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23/10/2018

LAS CHICAS DE PELO CORTO


Las chicas de pelo corto son un punto y aparte. Ahora todas llevamos melena. Diga lo que diga el Vogue o Yo Donna. La mujer hoy día lucha por y para melena. Aunque pase la mayor parte del tiempo recogida en moño, coleta, moñete y las versiones varias derivadas. Salvo honrosas excepciones, la melena corta o melena larga, media melena nos esclaviza. Rizos o pelo lacio. Mechas o tinte. Canas al aire. Rubias o morenas. Pero siempre melena. Lo importante es rebasar la barrera de que se quede por detrás. El objetivo es que sea una melena a la espalda, como el besugo. Complicado. En busca de la melena perfecta. Cuando empieza el calor y en la coronilla se te rizan los pelillos la tentación de la peluquería para dar un corte por lo sano, es enorme. Tras un invierno de plancha y secador el momento crítico del cambio de estación hay que superarlo. De nuevo el recurso de coleta y peinados varios. Todo antes de cortarse la ídem. El paso por la media melena o el flequillo es volver a empezar. Pero para cortarse el pelo de verdad o eres mayor, o muy mayor o tienes carácter.  Mucho carácter. Queda terminantemente prohibido hacerlo en un cambio de estado, ya sea de ánimo o civil.  En tiempos de tribulación,  no hagáis mudanza.

Entre los cincuenta y setenta era revolucionario que una mujer llevara el pelo corto. Era el equivalente en España de la barba en el hombre. A lo “garzón”. Así dice mi madre de ley. Así se dice. Mi madre y mías tías desde que tengo memoria han tenido el pelo tan corto que se les veía esa nuca esculpida de donde nacen los más pequeños cabellos.  De ese perfil quizá se enamoró mi padre.  Es cierto que estas cuatro segovianas llegaron a Madrid en los años cincuenta, rapadas y estudiantes. Eran la bomba de modernas. Se casaron de corto tres de cuatro. No digo más. Han intentado todas con más o menos éxito mantener la tradición en la descendencia. Veremos qué hacen las nietas. Por ahora han perdido la batalla por goleada. Eso de que nos confundieran con niños de pequeñas nos tatuó. Encima eran tan radicales que no nos pusieron pendientes. ¡El colmo! Nos agujereamos todas el lóbulo con la mayoría de edad. Nos acompañaron ellas para hacer lo propio, que de tan modernas se les había cerrado. 

Hay grandes ejemplos de famosas con corte de pelo como un chico. Las que pusieron de verdad el punto y aparte. Desde Audrey Hepburn a la Mecana que fueron rompedoras y auténticas.  O Madonna, que ahora luce melena. Empezó rapada. O la grande ¡Sinead O'Connor!. Cantando su “nothing compares 2u” bella y auténtica. Leo ahora que está dedicada a no sé quién la canción. Ya estamos!. ¡Menuda castaña esta manía de explicinnecesario.Que no es lo mismo que "la funestar manía de pensar".Para mi “u” eres tú. No hay otro. Que digan lo que quieran críticos y gente de mala vida. Cotillas. Sacacuartos. Demi Moore no tiene mérito, en Ghost dio el golpe; pero le crece rápido. Luego están las francesas, o las que lo parecen. ¿Quién no entraría a tomarse un  chocolate en un sitio regentado por Juliette Binoche?. Esa película no tiene credibilidad. Las chicas, por imitación; y los chicos porque la quieren a ella. Las guapas rapadas enamoran. Da igual que sean bellas por dentro o no. Si lo son por fuera llevan mucho camino hecho. Es así. No se lo tienen que currar. El pelo corto deja sin respiración al conquistador. Hay un halo de misterio alrededor. La valentía que se le atribuye a la decisión del pelado. La indiferencia que se les supone a ellas, que muestran nuca y dejan ver al desnudo casi, la forma de su cabeza con indiferencia y altaneras. Es un conjunto que enamora. Se convierte en mítico algo que quizá tenga una naturaleza más simple y racional.  Dicen las pelicortas "es comodísimo" ¡Una porra!. De todas maneras, si tienes los labios gordos y turgentes, como cualquier parisina que se precie, no implica valor darse un rapado. Un buen pintalabios y un poco de rímel hacen que estés estupenda. También los ojos aportan. Esas mujeres con la cara llena de mirada, se retocan las pestañas, repasan la boca y son un sex simbol. Mejor flacas. La delgadez provoca siempre en el hombre un deseo de hacerse cargo. De alimentar ese cuerpo que grita necesidades no satisfechas. Cualquier hombre corajoso que se precie y merezca llevar los pantalones, quiere encargarse de eso.

La realidad seguro que no tiene nada que ver con las ganas de ser original. Las razones prácticas y mundanas son generalmente el origen real de las decisiones. Tipo me han pegado los piojos los niños. O una enfermedad, que es más grave. O un simple “no me se peinar”.  En este último grupo entra la nobleza y las chicas de abolengo. Esas mujeres de rizos infinitos peinados por doncellas entre confesiones de amores no correspondidos. Ante un espejo gigante mesan los cabellos que caen sobre el respaldo tapizado de flores de la butaca. El tocador con los utensilios de plata testigo de intimidades. Al separarse de la familia, si en el lote no iba la muchacha de impecable uniforme y mirada tranquila, en muchos casos era necesaria la tijera. Porque realmente cambiaban de vida, dejaban atrás hasta la melena. En otro nivel, pero con el mismo fondo: No sabía peinarse, estaba era mi abuela. El día antes de casarse, su maravillosa trenza fue segada por mi temida bisabuela. Cruel despedida de la soltería.

8 comentarios:

  1. Qué grandes verdades y qué delicioso ratito ❗

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  2. Estupendo, Maria ... yo es de las de pelo corto.... ahora ya no me atrevo... hasta el día que me de un volunto!
    Buen relato!!

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    1. Gracias Elena. Tu fuiste valiente. Me acuerdo :)

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  3. Me ha encantado, nuestras madres si que eran modernas de verdad

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  4. Soy Eva Zurita, salgo como desconocida

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    1. Gracias Eva. Tu tb eres valiente

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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