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20/01/2022

CON CANAS Y A LO LOCO

Parece que ha venido para quedarse la moda de no teñirse. Está en boga el pelo blanco, o mechado. Cual signo de rebeldía o identidad. Ya no se tacha con desprecio a la mujer sin mechas de descuidada. Para eso, claro, se tienen que dejar canas las famosas, porque si no, nadie se atreve a admitirlo como icónico. Tiene narices.
Brujuleando en la red destaca la serena Christine Lagarde; por supuesto Carolina de Mónaco; divertida Diane Keaton, que ha hecho siempre lo que le ha dado la gana. Glenn Close, Helen Mirren, Judi Dench, Jamie Lee Curtis, Kathy Bates, Demi Moore, Andie MacDowell, Angela Molina. Y los hombres, Jon Bon Jovi, Richard Gere, Pierce Brosnan, Matt Leblanc, Patrick Dempsey, George Clooney. Todos ellos y muchos más están estupendos con y sin canas. Incluso alguna reina se ha visto pillada a base de zoom y mala idea, sin repasar su real cabellera allá en su nacimiento. Eso sí que es feo. A otra, algún pelo blanco rebelde en las fotos de detalle, se le observa descolocado. 
A los hombres siempre les han sentado bien las canas, aunque fueran tempranas. Les dan ese aire de interesante, maduro. El grisáceo de algún rubio, los mechones herencia familiar, llevados con orgullo y sonrisa infantil. Pero las mujeres, no sé si será por tradición o coquetería, por exigencia propia o ajena, se han teñido casi siempre. Las amigas, madres, suegras, hermanas, cuñadas, aprovechan cualquier ocasión para colar lo bien que sientan las mechas, que rejuvenecen, oscurecer un poco el pelo, no te digo teñirte, que es un producto supernatural, y se va yendo solo. Vamos a ver, teñirse está genial. Pero hay un punto en que se rebasan límites. Yo recuerdo "Muerte en Venecia", ese hombre decrépito y marchita, incapaz de aceptar su edad no sus deseos, cuya imagen más triste era esa de un rostro en el que se mezclan las lágrimas, el sudor y el tinte. Qué triste. 
También se puede entender la decisión de dejarse cañas no como un descuido si no como aceptación, de la edad, de la vejez. ¿Por qué es ridículo un rostro terso carente de arrugas y expresión a los 70 y sin embargo se denosta que no se apliquen unos reflejos en ese amanecer de niebla en la noble cabellera? 
De mis dos abuelas, una era el hada Fatina, con su pelo azul o morado, según el antojo o esmero de la peluquera. A veces parecía un hada de verdad. La otra no tenía canas, un entreverado, como de buen jamón, que empezó a invadir su antaño negra melena con vetas blancas que le daban un tono grisáceo. 
Claro, que para tener buena pinta con canas, o te lo curras, o te dan limosna por menos de nada si te ven en un semáforo parada o esperando un taxi. Porque la cana tiene vida propia. La cana se riza en los cabellos lisos, o es tiesa como un palo si lo tienes rizado. Por llevar la contraria. Así es que la decisión requiere mimo y atención, como todo en la vida.
Dicen que todo se debe a la pandemia. ¡Pero si las peluquerías fue lo primero que abrieron, junto con las tintorerías! Eso sí, ahora va a brotar una plaga de renegadas, que con tal de ir con el viento que sople hasta de teñirse de blanco son capaces. 

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