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16/09/2016

EL INGREDIENTE SECRETO.

¿Qué se puede hacer cuando uno ha perdido la confianza? ¿Dónde está el límite? ¿Cuál es la señal que te advierte de que pares? De que ya no puedes ni quieres aguantar más.

Cuando todo es mentira. Es el fin.


Cuando todo es mentira es el fin.
 
Al empezar algunas cosas a ser ciertas, después de una tormenta de traiciones,  el descrédito es muy fuerte, la desconfianza alojada en la barriga recuerda cada rato el dolor y no hay razón que valga.


Quizá la religión dé la paz bastante para relativizar. Perdonar es la solución. Tiene que ser un ser superior, un padre, quien aporta la paz y el abrazo: El sosiego para seguir, para no mirar atrás y empujar hacia la vida. El padre te enciende la luz, te da esperanza. ¿Dónde está el padre? El padre está siempre. Es el ingrediente secreto de la sopa del día.


Dicen que hay dos modos de luchar contra el mar: Con un muro muy gordo o con un talud muy suave. Es ésta una enseñanza paternal, llena de sabiduría y generosidad. Porque en la vida existen dos modos de enfrentarse a las cosas: Con rigidez o con flexibilidad. Dejas pasar la ola y la calmas o la paras, la reflejas, te parapetas.


Personalmente creo que es más inteligente la flexibilidad porque en los muros siempre hay fisuras. Es imposible cerrarlo todo, no hay manera de estar pendiente de cada detalle. A veces incluso al tapar una grieta sale otra. La angustia que provoca estar alerta constantemente va acompañada de un ahogo; la necesidad de controlar todo para alcanzar la paz la aleja necesariamente.


Pero para ser flexible te tienen que haber querido mucho de pequeñito y con eso haber conseguido la armonía y la serenidad de la madurez. Te tienen que haber cuidado a lametazos, como se hace con una cría.
 
Empecé con la tormenta. Acabo en la playa. No hay nada como el mar y mirarlo.

16/08/2016

EL NEGOCIADOR

No hay mejor negociador que un padre, o una madre. El mejor libro de autoayuda no le llega a un padre ni a la altura del tobillo. Esta es una afirmación irrefutable. Y quien me lleve la contraria es que todavía no ha tenido hijos.
 
Hablo en plural. Un hijo único es diferente. Da mucho de lo que ocuparse, es cierto. El objetivo de un padre sensato es que un hijo único sepa desenvolverse y compartir cariño, porque lo ha tenido todo para él, con sus consecuencias, que son buenas y malas a partes más o menos iguales. Requiere también habilidad en la negociación. Es un tira y afloja continuo. El hijo pide y el padre da o no. El hijo quiere y va intentando romper las barreras impuestas, cada no lleva su ¿Y por qué? en forma de réplica. Y así hasta el final. Pero dos hijos es más. Dos, tres, cuatro... El punto de inflexión según los expertos es tres. Ahí está la diferencia, cuando ya no se tienen manos para cruzar juntos la calle. El padre, además de negociar, contemporiza y le dice al mayor que cuide del pequeño y a éste que obedezca al otro. Al más espabilado pero despistado le premia por una cosa e intenta que se centre. Al torpe le alaba cada progreso. En las peleas media sin dar a nadie la razón, escucha a las partes y trata de ser objetivo. A veces aguanta la risa. 0tras no sabe de donde sacar la paciencia. Cada día es un reto. Ninguna jornada es igual a la anterior. No sirven lo consejos, porque todo son novedades. El "te lo dije" es una constante universal en la vida del progenitor. Y por mucho que se esmere hay muchas posibilidades de fracasar.


Me río yo del negociador de profesión. El que evita que el inmolador se inmole, que el suicida salte, que el secuestrador asesine a los rehenes. Esas normas policíacas absurdas: Nunca digas "no" ¡MENTIRA! Hay que decir que no, es como el eufemismo con los negros, que si son personas de color. Sí, son personas de color negro. No entiendo la tontería de no llamar a las cosas por su nombre. No es no. El resto solo es confusión. A los niños hay que decirles que no tantas veces como sea necesario. Hay que lidiar con su demanda y que ellos aprendan dónde quedan los límites para poder vivir. Y cuanto más claro sea el mensaje más tranquilidad en las partes.

