Seguidores

27/11/2016

CUANDO ESO OCURRE YA NADA VUELVE A SER LO MISMO

Y de pronto llega, desde el pretérito perfecto, la frase justa. Arriban las palabras que enhebran eso que estás sintiendo, ese dolor desconocido, ajeno a todo lo que te ha ocurrido en tu vida hasta ese momento, distinto a cualquier pena, a cualquier pasión. "CUANDO ESO OCURRE YA NADA VUELVE A SER LO MISMO"
 
Empieza la pena a borbotones. Sigue la incredulidad. Desconcierto. Luego un enfado con no sabes muy bien quién. Vuelve la incredulidad. Se mezcla todo con una simple ausencia temporal. Disfrazas la pérdida con una separación más larga de lo habitual. Quizá un viaje, un hace mucho que no nos vemos. Cuando de pronto vuelve como un mazazo la sentencia. Y otra vez es cierto que se ha ido. Esta vez para siempre. Para siempre. ¿Cuánto es eso?
¿Cuándo te puedo llamar para contarte el último logro de uno de tus nietos? ¿Cuándo vienes a comer que hemos hecho croquetas? ¿Cuándo vas a estar mejor y nos subimos a Peñalara? ¿Cuándo damos la vuelta entera al pantano? Ese gin tónic de por la tarde cuando el cielo cambia...¿no vas a tomarlo? Te he puesto hielos, no muchos, ginebra hasta 10 (en número, son más de dos cifras) y poco más. No toda la tónica. ¿Has visto el cielo? La misma foto. El mismo sitio. La misma hora. Ese es un cielo de Anunciación. Ese es de tormenta. Ese es rarísimo. Ese dice que va a nevar. Pero cada día es diferente. Igual que el camino de ida siempre es distinto al de vuelta.
Y no me dices nada de este vestido "¿pero de veras te gusta eso que te estás poniendo? tan corto, tan transparente, tan escaso y tan ceñida". Que como salga a la calle voy a morirme de frío si salgo así. Dime algo. Todo me recuerda a ti. Los olores, las palabras de los otros. Las noticias. Pienso en qué hubieras dicho ante tal o cual suceso. No puedo evitar tenerte presente. Pero sé que no estás. ¿O no lo sé? ¿O sí estás? Quizá fue todo un mal sueño.
 
Y vendrá al cabo, la aceptación, resignarnos a tu recuerdo tras un duelo largo y oscuro. Dejas un hueco enorme. Ahí quedará.
 
Llenabas mucho. Es verdad.
 
No. No perdono a la muerte enamorada. No perdono a la vida desatenta.
 
Recuerdo un recuerdo tuyo. Bajaste del monte, no del campo, con una historia: Te habías encontrado a un niño solo y asustado en el camino, subiendo a la fuente de las campanillas por ejemplo. Le dijiste "te has perdido?" Y él "si", llorando. Y tú "ven". Anduvisteis juntos un rato. Habías visto, en un claro, a un grupo de gente con mantel de cuadros, mantas extendidas., tortillas de patatas, filetes empanados y nevera azul. Balones cruzando la tranquilidad de la mañana. Cambiaste el itinerario para llevar al niño al claro. Cuando estabais llegando, después de contarle de lo bosques y la importancia de no salirse nunca del camino, paraste un segundo y le preguntaste "entonces, qué es lo mas importante cuando se sale al monte a pasear" él te miro con respeto y expectación. Y tú dijiste "llevar un buen calzado". El niño sonrió, te dijo adiós y echó a correr hacia su familia después de un "adiós señor". Tras los arbustos, discreto comprobaste la alegría de los padres que ya habían empezado a inquietarse, o no, por la ausencia y ante las preguntas de cómo había encontrado el camino de vuelta el niño se giró y señaló el hueco entre los árboles donde le habías despedido. No había nadie. El niño creyó en ti. En tu magia.
 
Yo también creo, padre. Debo subir al monte pronto, cuando deje de llover.
 

14/11/2016

A TU QUERIDA MEMORIA


Hay una zona, hay un sitio no de moda.

