
No digamos ya si lees
libros en un ebook o en la Tablet, iPad o lo que tengas. Te conviertes en un
caballo con anteojeras, que va dirigido. Que mira donde le dicen. Que pierde la
visión lateral. Vas de una recomendación a otra y acabas exactamente donde la
máquina con sus algoritmos te dirige. Los “si tal entonces cuál” (conocidos
como “IF”) eligen por ti la mejor opción. Rombos y flechas de un diagrama que
alguien diseñó e instaló. Personaje que a lo mejor no ha leído una novela de
amor en su vida. O de misterio. Pero a ti la máquina te lleva. Más de dos años
leyendo libros de ensayo, o policiacos. Uno tras otro, has devorado la
descripción sórdida de la muerte y los asesinatos que hacen los nórdicos. Te
has tragado todos los tochos de los británicos interpretando de la guerra civil
española. Y sigues.
Es el futuro. O no;
porque casi que me quedo con el encorvado hombre de los bulevares cuyo desorden
en su librería sólo es atribuible a una desgracia sin par. Véase incendio o
demolición. Pienso en una guerra. En el día después. Pero él, milagrosamente,
encuentra lectura que recomendarte en su caos. Como en Rumor. La librería del cole. La librería azul, que
decía Nuria, hoy convertida en un “opencor”; donde al entrar el olor del papel
impregnaba tus sentidos. Podías abrir los libros, tocarlos, mirar más allá de
la portada y el resumen de la contraportada. El librero de Rumor, ¡Qué nombre!
te dejaba espacio y tiempo. Y solo intervenía para responder a tus dudas o a tu
petición de ayuda. ¡Libérate! Elige.
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