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06/08/2021

NO, SI YO NO FUMO


Hay quien se confunde al declararse fumador social cuando en realidad es un jeta que nunca compra tabaco. Ojito. Si fumas, fumas, y hay que apoquinar. Fumar cuesta, y nos lo hacen pagar, con sudor. Pon tus pulmones, que no te presto los míos. Apoquina, enfréntate, dalo todo. Échale narices, confiesa que fuma. ¡que somos los mejores! Esos corrillos a la puerta de los restaurantes. ¡que gusto!, se establecen conversaciones paralelas entre los fumadores que no comensales. No saben si cambiarse de mesa. Se han hecho coleguitas. Esas reuniones clandestinas en los pitillos del trabajo. Se cuajan ideas y conspiraciones, amigos transversales que dirían ahora. Ese cigarrito tiene algo más que la adición, es el glamur del intelectual que salía fumando en las fotos, para parecerlo más. "Sofi, fúmate un pitillo", le decía Don Luis, mi abuelo, a mi abuela. Murió él como mi madre, de sus débiles pulmones, que sufrieron su vicio. Yo siempre he sido fumadora, hasta hoy, que llevo casi treinta años sin fumar. 

Ahora humillamos al entrar al estanco, no a comprar sellos, no, ni sobres, ni un boli, que para eso está la papelería. Y sellos no compran ni en Correos. Espalda erguida, monedillas o billete preparado, agachas un poco la cabeza al entrar al bar y dirigirte sin dudar a la máquina. Quieres pasar desapercibido, en todo caso, pintas en tu expresión un incómodo "no es para mí"; pero la máquina está apagada, "¿me la puede encender?" susurras. Se da la vuelta de un solo golpe, la barra entera, que atiende las Olimpiadas, el fútbol, las noticias, el tenis. ¿Quién fuma?. Torsos y cabezas giradas escrutinan tu pretendida invisibilidad . Una mezcla de desaprobación y envidia en las miradas, dardos contra el atrevido fumador que huye asustado antes de que le fulminen.  Escondiendo, si puede, el paquete de cigarrillos como si no fuera con él ni para él. Al salir, algo alejado del ojo crítico, a la sombra,  deshilvana el hilo rojo, quita el plástico protector y ya huele el aroma que le calma. Un papel medio plata que rompe o retira y por fin; con un golpe certero, sale ese primer pitillo que le va a saber a gloria. Le consume la impaciencia. Mechero en mano enhebra el pitillo entre el índice y el dedo medio de la mano izquierda donde sostiene el paquete, que ni siquiera ha guardado; prende la mecha y da esa primera calada. Se mete el paquete en el bolsillo trasero del pantalón, si es vaquero, si es un chino, en el de delante. Algún taxista, conductor, lo aloja en el de la camisa, por no aplastarlo. Si mujer, al bolso. Expulsa, después de entretenerlo en los pulmones, tras esa bocanada primera, ávida, el humo, que hace círculos y caracoles de trompeta en el aire. Exhala. ¡Qué gusto!.

Siempre está el listo del grupo que dice que no fuma, eso sí, en cuanto alguien en una reunión enciende un cigarrillo, argumenta que va a coger uno, que no fuma nunca, pero está tan bien en ese momento, tan a gusto, que es el momento. O al revés, con la mala época, la angustia que acumula, lo necesita. Al final de la velada hay que ir otra vez al bar de la esquina, a volver a pasar vergüenza porque el fumador social de las narices se ha liquidado las provisiones. Con la falsa promesa de que el próximo día te compra una cajetilla. El que no fuma. Y lo repite cada vez que le ves. Ese es el don Sano y tu el vicioso. Se acabó dejar el tabaco encima de la mesa, como si tal cosa. Lo guardas como oro en paño. 

Hasta la coronilla me tienen los que fuman sin ser fumadores, los que no quieren decir nada y envenenan las charlas, los que solo se acuerdan de lo malo, los que solo te cuentan cosas horribles, y doñas perfectas que todo lo hacen bien y están estupendas. A esas las tengo pelusa. La verdad. Como a los que se ponen morados y no engordan, como a los que les cunde la vida. ¡Ah! y harta de los que siempre tienen lío, de los que se acuerdan mucho y quieren un montón aunque no llamen nunca, ni se ocupen. ¿Sabes que? Que cada uno es cada uno con su mochila. Al final es fácil ver el defecto en el otro y nosotros nos creemos que lo hacemos bien. Yo lo que quiero es volver a fumar. Seguro que veo las cosas de otra manera, que ya me estoy quejando. Esto con vodka o un pitillo, se pasa o lo que es mejor, se entiende. 


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