En la sierra de Madrid, subiendo hacia el Puerto de Navacerrada, pasada la Residencia del Hispano, a la izquierda está el Ventorrillo. Por un camino ancho, tras una valla, se llega a la casa de las Mariposas, y a otras casas forestales. Es terreno de jara, víboras y pinos. Existe otro camino, un poquito más estrecho, algo retirado de la entrada. Esa vereda baja hacia el valle...

Hay una zona, hay un sitio no de moda.

El sendero discurre más o menos entre pinos, en sombra. Pero al llegar a una curva se despeja; y crece, en la margen derecha, un árbol enorme encadenado. De los eslabones cuelga la frase "A TU QUERIDA MEMORIA". Poco importa la historia real; la que yo tengo, es la de una pareja de caminantes. Un matrimonio que hacía el camino con frecuencia y al llegar a ese punto se sentaba a contemplar el valle, al sol. Él o ella faltaron un día y ella o él encadenaron el recuerdo en el pino centenario, dejando holgura para su crecimiento. Se volvieron a sentar en el mismo punto, cada vez que recorrieron el camino, solos. Y allí se homenajearon con el recuerdo.

Hay una zona, hay un sitio no de moda, no hay gente alrededor, ¡solo sus huellas!

He tenido la suerte de ser hija tuya, padre. No creo haber estado nunca a la altura. Y eso me duele ahora, que ya no tengo la oportunidad de remediarlo y que tu lo veas. Que tu lo disfrutes. Que te sientas orgulloso. Nunca presumiría. Veo tus huellas en todos los objetos. Cada gesto, cada color, las palabras, todo me recuerda a ti. No te he echado de menos porque siempre has estado. Quizá a una distancia en kilómetros, pero no me hacía falta verte, ni hablar contigo. El teléfono no ha sido un gran amigo tuyo, el último adulto sin móvil murió el 10 de noviembre pasado. Sabía que estabas ahí, sin llamar, sin ir. Sin verte.

Me has enseñado todo lo que soy y sin embargo siento que no he sido capaz de agradecértelo, que no te lo he dicho bastante. Que no te he achuchado lo suficiente. Que nunca te he hecho saber lo mucho que te quiero, lo generoso que has sido conmigo siempre. Tu respeto a mis decisiones, tantas veces erradas. Tu silencio. Tu apoyo incondicional. Aunque no estuvieras de acuerdo. Aunque supieras que estaba cometiendo un error. Tu ayuda. Tu rigor. Tu exigencia. Tu paciencia. Tu bondad. Tu capacidad para tolerar a los demás, para escuchar, para hablar sin criticar. No tenías envidia.

Tengo la sensación de no haber aprovechado lo bastante tu regalo de haber cumplido 82 años siendo mi padre durante 51. No todo el mundo tiene tanta suerte. Tú me dirías 'Cuida de vuestra madre'. 'Cuida de tu marido y de tu hija'. “Cuida de él”, fue tu despedida. Lo hice. No has sabido lo que era la pereza. Tú nunca has necesitado nada. O no lo has pedido. Y no hemos sabido colmarte con todo lo que mereces, que merecías. Dice alguien que te quiere que 'eras diesel'. Es verdad. Lleno de detalles para los demás, pensando en el otro, pero sin necesidades para ti. Y no ha sido por falta de gusto, por no identificar entre lo bueno lo mejor. Porque tu sensibilidad y buen gusto eran evidentes, tus modales impecables. Nos pediste perdón antes de irte. Fuiste, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Ojalá haya un Cielo de verdad, porque ése será tu sitio. Donde puedas volver a pasear, a tomarte un gin tonic al atardecer, donde puedas charlar de tus cosas con los amigos, contar historias a niños y a adultos. Ojalá haya un Cielo porque te deben estar esperando. No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta. Padre, cuánto siento tu muerte. Estás en todas partes. El monte me recuerda a ti, los olores, el café. Los gestos cotidianos me recuerdan a ti. Ojalá haya un Cielo, porque estarás allí. Desde que tu corazón, ya terciopelo ajado, dejó de latir, empecé a echarte de menos. Ahora nos queda un vacío que no se va a poder llenar de ninguna forma. Tengo muchas más palabras, pero todas se juntan en una: Gracias.

