Seguidores

18/05/2020

¿COMO HAGO PARA COMPRAR UNAS BRAGUITAS?


Esto de la cuarentena tiene mucho jugo. Pensado no está. Porque hay montones de conjuntos disjuntos. Incompatibilidades varias, paralelas, que vienen siguiéndote, espacio y el tiempo, juegan al ajedrez…Ahora tú, no dejes de hablar, somos coordenadas de un par. También es verdad que no se pueden prever todas las situaciones. Bueno, conozco a alguno que sí podría, pero no voy a dar nombres, les quiero demasiado para que se hagan famosos y soy muy egoísta, los prefiero a mi lado, como amigos, que no se corrompan con la fama. Lo mismo les llaman para ser asesores anónimos. Yo quiero poder llamarles y que organicen en mi entropía.

Un asunto que me tiene descolocada son los horarios. Yo, por mi edad y condición, y la fase en la que estoy inmersa, puedo salir desde hace unas semanas, de 6:00 a 10:00 y de 20:00 a 23:00. Las tiendas que no son supermercados o lugares para el cebo, abren un ratín, o con cita previa, como las peluquerías. A ver quién es el listo que puede fijar el momento del día que, entre el curro desde casa, las video llamadas que se extienden por la imperiosa necesidad de hablar; hacer las labores propias de tu sexo, ayudar a los enanos con los deberes; por supuesto, el deporte con las reglas correspondientes de tiempo y distancia, los paseos con los niños con normas análogas, y alguna otra actividad como comer o dormir, agotada estoy solo de nombrarlas. ¿Alguno se ha hecho una hoja de cálculo? Vamos, a no ser que seas el rey de la organización, ¿cuándo puedes concertar una cita con la de la mercería para comprar unas bragas, o calzoncillos en su caso,  con perdón? No sé si la ropa interior entra dentro de la categoría de imprescindibles. Cuando digo bragas, entiéndaseme, por favor, hablo de pijamas, calzones, fajas...tan socorridas, un sostén, calcetines, unos "panties". No hablo ya de un bañador o un vestido de verano.  ¿Para qué? Si nos hemos quedado sin sitio en la playa. "Que no vengáis, madrileños" dicen que han dicho los oriundos de la costa y la montaña o pueblo. En fin, no hablo de prendas de comprar a diario, no. Pero con esto de ser prudentes con los gastos, y encima, venga a lavarlo todo con un poquito de lejía y a ser posible a 60ºC, el algodón, que no engaña, se va desgastando. Nos estamos pasando un poco de conservar. Tirar, tiramos con los mismos básicos, pero empiezan a clarear. Transparente y llena de remiendos nuestra segunda piel, no estamos preparados para tener un accidente. A mí que no me ingresen.  Ojo al dato: nada como el algodón del Carrefour.  Claro que, la variedad de oferta en cuanto a tales prendas digamos que es escasa; eso sí, calidad monótona cien por cien. 

Sí, está la opción de Amazon, pero yo ya estoy tan harta de la compra on line como del Mercadona, con toda mi admiración hacia dueños y curritos. La verdad. ¿Que no hay papel en Mercadona?, se extiende el chapapote y se traduce en un “no hay papel en el mundo mundial”. Pues no, vete a la droguería. ¡Ah, no, que está cerrada! Prueba a comprar esa bombilla que te falta en la ferretería. ¡Ah, no, que está cerrada!” Hay que pedir cita. Digo yo que es importante la harina, pero si te quedas sin luz, tela. Que no todo quisque dispone de caja de herramientas y repuestos. ¡Viva la diversidad! y que vivan las personas desastre, que caben también en el planeta. Cabemos. ¡Que vivan los miopes! Los que no ven, porque no pueden, como se acerca el dolor. ¿Cómo se llamaba esa figura literaria? ¡Metonimia! Mercadona no es igual a supermercado o economato. Yo ya estoy en plan de comprar cada cosa en su sitio, la fruta en la frutería, la carne en la carnicería, el pollo, caramba ¿dónde se compra el pollo?. ¡Que vivan también Les Luthiers!, casquerías, para sesos, higaditos y mollejas, pescaderías para la dorada y el besugo. Los del ojo, los que no andan sueltos, envenenando a la plebe. Una pregunta que tengo. Si quiero comprar comida para llevar, ¿sólo lo puedo bajar al bar de debajo de casa? ¿Puedo ir más allá del kilometro? No todos los restaurantes tiene Globo, hay que acercarse a cogerlo.  Además yo solo puedo ir por la noche, o mandar al hijo de algún vecino, o al vecino mismo, que tiene su edad. Y tengo que ir andando. Es que se me queda fría la cena. Como no pille un salmorejo, tengo que tirar de microondas. 

Me fastidian las compras a distancia, a pesar de las muchas ventajas que aportan. En los libros, me joroba perderme el olor a papel al entrar a la librería; tocar las portadas, mirarlas; no poder descubrir entre otros, un libro que te pide ser leído; ni echar un vistazo a  la contraportada. Desconocer el volumen, peso, tipo de letra, en fin. Datos importantes de conocer antes de embarcarte en la aventura de su lectura.  Solos tú y él. Inconveniente añadido a la compra por internet, cuando se trata de ropa, es el asunto de la talla. En según qué prenda, el tamaño se torna delicado. Por mucha tabla adjunta a las características del producto. Entre la talla europea, americana equivalencias varias, medidas de cintura, pecho, hombros,  pulgadas que transformas a centímetros; es fácil desistir.  Después de este periodo de encierro forzado que nos ha llevado a superar límites desconocidos en la balanza y el cinturón, aumenta también la dificultad de cálculo. Han salido sospechosas rosquillas en la cintura. Lorzas sorpresa brotan en lugares recónditos, nos rozan las piernas al andar. Hay quien ha perdido de vista sus propios pies. Se adereza con la destreza en la cocina alcanzada durante estos días, en especial en la preparación de rosquillas, bizcochos y otras comidas ligeras. En fin. La suma de factores hace laboriosa la elección de talla. La percepción no ayuda, nos faltan referencias externas. Con quien convivimos se ha ido acostumbrando a nuestro cambio de volumen y expansión. Nosotros no hacemos pruebas innecesarias como intentar caber en un vaquero. El resultado es que la subjetividad que caracteriza al común de los mortales en cuanto a su aspecto físico se refiere, hace dificilísima la compra a distancia de ropa. En particular difícil resultan las prendas más íntimas, de las que sí, se cambia de talla. No te puedes confiar.

Con estos horarios, a ver, ¿qué hacemos? ¿Se lo digo a mi madre?, que es grupo de riesgo, ¿a mis tías?, que también, ¿les subcontrato el encargo? Faltaría más que tuvieran que ir ellas a comprarnos la ropa interior a la familia. Pero es que ellas pueden salir cuando están abiertas las tiendas. Se lo puedo decir a algún sobrino, que también anda suelto a esas horas; eso sí, además del apuro que siento, me arriesgo, con mi madre a usar prendas que no me van a caber porque para una madre siempre estás estupenda y con mis sobrinos, quizá me traen unas braguitas con unas Barbies cosidas. O unos estupendos calzoncillos de Superman. Eso sí, no hago trampa, me ciño a mis horarios. No soy candidata a multa. Salgo de casa con mascarilla y salvoconducto. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario