Seguidores

15/08/2020

EL DIVORCIO ES UNA MIERDA


El divorcio es una putada por mucho que lo quieran normalizar. Es mentira que, porque haya muchos casos, que porque sea frecuente, se haya transformado en otra cosa. Es lo que es. Romper una familia. No se puede llamar de otra manera. No. El resto son eufemismos. Gilipolleces. Bobadas.
Cuando se construye es una familia no es para un rato. Es para siempre. La familia es el refugio cuando todo falla. La familia es el punto de encuentro en la alegría. La familia es el apoyo, la camaradería, la paz y la sonrisa. La familia es la incondicionalidad. Los lazos familiares son inquebrantables. Y romperla es una mierda, va contra la esencia de lo que supone. ¿Que no quieres tanto a tu marido como el día del sí de la niña?. Nos ha jodido mayo con las amapolas. ¿Que tiene un grano que antes te parecía sexi y ahora te saca de quicio?. Vaya por Dios. Te aguantas.  Le llevas al médico o tiras con lo que hay.
No busques otro tronco. No busques otra tía. Recompón tu familia. Cúrratelo. Es tu deber. Convierte el grano en un lunar, quiérele más. Querer siempre es bueno.

Ahora dicen "común acuerdo". No perdona. Yo no estoy de acuerdo. Cada cosa tiene su nombre. Abandono. Siempre es uno el que se va. ¿Por qué no se les puede llamar a las cosas por su nombre?  Y a no ser que sea por un tema de malos tratos, de violencia, todo tiene arreglo.

Es que no vale. Porque enseñamos mal a nuestros hijos. Les das la vara con que tienen que luchar y esforzarse, con que el éxito es el resultado del trabajo. Y luego, zas, mamá se va de casa, quiere mucho a papá pero se va. ¿Cómo? Es de común acuerdo.  ¿Cómo? No. No. Hay que contarlo bien, porque lo que no se entiende se actúa y nuestros hijos van a repetir los modelos que no entendieron.  No digas "uy es igualita a su madre". No. Está jodida porque su madre le hizo fosfatina la infancia, la adolescencia o lo que le tocara cuando le dio la pájara y decidió que ya no era como antes. Que quería encontrarse a sí misma. Mal ejemplo. Que no era feliz. Mal ejemplo. 

Es cierto que se crece como persona después, se evoluciona, se reflexiona mucho. Se medita, se piensa. O no. Eso no quita la monumental faena. Porque casarse, es un acto de amor, que es la base. Al menos yo así lo viví, además lleva implícitas muchas otras consideraciones, una parte de renuncia,  de confianza,  por supuesto el compromiso, pero también la conocida, la paciencia, el apoyo, es mucho casarse. Ese anillo es lo más importante que yo he tenido en mi vida. Y los hijos, pero los hijos vienen con el amor puesto de fábrica y con todo lo demás. Casarse implica una voluntad de hacerlo consciente. Siempre quise tener mi familia, mi marido, nuestros hijos, nuestros nietos,  nuestras celebraciones, nuestra vida,  nuestra historia,  nuestra casa. Nuestro futuro. Romper el futuro es horrible porque no tiene arreglo. Es romper lo irrompible. 

