza con la inventiva según muchos de los que supuestamente más me quieren, que son de los míos. Todo lo tiño de emoción y así no hay quien me entienda. Pocos comparten conmigo mis vivencias. Aun habiendo sido testigos. Soy consciente de ello. Pero yo lo vivo así. Es mi realidad. Mi mundo.

Volviendo a Reig y Orejudo. Me ha encantado leer sobre ellos. Ver sus fotos. ¿Un grupo de amigos en la "sierra"?. Esa sierra de las que tanto se reía Rafa en "Esa oscura gente". De la que tanto se reían todos los Reig, urbanos hasta la médula. Recuerdo sus fiestas. Eran una familia. Ellos y quien se apuntara. Todos a una. Esa biblioteca enorme. Puertas abiertas siempre. Listos y atrevidos. Descubrí un mundo paralelo. Amigos de amigos. Pizzas a deshoras. Hombres que se confesaban monógamos consecutivos. Mujeres que soñaban con ser chicas jaula vestidas tan solo con ropa interior tigresa. Risas en una casa que tenía un cuarto camarote. Todo se fue al garete después.

Sobreviven en Reig y en Orejudo la habilidad con las palabras. Es una suerte poder leerlos. Estén donde estén mantienen criterio, libertad y muchísima destreza escribiendo. Gracias

 

LAS NOTICIAS CADUCAN



Don Julián, estamos a mitad de año, ¿qué va hacer con las agendas? Tiene que regalarlas, porque caducan, como los calendarios. Don Julián es el Presidente y Anamari es la secretaria de siempre. Se pinta las uñas mientras le pasa llamadas. Intercambia criterios con sus compañeras sobre distintos métodos de depilación. No quiere soltar su máquina de escribir porque la usa para escribir las direcciones en los sobres. A su alrededor todo está obsoleto, como ella. Pero de tonta no tiene un pelo. Y Don Julián entra en resonancia con sus comentarios. Porque es cierto, las agendas caducan, como las noticias.

 

Por eso ser periodista lleva la incompatibilidad intrínseca con el perfeccionismo. No llega, no le da tiempo. Es imposible que consulte y compare todas sus fuentes. Y más en esta era de la comunicación donde el bombardeo de noticias requiere de filtros y escudos protectores. El periodista necesita paz para estructurar lo que va a contar y una capacidad de síntesis que le salga a borbotones, que le mane por todos los poros. Así puede aporrear su teclado, revisar faltas gramaticales, ortografía: sabe que lo que está mal escrito es más difícil de leer y además provoca desconfianza en el lector. Abro paréntesis. Si yo me encuentro una “vaya” pintada de verde, rodeando un jardín multicolor, me pasa lo mismo que a Don Julián, entro en resonancia, no puedo seguir, soy un animal enjaulado persiguiéndose la cola creyendo que va de caza. Doy vueltas en círculo. No sé salir. Pierdo el interés por el contenido, me abruma la falta de confianza. Temo que todos sea ya mentira a partir de ese punto. Cierro paréntesis. Por eso creo que la profesión del periodista que requiere rapidez y precisión está poco valorada. Es falso eso de “Cualquiera puede ser presidente”, desde médico a albañil. A lo mejor presidente sí, pero el que informa tiene una responsabilidad social que debería serles inculcadas desde el día uno del inicio de sus estudios. Igual que el médico hace un juramento. El que cuenta oficialmente las noticias, no es un tío simpático que dice todo lo que se le pasa por la cabeza, tampoco un buen lector. Es un analista, un ser con pericia y método, con criterio. Tiene en sus manos algo valioso, el conocimiento de la verdad y el poder de hacerla pública y conocida ahora mismo por millones de personas.

 

Reivindico el respecto a estos profesionales que se enfrentan a la caducidad temprana del producto y al reto de exponerlo con fidelidad a tiempo. Aún más en este tiempo de redes sociales, amigos internautas y facilidad de acceso a una última hora que puede estar sesgada por el camino que ha recorrido. Es cierto que hay muchas fuentes. Mucho no es sinónimo de mejor. 

30/07/2017

EL FIN DE LOS BEATLES O LA MALA YOKO


Tiene narices que Yoko Ono después de hacer que los Beatles se separaran lo más llamativo que ha hecho, además de enseñar sus cosas es apoyar el referéndum por la independencia de Cataluña. 



Independientemente de lo que yo piense del susodicho y valga la redundancia... ¿Qué importancia puede tener lo que se le ocurra a Yoko de España y de Cataluña?
 

Claro que igual de irrelevante que para ella somos lo es ella para nosotros. Y no hablemos  de la influencia que en la política local o autonómica puede tener lo que piense la viuda más famosa de los últimos tiempos.

Aunque tengo que decir  que cuando Lennon murió no pensé en ella. Pensé en su hijo y en todos n osotros, que nos quedábamos para siempre con la ilusión y las ganas de que los Beatles volvieran a juntarse. Y de dieran otro paso en Abbey Road.

Yo no lo sabía. Pero parece que era verdad, que Yoko entró como una cuña en la vida de los Beatles. Eh sus grabaciones, en sus decisiones.

Estimada señora, por favor no se entrometa. No será grande su influencia como lo fue entonces, pero aquí no tiene la excusa de lo hice por amor. Nunca entenderé porqué el asesino de John llevaba el Guardián en la mano. Jo
 

28/07/2017

SIGUE HABIENDO MARIPOSAS


Ellas no se han enterado.  Revolotean felices de la lavanda al tomillo. No saben que no vas a volver. De los nenúfares de los que tanto hablaba el poeta sin haberlos visto jamás, no hay rastro.  Han sucumbido al invierno. Como tú. El laurel luce espléndido y frondoso. Adereza nuestro apetito. No me atrevo a decirles que no vas a volver. El árbol del amor ha invadido la escalera, ha remontado la valla y parece que va a arropar a los cipreses. ¿Qué más se puede pedir?. No se cómo contarle que no vas a volver. Las niñas se enfadan y pelean entre ellas. La inquietud está presente. Las alarmas encendidas alrededor de la mesa de los recuerdos. Las lágrimas retenidas.
 

Sigue habiendo mariposas. Ha llegado la fecha y han venido todas. Están las amarillas, que vuelan rapidito. Casi nunca se paran. Son chiquititas y muchas. Al rato aparecen solemnes unas de alas negras con estampados naranjas, simétricas las manchas, largas las antenitas. Su vuelo es digno de un ave. Se acercan las atrevidas, sus sábanas voladoras son verdes de camuflaje. Se posan al sol para controlar las sombras que acechan. Vienen las no clasificadas, que por no tener les falta hasta el nombre, las vulgares y las únicas. Todas son originales y bonitas. Todas te están buscando. No nos reconocen. Se acercan a unos y a otros, confundidas por un gesto, una palabra, el olor. Pero en seguida alzan el vuelo de nuevo para seguir buscándote. No sé como decirles que no vas a volver.