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25/04/2020

NOTICIAS DE LA DGT


Por favor no insistan con las noticias sobre el estado del tráfico. Cada vez que oigo “en cuanto al tráfico, contactamos con…”; sufro un leve ataque de expectación. Sueño que es todo un sueño. Que hay atascos de entrada y salida a la ciudad, en nudos y trenzados, accesos a polígonos industriales, entorno de colegios. Fabulo con incidencias varias debidas a acontecimientos deportivos o vistas de estado. Hipotéticos vehículos averiados en el andén derecho o en el izquierdo. No pienso en catástrofes, choques leves en cadena. Manos a la cabeza. “¿pero no ha visto que paraba? Lo acabo de sacar del taller.” Parachoques desmontados y faros hechos añicos, como mucho. Mecánica de fluidos que justifica paradas inopinadas de la circulación. Un recuerdo de normalidad absurda que estamos a punto de añorar. Vamos a ver, ¿han salido ustedes a la calle? O son de los que les llevan la compra a casa. No hay nadie. Colas a las entradas de los supermercados y paradas de autobús. Parecen fantasmas, separados a mucho más de dos metros, disfrazados, boca, pelo, manos, ocultas; cada vez la obsesión y la desconfianza es mayor. Alcohol o gel en mano, amenazante. Mucha policía que organiza retenciones esporádicas, pobres, están cumpliendo con su trabajo. Imagino el día a día de estos agentes del orden, para escribir un libro. ¡Lo que habrán oído! Bajo la ventanilla y enseño el salvoconducto. “Circule”. Policía a caballo, parejas elegantes que vigilan la seguridad desde el paso, el paso. Ni en nuestras perores fantasías, o pesadillas, hubiéramos imaginado una ciudad así. Es una infografía del paisaje, los vehículos y peatones, ciclistas y motoristas: figurantes.

Cuando salgo a la calle, pienso que parece verano, pero no lo es. El cerebro manda señales iguales hasta que se desarticulan por la razón. Aun así, insiste. Parece verano. Pero no lo es. Ni un puente, ni vacaciones. Es un día cualquiera de marzo o de abril del año 20. El año de la pandemia. No hace falta ser un lince para explicarse a uno mismo lo que dicen las pistas: los árboles recién florecidos. el fresquito propio de la primavera, las iglesias cerradas, el “vips” cerrado. Y Vips no cierra ni en agosto. Ya se puede haber hecho el vacío en la ciudad, que permanece abierto, incluso la terraza, donde se mueren los pajarillos por los 45º C. Se acercan ingenuos a disfrutar del derroche que supone refrigerar el aire exterior. Los “todo a cien”, cerrados. Los accesos a los parques que son simples caminos, vallados o con cintas entre los árboles, impidiendo el acceso. Los cementerios, cerrados.

Entre las noticias de la mañana, se repite el tiempo y estado de las carreteras. Intervenciones que la costumbre da por necesarias. Además, orientan sobre la prisa. Quien cumple una rutina, de estos hitos se fía para organizar su urgencia en las primeras horas del día. Entiendo que sigan dando noticia sobre si llueve o hace calor, por una cuestión de interés casi cultural. No nos afecta mucho. Nos vamos a poner lo mismo pase lo que pase fuera. En todo caso cojo chaqueta, paraguas o según, si tengo que comprar o salir por alguna emergencia. Pero el ¿tráfico? Vías despejadas. Evidente. No hay incidencias. No. ¿Cómo va a haberlas? El colmo de estos días es que alguien te pite en el semáforo. O tener un choque entre los dos vehículos que circulan a la vez por una vía. Algo que estadísticamente es muy improbable, aunque no imposible. La suerte es así, caprichosa.

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