¿Por qué se hace tanto daño en un divorcio? La pareja rota sufre. Hay quien dice que está fenomenal. No es tanto cuestión de culpa como de desgarro. Porque culpa también siente el abandonado por no haberlo hecho bien, por no haber luchado lo bastante. El divorcio es una mierda. Se rompen los planes de vida. Se rompe el futuro.  Te falta un trozo al divorciarte. No es dolor. Es más que eso.Yo creo que sufren todas las partes, incluso los ligues que como polillas surgen alrededor, catalizadores o no. Todos sufren de maneras distintas. Pero duele muchísimo. Hay solo una cosa que duele más que un divorcio. Y no quiero ni mentarlo. Eso es evidente. El que se va y el que se queda. Los amigos se sienten que no saben que hacer, siempre hay uno que parece más frágil.  Parece que deben tomar partido. Siempre hay alguien que no se deja cuidar, porque no quiere que le hablen feo de quien fue el amor de su vida. Porque no puede con su alma. Porque sus lágrimas se mezclan con el mar.  Nadie lo hace mal. Cada uno hace lo que puede. Los parientes también se sienten impotentes ante el desgarro de los seres queridos.
El abandonado y el que abandona. Son distintos dolores que no entraré a valorar si son más o son menos. Pero el hijo, los hijos. ¿Qué? Los valores que les has enseñado, la idea de la justicia, de la lealtad. ¿Qué hacen con todo eso? ¿Cómo se lo explicas? “Sí, papá y mamá os quieren igual y van a cuidaros lo mismo”. Y una mierda. Piensan. Cuando está papa no está mamá y esto no va a ser nunca lo mismo. No digo yo cuando el padre zurra a la madre o viceversa, o cuando beben, se drogan, en fin. Situaciones extremas. Pero un "ya no quiero a tu madre, ya no quiero a tu padre, discutíamos todo el rato" Hay que aprender a resolver conflictos. Esa es la vida. A mí que me cuentas, no discutáis. Llegar a acuerdos, tú me lo dijiste, vosotros me lo explicabais, cada día, cada noche, hay que compartir, hay que ser bueno. Dejale el juguete a tu hermanos, a tu prima. No seas egoísta. Regaláselo. ¿Y ahora qué? ¿cómo que no quieres a papá? ¿Cómo que no quieres a mamá? Tú eres un canalla. Los dos, madre y madre. Me habéis vendido una moto. El ejemplo es lo único que de verdad vale en esta vida. Y el divorcio es el peor ejemplo. El peor.

Cuando a tu hija le pase algo, llegue tarde a casa. Cuando tenga un disgusto del tipo que sea. Cuando se muera de pena por un chico que ignora su cándida mirada, cuando no pueda más y el examen le salga fatal. ¿Qué? ¿Quién? ¿Qué consuelo va a tener? ¿Van a estar sus padres para darle puntos de vista distintos, para apoyarle? No. Va a estar uno solo capeando la tormenta. ¿Y el otro? Pues el otro tendrá otra novia, otra familia, otro novio, hijos nuevos y deberá repartir el corazón que le queda entre todos. ¿Y? Salvo que no sea padre de verdad, salvo que no entienda lo que es la maternidad, ese padre o esa madre llevarán la losa del duelo siempre en la mochila.

14/08/2020

EL HOMBRE Y LA PESCA

Para ser pescador hace falta tener mucha capacidad de aburrimiento. No creo que cualquiera sirva. Pescadores de los que se apuestan con la caña en ristre, quiero decir, en el puente, acantilado. El pescador se posiciona en el espigón, donde rompen las olas, las lapas se pegan y despegan de la escollera; o a la orilla del mar, en la arena. Sin importarle el frío o el calor. Ni la lluvia. Lanza el cordel y lo recoge y lo vuelve lanzar y lo vuelve a coger. Como una función seno o coseno, que se repite con dospi. Siempre igual. Puede estar así horas. En su mundo.

De hecho, me atrevería a afirmar, en contra de toda corriente igualitaria morada, que no hay mujeres pescadoras. Soy consciente de que este banal comentario herirá susceptibilidades. Pues lo siento. Creo que las chicas que van de pesca lo hacen por amor, por amor al padre, por amor al novio. Al fin y al cabo, porque las quieran. Pero se aburren como monas. Una mujer pescando no puede contener el bostezo, aunque le pase las lombrices al padre, aunque le achuche el novio cada tanto. En cambio un hombre que pesca no bosteza, está concentrado en su cometido.

Yo creo que en realidad se trata de hombres solitarios y sensibles a los que le gusta meditar, disfrutan del atardecer y el amanecer y no quieren parecer románticos ante los ojos de quiénes les consideran grandes jefe sioux. Temen que les acusen de cursis, dejar aflorar debilidades no confesadas. Se van de pesca, ese hobby aburrido para muchos es su manera de llenar el ocio y aprovechar para estar solo, pensar o no hacerlo. Para disfrutar de la proximidad del agua del mar o del río. Realmente hay que ser muy especial, requiere horas de preparación y luego largos tiempos de espera que no entretienen con música o lectura. No abusan del mientrastanto. No guasapean. Esperan, tiran del hilo, vuelven al lanzar, revisan que todo está bien. Otra vez. A no ser que estés en una piscifactoría y te enganchen los peces en el anzuelo las satisfacciones son escasas. Porque es que los peces se las saben todas, se comen el cebo, rompen el señuelo. Se engancha el anzuelo. La recompensa se hace de rogar. Pero no les importa.