09/08/2016

LA MADRE DE MIS HIJOS





Una mujer de bandera entra en el local. Es hermosa, alta, estéticamente armónica. Aparece arrollando, la mirada al frente, la barbilla en proa, la melena ondula en el viento que ella misma genera. Casi se puede tocar el rastro que deja su figura. El bolso al hombro.  Tez oscura. Camiseta blanca, falda oscura por debajo justo de la rodilla, plisada y zapato de salón. Sus zancadas son tan grandes como su vestimenta le permite.

Ha causado una conmoción inmediata en el ambiente. Empiezan los susurros, les sigue un silencio hueco. Hay muchos hombres en el bar. Todos son elegantes, llevan corbata, camisas blancas. Son jóvenes. Juegan al bride, discuten acaloradamente. Beben cerveza.

Ella parece rotunda por sus andares. Independiente por su gesto. Educada, por su forma de vestir, clásica, elegante y algo atrevida. Quizá sea extranjera. Tan morena. Puestos a soñar debe ser inteligente. Ha venido a un país extranjero ella sola. Será una viajera ocasional. Hija de un diplomático tal vez. Hermana de un militar, Seguro que es valiente. Nada puede parar esa energía,

Su halo ha sido la marca que ha sellado su futuro. Él la ha visto entrar, como todos. Como el resto, ha dejado de respirar. Pero sólo él ha pensado exactamente eso "¿Quién es? Ella será la madre de mis hijos." No es su olor. No será su conversación. No es su belleza. No será su paciencia y su candor. Es previo al camino que ya han emprendido.

El  conjunto es la respuesta. En la integral está la solución. Ella será la madre de sus hijos. Y lo será porque pocas cosas hay más emocionantes, más cercanas a la felicidad que ser madre. El reconocimiento en la manada de la fémina adecuada es propio de nuestros más remotos antepasados. Es instintivo, animal. Tiene que ver con la supervivencia de la especie, de la familia. Las señales que le hacen desear a una mujer como madre de sus vástagos crea una sensación de seguridad, de madurez...equiparable a la más grande de las emociones.

Lo malo llega después. Cuando ya es la madre de los hijos de él y nada más. No ha habido engaño. Les dio bien de comer. No hubo mentiras. Ni traición. Pero tampoco nada más. Ella construyó su fantasía de novela a través de ese hombre por el que fue elegida. Desempeñó a la perfección su papel de esposa, previo al de madre. Pensó que detrás estaría la vida en común y el amor. Ella se dejó elegir por sus propias miserias, por sus propios miedos. No eligió al padre de sus hijos. Ella ni siquiera vio al entrar en ese bar, hace ya más de 50 años, a quién la había seleccionado y marcado su futuro.

 
 

23/07/2016

CADA 9 DE NOVIEMBRE, SIN TARJETA.

No es el día del referéndum de los catalanes. Los muy canallas quisieron quitar a Manzanita y a Cecilia su protagonismo. Imposible, esa canción es única. Sólo Barico la ha emulado. Posiblemente sin conocerla siquiera escribió Seda, tan diferente, tan igual.
 
Ambas historias de amor de quien no sabe expresarlo. Solo historias de amor consolidado pero a la vez incomprendido. Solo historias de amor de pareja en el que algo ha fallado. Y uno, que sigue amando, intenta darle al otro lo que éste cree que no tiene. Se sentirá adúltero y le estará amando a él. No es infiel en realidad. Pues quien le hace feliz es su pareja, haciéndole sentir enamorado a escondidas. Un sentimiento apasionado hacia un ser furtivo y misterioso. Ese amor infinito del que no espera nada a cambio es un ejemplo tan impresionante de generosidad que casi no me es posible pensar en ello sin emocionarme. Ese amor solo quiere la felicidad del ser querido.

