Seguidores

23/09/2021

LA ILUSIÓN DE TODOS LOS DÍAS

Empezaron siendo los ciegos, el Cupón. El para hoy. Los vendedores llevaban gafas negras que tapaban sus ojos ciegos. Aún hoy esas pupas se llaman de "para hoy". Tuvo una época de transición, que no sé si coincidió con otra más sonada, se me mezclan los recuerdos; en esos años se erigió como "la ilusión de todos los días". Una música pegadiza acompañaba al anuncio y al momento mismo de la salida del bombo de las bolas. Dicen en las promociones que, cuando juegas tú, jugamos todos. Bueno. Bueno. Bueno. Que cuando juegas al cupón de la incertidumbre colaboras en una gran labor social. No digo yo que no. Han hecho bien en tunear el eslogan. Ya no es la ilusión, si no la colaboración en una causa. Vale, pero ¿a ti te ha tocado el Cupón? pues a mí tampoco. Solo hay un "sí" en el ¿alguien conoce a alguien que conozca a alguien a quien le haya tocado el cupón? Ni el cupón ni el sueldo Nescafé. Tal para cual.

 

Vender ilusión no es bonito, porque es que yo me ilusiono de verdad. Es comprar el cupón y ya lo estoy visualizando. Empiezo a repartir. Esto para mi madre, que se compre la casa en la playa que siempre quiso, esto para mi padre que nunca quiere nada, algo querrá. Esto para mi suegra, que lo disfrute y lo celebre. Para mis suegros, los dos, que repitan por fin su viaje a Florencia y suban a Fiesole a mirar que todo sigue igual y es diferente a pesar y gracias a los años, Paris, Londres, a visitar amigos y lugares del pasado. Hermanos y cuñados estarían cubiertos. Primos incluidos. Los pinares de Segovia, ese gua heredado del que mi abuelo decía que no valía ni para que lo enterraban a uno, convertidos en balneario o lugar de recreo. Ya me encargo yo. . Y para mí chico la casita subiendo a la Sierra. La suya. Y que pueda cumplir sus sueños. Si se trata del extra, hay redoble de tambores. 

Yo si tengo que colaborar, colaboro, pero no me dejen soñar a lo tonto, que ya bastante me engaño yo. Ahorraríamos un pico en imprimir los billetes. Es cierto que da trabajo a mucha gente, pero la ilusión no se debe vender, si es quasi imposible, encima, me parece fatal.

 

Las posibilidades reales de que te toque el premio, el extra de verano, están lejísimos de las de la lotería de Navidad. Los matemáticos y estadísticos conocen el infinitésimo asociado a esa probabilidad vestida de ilusión, que se no cumple. Porque no se cumple. Pero la. vida es así. Hay un vendedor muy cerca de ti es sinónimo de "hay una ilusión", "hay una alegría". Asociar el dinero con la ilusión no es ni mucho menos sano. Si bien es cierto que ayuda a una visión edulcorada de algunos acontecimientos, tampoco amortigua ciertas eventos, y como lo vida está llena de sorpresas, se puede ser muy infeliz estando forrado. Vivir los sábados en un barco que parece un yate de "vacaciones en el mar"; tripulación y champán no evita los meandros, pero mientras llegan, oye, se no está mal. Así que defiendo la felicidad y la ilusión que supone disfrutar de las cosas que no tienen precio pero valen mucho. La ilusión es mía, es muestra, no se puede comprar. Te toca cada día, eso sí. 

21/09/2021

DÉJAME VER TUS GAFAS


El no miope, el no astigmático, no hipermétroe, probablemente no saben de lo que hablo. Los que disfrutan sin ambages de una dichosa vista de pájaro, los afortunados que otean el paisaje y detectan corcomanes o mantis en la distancia, o disfrutan de la ventaja de discriminar al llegar a una fiesta, me gusta no me gusta, conozco no conozco, sile nole, esos planean sobre el tema que limita y entorpece la vida a medio mundo. Siempre he pensado (es evidente) que la vista es un don que separa la paja del heno, los que no ven mueren devorados por el depredador que no han visto, son atacado por medusas que han confundido con asquerosas bolsitas que han intentado apartar con la mano, sufren picotazos de bichos "mosquita, mosquita; mosquita, mosquita; mosquita, mosquita, ¡pero coño, si es una avispa!" Demasiado tarde. A urgencias en directo. Confunden el Wasabi con el guacamole, con imaginables consecuencias. Saludan a desconocidos con efusión por no parecer maleducados. 