Y después, ¿Quién se come el pez? Porque el pescador muchas veces devuelve al mar su triunfo. En tiempos de pandemia, peor me lo pones. ¿serán transmisores?


 

 


13/08/2020

CAMISA O CAMISETA

En el cole un día un niño le dijo a su madre "mamá, soy el único de la clase que lleva camisa y zapatos ". A la madre se le dio la vuelta la cabeza. Literal.  "¿Y qué llevan los otros niños?" Se el pasaron por la cabeza churumbeles imágenes  de descalzos, torsos desnudos por alguna estúpida idea de hacerles fuertes y resistentes a las inclemencias atmosféricas. Visualizó campos de trabajo, cueroos famélicos, uniformes a rayas; en fin, en un segundo se resumieron sus pesadillas y dudas sobre la elección del centro escolar. Sobre la influencia catastrófica que un extraño puede ejercer sobre los hijos. Le vino al culpa. Aunque no es controlable. Pensó si era o no de relevancia para llamar a su marido, luego se lo cuento. "Los otros van en camiseta y zapatillas". Suspiro de alivio de la madre. No había querido preguntar más por no dejar traslucir su ansia y con ello provocar el silencio del hijo. Las mayoría de las veces a la camiseta y zapatillas le acompaña el consabido chándal. Eso no lo dice el niño, que se está zampando unos cereales y se le han quedado morretes del colacao. 

Se pasó del muy cómodo pantalón de gomilla a la cintura de los bebés. Todo un invento. Los había de todas las modalidades, tipo bebote, en tonos azules y rosas, vaqueros, pana, para los padres más modernos.Todos  fáciles de bajar y subir frente al abanico cáustico en cuanto a incidentes urinarios y otros.  Muy socorridos en el momento de eliminación del pañal. Emergencias resueltas sin crisis ni mosqueos. Porque a veces era más el "no me he traído muda" que el enfado injustificado porque al pobre se le hubiera escapado. Y se ganaban broncas inmerecidas, fruto casi del desasosiego paterno o su falta de recursos y previsión.

Pero, de esas edades tempranas a la adolescencia, hay un camino que debe ir conduciendo poco a poco a la edad adulta. Eso afecta a todos los aspectos de la vida. Y en ese recorrido no cabe la camiseta ni las zapatillas, por muy cómodas que te resulten, es impepinable el uso y disfrute de camisas y zapatos. Solo así cabe la asunción de la realidad.  Es un atisbo de coherencia. Ojo, que no por llevarlos se madura. No es biunívoca la relación. El hábito no hace al fraile. Lo esconde a veces.


No es imprescindible que el adulto, varón en este caso, se refugie en el traje de chaqueta, pero es fundamental que sepa llevarlo. Para eso hay que empezar de pequeños.  Porque luego, en vez de ejecutivos parecen fantoches. Un consultor, tan admirado ahora, un médico, escritor, ingeniero o arquitecto, futuro bróker de éxito, director de sucursal 
o Project manager, debe haberse tenido que abrochar los botones de la camisa al menos desde la comunión. Y con soltura debe saber quitarse los gemelos. Ni que decir tiene del nudo de la corbata. De varias modalidades.  Con soltura. Eso, para que lleve el traje de forma natural.

En los colegios de uniforme obligatorio, este problema no existe. Así, los chavales visten con desparpajo camisa desde pequeños. Eso se nota. Un niño que ha jugado al fútbol con zapatos, pantalones de franela y camisa y corbata, ya lleva en el ADN cómo ir vestido con traje de chaqueta. Se le ve cómodo. Como mucho se pone polo en verano. Ahí está la diferencia. 

