
Por un lado, me preocupa seriamente el tamaño de la linterna que usan los
policías. Se trata de un instrumento innecesariamente pequeño. Entiendo el
problema del lastre, pero apuesto a que, comparado con el arma reglamentaria, se
trata de peso pluma. Además, esos durísimos oficiales, que cargan con
cinturones atiborrados de munición, granadas, gases lacrimógenos, pistolas y
revólveres de dimensiones y alcance vario, sin contar el chaleco antibalas,
que ligero no será. Y esos chaquetones. Y a los antidisturbios añade el escudo, el casco, la porra. Seguro que pueden cargar con una
linterna un poco más grande. Ahora hay materiales ligeros, aleaciones mágicas
que hacen milagros con espesores diminutos y densidades mínimas. Las pilas ya
no son esas de petaca que usábamos para hacer los trabajos de ciencias
naturales sobre circuitos y que pesaban una tonelada. Ni son tamaño xxl, las hay livianas, o ni siquiera llevan pilas la linternas. Se alimentarán del sol o alguna otra energía. De verdad, no entiendo la necesidad de
usar esas mini luminarias. Parecen hombres de la Edad Media entrando en una
cueva con diminutos candiles. Les falta que se les apaguen en momentos críticos
por un soplo de viento, como a Indiana. Indiana, Indiana.
Y por otra parte, me
trastorna en particular que siempre esté oscuro el local, la casa a revisar. Sin ser un sótano necesariamente, ni un garaje. Ya sea de
día o de noche. Allá donde hay un problema y entra el investigador al mando, se
apaga la luz y se adentra el equipo en la boca del lobo. Si el argumento ocurre al amparo
de la luna, bueno, excuso la linterna. Pero, una vez que estás dentro, enciende
la luz alma de cántaro. ¡Que te van a dar un susto! Dirán ustedes que es por
precaución, para evitar ser localizados. Me opongo. Es una pose. Está el
interruptor ahí, a la vista de todos, y no encuentras motivo para que no lo den
de una vez. Nada. Rayos de luz cruzados tejen el aire, mantienen el suspense y
la agonía, van revelando la sorpresa que esconde el rincón. Lo
peor es cuando la trama ocurre de día. Entran en una casa y de pronto todo está todo a
oscuras. ¿Qué ha pasado? Es un perfecto hogar cordobés en verano, protegido
del sol. ¡Abre las ventanas hombre! Pues no, dale con las linternitas. Claro, así se pegan unos sustos de miedo. Nunca mejor dicho. Normal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario