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01/05/2020

VOLVER A LA NUEVA NORMALIDAD

No me puedo aguantar. Yo quería hacer chascarrillos sobre las mascarillas, pero voy a tenerlo que dejar para otro día. Los periodistas se tienen que estar frotando las tibias, eso sí, tomando distancia con la tragedia. Pero, ¡hombre habrase visto tamaña insolencia, tamaña desvergüenza! Porque ahora tenemos que felicitarnos de que la cifra de decesos, “caídos”, en lenguaje bélico, sea menor de 300. ¿Alguien se acuerda de cuantos inocentes murieron el 11 de marzo de 2003? 193. ¿Alguien se acuerda de cuantos inocentes y no inocentes murieron el 11 de septiembre de 2001?  3016. El 26 de marzo de 2020 ya se había superado la suma de las dos cifras, solo en España, según los datos que yo conozco, que son los que publica la prensa de muertos por COVID19. ¿De qué estamos hablando entonces? Si en un día mueren el doble de los asesinados el día del peor atentado de la historia de España, ¿tenemos que alborozarnos y festejar que baja la cifra? No. Nos hemos vuelto insensibles o ajenos al dolor. Vemos los gigantes hospitales como exitosas construcciones. Y los muertos como estadísticas. Que no. Que hay mucho dolor en cada enfermo, solo ante el dolor, sin visitas de parientes y amigos, muriéndose solo rodeado de magníficos y desesperados profesionales que no pueden hacer más. Sin posibilidad de velar su cuerpo, de acompañarle en la despedida. Hay una brutal tragedia que parece que estamos convirtiendo en parodia 
Se nos está dirigiendo hacia un rincón oscuro del futuro al que tenemos el deber de negarnos a ir. No podemos escondernos. Debemos ser valientes. No nos pueden empujar al abismo. No somos culpables, no nos hemos portado mal, antes, todo lo contrario, llevamos dos meses encerrados sin rumbo. Hemos sido buenísimos, obedientes, sumisos. Y ahora, ante un pueblo confitado, como decía alguien que parece que nos están engordando para comernos, cual Hansel y Gretel, nos piden que volvamos a la nueva normalidad. La normalidad no sé como puede ser nueva. Pero es que no se puede volver a un sitio en el que no se ha estado. ¿Qué es la normalidad? Define. Y que nos preparemos para la desescalada. Busco en la RAE y no existe ni el verbo ni el sustantivo, "desescalar", ni desescalada. No me viene nada, Escalar sí: 

·        tú. Entrar en una plaza fuerte u otro lugar valiéndose de escalas. 

·        tr. Subir, trepar por una gran pendiente o a una gran altura.
·        tr. Subir, no siempre por buenas artes, a elevadas dignidades. 
·        tr. Entrar subrepticia o violentamente en alguna parte, o salir de ella rompiendo una pared, un tejado, etc. 
·        tr. Levantar la compuerta de la acequia para dar salida al agua. 
·        tr. Ar. Abrir escalones o surcos en el terreno.

Imagino que se trata de una palabreja inventada para que imaginemos cómo salir poco a poco. Osea que en una sola frase hay palabras que no entiendo y que no encuentro en el diccionario y contradicciones. Y
a ni nos apetece, Presidente. Mire, yo no tengo jardín ni terraza, pero ya me he acostumbrado a mis cuatro paredes y a mi habitación sin vistas, pero conocida, donde controlo los riesgos. Me está dando como miedo el qué habrá más allá del portal. Imagino esas bolas que parecen granadas, corriendo cual pelusas por las aceras. Buscando alimento. Y es que me da no sé qué. Casi que me quedo aquí. Me trae la compra el portero, como ya soy mayor, tengo mi pensión, que con un poquito más que me dure, ya me apaño. Nunca he sido muy gastona. Hago pasos por el pasillo, que mis nietos me han enseñado a medirlos. Veo a mi familia por teleconferencias, nunca había hablado tanto con ellos. Me llaman mis hijos a diario desde las partes del mundo donde viven, según la zona horaria. Como duermo poco, tengo el día ocupado entre los seis y mi costura y algún libro que releo. Es la única vez que ser viuda ha supuesto un descanso. Él hubiera sufrido con la situación, se hubiera revelado ante la tontería. Le echo de menos lo mismo, porque me hubiera encantado comentar, entender con él y seguir sintiendo su calor. Pero me alegro de haberle ahorrado el sufrimiento. Su exquisita sensibilidad le hubiera hecho empatizar hasta el dolor. Con lo que fumaba hubiera sido carne de cañón. Murió en una paz que ahora no tendría.

