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15/08/2020
EL DIVORCIO ES UNA MIERDA
14/08/2020
EL HOMBRE Y LA PESCA
Para ser pescador hace falta tener
mucha capacidad de aburrimiento. No creo que cualquiera sirva. Pescadores de los que
se apuestan con la caña en ristre, quiero decir, en el puente, acantilado. El
pescador se posiciona en el espigón, donde rompen las olas, las lapas se pegan
y despegan de la escollera; o a la orilla del mar, en la arena. Sin importarle
el frío o el calor. Ni la lluvia. Lanza el cordel y lo recoge y lo vuelve
lanzar y lo vuelve a coger. Como una función seno o coseno, que se repite con dospi. Siempre igual. Puede estar así horas. En su mundo.
De hecho, me atrevería a afirmar, en
contra de toda corriente igualitaria morada, que no hay mujeres pescadoras. Soy
consciente de que este banal comentario herirá susceptibilidades. Pues lo
siento. Creo que las chicas que van de pesca lo hacen por amor, por amor al
padre, por amor al novio. Al fin y al cabo, porque las quieran. Pero se aburren
como monas. Una mujer pescando no puede contener el bostezo, aunque le pase las
lombrices al padre, aunque le achuche el novio cada tanto. En cambio un hombre que pesca no bosteza, está concentrado en su cometido.
Yo creo que en realidad se trata de hombres solitarios y sensibles a los que le gusta meditar, disfrutan del atardecer y el amanecer y no quieren parecer románticos ante los ojos de quiénes les consideran grandes jefe sioux. Temen que les acusen de cursis, dejar aflorar debilidades no confesadas. Se van de pesca, ese hobby aburrido para muchos es su manera de llenar el ocio y aprovechar para estar solo, pensar o no hacerlo. Para disfrutar de la proximidad del agua del mar o del río. Realmente hay que ser muy especial, requiere horas de preparación y luego largos tiempos de espera que no entretienen con música o lectura. No abusan del mientrastanto. No guasapean. Esperan, tiran del hilo, vuelven al lanzar, revisan que todo está bien. Otra vez. A no ser que estés en una piscifactoría y te enganchen los peces en el anzuelo las satisfacciones son escasas. Porque es que los peces se las saben todas, se comen el cebo, rompen el señuelo. Se engancha el anzuelo. La recompensa se hace de rogar. Pero no les importa.
Y después, ¿Quién se come el pez? Porque el pescador muchas veces devuelve al mar su triunfo. En tiempos de pandemia, peor me lo pones. ¿serán transmisores?
13/08/2020
CAMISA O CAMISETA
En el cole un día un niño le dijo a su madre
"mamá, soy el único de la clase que lleva camisa y zapatos ". A la
madre se le dio la vuelta la cabeza. Literal.
"¿Y qué llevan los otros niños?" Se el pasaron por la cabeza churumbeles imágenes de descalzos, torsos desnudos por alguna estúpida idea de hacerles fuertes y resistentes a las inclemencias atmosféricas. Visualizó campos de trabajo, cueroos famélicos, uniformes a rayas; en fin, en un segundo se resumieron sus pesadillas y dudas sobre la elección del centro escolar. Sobre la influencia catastrófica que un extraño puede ejercer sobre los hijos. Le vino al culpa. Aunque no es controlable. Pensó si era o no de relevancia para llamar a su marido, luego se lo cuento. "Los otros van en camiseta y zapatillas". Suspiro de alivio de la madre. No había querido preguntar más por no dejar traslucir su ansia y con ello provocar el silencio del hijo. Las mayoría de las veces a la camiseta y zapatillas le acompaña el consabido chándal. Eso no lo dice el niño, que se está zampando unos cereales y se le han quedado morretes del colacao.
