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18/12/2022

NO ES BUEN DÍA

No es buen día hoy. No ha ocurrido nada especial. He soñado algo que se ha desvanecido al sonar la alarma. Ni bueno ni malo. Quería recordarlo, para entender. Pero se ha ido. He intentado engañar al despertar, he vuelto a la posición de sueño tratando de atrapar el sentimiento. Ni las intentonas, ni la modorra fingida han servido para recuperar las emociones que, crudas, se presentan cuando no estoy alerta. 

Después, las cosas se han complicado. Hacía frío, o calor, no me acuerdo. Lo cierto es que estaban apagadas las luces, por mucho que avanzara la mañana. Ese sol cobarde de invierno que no era capaz de atravesar la espesura negra de las nubes cargadas que amenazan tormenta desde el oeste. No llovía, o sí, no lo recuerdo. El agua de la ducha quemaba, o salía fría, no recuerdo. 

Se me ha juntado el desasosiego en el estómago. No tenía hambre,  o sí, no me acuerdo. He tomado un café, y estaba muy fuerte, o "aguachirli", no me acuerdo. Quizá se había acabado el café, ¿o era te?. O no quedaba leche, o sí. No me acuerdo. El caso es que se me ha enganchado la pena en la parte alta del estómago, en la boca, y ha subido deprisa por dentro. Me atenaza sin aviso, la garganta, el cuello se hace árbol. Me recorre en un escalofrío, por los brazos, y de los dedos me saltan chispas. Se me tapan los oídos, se me llenan de lágrimas los ojos sin que pueda hacer nada para evitarlo. ¿por qué? ¿por qué? Aprieto los dientes, me levanto, ando, corro, y la pena me sigue. ¿Por qué? ¿Qué ha pasado hoy? ¿qué, de especial? ¿Qué, distinto que ayer o mañana? ¿O es eso? Que no hay nada diferente.

Temo que sea una señal, temo que algo malo vaya a suceder; entonces la angustia se centra en la laringe y no puedo ni tragar mi propia saliva. Es un torbellino mi interior. Me estallan los oídos. Una cascada de miedo desemboca en mis sentidos. No estoy enferma. Es la angustia. Debo domarla, no dejar que cristalice en mí. ¡Demonios! ¿De dónde viene? No pasa nada. Me miro desde otro lado, muy lejos, para buscar distancia. Me quedo pegada a mi misma, sufro de adherencias múltiples. Un asa intestinal, se me ha hecho un nudo, literal. Salgo a trotar, como un caballo, libre, por las aceras mojadas de Madrid. Que este musgo no me haga patinar. Dios. ¡Que no me caiga ahora! Porque no voy a saber levantarme.

¿Qué ha desencadenado este desastre? No lo sé, una foto, una noticia esquiva, la Navidad, un gesto del portero o el taxista, la cajera del súper. Todos han sido amables. Mi cabeza da vueltas. Estoy centrifugando. Ya no puedo parar. ¡Todo vuelve a empezar! En el jardín del Sorolla no hay nenúfares de los que hablar en mis poemas. Papá, padre, madre, mamá, todos los que os habéis ido. ¿Dónde estáis? 

No quiero irme de compras ni pintarme los labios de rojo. No quiero un vinito ni una copa. Quiero estar bien ya. No puedo más. Me he puesto guapa, muy limpia y muy peinada. Muy aseada. Tacones y vestido. Las joyas de mamá, las uñas rojas y el abrigo de visón. La gente se vuelve a mirarme porque dejo un rastro  tormento por la Castellana. Se dibujan los meandros, buscando cota. No llueve. ¡Es devastador el daño que puede hacer la mente a veces! Y maravilloso lo que construye otras.

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