Pero aquellos que arrugan los ojos para ver la pizarra a pesar de que se sientan en primera fila sin ser filas cero, o fijan la vista para adivinar el número del autobús al que van a subirse porque no es la primera vez que han acabado en Cibeles queriendo ir a Alonso Martínez, ellos sí me entienden. Los que van a por una copa a la barra y se sientan en las rodillas de un caballero al que confunden con taburete. Los que se van al mar y estudian desde la orilla los colores de las sombrillas en la ubicación que eligen para sentarse, los que cogen referencias para bañarse, saben de lo que hablo. Ahora con los Apple Watch y los Smartphone pasan más desapercibidos. Porque basta apretar botón de ubicación📍 y se puede uno ir a la boya nadando sin problema, se equivoca de boya y no hay temor, aunque la resaca le lleve a la zona de cometas, 200 m al Oeste, no hay pánico; suficiente con dar al botón de ubicación del reloj sumergible para volver con dignidad y la espalda muy recta al grupo de amigos que ni se han dado cuenta de las preocupaciones del miope, o del que sufre astigmatismo. Hay que tener el relojito, eso sí.

En fin, tras esta introducción no quejosa sino descriptiva de unos supervivientes que hubiéramos desaparecido hace siglos de no ser por la tecnología, doy gracias a quien descubrió el tema de las lentes, quien estudió los ojos con paciencia y devoción, que me permite estar aquí y haber conocido a tantos miopes y astigmáticos a los que sigo queriendo; quiero compartir ese sucedido que apuesto que alguno ha disfrutado. Reunión de amigos o familia Charleta previa a la comida, yo una cerveza, yo otra, pequeña, muy fría, botellín. ¿Vamos a pedir vino? La mesa entera cambia la comanda. Tráiganos la carta, por favor, el camarero tacha, el cliente vuelve a mudar intención, traiga las cervezas igualmente, mientras elegimos. La primera ronda se centra en el menú, ¿qué tomamos? ¿compartimos?; ha llegado Felipe, pero está aparcando; Juan siempre aparece a última hora, pedimos antes, vendrá hablando por teléfono, un lío de última hora; yo he venido andando y os llevo ventaja, aquí, al solete. 

Una vez el estómago está en calma, el grupillo se pone al día. Y se miran de verdad. “¡Oye qué gafas más bonitas! ¿de dónde son?” De Óptica Toscana. “¿Me las dejas ver?” a pesar de que tu primer pensamiento es 'como que te las deje? ¿Te pido yo acaso tu empaste, tu muela de otro, tus audífonos?' pregunta equivalente a la del óptico "¿como te ves?" :Pues es que no me veo, me estoy portado, d ala casualidad, una montura, o unas gafas con cristal sin graduación, así es que verme, verme, no me veo'. Pero como va a sonar grosero, re callas y acercas tu cara miope al espejo como cuando te pintas el ojo, que tu propio vaho empaña. Se las dejas. “¿qué tal me quedan?” hay opiniones variadas, discusiones amigables o apasionadas. A ti, que te han quitado tu herramienta, tu muleta, te preguntan y no puedes más que sonreír, porque no ves ni torta. Cuando se quita las gafas el probador, no falla, siempre hay otro que se las quiere probar. Y van pasando tus gafas por la mesa entera de comensales, a unos les quedan grandes, a otros pequeñas y así hasta que por fin un alma cándida te las devuelve. Cuando se hace la luz en tus ojos, viene lo mejor. ¿qué tal me quedan? “Pero tú no ves nada” “Rompetechos” “qué mareo” “¿vendes cupones?” “veo borroso” y así podríamos cubrir lienzos de lindezas, a cada cual un poco más ocurrente. Me tenía que haber puesto lentillas. Es lo que has pensado cuando el circo se ha puesto en marcha.

Pero vamos a ver, que te quiten las gafas para probárselas otro es como que te pidan que te quites la ropa interior para comprobar cómo les sienta. ¿a que eso no se le ocurre a nadie? Pues es igual. Las gafas no se comparten, no se intercambian, cada uno las cuida con el primor que tiene a mano, como puede, porque las necesita. Se mantiene una conexión personal y única con ellas, contienen tu secreto, reparan tu torpeza. Es más, sin ropa interior puedes cruzar la Castellana, sin gafas te arrollan a no ser que seas afortunado. Que te quiten las gafas graduadas es casi como que te quiten el novio. Se debe respetar esa relación de intimidad asimilable a las caricias que sólo se son de él, a los besos que son solo suyos. Es un revolcón a lo íntimo, que deja vulnerable al gafotas, aislado en su miopía, torpe en su análisis, indefenso ante solo palabras y expresiones jocosas, sin poder ver con claridad las expresiones, la complicidad de los gestos, solo e indefenso en el rincón de los cuatro sentidos. No me quites las gafas, “fueraparte” de la pasta que te han costado, tiemblas durante la ronda de tanteo. Respiras cuando vuelven a tus manos,  tras el desamparo sufrido, ese confort que da el control aunque sea de tu entorno, recuperada la paz vuelves a relajarte. Distinta es la presencia, ahí ya si que no hay pudor, ni el coronavirus mismo ha podido luchar contra el intercambio, ausente del perceptivo gel hidroalcholico. A saber los contagios que ha habido con origen en tan impúdicas costumbres. 


19/09/2021

AGITADORA DE MELENA

Esas agitadoras de melena que apasionan a los hombres y desquician a las mujeres. Esas agitadoras de melena nunca serán especie en peligro de extinción y mucho menos protegida, pues se nutren del desasosiego, de los momentos de crisis, de la debilidad. 

Esas agitadoras de melena que con predisposición y tino arruinan cualquier relación por estable que parezca, o que sea. Esas acaparadoras de atención en los eventos, provocadoras de tsunamis, miopes, sin proyecto a largo plazo. Solo buscan la conquista, una muesca en la cartuchera. En cuanto identifican presa, se arremangan y arrancan con su maquiavélico plan. Suenan los motores, prepárense. Que ella no pretende más que ser el centro de atención de las hormonas masculinas, succionadoras de alegría. Usan falsos perfumes que rezuman feromonas. Buscan el halago y la atención. 

No tienen un objetivo, es sólo su ego lo que alimentan. Se quieren a sí mismas como no quieren a nadie ni querrán. Son altas o bajas, gordas o flacas. Las hay más y menos rubias. Da igual. Son escanciadoras de misterio. Aduladoras de pacotilla. Seres abyectos y absurdos cuya existencia misma no hace más que reafirmar al bondadoso ser que hay bajo un buen hombre. A ese que desordenan y enloquecen a golpe de melena y atención. Poniendo morritos y haciéndole sentir imprescindible.

Ese hombre bueno que sale a cenar, a comer, con su novia o mujer y se encuentra sin proponérselo con una aduladora de melena, de pronto se siente encumbrado, entendido, querido, atendido como nunca lo había ocurrido antes. Confundido contesta con educación y prudencia responde y atiende a las peticiones y demandas de la insistente comensal. De pronto se encuentra frente a una mujer que le acorrala, que le aísla, que bambalea ese pelazo que huele a flores y deseo. No se ha dado cuenta de que está solo con ella. Y a ella, sin público, no le interesa. Cubre de nuevo sus rodillas. Apaga el pitillo y se anuda una coleta. Sin espectadores no hay presa que merezca.  El inocente afectado no sabe lo que ha pasado y todavía le espera la del pulpo en el coche, de vuelta a casa. Y él sin enterarse. 

UN DÍA COMO HOY 18/SEP

Un día como hoy se fue. Se marchó el doctor. Bajó a zancadas hacia la calle, dobló la esquina, echó a andar. Y se marchó para no volver. Siempre he pensado que el enemigo le esperaba al otro lado. Calado el sombrero de ala ancha y cinta negra, un Panamá, le siguió por la sombra de septiembre, aprendió sus pasos y costumbres. Siempre he sospechado de un complot. Sabía demasiadas cosas. Confidente pulcro y distinguido. Pagó con su vida ser el cofre donde guardaba secretos ajenos. Su discreción, compromiso y sentido del deber no le hubiera permitido jamás compartir tales misterios ni siquiera de forma anónima. Pero, sabía demasiado. No quisieron dejar cabos sueltos. 