Se pasó del muy cómodo pantalón de gomilla a la cintura de los bebés. Todo un invento. Los había de todas las modalidades, tipo bebote, en tonos azules y rosas, vaqueros, pana, para los padres más modernos.Todos fáciles de bajar y subir frente al abanico cáustico en cuanto a incidentes urinarios y otros. Muy socorridos en el momento de eliminación del pañal. Emergencias resueltas sin crisis ni mosqueos. Porque a veces era más el "no me he traído muda" que el enfado injustificado porque al pobre se le hubiera escapado. Y se ganaban broncas inmerecidas, fruto casi del desasosiego paterno o su falta de recursos y previsión.
Pero, de esas edades tempranas a la adolescencia, hay un camino que debe ir conduciendo poco a poco a la edad adulta. Eso afecta a todos los aspectos de la vida. Y en ese recorrido no cabe la camiseta ni las zapatillas, por muy cómodas que te resulten, es impepinable el uso y disfrute de camisas y zapatos. Solo así cabe la asunción de la realidad. Es un atisbo de coherencia. Ojo, que no por llevarlos se madura. No es biunívoca la relación. El hábito no hace al fraile. Lo esconde a veces.
No es imprescindible que el adulto, varón en este caso, se
refugie en el traje de chaqueta, pero es fundamental que sepa llevarlo. Para eso
hay que empezar de pequeños. Porque
luego, en vez de ejecutivos parecen fantoches. Un consultor, tan admirado ahora, un médico, escritor, ingeniero o arquitecto, futuro bróker de
éxito, director de sucursal o Project manager, debe haberse tenido que abrochar
los botones de la camisa al menos desde la comunión. Y con soltura debe saber quitarse los gemelos. Ni que decir tiene del nudo de la corbata. De varias modalidades. Con soltura. Eso, para que lleve el traje de
forma natural.
En los colegios de uniforme obligatorio, este problema no existe. Así, los chavales visten con desparpajo camisa desde pequeños. Eso se nota. Un niño que ha jugado al fútbol con zapatos, pantalones de franela y camisa y corbata, ya lleva en el ADN cómo ir vestido con traje de chaqueta. Se le ve cómodo. Como mucho se pone polo en verano. Ahí está la diferencia.
Las camisetas son para los niños y para los deportistas (no todos, el polo sigue estando un escalafón por encima en la elegancia deportiva, miren el golf, sin ir más lejos) o para ponerse debajo, que no se vea, los muy frioleros. O para dormir. Para el resto de la vestimenta informal; a partir de, pongamos la mayoría de edad, y mucho me parece: polo. Y para no equivocarse, camisa siempre, a ser posible de manga larga. El resto, pamplinas. Hala, he dicho. En caso contrario, ¿cuándo se quita uno la camiseta? ¿Cuál es la edad de quietársela? Se pospone, se pospone y no hay remedio. Lo mismo llegas a los 70 con ella. Para eso, o eres Bruce Springsteen, o estás perdido. Incluso el Boss lleva camisa ya. Arremangada y oscura, eso sí. Llevar camiseta a partir de cierta edad denota una resistencia a enfrentarse con la edad adulta, un peterpanismo que "a cierto punto" resulta entre grotesco y ridículo. Ni los hippies mantuvieron las camisetas con dibujos reivindicativos. En un momento dado pasaron a las grandes camisas, por fuera, cuello Mao, sí, arrugadas, sí, pero camisas. Y a ser posible claras. Esas camisas oscuras, que parecen socorridas, no favorecen. Una bonita camisa azul clarita es un elemento más que asumible ante el inevitable cumplimiento de años. Las camisas negras que estilizan se las ponía Eugenio para contar chistes hondos. Punto.
