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08/09/2018

TE ECHO DE MENOS




Te echo de menos. Te echo muchísimo de menos. Siento que me falta un trozo. Dicen que cuando le amputan a uno un miembro, te sigue doliendo. A mí no para de dolerme. Es un agujero que se ha abierto en mi centro físico y metafísico. Es tan grande que soy transparente casi y sólo rodea a mi enorme vacío una fina membrana, que me sostiene para seguir siendo un completo. Me pregunto cómo puede dolerme, si no hay nada. Si no estás. Y te has llevado una parte tan grande de mí que todo es ausencia. Así lo veo. Así me siento, vacía.
Te echo de menos todo el rato. Con los olores, un movimiento cualquiera, las canciones, cualquier sonido, en la piel me faltas, con lo dulce y con lo salado te siento. En cada calle hay recuerdos que alertan mis cinco sentidos y me quieren acercar a ti. Todo me lleva a pensar en ti. Y a notar lo mucho que me faltas. De la vigilia al sueño, que tanto me cuesta conciliar. De la mañana a la noche. Y al revés. En mis pesadillas y mis despertares. Echo de menos tu voz y tu silencio. Echo de menos poder contarte. Echo de menos tu calor y tu abrazo. Echo todo de menos.
Debe ser que el hueco que tengo es tan grande que me faltan los pulmones, o un trocito. Porque casi no puedo respirar. Se escapa el aire y me asfixio. Soy una rueda pinchada. Te echo tanto de menos que creo que podría romperme en cualquier momento. Te echo de menos y noto tu huella en cada rincón. Como la que deja tu cabeza en la almohada. El aire está impregnado de ti. El aire de la calle, el aire del mar. El viento en las montañas. Tibio tu gesto y tu sonrisa ancha y desordenada. Te echo de menos cada segundo que late mi corazón. Te echo muchísimo de menos. Tanto que no sé cómo puedo levantarme. Tanto que me sorprende seguir viviendo. Será la inercia. No sé. Es algo distinto a la tristeza. Es más. Es una falta constante. Una silla vacía que se mece.


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