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23/05/2020

YO YA NO SALGO


Yo ya no salgo. A mí me da lo mismo haber cambiado de fase. Ya me he acostumbrado. Oye. No está tan mal. En casa lo tengo todo controlado. No gasto mucho. Me muevo lo justo, sí, del salón al dormitorio, al baño, la cocina. Procuro controlar la ingesta. O no
 Según me dé. Estoy logrando la armonía. No discuto, soy mucho más simpática. Tampoco necesito charlar tanto. Entre el trabajo y las llamadas a los imprescindibles me basta y me sobra. Ya no echo de menos a los que telefonean a horas intempestivas para ofrecerte un cambio de compañía. En un momento dado agradecía que sonara el teléfono en medio del silencio, saludaba afable, “hola Enric, si cuéntame. No, no me interesa la oferta”. Echaba un rato. Ya no. Ni eso. Ahora estoy en un equilibrio que no quiero alterar. Mi música, la radio, el piano.del vecino y las obras de la comunidad. Había soñado con la venganza haciendo fiestas. Pero no. Así está bien. Mi rutina me da paz. No hay sorpresas en el día a día. Ademas de la luz, intuyo la hora por los olores que vienen del patio, y sonidos varios que decoran el aire. Desconocía las ventajas que aporta el control. Si tuviera terraza, echaba el ancla. Es lo que echo de menos. Quizá por ahí va a estar mi punto débil. La fuga.



En ocasiones cruzo el espejo, con mi salvoconducto. Pero se me han quitado las ganas de hacerlo voluntariamente. Observo los cambios del paisaje urbano y concluyo que tampoco me he perdido tanto. Había idealizado la apertura. Imaginaba un manto de lavanda que al pisarlo inundara las aceras de olor a primavera. Imaginaba el jazmín y la madreselva en las esquinas. Un aire fresco en el rostro que secara mis lágrimas. A cambio, la calle está sucia, cada día hay más coches. No es como al principio, que podías cruzar cualquier calle sin parar en el semáforo. Sin exagerar. La M 30 no, aunque la llamen calle, porque seguro que te cae una multa, pero la Castellana, o Serrano, sin mirar.

¿Que si quiero ir a tomar las sólitas cañas o cafés pendientes? Sí, pero como que se me hace grande. ¿Qué me pongo? ¿A qué hora voy? Tampoco sé muy bien a donde ir, ni con quien. En fin, me noto desubicada fuera. Que yo ya no salgo. Además, es que no me gusta que me manden. ¿Ahora sí? Pues no me da la gana. Hace tres semanas, mira que tenía ganas, pero ya no. Son dos meses ya. He pasado confinada nuestro aniversario. Mayoría de edad. Mi cumpleaños, el de mis sobrinos, de mis tíos, con regalos a distancia y sin tirones de orejas. No he ido al funeral de Pepito ni al del padre de las Riaño. Para eso sí que hubiera salido y dado unos achuchones a amigos y parientes. Pero ya no. Se me han quitado las ganas y he perdido la ilusión.



Se añade a esta suerte de agorafobia el montón de dudas de cómo organizar las reuniones. Si podemos juntarnos 10 a una distancia de dos metros cuadrados entre nosotros, el cálculo del área de la casa es fácil. Porque para que haya dos metros tienes que estar en el centro de un circulo de ese radio, total más de 12 m2 por persona. Para reunirnos diez hace falta un salón de 120 m2. Que levante la mano los que viven en una casa, no ya con una estancia de ese tamaño, sino “en total”, incluido tabiquería y parte proporcional de zonas comunes. Contando con que unos pueden estar en la cocina, otros en el comedor, mandamos a alguien al baño, podemos arreglar algo. Si hay jardín o terraza la cosa mejora. ¿lo ves?, vuelvo a lo mismo. Y eso que no fumo, que cuando vuelva ya no va a haber más remedio. Aunque siempre está ese pariente que se quema con el sol, ese se queda dentro. O el que padece esa hípersensibilidad a la meteorología, que sienten frío y calor extremos e insoportables sea cual sea la temperatura real, humedad relativa, etc. A esos no se les puede contentar nunca, son insaciables en la demanda. Había pensado en mi próximo chispún, distribuir “walky talkies” entre los invitados o parientes. Si dos están en la cocina, otros dos en la biblioteca, dos en el cuarto de la tele, contando con que siempre haya alguien en el baño, pre y post desinfección, claro; así la conversación se va a complicar. Para que podamos hablar o seguimos con el zoom o tiramos de vasos de plástico con un hilito, en plan hacer una diferencia, por variar. Total, que me parece complicado. Un lío. Como diría alguno. Yo si eso me quedo. Así tenéis más sitio para vosotros.

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