Se fue sin decir adiós. Se fue sin mirar atrás. ¿Por qué iba a hacerlo? Quizá tenía en mente comprar el periódico, saludar a un compañero, llevar un detalle a casa, un regalo o unas flores. Eso, que tanto le gustaba. 

Se fue el sanador de los corazones. Se fue el hombre grande que escuchaba paciente. La voz en off. Se fue dejando huérfanos. Se fue con un pitillo en la mano, a tomar fuerza. Se fue sin saber que no iba a volver. Se fue sin saber lo que el destino le tenía preparado. Él, que era la familia. Él, que era un hombre serio y bueno. Él, que derrochaba vida y fuerza, él, tan querido. Se marchó y no volvió nunca más a casa. 

El canalla que segó su vida, el mercenario que apagó la luz del padre, del hijo, del marido, del amigo, no sabrá nunca el dolor que causó. Aquel que por cambiar de rojos a negros sus números, aceptó el encargo, no era consciente del descalabro. No sabía la vida que cercenada. Como el soldado boliviano, que cumplía un encargo. Se llevó a un hombre de hondo calado, que caminaba con la elegancia del que desfila cómodo por las cavidades del mundo oculto de las emociones. En silencio. Él, que elegía de entre las palabras, las correctas, para guiar sentimientos heridos, él. Con pausa y poso enhebraba silencios y discursos. Pero sobre todo escuchaba tranquilo lo que el dolor del otro, sufriente, era capaz de elaborar. Con pudor y delicadeza iba ayudando a enfocar a esos espíritus atormentados. 

13/09/2021

¿TU COMO TE RÍES POR WHASTAPP?


¿Tu cómo te ríes por WhatsApp? Dice mucho de uno, la manera que tiene de reírse. Entiendo yo la risa como esa respuesta espontánea a un estímulo que nos provoca alegría, despiporre, vergüenza, complicidad y un montón más de emociones. Se dibuja en la cara una expresión que da gusto ver y sentir. De la boca salen sonidos diversos. En los distintos idiomas La onomatopeya cambia ligeramente, como con los ladridos o maullidos. El perro ladra, el gato maúlla y elefante barrita. El hombre se ríe. Hablo de la risa de verdad, la que nace en la tripa, la que altera el humor.

La cibernética ha venido al pelo a los asociales. No podía ser de otra manera. Si ya estaba de moda conocerse por las redes, la comodidad de conectar por Internet, atreverse al desnudo on line antes incluso de haberse visto las caras, el confort que supone esconderse tras un nombre ficticio, ocultar defectos, engordar virtudes…Adaptar tu perfil al objeto del deseo… Si ya estaban a la orden del día las relaciones gestadas en Facebook o esas múltiples páginas de contactos, con la pandemia, más. Por cierto, está todo inventado, que nadie se ponga flores. Porque matrimonios basados en correspondencia los ha habido desde que se escribe. Y los que se deben a amaños de los progenitores, no sólo si de la pata del Cid procede uno, también. De reyes a villanos ha habido casamientos concertados entre familias. Y no todos han salido mal. Es más, algunos salen muy requetebién. El amor está en aire. Love is in the air. El amor crece, se hace, se cocina a fuego lento, como un buen guiso. La cazuela destapada y el agua hirviendo despacio. Ese plo-plo que precede al olor a hogar y familia. El amor es un ser vivo con todas sus etapas. En estos tiempos de dar clase telemáticamente, reunirnos a distancia, tanto en lo laboral como en lo personal, brindar a una pantalla donde están tus parientes, en estos tiempos, también la risa se transmite por las ondas.