12/08/2020
ASUSTADA ESTOY EN UN RINCÓN

La pandemia está poniendo al límite mi resistencia. No me gusta que coarten nuestras libertades. La utilización del miedo y la amenaza para limitar nuestros movimientos y nuestro modo de comportarnos roza con el estilo de vida de un sistema totalitario del que salimos hace muchos años. Impuesto en otros países sin éxito. Entiendo la necesidad de la norma. Entiendo la contención, pero creo que son las instituciones quienes deben explicar y aplicar la instrucción. El voluntarismo y la formación de unidades paraoficiales me da muchísimo susto. En un país como España, en el que hace casi 100 años hubo una guerra entre hermanos que aún duele, que no se ha perdonado, volver a la denuncia al vecino me parece cuando menos arriesgado. Sin pintarme de rojo ni de azul. Tanto monta.
Los españoles somos gente muy obediente, hasta en la cama. Gente que tan solo quiere la fiesta en paz. Pues bien, estos elementos y profesiones de nueva creación que están naciendo, fomentados por el gobierno y los medios de comunicación, a mí me dan susto. Los rastreadores. Jolines. ¿Es que no se dan cuenta? Son como esos vigilantes jurados; que no son polis, pero se lo creen. Y no tienen ni la formación, ni el filtro, ni el entrenamiento, ni muchas otras cosas que ahora no se me ocurren, pero que hacen falta para ser policía. ¡Coño!, que refuercen los hospitales, que gasten pasta en investigar, que la policía y el ejército tenga autoridad. Pero este "si es no es" nuestro no me gusta. Toma partido, gobierno, utiliza tus armas. Osea, no saco a la policía ni al ejercito a controlar porque eso es como fascista; pero autorizar y dar un carné a cualquier descerebrado a que dé órdenes y te mande a casa porque toses o no llevas mascarilla, eso es súper progreso. Pues a mi "NO UTA" Eso decía mi querida hermana de ley cuando le obligaron con cinco años a comerse un plato de arroz. "No me gusta". Y a cada cucharada se lo repitió a sus atentos padres. Hasta que no dejó ni un grano. "No uta" y entregó el plato rebañado. Pues a mi NO UTA ni la poli de balcón ni los rastreadores, ni los espías de vocación. Mirones envidiosos de la alegría ajena.
Estoy en contra de que vigilen voluntarios. Porque no
es natural. Me parecen voyeurs. ¿Para qué quieren mirar? ¿Qué afán es ese de
comprobar quién se sale de la norma? Si no tienen datos, a lo mejor es alguien
que estando malo sale a por medicinas porque no tiene quien le escriba. O ha
pasado ya su convalecencia o su confinamiento obligado. A lo mejor hoy acaba su
cuarentena.
Es como el que tiene Facebook con un nombre falso, y lo utiliza para cotillear sobre los demás. No uta. No uta nada. A ver, a mi me parece mal que la gente no pague hacienda, pero de ahí a denunciarlos hay un trecho. Para eso está Hacienda. Que se encarguen ellos. Cuando alguien no pide factura, me hace daño a mi también. Sí, porque yo sí que pago impuestos. Y el que no paga también conduce por las carreteras que arreglan con mis impuestos. ¿Y? ¿Me voy a poner yo a chivarme? No. Nada peor que un delator.
11/08/2020
YO LO UNICO QUE QUIERO ES VOLVER A ENAMORARTE
Yo lo que quiero es enamorarte. Que me quieras un montón y comer perdices y vivir felices. Hacerte cada día la vida un poco mejor. Yo lo que quiero es enamorarte.
A mí me da igual que engordes o
adelgaces, que tengas barriga o se te vean las costillas, te quiero lo mismo. A
mí me da igual si estás calvo o con una barba blanca.
A mí me da igual el éxito o la fama o la ruina.
Las primeras planas o las entrevistas. Yo lo que quiero es enamorarte. El
resto, que se lo queden.
A mí me da igual saltar que correr, yo
lo que quiero es enamorarte.
A mí me da igual que me cuenten si te
merezco o no, yo lo que quiero es enamorarte.
A mí me da igual que seas noble o muy
rico o al revés. Yo lo que quiero es enamorarte.
A mí me da igual si te gusta el ron o
prefieres un cóctel, yo lo que quiero es enamorarte.