05/07/2016

PASEOS CON MI PADRE

Son mi mejor recuerdo de él. Pasear con él es estar con él tal como es. Firme; con la autoridad que le da saber, no la edad; divertido, tanteando caminos como si no supiera la ruta, con objeto de mantener la intriga, desconcertar a los compañeros de caminata; lleno de sorpresas, cuando hace aparecer una fuente a las tres horas exactas de estar paseando, cuando la lengua arrastra por el suelo, como la de Gurb. El es así.

 Siempre debe encabezar la marcha el que va mas lento. Para andar con él existen ciertas normas:
-   se sale a las 9:30 10:00
- no se lleva comida ni agua (solo si la caminata es a medianoche, al amparo de la luna llena de agosto)
- se bebe en las fuentes
- se admiten cámaras de fotos
- se vuelve hacia la una.
- al llegar toca tinto de verano o cerveza
- durante el camino nunca se aparta uno de éste
- y eso: Encabeza la marcha el que anda más despacio.

No se ha ido a ningún sitio, pero ya no sale a pasear. Se pisa terreno seguro a su lado, y el camino de ida siempre es distinto al de vuelta aunque el itinerario coincida.

Muchas mañanas de verano me he despertado con el sonido y el olor del café. El casi no duerme, solo delante de la tele, no esta dormido, está pensando. Nunca lleva la camisa por fuera. Pero se levanta cuando no aguanta mas en la cama, después de horas de insomnio y radio. Coloca la vajilla limpia que saca del friegaplatos, hace el café, friega la cafetera y se apaña para salir. Aunque sea verano siempre viste pantalón largo, aunque sea invierno siempre lleva gorra, suele usar una camisa que la tiene de su época de estudiante, nada de ropa de sport, marcas modernas, no. En los pies, chirucas y un jersey de algodón en verano, de lana en invierno y chubasquero, no vaya a llover. El cayado o el bastón es importante, por las vacas o los chuchos que ladran en los caminos. El hombre manda en el campo. Y a las 9:15 sale de casa. Es posible que ya haya comprado el periódico y los churros para los dormilones. El sale con un café bebido, muy poca leche y dulcecito.
Entonces es el momento de aparecer, por supuesto, en pleno estado de revista: 'me voy contigo' 'ah! fenómeno, he pensado subir a la Maliciosa hoy, que hace fresco' Entonces quieres volver a meter la cabeza debajo de la almohada. A la Maliciosa! Dios! Las piedras de la subida, las de la bajada, tus pobres rodillas, tu cabeza, las cervezas de ayer, las risas, las lágrimas! Que hoy hace frío dice, el, que tiene metabolismo de paramecio, que no nota la diferencia entre la temperatura bajo cero y el caldo. Quién te manda levantarte? Ya no hay vuelta atrás. Sabes que en cuatro horas te alegrarás de haberte levantado.

Quien viene hoy? He quedado con Paco, L y JF. Paco, el Paco, fue profesor de gimnasia, campeón de natación, fue y es una atleta, a sus 80 años. Paco tiene 80 en mi recuerdo, pero ya murió. Se hacían el grupo llamar 'el frente de juventudes', la edad media está por encima de la de jubilación. Pero a mi, con 25 años, me costaba seguirlos. Paco me tentaba para coger un atajo, o esperarles en una piedra sentados, a que volvieran, se quitaba la camiseta, coqueto, para ponerse moreno. Una vez a puntito estuvimos de hacer autostop. Pero no: Pin, pan, pin, pan, un paso hacia delante, otro. Y hemos llegado. Agotada, satisfecha. Queda la bajada, pero abajo nos espera el tinto de verano, primero el de la fuente, un buen trago de agua fresca es el tinto de verano del camino. Después, el merecido, al llegar al pueblo. Y si hay suerte, a lo mejor hasta tomamos aceitunas.

Quiero volver a pasear.  


19/04/2016

SE IBA ENREDANDO, ENREDANDO, COMO EL MUSGUITO EN LA HIEDRA

No hay peor influencia en un hombre que una mujer. ¡Cuidado! ¡Que nadie se alarme ni se escandalice! ¡No dejes de leer! O haz lo que te de la gana porque soy una mujer y sé de lo que hablo. Esto no es contradictorio con el conocido dicho sobre que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. No tiene nada que ver. Son cosas distintas.