Las camisetas son para los niños y para los deportistas (no todos, el polo sigue estando un escalafón por encima en la elegancia deportiva, miren el golf, sin ir más lejos) o para ponerse debajo, que no se vea, los muy frioleros. O para dormir. Para el resto de la vestimenta informal; a partir de, pongamos la mayoría de edad, y mucho me parece: polo. Y para no equivocarse, camisa siempre, a ser posible de manga larga. El resto, pamplinas. Hala, he dicho. En caso contrario, ¿cuándo se quita uno la camiseta? ¿Cuál es la edad de quietársela? Se pospone, se pospone y no hay remedio. Lo mismo llegas a los 70 con ella. Para eso, o eres Bruce Springsteen, o estás perdido. Incluso el Boss lleva camisa ya. Arremangada y oscura, eso sí. Llevar camiseta a partir de cierta edad denota una resistencia a enfrentarse con la edad adulta, un peterpanismo que "a cierto punto" resulta entre grotesco y ridículo. Ni los hippies mantuvieron las camisetas con dibujos reivindicativos. En un momento dado pasaron a las grandes camisas, por fuera, cuello Mao, sí, arrugadas, sí, pero camisas. Y a ser posible claras. Esas camisas oscuras, que parecen socorridas, no favorecen. Una bonita camisa azul clarita es un elemento más que asumible ante el inevitable cumplimiento de años. Las camisas negras que estilizan se las ponía Eugenio para contar chistes hondos.  Punto.


12/08/2020

ASUSTADA ESTOY EN UN RINCÓN

La pandemia está poniendo al límite mi resistencia. No me gusta que coarten nuestras libertades. La utilización del miedo y la amenaza para limitar nuestros movimientos y nuestro modo de comportarnos roza con el estilo de vida de un sistema totalitario del que salimos hace muchos años. Impuesto en otros países sin éxito. Entiendo la necesidad de la norma. Entiendo la contención, pero creo que son las instituciones quienes deben explicar y aplicar la instrucción.  El voluntarismo y la formación de unidades paraoficiales me da muchísimo susto. En un país como España,  en el que hace casi 100 años hubo una guerra entre hermanos que aún duele, que no se ha perdonado, volver a la denuncia al vecino me parece cuando menos arriesgado. Sin pintarme de rojo ni de azul. Tanto monta.

Los españoles somos gente muy obediente, hasta en la cama. Gente que tan solo quiere la fiesta en paz. Pues bien, estos elementos y profesiones de nueva creación que están naciendo, fomentados por el gobierno y los medios de comunicación, a mí me dan susto. Los rastreadores. Jolines. ¿Es que no se dan cuenta? Son  como esos vigilantes jurados; que no son polis, pero se lo creen. Y  no tienen ni la formación, ni el filtro, ni el entrenamiento, ni muchas otras cosas que ahora no se me ocurren, pero que hacen falta para ser policía. ¡Coño!, que refuercen los hospitales, que gasten pasta en investigar, que la policía y el ejército tenga autoridad.  Pero este "si es no es" nuestro no me gusta. Toma partido, gobierno, utiliza tus armas. Osea, no saco a la policía ni al ejercito a controlar porque eso es como fascista; pero autorizar y dar un carné a cualquier descerebrado a que dé órdenes y te mande a casa porque toses o no llevas mascarilla, eso es súper progreso. Pues a mi "NO UTA" Eso decía mi querida hermana de ley cuando le obligaron con cinco años a comerse un plato de arroz. "No me gusta". Y a cada cucharada se lo repitió a sus atentos padres. Hasta que no dejó ni un grano. "No uta" y entregó el plato rebañado. Pues a mi NO UTA ni la poli de balcón ni los rastreadores, ni los espías de vocación. Mirones envidiosos de la alegría ajena.

Estoy en contra de que vigilen voluntarios. Porque no es natural. Me parecen voyeurs. ¿Para qué quieren mirar? ¿Qué afán es ese de comprobar quién se sale de la norma? Si no tienen datos, a lo mejor es alguien que estando malo sale a por medicinas porque no tiene quien le escriba. O ha pasado ya su convalecencia o su confinamiento obligado. A lo mejor hoy acaba su cuarentena.