Yo no quiero tener un gobierno de mofa. Quiero sentirme orgullosa. Pero cuando oigo la explicación de las fases, es que me da vergüenza ajena, de verdad. Parece que estoy viendo a Tip y Col rellenando el vaso de agua. Si los Hermanos Marx levantaran la cabeza harían una película entera solo con esa retransmisión.  Y no es para reírse, señores, que llevamos dos meses encerrados y con la muerte en los talones. ¿Qué licenciado puede hablar de una fase central en un total de cuatro? ¿Quién escribe los discursos? Ya me duele oír hablar de la fase cero, pero es ésa es una victoria de los informáticos en una batalla que ya hemos perdido el resto de los mortales, con perdón. ¿A quién se le ocurre complicar algo de esa manera, hasta convertirlo en un absurdo? Reclamo la sencillez o dejar paso a quien lo sepa contar. No somos imbéciles, ni los niños, ni los mayores, ni el resto. No es que a la primera no se les haya entendido, los que no lo entienden son ellos y por eso nos marean de esta manera. Para hacernos borregos. Que no es tan complicado.

No hemos visto lo que pasa en los hospitales, y no digo yo que difundan el dolor y la muerte, que para eso es menester la privacidad, que bastante es el padecimiento como para divulgar imágenes de enfermos, con sus nombres y apellidos, con sus hijos y hermanos. Estoy de acuerdo en evitar el morbo. Pero si no enseñan el problema, o lo relatan, tampoco quiero ver a un montón de gente vestida de verde aplaudiendo porque hay un alta hospitalaria. ¿Son figurantes? Basta. Por favor. Los médicos bastante tienen con lo que les ha tocado. Están acojonados, como todos y agotados. ¿Pero quien está convirtiendo la situación en chusca? No tiene gracia.

Que no hay mascarillas, ahí te pone mi tía la de Vigo a hacerlas, o las amigas de mis hijas. Inditex hace los trajes porque no saben dónde comprarlos. Hay test en los laboratorios, pero cerramos los laboratorios, porque esos científicos…son malos, digo malos de maldad, no de inútiles. Es que no lo entiendo. Que ahora cierro la construcción porque es peligrosa. Peligrosa ¿para quién? Toda esa panda de sindicalistas liberados, que se venden por un plato de gambas con la patronal mientras azuzan a las masas para que se opongan a la injusticia. Pero ¿qué barbaridad es esta? En la construcción hay equipos de protección desde mucho antes de que llegara el bicho a China. Otra cosa es que no se los ponga la gente. ¿Pero ustedes han visto asfaltar?  ¿saben lo que es una soldadura? ¿han hormigonado una losa? Se usan guantes y máscaras para muchos oficios. Parar la construcción es castigar a los no culpables. Es lo mismo que dejar a los niños en casa. Como si las constructoras fueran el símbolo de la explotación, especulación. Señores, ese tiempo ya pasó. Ahora la construcción da trabajo a muchísima gente y si la construcción funciona, todo funciona. Porque a base de papeleo no se mueve un país. Por no hablar de los laboratorios. Ellos sabían lo que era un EPI antes que todos nosotros. Cerrados a cal y canto. No, las clínicas privadas no pueden comprar test.
¿Por?

Parezco la niña del exorcista. Me da vueltas la cabeza. Han dejado en nuestras manos y a nuestro coste nuestra supervivencia en todo. Tanto en el campo económico como el sanitario, el las medidas higiénicas y protectoras. Ahora no nos echen la culpa. El ciudadano ha cumplido. 




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