Hombres y mujeres: no es una cuestión de género, somos especies distintas que la Naturaleza ha mezclado por un azar casi incomprensible. Se ha confundido por hechos banales y superfluos como el tener el mismo número de ojos, piernas o bocas. Por la absurda casualidad de digerir y respirar con órganos iguales. Estoy segura de que nuestro corazón incluso en lo puramente fisiológico es diferente. Si alguien encontrara el alma sería la prueba de fuego para anunciar el descubrimiento de una nueva especie animal.
Tenía que ser Eva y no Adán quien desobedeció a Dios en el Paraíso. Imposible el cambio de roles. Es mentira la igualdad, no somos iguales, somos de naturaleza diferentes. Ni mejores ni peores, distintos. Peores: a la mujer se le ocurre la maldad, la manipulación, la posibilidad de poner en el otro miserias que son suyas. Analiza la situación, desbroza el camino y hace al hombre actuar en la dirección que a ella más le conviene, haciéndole sentir y pensar a él que es idea suya, del macho. Me atrevería a decir que los hombres que son bichos, tienen algo de femeninos. En lo rebuscado, en lo mezquino
 
No hay peor influencia en un hombre que una mujer. Con matices. Hay mujeres que son bichos vivientes, que pervierten, que malignizan todo. Una situación que es un clásico es aquélla en la que un hombre tranquilo tiene un problema con su pareja. Y se le escapa, o deja ver por algún poro su debilidad. ¡Está perdido! Aparece la lagarterana, recién disfrazada y date por jodido. Estás en sus manos. Los ejemplos son innecesarios. El hombre que no detecta el engaño a tiempo es cebo seguro de estas pájaras. Oyen un quejido y cogen el hilo. Empiezan a malmeter, a agrandar el quejido y convertirlo en grito.

El quejido del hombre no es siempre contra su pareja, puede ser algo que le ocurre con un amigo. Esa especie de mujeres vestidas de víboras son capaces de cavar un foso enorme entre un hombre y su mujer, entre un hombre y su mejor amigo -a través, ladinamente, de la esposa de éste, entre un hombre y su madre o su padre (no es tan frecuente, las pécoras no suelen ver en el padre un enemigo a batir), entre un hombre y su familia. Esa mujer convierte en un discurso firme palabras aisladas que el hombre ha compartido en momentos de sinceridad, o de frustración. Une todos los pensamientos, los liga hábilmente, conforma un argumento y el resultado es demoledor: resulta evidente que el hombre es según la versión de la víbora, una marioneta de sus hermanos, un títere de su amigo, al que ayuda siempre sin ser correspondido, un esclavo de una esposa tirana...Todo esto es lo que elabora la bicha, con su lengua viperina llena de veneno en la oreja desprotegida de ese hombre que ha elegido como víctima. Y es persuasiva. Siempre engrandece la virtud del hombre, le hace verse como grande, generoso, dadivoso, con sentido de la familia, amigo de sus amigos. Le hace sentir víctima de su propia bondad, de la que el mundo entero salvo la víbora, se aprovechan. Hacen al hombre verse grande e injustamente tratado por aquéllos en los que confía.

Esto no quiere decir que esos hombres sean poco inteligentes. No. Son víctimas. Ellas son infalibles, implacables. No tienen nada que perder y son capaces de cualquier cosa con tal de lograr su objetivo. Serían útiles como inspectoras, como jefas de cuartel, directoras de prisión...cosas feas y malas. Pero ¡aléjate de ellas buen hombre, hombre bueno!. Si no quieres acabar devorado por sus colmillos. Solo.