(la foto de las flores es en Segovia, claro, donde quisiste quedarte)



12/10/2016

EXISTE LA REENCARNACION


No es una pregunta. No es un planteamiento religioso. Se trata tan solo de la constatación de una evidencia. La realidad. Su análisis exhaustivo. La voz de la experiencia. La recolección de datos. Lo que nunca engaña: La observación neutral y meticulosa. Sin alteraciones emocionales que pudieran contaminar la conclusión.
 
En fin. Procedo a explicar lo evidente por si acaso no ha quedado claro. Aunque me extraña.
 
Mi tío murió un tres de mayo. Nadie me lo contó. Lo sé porque le vi recién muerto en la cama del hospital. Hubiera jurado que respiraba, que latía. Sin duda estaba aun caliente. No le habían tapado siquiera. Había color en sus mejillas. Pero no me gastó una broma cuando entré en la habitación. No fumaba su puro, no apoyaba su mano en mi tía, no leía, no jugaba con sus nietas; no descansaba. Acababa de morirse. A mi tío no le tocaba. Yo había ido a verle antes de que le operaran. Mi tío no tenía cogida hora con la de la guadaña. La habitación estaba llena de luz, era la hora del café. No es momento de morirse. Mi tía se lanzó sobre mí vacía por el desconsuelo, y me llenó de lágrimas de incomprensión y de pena.
 
Desde ese día he visto a mi tío montones de veces por la calle. En la Castellana esperando a que el semáforo cambiara. No puedo demostrarlo, ni falta que me hace, yo iba en coche y no podía parar. Le he visto sentado leyendo el periódico en una cafetería. Al entrar yo él ha tenido que irse y no he podido hablar con él. Me ha dado igual. Sé que está bien. Le he visto en mis sueños. Me ha contado historias de cuando yo era pequeña. Me ha hablado de mis padres. Ha gastado un montón de bromas. Me ha tomado el pelo, se ha reído de sí mismo. Ha escuchado.
 
Y como el ejemplo de mi tío hay muchos más. Mis abuelas, ambas, viven ahora en mi pueblo, al lado de mi casa. A veces eligen el pan por mí. O me recomiendan la mejor fruta de temporada. Mi abuelo me enseña las estrellas cuando llego tarde a casa y le ha cortado el filete a sus biznietos cuando ellos no sabían. Los tres están enterrados pobrecitos, el cementerio es precioso, pero hace mucho frío y a veces se dan un paseo y me visitan en mis sueños y me cuentan o me escuchan. Pero les veo montones de veces por la calle y me alegra lo saludables que lucen. Ya no les duele nada. Y ven con distancia aunque preocupados el mundo que ocupamos. Velan a su manera por nosotros, entre nosotros. Nos dan paz.
 
 

25/09/2016

ANTONIA Y NACHA

Calvas, collares de perlas, barrigas blandas. No es lo mismo. El público de Nacha Pop está formado por los históricos, los que conocieron el Penta como el pentagrama y por  advenedizos: hijos de los históricos y algún que otro despistado.
Nacha tocó en Navacerrada en los años 80. Fuimos a la plaza de toros. Era casi verano. Hacía un frío que pelaba. Casi nadie en el ruedo. Casi nadie pagó. Éramos todos fans auténticos, Nos sabíamos cada palabra de las canciones. Cada versión.
Además Antonio tenía familia en Nava. Era como si les conociéramos. Uno más entre nosotros. Les veíamos por las noches en Madrid y no éramos amigos, pero podían haber escrito sobre algo que nos hubiera pasado a nosotros. En realidad sus canciones hablaban de nosotros.

¿Quien era la chica de ayer?, podía haber sido cualquier amiga nuestra. Una amiga de una amiga. Por qué era tarde para comprender, había que volverlo a intentar. Estaba jugando con él? Cretina. Era personal.  Todos íbamos al Penta con la intención de escuchar canciones para conseguir amar
 
La música de Nacha nos acompañaba de Penta al bar de los Ginkases, al Delany's, al Rompeolas. La música de Nacha sonaba en los coches, en los bares, en las calles de Malasaña. Las calles mojadas que nos vieron crecer a todos nosotros. ¡Chica vete a tu casa no podemos jugar!