Pero enamorarte de verdad, que me quieras
montones. Que salgamos de la mano, que nos toquemos sin tocarnos y tocándonos. Tocarte la
cara al acostarnos. Que me envuelva tu abrazo al dormir.
Yo lo que quiero es que me quieras como
te quiero yo a ti. Como te he querido siempre, de verdad. O que me quieras como
te dé la gana, pero que me quieras. Yo lo que quiero es volver, a tus brazos
otra vez. Y no separarme nunca más de ti.
UN ITALIANO VERO
Los italianos van con la autoestima puesta. Es de nacimiento. No hay italiano feo ni tonto. Para eso esa la mamma, y si ella no es suficiente, la nonna. Unos buenos tagliatelle de la nonna estructuran y dan calor a cualquier alma en riesgo de descarrilamiento. No es solo la pasta, es el “rollo” que le echan. Porque más complicado que unos macarrones es un buen arroz. Y una paella no tiene ese efecto. Así que, a base de la sencillez, el amasado, que hace mucho. Porque todo lo que se toca, todo lo que se hace con las manos gana en calidad y en espíritu. Con los vasitos de vino que acompañan a la cocción y al posterior disfrute, ¡hala!, se arrugan las penas. ¡Dale! Si es que poco se habla de la cocina, nos hemos puesto pijos con los restaurantes de moda y no hay que olvidar el calor. Como decía Gabinete, el calor del amor en un bar. El bar te reconforta por eso, es un poco estar en casa. Un amigo mío dice que en Richelieu se encuentra como en el salón de su casa. El calor del hogar, de la cocina familiar, eso no tiene precio y es el verdadero quitapenas. Lo tiene todo, compañía, conversación y después disfrute. Los sentidos a tope, el olor, el gusto y los achuchones.
A lo que voy, los italianos, son como
son sin complejos. Son hermanos y son italianos por encima de todo, tienen su
himno y a pesar de los avatares históricos de su maravilloso país, enarbolan su
bandera y sus costumbres y su orgullo con una sola voz. Son como esas familias
de abolengo que sean los que sean los sucesos y desastres a los que se hayan
enfrentado, ruinas y enriquecimientos alternados, nada altera su esencia. Para
voz la de sus cantantes, hijos y nietos de esas cocinas al amor del fuego,
fruto de los lametazos familiares. No necesitan clases de canto, charlan,
relatan. Una canción italiana puede ser un mensaje de voz entre dos amigos. Y
es genial. Un cantante italiano relata, cuenta.
¿Quien más que un italiano hablaría en una canción de la selectividad? Y se vuelve viral la canción. ¡Toma ya! Antonello Venditi. Con peli y todo. Ponte tú a hablar de exámenes de la EVAU o EBAU en una canción. Ya solo el acrónimo tiene narices. Son ganas de confundir, ¿con be o con uve? Resulta que valen las dos porque son dos cosas distintas, pero vienen a ser lo mismo. Y luego se quejan de las faltas de ortografía. Empezamos mal. Con esos mimbres no se puede hacer un cesto y menos una canción. Selectividad era un mal nombre, parecía elitista, quizá. Uy, con eso hay que tener mucho cuidado ahora. Sin embargo, Maturitá es perfecto. Es el examen de la madurez. La prueba de madurez. ¿Como no hacerle una canción?
