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17/02/2019

DE COMO ABRIR UN TERRABRICK

Sin ánimo de tratado. Ya hubiera querido Quevedo lidiar con Góngora más que por narices y elocuencia, por el modo ideal de abrir el ínclito y maldito recipiente. ¡Qué pena de literatura que hemos perdido!

Empezando por el elemento, de características oscurantistas. En sí mismo se trata de un objeto que no mira de frente. Imposible saber el volumen que aún contiene una vez abierto. Por necesidades sanitarias, supongo, es opaco. Esto conlleva a dos problemas. Por un lado, sí, se puede pesar, restar un peso estimado del continente para averiguar el neto y consiguiente volumen que aún aloja. ¿Dónde ese cristal que deja ver el nivel? Asumiendo densidad próxima a la unidad. Que levante la mano quien no se ha encontrado un Tetra Brik de leche en la nevera, el último, con el que no ha tenido ni para cortar el café. Quizá lo abandonó la hija mayor, tan británica ella, pensaba en una nube para su te. Por otro lado, la opacidad afecta a la enjundia misma del contenido. No es solo la cantidad sino la esencia. ¿Dónde están esos recipientes en los que se ve el color del contenido? Sin sitio para la imaginación. ¡Qué melancolía!

Bueno. No se estropea la leche, ni el caldo, ni el zumo, ni la nata. Pero yo cada vez que abro un tetra brik tengo un nudo en la boca del estómago que sube lento a la garganta, una señal de alerta. Me consume la inquietud acerca del color del líquido que saldrá. Ese caldo de jamón que emana con un amarillo sospechoso, lento, algo más denso y opaco, de viscosidad insospechada. ¿Está bueno o no? Da lo mismo la fecha de caducidad. Esa leche semidesnatada transparente. ¿Tiene que ser así? O el zumo, de tonos anaranjados imposibles. No sabemos el estado de conservación. Ese tetra brik de nata que tu creías que podías usar para una cremita. Hay que ser prudente, nunca jamás de los jamases eches el líquido elemento directamente sobe tu comida. Porque igual te sale una mancha verde. Pequeño tapón. ¡Puaj!

Tiene guasa que el primer tetra brik tuviera forma, como era de esperar, de tetraedro. Como era de esperar también, fue una parida, (en el mejor sentido de la palabra) de los suecos, para que no se estropeara la leche. Era de esperar que por algún lado saliera que es un invento del enemigo. Muy fácil de apilar ahora. En su día, cuando eran tetraedros, dudoso su almacenamiento una vez abierto. ¿qué balda de qué nevera aguanta tal geometría? Ahora sí, cómodo de guardar en la nevera, y en los ortodoxos armarios diseñados por nórdicos. Esos vikingos invasores con cuernos en los cascos, descendientes del inventor primero.

Pero hablemos de cómo abrir el tetra brik. Abre fácil. Pone. Y punteada línea marca el camino de apertura. De abre fácil nada. Hacen falta tijeras siempre. Porque si lo haces con los dedos, queda una rebaba en el corte donde el líquido se acumula y adquiere color dudoso. El tajo debe ser limpio en aras de la higiene. Mi padre tenía la teoría de que había que abrir un agujerito en la esquina contraria también, para que el aire no empujara al contenido de modo abrupto. Manchándolo todo. Últimamente la imaginación y la necesidad han llevado a nuevas sugerencias de apertura. Con tapones, por ejemplo. Tapones imposibles de girar porque los dedos no tienen brazo para hacer la fuerza bastante. Algunos envases, especialmente los de zumos y batidos tamaño individual, disponen de una lámina de color plateado, adherida a la zona de apertura. Se retira la lámina y se bebe, a morro. Porque para eso está pensado. En fin, la higiene del envoltorio, por mucho que lo limpie uno, es algo más que dudosa. Otra modalidad es la de la pajita, envuelta en un plástico y pegada a un lateral. El plástico en cuestión hace falta ser MacGyver para retirarlo; pero es que la pajita, que suele ser telescópica, cuando se usa para pinchar el envase, muchas veces se repliega, volviendo a un tamaño ridículo, con lo que se hace necesario el uso de pinzas para su recuperación. Tuvo poco recorrido aquella pestaña rectangular que se ubicaba en una de las esquinas de la tapa. Era menester meter el dedito entre pestaña y tapadera y “clac”, tirar, de modo que se rompía una zona preparada para eso. Era la versión abre latas en tetra bric. ¡Cuántos envases se han abierto al modo tradicional, por la esquina con cuchillo, tijeras o dedos hábiles, obviando la sugerencia del envasador! La distancia de la apertura al borde siempre resultaba molesta y era imposible no derramar el contenido al verterlo. Es posible que tengas en mente un envase de leche. ¿Y esos que continuaban con un tejadillo? Ahí ya sí que la rendición era fácil. No había manera de abrirlo sin poner la cocina perdida. Nunca sabías si había que plegar un poco el borde o no antes de proceder. Importante en cualquier caso cerrar el lado del envase, ejerciendo la presión justa, para no provocar el desastre. Total, hacen falta una concentración exquisita y manos hábiles, tijeras afiladas. No cuchillo. Error.

Tanto es así que el último grito es el “abre más fácil”. Que tampoco. Prefiero la verdad. Un “búscate la vida” es más honesto. Por no hablar de la presbicia, que impide leer las instrucciones o la línea de puntos, por mal que esté señalada. Ahí estamos perdidos.

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