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15/04/2020

A MI ME ENVENENA CARLOS HERRERA ¿Y A TI?


Cada uno es cada uno y cada cual con su cada cuala. Así resumía mi padre la vida sin recurrir a la procesionaria. Si recurría a la conocida oruga, se enrollaba un poco más. Bastante más.

Igual que cada uno es cada uno, cada cual se envenena con lo que le da la gana. En mis intentos de objetividad procuro cambiar de dial. Oigo a Alsina, me voy con Pepa a Radio Nacional, ahí encuentro al bálsamo de Aberasturi. Vuelvo a la Cope, intento la Ser, Onda Cero, Onda Madrid. Excepto la neutralidad exasperante de Radio Nacional, echo de menos al ciudadano García, único locutor que en las entrevistas mantiene su papel, da importancia al “interrogado”, le deja sitio, se estudia el personaje y no presume de sabérselo, si no que le hace preguntas inteligentes, fluye la conversación ocupa el lugar que le corresponde el protagonista. No interrumpe. Aprovecha la oportunidad, imbuye al otro de importancia. Dirige la charla con habilidad, inteligencia y gracia. Los demás no son así, como me he propuesto no decir cosas malas, ahí lo dejo. ¡Que viva El Ciudadano García!

Trabajo desde casa, desde antes del "confitamiento". Y la radio pone hora a las tareas cuando uno está solo. Impone ritmo, compás. Evita que se te olvide quitar las lentejas del fuego o que si la lavadora no avisa de que ha acabado se pase el día la ropa mojada en el tambor. En medio de la oficina los tiempos están controlados por la costumbre. Porque el ser humano, vaya donde vaya, se lleva su rutina. Y gracias a ésta vive. La hora de llegada en una oficina de 50 personas, salvo excepciones, se repite día tras día. Hay cinco o seis que compiten por ser los primeros y encender las luces, media hora o más antes de la oficial de entrada. No es por presumir, es que les gusta llegar pronto, aprovechar ese rato de antes del mogollón. Esa intimidad imposible en las oficinas sin papeles, sin despachos y sin paredes es solo viable antes de que amanezca, cuando las luces de fuera aún están prendidas. A la hora teórica llega un mogollón, cinco minutos antes siempre los mismos y diez minutos después siempre los mismos. Los que llegan pronto lo hacen tranquilos, los que lo hacen tarde corren sulfurados, explicando el atasco, y las inconveniencias varias que han encontrado, como cada día, desde hace tantos. Luego están los que llegan cuando les da la gana, recién duchados, tan panchos, sin despeinarse. Entre los primeros y los últimos se reparten cafés y charlas breves. El trabajo en la oficina es mucho de compadreo y de amiguetes. Si no te caen bien tus compañeros, tú te lo pierdes. Porque hasta que se implante el teletrabajo ellos son la gente con la que más horas vas a pasar al día. A ver cómo te lo montas. Del trabajo presencial solo echo de menos las charlas con mis compañeros, mayores y jóvenes. He ganado tiempo para mi gente, pero tengo buenos amigos que antes tenía etiquetados de colegas. Importante ser colega, por cierto.

Al grano, oigo mucho la radio mientras trabajo. A veces no la escucho. Pero me envenena. Una cosa es informar y otra es la matraca, que si lo mal que lo han hecho, que si mascarillas por aquí, que si me alegro, una porra te alegras buenos días. Sois un grupo de privilegiados inconscientes de la que está cayendo. Os retroalimentáis de las mismas noticias que vosotros mismos elaboráis. Desde la grada. De una nota de prensa sacáis con habilidad tema para una semana. Pero estoy cansada del susto, señores comentaristas. No me vale que a las seis de la mañana deis la misma perorata que a las siete, a las ocho, las diez de la noche. No puede ser que Expósito diga lo mismo que Herrera, que Nieves y Julia tengan igual discursos que sus homólogos de por la mañana. Confieso mi fidelidad a Colmenarejo y al difunto David Gistau, genio rápido de la palabra, elocuente y erudito, bruto y directo, creo que dentro del espectro es uno y era el otro quien más equidistancia guarda y guardaba, hasta el paralelismo. A Victoria Prego la admiro más en la radio que en la tele. Le va mucho más ese medio, se desenvuelve tranquila y contundente, sin estar pendiente de la pose si no del poso. Me divierte Broncano, admiro a Cansado hasta desternillarme, ocurrentes siempre; ácido uno, más calmo el otro. No son las canas o la calvicie; siempre tuvo ese humor respetuoso y culto.

Me cansa la metralleta, que si el 8% del PIB, que si Sanchez invita a Casado a una reunión en una rueda de prensa, que el otro se va a dar un paseo, que Fulano se salta la cuarentena. Basta, me importa un bledo dónde vaya Rajoy y si se pone o no malo el presidente o el vice. Salvo en cuanto a esto último, por la preocupación normal como “personas humanas” que son. Puñetas, cuenten algo nuevo. Que si la u o la uve. Coloreen la mañana señores, inyecten energía. Están ustedes en una burbuja, con su pantalla dividida y el cuadro de mandos. Los muertos, los enfermos, los parados, son tragedias individuales todas. Viviendo como estamos en esta parte del mundo que se dice civilizada, los decesos se cuentan hasta la unidad, con nombre y apellido. No hay fosas comunes, pese a la tragedia coyuntural de Nueva York, hay entierros individuales a los que no hemos podido ir a echar nuestra tierra. No nos hemos abrazado a los damnificados, no les hemos calmado en su agonía. No podemos estar en los hospitales con nuestra gente, nuestros parientes. Hay mucho susto, mucho miedo, una soledad de hielo. Los sanitarios hacen su trabajo, y muy bien. Pero las lágrimas son nuestras. Ustedes tienen el altavoz y la palabra. No nos envenenen señores, alimenten la alegría, den una oportunidad a la esperanza.

8 comentarios:

  1. Muy bueno, María, aunque no coincida en todo con tus gustos, pero cuánta razón llevas y qué bien expresado.

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  2. A mi no me envenena María (porque se pasar el dial) pero a mis Padres (89 y 85) sí, ya lo creo. Lo CuAl me obliga a tener sesión de terapia con ellos casi diaria) agotador....pero es lo q toca.

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  3. 😊 siii.
    Gracias por leerme

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  4. Broncano Presidente, Cansado es el Rey.

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