Cada sonido estaba en nuestras habitaciones. Mientras estudiábamos matemáticas intentábamos entender lo que eran paralelas que iban siguiéndose. Las ecuaciones nos dejaban paso al espacio en el tiempo. ¿Quiénes eran coordenadas de un par? Nosotros podíamos despejar esa incógnita que faltaba por despejar. Y es que no había nada mejor que componer, escuchar y oir a la vez.
Nuestros dibujos técnicos no dejaban atrás la perspectiva. Paralelas que nos seguían. Porque su amigo se ha echado atrás. Echando monedas en la cabina. En su casa aun no saben que escapó. Nosotros si lo sabíamos. Éramos cómplices de la escapada, mediamos el ángulo que formábamos entre nosotros. Queríamos entenderlo todo.
En un mundo descomunal...siento tu fragilidad. ¡Las dos! la cosa ha ido bien. Sí, mi amor, esto es delicioso. Pero puede ser mejor.

Cuando a Antonio se le caía la guitarra y Nacho le ayudaba a sujetarla. Cuando dejó de saberse las canciones y el público gritaba desenfrenado para tapar el silencio. Todos éramos Nacha, En el escenario y en el publico. ¡¡¡YO SOLO!!!. No me olvido de ninguno de vosotros! Y de vosotros arriba tampoco. Porque ¡no! no me olvido. Yo tampoco



 

24/09/2016

Y YO CAI...ENAMORADA DE LA ROPA JUVENIL



A partir de cierta edad y condición, la ropa esta hecha para quitársela. Para que te la quite. ¿O no? Cuando una mujer se engalana siempre piensa en como le desnudará él. Si será fácil desabrochar esa cremallera o si los botones son pocos o muchos. ¿En que otra cosa puede pensar? Igual que el hombre, cuando ve atravesar a su 'hembra' la alfombra roja solo fantasea en lo que tardará en bajar esa cremallera.
 
Cuando una mujer se viste siempre piensa en el día de su boda. Con ese vestido de espalda imposible, tan larga la linea de botones diminutos, tan juntitos unos a otros, tan pegados a la tela que parece un milagro que todos abrochen. Y la cucharilla con redondilla va a tener que hacer tu chico para desabotonarlos. No sabe aun que cuando llegue al final del día no va a dar pie con bola. Pero eso es lo más importante. Cómo se las va a apañar.
 
Sin embargo la mujer tiene absorbida la moral y el criterio por diseñadores que se empeñan en que nos vistamos del modo más antifemenino posible. Somos rivales. Nos ponen feas, feísimas. Hay dos estilos: cómoda o incómoda, para resumir. Ambos son la antilujuria.
 
Nos hacen pensar que lo bonito es la extrema delgadez, lucir demacradas, pálidas, sin curvas. Vestidos embutidos hasta resaltar las costillas o anchos como sacos de patatas. Esa flaca infinita con falda hasta los tobillos, camisa gigante (la fantasía es que es de él, la realidad: Se la compró enorme. Si fuera de él todavía podía encerrar algo de glamour, sensualidad). Encima un montón collares, chaqueta de lana gorda que suple la grasa que no tiene. Porque frío no hace. En plan Simone de Beauvoir. Meras imitaciones de la elegante Simone. O nos visten de farolas y nos prometen, cómplices, que os vamos a cautivar. O en plan chándal, comodísima, haciéndote creer que así eres libre. O medio desnudas, con vestidos llenos de encaje transparentes que más bien recuerdan a camisones o hacen creer que te olvidaste poner lo que iba encima porque parece una combinación. Sexi: susurra la marca en tu oído. Mentira. Quieren excluirnos del corazón masculino. No quieren que nos quieran quitar la ropa. Nada se intuye bajo el saco y si vas en ropa interior por la calle, entonces, ¿para que desnudarte.? Están matando el deseo.
 
Somos prisioneras del estilismo marcado por diseñadores que no enfocan la moda femenina para que la mujer esté guapa. ¿Como nos hemos creído que podíamos resultar físicamente atractivas de ese porte a los hombres? ¿Por parecer desvalidas o enfermas?
Volvamos a elegir, mujer. Reivindica tu feminidad. Ponte lo que te de la gana. No hagas ni caso.
 

18/09/2016

NO LE GUSTA SALIR EN LAS FOTOS

Porque en las fotos ve el paso del tiempo. Porque las fotos le hacen enfrentarse con lo que no quiere ver. Que ya no es hija, que ya no es novia, no es esposa, es madre, abuela, bisabuela. No quiere verlo. Quiere seguir siendo la chavala moderna que llegó a Madrid en los años 50 y rompió todos los moldes. Quiere seguir siendo la existencialista, lectora empedernida de Sartre y Simone. Donde está el tiempo perdido? Ya lo había advertido JP. Pero no lo encuentra. Se fue. Y no dejó rastro porque en las fotos sale tapada siempre. Se tapa con el pelo, se tapa con la mano, se esconde detrás de él, de ellos, se arrincona. No quiere salir en los recuerdos.
 
No entendió jamás la fascinación de una cana, disimuló cada arruga, se escondió del sol excusándose en lo oscuro de su piel. Se cubrió de cremas protectoras y regeneradoras. Se engalanó el cuello cuando empezó a acusar signos de vejez. Tapó los lóbulos de las orejas con pendientes mayores. Pintó sus uñas de oscuro para disimular manchas. Cubrió su cuerpo de capas de ropa de colores.
 
A pesar de las precauciones fue retratada muchas veces. Era una mujer fascinante. Y la cámara la quería. Las personas que la rodeaban querían guardar recuerdos gráficos de momentos concretos con ella. A sus amigos y a su familia les gustaba verla envejecer, la veían cambiar poco a poco. Aceptaban su pelo rojo o naranja, les hubiera importado poco que fuera blanco. Veían sus arrugas hacerse hondas es su rostro, pero escuchaban sus historias, disfrutaban sus comidas, su compañía. Y las arrugas desaparecían. Notaban cómo sus formas se ensanchaban, y lo aceptaban así.
 
Ella no se veía, no se miraba, se tapaba entera para no verse. Nunca quiso que la recordaran mayor, aunque lo fuera. Su aspecto era aceptado por todos menos por ella misma. Pero estaba ahí, en el objetivo indiscreto que en realidad sacaba su alma, no su vejez. Se hizo mayor, envejeció, engordó. Se llenó de arrugas. Y creyó que había engañado a todos. Se comportaba como si nada de eso fuera real. Su lucha era esconderlo. Cuando fue mayor era ya demasiado tarde para reaccionar y disfrutar de cada momento, que quedaba retratado.
 
 

16/09/2016

EL INGREDIENTE SECRETO.

¿Qué se puede hacer cuando uno ha perdido la confianza? ¿Dónde está el límite? ¿Cuál es la señal que te advierte de que pares? De que ya no puedes ni quieres aguantar más.

Cuando todo es mentira. Es el fin.


Cuando todo es mentira es el fin.
 
Al empezar algunas cosas a ser ciertas, después de una tormenta de traiciones,  el descrédito es muy fuerte, la desconfianza alojada en la barriga recuerda cada rato el dolor y no hay razón que valga.


Quizá la religión dé la paz bastante para relativizar. Perdonar es la solución. Tiene que ser un ser superior, un padre, quien aporta la paz y el abrazo: El sosiego para seguir, para no mirar atrás y empujar hacia la vida. El padre te enciende la luz, te da esperanza. ¿Dónde está el padre? El padre está siempre. Es el ingrediente secreto de la sopa del día.


Dicen que hay dos modos de luchar contra el mar: Con un muro muy gordo o con un talud muy suave. Es ésta una enseñanza paternal, llena de sabiduría y generosidad. Porque en la vida existen dos modos de enfrentarse a las cosas: Con rigidez o con flexibilidad. Dejas pasar la ola y la calmas o la paras, la reflejas, te parapetas.


Personalmente creo que es más inteligente la flexibilidad porque en los muros siempre hay fisuras. Es imposible cerrarlo todo, no hay manera de estar pendiente de cada detalle. A veces incluso al tapar una grieta sale otra. La angustia que provoca estar alerta constantemente va acompañada de un ahogo; la necesidad de controlar todo para alcanzar la paz la aleja necesariamente.


Pero para ser flexible te tienen que haber querido mucho de pequeñito y con eso haber conseguido la armonía y la serenidad de la madurez. Te tienen que haber cuidado a lametazos, como se hace con una cría.
 
Empecé con la tormenta. Acabo en la playa. No hay nada como el mar y mirarlo.