Es como el que tiene Facebook con un nombre falso, y lo utiliza para cotillear sobre los demás. No uta.  No uta nada. A ver, a mi me parece mal que la gente no pague hacienda, pero de ahí a denunciarlos hay un trecho.  Para eso está Hacienda. Que se encarguen ellos. Cuando alguien no pide factura, me hace daño a mi también. Sí, porque yo sí que pago impuestos. Y el que no paga también conduce por las carreteras que arreglan con mis impuestos. ¿Y? ¿Me voy a poner yo a chivarme? No. Nada peor que un delator.


11/08/2020

YO LO UNICO QUE QUIERO ES VOLVER A ENAMORARTE

 

Yo lo que quiero es enamorarte. Que me quieras un montón y comer perdices y vivir felices. Hacerte cada día la vida un poco mejor. Yo lo que quiero es enamorarte.

A mí me da igual que engordes o adelgaces, que tengas barriga o se te vean las costillas, te quiero lo mismo. A mí me da igual si estás calvo o con una barba blanca.

A mí me da igual el éxito o la fama o la ruina. Las primeras planas o las entrevistas. Yo lo que quiero es enamorarte. El resto, que se lo queden.

A mí me da igual saltar que correr, yo lo que quiero es enamorarte.

A mí me da igual que me cuenten si te merezco o no, yo lo que quiero es enamorarte.

A mí me da igual que seas noble o muy rico o al revés. Yo lo que quiero es enamorarte.

A mí me da igual si te gusta el ron o prefieres un cóctel, yo lo que quiero es enamorarte.

Pero enamorarte de verdad, que me quieras montones. Que salgamos de la mano, que nos toquemos sin tocarnos y tocándonos. Tocarte la cara al acostarnos. Que me envuelva tu abrazo al dormir.

Yo lo que quiero es que me quieras como te quiero yo a ti. Como te he querido siempre, de verdad. O que me quieras como te dé la gana, pero que me quieras. Yo lo que quiero es volver, a tus brazos otra vez. Y no separarme nunca más de ti.

UN ITALIANO VERO

Los italianos van con la autoestima puesta. Es de nacimiento. No hay italiano feo ni tonto. Para eso esa la mamma, y si ella no es suficiente, la nonna. Unos buenos tagliatelle de la nonna estructuran y dan calor a cualquier alma en riesgo de descarrilamiento. No es solo la pasta, es el “rollo” que le echan. Porque más complicado que unos macarrones es un buen arroz. Y una paella no tiene ese efecto. Así que, a base de la sencillez, el amasado, que hace mucho. Porque todo lo que se toca, todo lo que se hace con las manos gana en calidad y en espíritu. Con los vasitos de vino que acompañan a la cocción y al posterior disfrute, ¡hala!, se arrugan las penas. ¡Dale! Si es que poco se habla de la cocina, nos hemos puesto pijos con los restaurantes de moda y no hay que olvidar el calor. Como decía Gabinete, el calor del amor en un bar. El bar te reconforta por eso, es un poco estar en casa. Un amigo mío dice que en Richelieu se encuentra como en el salón de su casa. El calor del hogar, de la cocina familiar, eso no tiene precio y es el verdadero quitapenas. Lo tiene todo, compañía, conversación y después disfrute. Los sentidos a tope, el olor, el gusto y los achuchones.

A lo que voy, los italianos, son como son sin complejos. Son hermanos y son italianos por encima de todo, tienen su himno y a pesar de los avatares históricos de su maravilloso país, enarbolan su bandera y sus costumbres y su orgullo con una sola voz. Son como esas familias de abolengo que sean los que sean los sucesos y desastres a los que se hayan enfrentado, ruinas y enriquecimientos alternados, nada altera su esencia. Para voz la de sus cantantes, hijos y nietos de esas cocinas al amor del fuego, fruto de los lametazos familiares. No necesitan clases de canto, charlan, relatan. Una canción italiana puede ser un mensaje de voz entre dos amigos. Y es genial. Un cantante italiano relata, cuenta.