Solo a un italiano se ocurre toser en medio de una canción. Y ya no te digo carraspear. Ghali, Ultimo, apodos, surnames. Además a los italianos les da igual meter palabras en inglés en sus letras. Dicen uykeen y huele a campo, a nueces. Pronuncian con un delicioso acento, sin intentar parecer británicos, orgullosos de su musicalidad. Hablan del “güiqueeéen” y no es lo mismo que el weekend. Suena al viento en los cipreses, a los adoquines de Roma cuando la paseas por el Trastévere. Suena al Arno, al Tíber, a colinas de colores. Y a las vistas desde el Corredor Vasariano. Romina y Albano, Pino Daniele, Daniele Silvestre, todos tienen alguna canción charla, es como si se tomaran un café contigo. Embelesada le escuchas. Llegan en la Vespa, aparcan donde pueden y saludan satisfechos. Te pueden gustar o no, los cantautores italianos, porque hay algunos de una estridencia y una exageración que, a mí, particularmente no me entusiasman, pasan de relato al grito, cual la hoy muy conocida Laura Pausini, que es la versión grito del cantautor. O esa Rafaela Carrá a la que explota-explótale - explo, le explotaba el corazón. Canciones de verano y playa, de alegrías y amoríos rebozados en sal y arena.
Me encanta el italiano cantando, de
charleta y compañía, fuma, se toma una Copa o un café, contando lo que le pasa, pobres de los psicólogos de la
bota. Con tanta explosión difícil lo tienen para ganarse el pan. Estos mediterráneos
sin filtros son artistas de nacimiento. Tienen arte.
¿Se acuerda alguien de Sandro Giacobbe - Il Giardino Proibito? Tremenda la historia. Traducida al español
no es lo mismo. Por supuesto Franco Battiato
con su Centro de gravedad permanente o la
estación del amor. Que iba y venía. Ese Ti amo de Umberto Tozzi, estrofa repetida en las lentas, dando vueltas y entonando con emoción el amor ignoto. Claudio Baglioni, Yo
sin ti…¡Qué recuerdos! Jovanotti
es “contemporáneo” y además de tener un aspecto súper interesante, ahora se
llama así a ser un guaperas, tiene maravillosas letras en las que habla de lo que quiere. Será que la pasta tenía algún
ingrediente secreto y les autoriza a ser auténticos. Un italiano, de Toto Cutugno es el resumen perfecto. Hay muchos más, ya.
L' italiano
Lasciatemi cantare
Con la chitarra in mano
Lasciatemi cantare
Sono un italiano
Buongiorno Italia gli spaghetti al dente
E un partigiano come presidente
Con l'autoradio sempre nella mano destra
E un canarino sopra la finestra
Buongiorno Italia con I tuoi artisti
Con troppa America sui manifesti
Con le canzoni con amore
Con il cuore
Con piu' donne sempre meno suore
Buongiorno Italia
Buongiorno Maria
Con gli occhi pieni di malinconia
Buongiorno dio
Lo sai che ci sono anch'io
Lasciatemi
cantare
Con la chitarra in mano
Lasciatemi cantare
Una canzone piano
Lasciatemi cantare
Perche' ne sono fiero
Sono un italiano
Un italiano vero
Buongiorno
italia che non si spaventa
E con la crema da barba alla menta
Con un vestito gessato sul blu
E la moviola la domenica in TV
Buongiorno italia col caffe' ristretto
Le calze nuove nel primo cassetto
Con la bandiera in tintoria
E una 600 giu' di carrozzeria
Buongiorno Italia
Buongiorno Maria
Con gli occhi pieni di malinconia
Buongiorno dio
Lo sai che ci sono anch'io
Lasciatemi
cantare
Con la chitarra in mano
Lasciatemi cantare
Una canzone piano piano
Lasciatemi cantare
Perche' ne sono fiero
Sono un italiano
Un italiano vero
La
la la la la la la la
Lasciatemi
cantare
Con la chitarra in mano
Lasciatemi cantare
Una canzone piano piano
Lasciatemi cantare
Perche' ne sono fiero
Sono un italiano
Un italiano vero
10/08/2020
SOCORRISTA EN LA PLAYA
En una de esas el pequeñajo se lanza y las olas, que se han puesto curiosas, le dan un revolcón. A ver qué hace el vigilante con su cacharro rojo. Eso sí, como se ponga el socorrista delante de María Dolores, tela. La que se va a liar. Se van a "jartar" de reír. Cuando dejen de llorar.