En los mensajes, como en la vida, cada uno es cada uno. Unos se ríen con emoticonos. Es fácil, sólo hay que elegir entre la oferta: el de la risa con corazones en los ojos, o con estrellas, sonrisa cariñosa y sutil diferencia entre ambas; el de la risa con lágrimas, me parto (me parto y me mondo), que hay dos tipos, inclinada y recta, la primera yo la asocio con una más intensa carcajada; la sonrisa desnuda, la del guiño, en fin, hay variedad. Los hay genuinos que prefieren seguir usando los dos puntos y el paréntesis, o el punto y coma, pequeño detalle que no por tamaño se reduce su importancia. Es diferente reírse tal cual, que hacerlo guiñando un ojo. Nada que ver. Esta especie está en peligro de extinción, por el esfuerzo que supone la elección de varias teclas y el cambio de pantalla que eso supone, además. Aguantan como los que no tienen WhatsApp, o Asterix en la aldea. De entre la oferta encontramos las caritas sonrientes con gotas de sudor en la frente, a interpretar. Las bocas que sacan la lengua, "mmm, ¡qué rico!” No es lo mismo boca y ojos abiertos que cerrados, o que se vean o no los dientes. En fin, a este elenco se suman los millones de emoticonos inventados en las redes, algunos muy ocurrentes. Pero hay quien recurre aún a las palabras. El ja ja ja. O jajaja. O jaaaa. No es lo mismo. No es lo mismo usar minúsculas que mayúsculas, no es lo mismo un ja (ni puñetera gracia que tienes, hijo) que tres, tipo jajaja o ja ja ja. Me pregunto la diferencia entre dejar espacios entre los monosílabos y no dejarlos. Siempre dudo en el número de ellos que se deben utilizar. Porque todo tiene un límite, es decir, por mucha gracia que te haga algo no vas a ocupar dos líneas con risas. ¿O sí? Por cierto, la ortodoxia y la academia dicen que los “ja” deben ir separados por comas. Es decir, lo correcto es “ja, ja, ja”. Con la a, es risa tal cual, tipo chiste; con la e, je, je, je, indica sorna; con la i, por lo bajini, tapándose la boca; con la o, risa de Papá Noel. Y con la U, ni idea. Sin vocales: jjjjj. Mucho cuidado que este asunto no es menor. Los italianos, ingleses y franceses, mucho más europeos que nosotros, se ríen con la Hache. Pero, ¡cuidado!, que en Italia es ahahaha y en Francia e Inglaterra hahaha. ¡Qué finos! No es baladí. Ni riéndonos somos capaces de estar de acuerdo. Habrá que ceder la otra mejilla.

Yo ante la duda y por no ofender, uso el jaaaaaaaa. El número de aes, por supuesto, es directamente proporcional a la gracia que me ha hecho el comentario de turno. Aprieto la a mientras me río. Lo importante es no tomarnos demasiado en serio. No merece la pena. No es para tanto.

 


11/09/2021

YO NO PUEDO SER FAMOSA

Yo no puedo ser famosa. Porque cuando me conozcan de Sebastopol a Tombuctú, cuando salga mi cara en los telediarios, y esté mi foto en todos los autobuses de la EMT, acosen a mi santo. Que con la excusa, alguna pelandusca, que le quiere a él, le idolatra , le admira...se le acerque de más, no es plan. Y que no es para menos, eso ya lo se yo. Yo también le admiro. Es grande, muy grande. Mucho más guapo por dentro que por fuera. Tela.

El caso es que yo no puedo ser famosa. Por un cúmulo de razones. Para el acoso, venga por lo que venga, ya inventaríamos artimañas. Eso no es problema. Siempre hemos encontrado recursos a las dificultades. Y que te sigan es un efecto colateral. Bienvenido sea. Lo malo son las penas. Las faenas que te ocurren en el camino. Esas cositas que te van haciendo quien eres. Las casualidades, que no existen, que nos van formando. En especial es nuestra respuesta lo que nos moldea, nos diferencia. Es como te lo montes. Eso decías siempre. Dirás. Y siendo famosa se complica el enunciado.

