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27/11/2018

NO ES MIEDO

No es miedo, es terror. Leer las noticias vía Internet y que una te vaya llevando a otra, porque lo sugiere tu máquina con un "probablemente te interese". Igual que los anuncios que salen a la derecha de la pantalla. "Advert" dicen los ingleses. Ojo al dato. Tan próximo a "advertencia". Te entretienes cerrándolos y respondiendo al motivo: porque no me interesa, porque lo veo muy a menudo. Pero los anuncios siguen. Las sugerencias también. La razón es el tiempo empleado un día en leer algo similar, porque entraste en una página por error, una web que vendía zapatos hechos a mano en una isla del océano pacifico donde las mujeres visten de abalorios y los hombres desnudan su piel al sol. O por haber buscado, pongamos, las monarquías de los países nórdicos y su relación biunívoca con los tulipanes y la muerte.  Tema objeto tan digno de tesis doctoral como cualquier otro. A partir de momento el cual saltan pops en tu pantalla sobre reyes y princesas. Ahorcamientos y ahogamientos fortuitos e inexplicados. Noticias sobre el sol que nunca sale en invierno más allá del paralelo “cincuentaytantos”. Y todo porque un día buscaste una noticia absurda, ni siquiera recuerdas por qué.
No digamos ya si lees libros en un ebook o en la Tablet, iPad o lo que tengas. Te conviertes en un caballo con anteojeras, que va dirigido. Que mira donde le dicen. Que pierde la visión lateral. Vas de una recomendación a otra y acabas exactamente donde la máquina con sus algoritmos te dirige. Los “si tal entonces cuál” (conocidos como “IF”) eligen por ti la mejor opción. Rombos y flechas de un diagrama que alguien diseñó e instaló. Personaje que a lo mejor no ha leído una novela de amor en su vida. O de misterio. Pero a ti la máquina te lleva. Más de dos años leyendo libros de ensayo, o policiacos. Uno tras otro, has devorado la descripción sórdida de la muerte y los asesinatos que hacen los nórdicos. Te has tragado todos los tochos de los británicos interpretando de la guerra civil española. Y sigues.
Es el futuro. O no; porque casi que me quedo con el encorvado hombre de los bulevares cuyo desorden en su librería sólo es atribuible a una desgracia sin par. Véase incendio o demolición. Pienso en una guerra. En el día después. Pero él, milagrosamente, encuentra lectura que recomendarte en su caos. Como en Rumor.  La librería del cole. La librería azul, que decía Nuria, hoy convertida en un “opencor”; donde al entrar el olor del papel impregnaba tus sentidos. Podías abrir los libros, tocarlos, mirar más allá de la portada y el resumen de la contraportada. El librero de Rumor, ¡Qué nombre! te dejaba espacio y tiempo. Y solo intervenía para responder a tus dudas o a tu petición de ayuda. ¡Libérate! Elige.

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