¿Quien más que un italiano hablaría en una canción de la selectividad? Y se vuelve viral la canción. ¡Toma ya! Antonello Venditi. Con peli y todo. Ponte tú a hablar de exámenes de la EVAU o EBAU en una canción. Ya solo el acrónimo tiene narices. Son ganas de confundir, ¿con be o con uve? Resulta que valen las dos porque son dos cosas distintas, pero vienen a ser lo mismo. Y luego se quejan de las faltas de ortografía. Empezamos mal. Con esos mimbres no se puede hacer un cesto y menos una canción. Selectividad era un mal nombre, parecía elitista, quizá. Uy, con eso hay que tener mucho cuidado ahora. Sin embargo, Maturitá es perfecto. Es el examen de la madurez. La prueba de madurez. ¿Como no hacerle una canción?

Solo a un italiano se ocurre toser en medio de una canción. Y ya no te digo carraspear. Ghali, Ultimo, apodos, surnames. Además a los italianos les da igual meter palabras en inglés en sus letras. Dicen uykeen y huele a campo, a nueces. Pronuncian con un delicioso acento, sin intentar parecer británicos, orgullosos de su musicalidad. Hablan del “güiqueeéen” y no es lo mismo que el weekend. Suena al viento en los cipreses, a los adoquines de Roma cuando la paseas por el Trastévere. Suena al Arno, al Tíber, a colinas de colores. Y a las vistas desde el Corredor Vasariano. Romina y Albano, Pino Daniele, Daniele Silvestre, todos tienen alguna canción charla, es como si se tomaran un café contigo. Embelesada le escuchas. Llegan en la Vespa, aparcan donde pueden y saludan satisfechos. Te pueden gustar o no, los cantautores italianos, porque hay algunos de una estridencia y una exageración que, a mí, particularmente no me entusiasman, pasan de relato al grito, cual la hoy muy conocida Laura Pausini, que es la versión grito del cantautor. O esa Rafaela Carrá a la que explota-explótale - explo, le explotaba el corazón. Canciones de verano y playa, de alegrías y amoríos rebozados en sal y arena. 

Me encanta el italiano cantando, de charleta y compañía, fuma, se toma una Copa o un café, contando lo que le pasa, pobres de los psicólogos de la bota. Con tanta explosión difícil lo tienen para ganarse el pan. Estos mediterráneos sin filtros son artistas de nacimiento. Tienen arte.

¿Se acuerda alguien de Sandro Giacobbe - Il Giardino Proibito? Tremenda la historia. Traducida al español no es lo mismo. Por supuesto Franco Battiato con su Centro de gravedad permanente o la estación del amor. Que iba y venía. Ese Ti amo de Umberto Tozzi, estrofa repetida en las lentas, dando vueltas y entonando con emoción el amor ignoto. Claudio Baglioni, Yo sin ti…¡Qué recuerdos! Jovanotti es “contemporáneo” y además de tener un aspecto súper interesante, ahora se llama así a ser un guaperas, tiene maravillosas letras en las que habla de lo que quiere. Será que la pasta tenía algún ingrediente secreto y les autoriza a ser auténticos. Un italiano, de Toto Cutugno es el resumen perfecto. Hay muchos más, ya.

L' italiano
Lasciatemi cantare
Con la chitarra in mano
Lasciatemi cantare
Sono un italiano

Buongiorno Italia gli spaghetti al dente
E un partigiano come presidente
Con l'autoradio sempre nella mano destra
E un canarino sopra la finestra
Buongiorno Italia con I tuoi artisti
Con troppa America sui manifesti
Con le canzoni con amore
Con il cuore
Con piu' donne sempre meno suore
Buongiorno Italia
Buongiorno Maria
Con gli occhi pieni di malinconia
Buongiorno dio
Lo sai che ci sono anch'io

Lasciatemi cantare
Con la chitarra in mano
Lasciatemi cantare
Una canzone piano
Lasciatemi cantare
Perche' ne sono fiero
Sono un italiano
Un italiano vero

Buongiorno italia che non si spaventa
E con la crema da barba alla menta
Con un vestito gessato sul blu
E la moviola la domenica in TV
Buongiorno italia col caffe' ristretto
Le calze nuove nel primo cassetto
Con la bandiera in tintoria
E una 600 giu' di carrozzeria
Buongiorno Italia
Buongiorno Maria
Con gli occhi pieni di malinconia
Buongiorno dio
Lo sai che ci sono anch'io