Al grano, que yo no puedo ser famosa; primero porque estudié un Erasmus en Londres, y las malas lenguas buscarían en mi pasado que si tal asignatura o tal otra no eran tan duras en la Pérfida como en la temida escuela de Madrid. Vale. Que se hubieran ido ellos. Tengo otro inconveniente: me gusta quedarme con los champús de los hoteles, y eso todavía, porque se gasta, igual que los botecitos de mermelada, suavizante, créditos, muestras de colonia; pero yo lo cojo todo, por si acaso. Y tengo una colección de peines, esponjas para limpiar zapatos, calzadores, tapones para los oídos, antifaces, bolsas de aseo, que no tiro por si me hacen falta, pero no usaré jamás. De estas cosas hay que  retractarse antes de que la fama lo asalte  a uno. No debe pillarte desprevenido. Habría de confesar públicamente estos horribles pecados. Pero lo peor de todo, es que no tengo talentos. Si me preguntan ¿usted cómo se definiría? Ni idea. ¿Qué es lo que más le gusta hacer? En blanco. ¿Cual es su próximo destino de vacaciones? ¿El del año pasado? Que prefiere mar o montaña? ¿Cerdo o ternera? Besugo o lubina? ¿Café o postre? 

Vamos a ver, sí. Tengo planes. Yo quiero irme a vivir a Nava, comprar pan en Agapita, (Eusebio), tomarme un botellín de los del fondo del congelador en el Abeto. Y después de uno otro, quedarme en la mesa del banco desde el aperitivo hasta que Emilio me eche. Quiero que mis nietos vengan a casa y tratarles a lametazos, hacerles sus comidas favoritas y mimarles un montón. Celebrar todo en casa, poner mesas enormes con manteles de lino blanco. Y reírnos. Y brindar. Y disfrutar. Quiero que si un día no salgo de casa alguien se alarme. Quiero que se pasen por casa sin llamar a tomar café o un vino mis amigos. Quiero largas veladas. No quiero una vida de altibajos y emociones, pero tampoco tenerlo todo medido. Que haya un sobre la marcha, improvisar. Quiero vivir en paz y con alegría, quiero queda me llamen por gusto. Quiero a mi familia cerca y mucha conversación. Pero con ese plan no da para una entrevista. 


10/09/2021

ACEITUNEROS ALTIVOS

 

No hay cosa más cateta que un olivo mal podado. ¿A quién se le ocurre? Deberían quitar el carné de ingeniero a más de uno. La poda de diseño del olivo  es como construir un puente de Calatrava: un despropósito. Ya se puede empeñar el alcalde de tu pueblo en plantar un puente del suizo o un olivo con forma de ratón en una glorieta, la respuesta honesta deb ser no. 

Es imprescindible hacer acopio de un mínimo de principios. Pero no de los que se cambian si no le gustan al contrario. Principios de los buenos. La dignidad está para algo. No para pasar sin saludar, no para ofenderse por bobadas. Ser digno es ponerse una vez rojo antes que ciento amarillo. 

No me refiero con podar, a quitar los chupones del olivo. No. No me refiero a limpiarlo para que crezca alegre y sano. No. No me refiero a eso, si no al capricho del político de turno, que derrocha el presupuesto que maneja, en bobadas. Pero  tonterías que se ven mucho. Y vaya si se ven. Como esos olivos pobrecitos, que ocupan glorietas, rotondas, redondas, o como quieran llamarlas, con sus centenarias copas, no digo ya podadas, quedan mermadas, capitidisminuidas, esculpidas al amparo de la inspiración o el gusto de algún paleto con ínfulas, ya sean figuras geométricas o cualquier otro sinsentido. Del noble tronco nace con dificultad un conjunto de ramas talladas ad hoc en forma de taburetes, esferas o ramilletes de caramelos. ¿Que tiene de malo la copa del olivo? Parecen caniches maltratados. 

¿Que dirían ustedes, andaluces de Jaén? Aceituneros altivos. ¿De quién son esos olivos? No pertenecen a la perspectiva que advierte de la llegada de Despeñaperros. No son el horizonte que anuncia el inconfundible olor  a aceite antes de ser virgen. No son olivos que forman lineas paralelas las mires de lado o de frente. No ocupan surcos iguales. No rellenan y dan forma a las laderas. No nos hacen entender el relieve. No. 

Salpican como monumentos absurdos los cruces de caminos. Reivindico el olivo auténtico, bello en su crecimiento, longevo, retorcido su tronco, generoso en su fruto. Y digo no a los olivos Chupachups. Porque me parece una bobada, un disparate. ¡Ea!