18/04/2016

FABIAN

Un manotazo duro, un golpe helado. Un empujón brutal te ha derribado. (MH)
No puedo llorar tu pérdida como otros, aunque siento una enorme pena, y sí puedo recordarte. Hace años teníamos mucho trato. En su día más que amigos éramos muy conocidos, coincidíamos con frecuencia, en todas partes. Teníamos amigos y lugares comunes que nos hacían estar cerca. Por eso tengo mis propias historias que vienen ahora en pelotón a mi cabeza. Son muchos recuerdos, llegan de los años 80, de los 90, 2000, 2010...ha llovido desde entonces y tú te has ido para siempre, no volverás a verlo. No coincidiremos más.
Te recuerdo en Javea, con la tabla, cuando casi nadie hacía windsurf, esperando el viento desde la orilla. Llevabas tu equipación a cuestas y nunca te faltaba un perejil. Bañador bermudas un poco más larga la pernera que el común de los mortales (o más corta), a la última moda; camiseta impecablemente planchada, las chanclas más peras del mercado. Siempre como recién duchado. Escondidos tus ojos miopes detrás de unas gafas de sol. Tu mirada oscura y profunda.
Te veo en Chamberí, con esa panda de genios disparatados, en el estudio. Haciendo fotos, pasión que os unía. Me acuerdo cuando montasteis el "chiringuito". Tú eras el único sensato entre todos ellos. Locos todos por retener las imágenes, los instantes. Blanco y negro. Trabajando a deshoras, riéndoos en los tejados, exprimiendo los días, agotando las noches... Te imagino quedándote dormido en medio de la algarabía.  Igual que en Mojácar, soñando a la sombra.

Te veo en el Penta, en orden, controlando, cuando todo era humo y alcohol. Tenías humor fino y no muchas palabras. La boca cerrada. Sonreías a medias y escuchabas y mirabas desde atrás. Una mezcla de ironía e incredulidad sospecho que estabas ocultando.

Hoy me ha recordado mi amiga T una comida o una cena en tu casa de Mojácar. Nosotros estábamos acampando en San José y fuimos a visitarte. Pasamos horas buscando algo decente para ponernos porque todo estaba sucio y arrugado en nuestras mochilas, llegamos cinco en el panda rojo, destartalado, y allí estabas tú, impasible, afable.
Eras un valor seguro. Un amigo al que poder presentar a tus padres cuando todo era caos, alguien con quien volver a casa cuando el olor a cerveza y a ginebra se hacía insoportable. Recuerdo una noche en Navacerrada, se te hizo tarde y te quedaste a dormir en el salón, al lado de la chimenea. Y tu diplomacia mañanera desayunando con mi padre, que en lugar de torcer el gesto al ver unos cascos de moto en la entrada, compartió café contigo mientras leíais El País en la terraza. Como si nada. Como si mantuvierais esa relación desde siempre, tu compostura y la suya. Igualito a mis nervios cenando a altas horas de la noche en tu cocina transparente, en Chamberí, rodeados de libros.


Te hiciste amigo de la gente de mi colegio, tú, un liceano de pura cepa, de casta. Rodeado e íntimo de mis amigos de clase. Al final estábamos en muchas partes a la vez, bodas, cenas, Navacerrada, Javea, Almería. Tú, con una media sonrisa, detrás.

Fui una vez a ver a un amigo común que había sufrido una intervención grave, casi a diario le visitabas. Discretamente el día que fuimos nosotros no apareciste, por no apabullar al convaleciente.

Y recuerdo la última vez. No te reconocí. Bajo un sombrero y unas gafas oscuras, una delgadez que no se podía atribuir a la coquetería si no a la enfermedad. La piel transparente. Te vi como tu punto final. Solo volví al pasado cuando tu amigo vio que la bicicleta que le regalabas no tenía pedales. . .La risa que te dio a medias, al compartir o imaginar el nervio de tu amigo, su timidez. Te estabas poniendo en su lugar. Esa mueca eras tú. Tu adiós.
 

Mis recuerdos son deslavazados y seguramente mezclas. Pero tu muerte me dio un golpe en el pasado, en una época muy disparatada y también muy divertida. De ahí venimos muchos del 65, en la calle de la Palma y en el bar de los Guinkases discutimos entre humo nuestras inseguridades. Algunos miedos quedaron en el asfalto, otros nos persiguen hasta aquí. Se han agitado los años y removido emociones antiguas.