Lasciatemi cantare
Con la chitarra in mano
Lasciatemi cantare
Una canzone piano piano
Lasciatemi cantare
Perche' ne sono fiero
Sono un italiano
Un italiano vero

La la la la la la la la

Lasciatemi cantare
Con la chitarra in mano
Lasciatemi cantare
Una canzone piano piano
Lasciatemi cantare
Perche' ne sono fiero
Sono un italiano
Un italiano vero

10/08/2020

SOCORRISTA EN LA PLAYA


Una cosa es ser socorrista de piscina, en una urbanizacióen las afueras de una gran ciudad. Al abrigo de una sombrilla, con atuendo de bañador rojo y camiseta blanca donde luce en media luna el título "SOCORRISTA", con chanclas molonas, pisando baldosa que arde, bien provisto de gorra con visera, gafas de sol, móvil cargado y botellas de agua. Las tareas primeras son casi las que más se agradecen, comprobar el nivel de cloro, la temperatura del agua, pasar el limpiafondos, quitar las hojas (sin camiseta, al menos te pones moreno, porque después el uniforme es obligatorio) y darse un baño con la piscina vacía, de servicio ya no se pueden bañar). A la hora en punto de la apertura en tromba aparecen niños indomables de los que, por menos de nada, se tiene que hacer cargo y responsable el chaval, que ha hecho un cursito de primeros auxilios. Punto. En esas urbes de nueva creación, los espacios son pequeños y las necesidades iguales (grandes), son igual de grandes que en cualquier sitio, hay que trabajar, hace la comida, planchar, y los niños crecen y las casas no. Una piscina con socorrista supone un desahogo del que ningún progenitor quiere prescindir. Eso sí, si regañan al niño, viene el padre del Banco y le pone firme al pobre de la camiseta blanca. Y si se tira de bomba y aplasta a otro, la culpa es de él, por no hacerse respetar. Total, complicado. En agosto echarán de menos el lío, pues las urbas se desertizan.  Quizá este año no tanto, con el puñetero.virus. ¡Uh!. Ya tiene otro lío el pobre chaval. En un pueblo, en la pileta municipal, en una pública, es un trabajo reglado, aburrido a veces, con un anecdotario homogéneo y posibilidades de hacer algún amigo. O dejar rotos lo corazones vulnerables. No está mal. 

Este oficio no tiene nada que ver es ser socorrista en la playa. Los más canos recordamos entre nostalgia y bochorno los "Vigilantes de la playa". Esos cuerpos imponentes. Esos músculos de cuya existencia solo eran conocedores los muy expertos anatomistas. Quizá Leonardo, en su momento, con ese estudio pormenorizado del mecanismo que el cuerpo humano constituye, puede que él supiera de esas protuberancias que amanecen bajo las costillas como si de montículos de arena se trataran en pleno desierto. Le llaman tableta (de chocolate). Pero es obsceno,  no se trata de un fino chocolate Lindt, sino de esos que van rellenos de mermelada de fresa. Grotesca tripa, prefiero una digna barriga de bebedor de cerveza. Aunque no se vea el cinturón. Esos bultos casi feos que aparecen sin aviso en los cambios de posición, en piernas y brazos, al alcanzar un objeto, al recoger algo del suelo. Da susto verlos. Los vigilantes eran así.  Con un moreno de abril, porque ese tono no se consigue ni con rayos uva. Esos cuerpos contorneados como moldes de arcilla, inútiles para el salvamento. Porque a mí que me registren si hacen falta esas tetorras para saber nadar. O esos culos que se salen del bañador. Cómodos no son eso trajes de baño para el rescate de desmayos y ahogados. Y no sujetan nada. Porque al correr en pos del auxilio al prójimo, todo se les mueve un montón. Operativo no es. No sé si a la hora de llegar a la vera del ahogado, una buena vista ayuda al interés por volver a la vida. Pero si de fémina se trata, el objetivo a la zaga, siendo yo misma, que me salve un macizo vale, pero que sepa nadar. No quiero un melindre preocupado por su vello y compostura y que no pueda con mi cuerpo serrano. No le arriendo la ganancia. Quiero contundencia y serenidad. Si es guapo mejor. Pero que pueda conmigo. Que me ahogo.

