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01/10/2021

SIGNIFIQUE LO QUE SIGNIFIQUE: HE COGIDO FRIO

He cogido frío. ¿Qué es eso de que has cogido frío? ¿Por dónde se coge el frío? ¿Cómo se coge, el frío? ¿Acaso se coge, el frío? ¿Dónde? Porque parece que el frio, así nombrado, es una ciruela, está en el ciruelo o en el frutero y se coge; un libro de la biblioteca, de la mesilla, ya abierto. ¿Pero el frío? ¿Qué? ¿cómo? ¿Dónde? porque una vez cogido, en algún sitio hay que ponerlo.

El frío como sensación no significa que lo haga, que a veces sí, las personas tenemos frío, lo sentimos. Tiritamos incluso, se te amoratan los labios, congélanse orejas y hasta a desprenderse llegan, como los deditos de los pies, pregunten a los montañeros. Sembradas las cumbres deben estar. de meñiques. En fin. Un famoso periodista, médico a la sazón, presume de que frío no hace, que con una rebequita se puede salir a la calle. El tío vive allá abajo, donde huele a naranjo y la torre de la catedral destaca en el horizonte. En la ciudad del río que no es río. Sales a la calle haciéndole caso y se te congelan los humores. El caso es que uno siente frío y el que tiene al lado no. Igual que el agua, hay para quien el agua está fría y para otro no. El mismo mar, la misma bañera colmatada de sales, para el padre es hielo donde marchitarse, para la madre caldo. En fin. La temperatura adecuada es motivo de disputa. Lástima, con lo fácil que es. De hecho, las discusiones térmicas en las oficinas han dado más de un quebradero de cabeza a los pobres encargados de las instalaciones. Es más que habitual en estos edificios magníficos que ahora se proyectan, de grandes luces y espacios diáfanos. Esos edificios premios nacionales, acristalados, de estructuras valientes, esculturas bellas en las que se refleja el atardecer de la ciudad, pero que han olvidado la función que cumplen. La idea se centra en los espacios abiertos en las oficinas, volúmenes despejados, sin papeles, sin despachos. Para ello el empeño del arquitecto y el esfuerzo del ingeniero en eliminar pilares, inventar y reforzar secciones. El diseñador de las instalaciones adecúa su trazado a las exigencias del guion. Después llega el ocupante del espacio, en ocasiones un ser humano que se comporta como criatura veces miserable, con un orgullo que le hace pelear por fronteras, ¿cómo va a permitir no echar una meada en su ubicación laboral? ¿cómo no proteger su mediocridad con tabiquería y puertas que se cierren? Es sólo un síntoma y el menor de los problemas del imbécil.

Mi padre, con su metabolismo de paramecio (él no sentía frío ni calor y tampoco dolor, pero eso es otra cosa), decía que los pies y la cabeza son el acceso que encuentra el frío para entrar en el cuerpo. Con los pies y la cabeza calentitos, el resto también lo está. A la vejez, sombrero y zapato cómodo con buen calcetín. Los bebés, patucos y gorrito. Un recién nacido siempre tiene manoplas para que no se haga heridas con esas uñitas que hacen de alfileres en su cara nívea, un gorro a juego, bien pegado a la cabeza aún abierta que sigue creciendo, y los patucos, que acaban entre las sábanas al primer movimiento en el sueño. Tapado también con una manta fina y una toquilla que dejan ver los bordados del embozo. El sueño del bebé es como el fuego, cambia todo el rato. El sueño del bebé es como el mar, con su ritmo, con sus idas y venidas, diferente y lleno de paz. El sueño del bebé alimenta la armonía, el ambiente huele a polvos de talco y colonia. Huele a infancia y a arrullo. Con los pies y la cabeza calentitos, para que no cojan frío. Ya un poco más mayores oirán “no andes descalzo que vas a coger frío”.

Lo que no entiendo es que el frío te haga ponerte malo. ¿Vienen los bichos con las bajas temperaturas? Son los cambios bruscos, me dicen en la farmacia, ese frío de la mañana y a mediodía calor. ¿Por qué eso hace que nos pongamos malos? En efecto, salimos de madrugada vestidos de invierno por la mañana y a mediodía estamos achicharrados, sudando y ofreciéndolo todo por una sombra y una camiseta de tirantes. Que el otoño, con sus veranillos, es una época propensa para ponerse malo.

Me pregunto si, como tantas veces, será todo esto fruto de una mala jugada que nos ha hecho el lenguaje. Nada más dañino que no entendernos. Ya se nos castigó en Babel. Si en inglés “Frío” es “Cold”, y catarro es “cold”, entonces cuando un británico, con la nariz como un tomate de tanto sonarse y los ojos como chupes, se excusa con un “i've got a cold”, ¿y qué quiere decir? ¿Qué se ha puesto malo o que ha cogido "un" frío, ¡ojo, contable! literalmente hablando? Porque para el COLD es frío y catarro, palara polisémica. Pero una es "contable" y otra "uncontable".  Ahí está el quiz de la cuestión, porque no que no es contable no se puede coger. ¿Cuánto coges? ¿Un montón de frío? ¡no! ¡No se puede medir!

Pues yo he cogido frío. ¡Hala!


2 comentarios:

  1. María, me has hecho reír. Estando en Estados Unidos, me constipé y dije que había cogido frío y por eso estaba constipada y me dijeron que los españoles éramos los únicos que seguíamos pensando qke el frío pudiera ser la causa de un constipado…… No lo entienden, jajajajaj

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