Porque es que los socorristas de la playa no dan confianza ahora. Se pasan el rato con el móvil por si hay noticias y no ven el tiburón, ni avisan de las medusas. Desde que salieron en la tele, ya no llevan el tranquilizador flotador rojo, del que asirse, donde desmayarse en paz, sino un cacharro rojo atado a una cuerda a modo de chepa. Ese chisme no lo he visto nunca en acción, pero no transmite seguridad ni confianza. A ellos les veo distraídos, además; que hay resaca colega, no hace falta que los mires en “eltiempo.es”, acércate a la orilla, mira a la gente, las colchonetas, pregúntale al mar, escucha las olas. La señora del bañador rojo da saltitos desde hace un rato y ahí ya cubre ¿no ves que no sale?. Pasean por parejas con el cacharro a la espalda y gritan desde la orilla consejos de chancletas y mascarillas, consignas incomprensibles a través del viento y el altavoz. Lucen enormes camisetas amarillas para que se les vea y unas gafotas que da la impresión que no les dejan ver a ellos ni un pimiento. Que nos tomemos la temperatura, que mantengamos distancias. 

Alma de cántaro, que esto es Chiclana y es sábado. Que María Dolores se ha bajado con los niños de su hermana y las tablas y unas tortillas. Ha cogido sitio lejos, que luego sube la marea. En un tupperware ha metido los filetes empanados. La sandía está cortada. Han llegado a las diez. El grupo va creciendo, son champiñones. Las tres familias, tres hermanas, sus maridos y la prole, han alquilado las casas de todos los años, en primera línea, donde los pinos, tres casas juntas pero separadas. Ahora es pinar. Pinar Periurbano de la Barrosa. Bautiado así. Es el mismo de hace años. Protege la playa. Las casas quedan al lado de la pista. Julián llega luego con las sillas y la nevera. Los niños con camiseta para no quemarse. Que se aburren.  Que se aburran. Se han anclado a la arena y ni un terremoto les mueve hasta que el sol se ponga. Cómprale unos camarones al chiquillo. Y un Mirinda. Que no he traído. Cervezas van a sobrar. Tienen para el día entero. Y al lado otra familia igual y otra. ¡Qué distancias ni que niño muerto! En la playa no cabe nadie. Y sobre todo ahora cuando suba la marea. Las mascarillas, sí, pero es que me voy a bañar. Y se pasa una hora en la orilla, de charleta con la vecina. Que se han encontrado. Y enhebran. Porque en Cádiz la gente tiene mucho que contarse, y con gracia, además. Hilan una cosa con otra. Será que se escuchan, y cuando uno acaba, coge el niño la hebra, imitando en gestos y palabras al padre. Quillo. Digo. Es estupendo. Son relatores. Enganchan un tema con otro. Cogen una mijita y de ahí empiezan a hilar y a contar. Llenan los silencios como se llena la playa. Con un arte que solo tienen ellos. Ea. Será triste la historia, o un drama, tanto da. De cualquier cosita que se te ocurra. Que si has ido al mar. Ea. Al mar. Cuentan una historia. Se ríen de su sombra, de los que más quieren. Se abrazan mucho. Se tocan. Todo lo comentan, todo lo cantan. Lo celebran y lo lloran. Se comen letras en las palabras porque no les caben en el discurso, de tanto que tienen que contar. Acortan. Y además cuentan lo que les da la gana.  Porque el andaluz tiene su manera de contar las cosas. Por ejemplo, Cómo se dice en andaluz: "La ardilla que sube al árbol, trepa de una rama a otra, se sube a la más alta, coge una nuez, se la come y salta al otro árbol?
¡¡Illo, mira, mira, ira, ira, ira, ira, ira, ira, iraaaaaala!! ¡¡Hiiiiiija de puuuta!!.

En una de esas el pequeñajo se lanza y las olas, que se han puesto curiosas, le dan un revolcón.  A ver qué hace el vigilante con su cacharro rojo. Eso sí, como se ponga el socorrista delante de María Dolores, tela. La que se va a liar. Se van a "jartar" de reír. Cuando dejen de llorar.