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19/01/2022

LA BANCA

Pido perdón y me excuso ante mis amigos y parientes banqueros o bancarios por si mis palabras pudieran ofenderles. No va con ellos, no le considero responsables y artificieros de estas situación. 

Están llenas las sucursales bancarias de economistas, biólogos, veterinarios, ingenieros, arquitectos que no han ejercido jamás su profesión. Profesionales que con paciencia y cuidado han atendido a clientes despistados sin argumentar que desearían estar poniendo inyecciones a cochinos o cuidando brotes de magnolio. Ellos, que no se han quejado nunca, pero que en cuanto lo clientela les ha querido, la dirección suspicaz les ha cambiado, por temor a que los clientes amigos tuvieran beneficios escondidos. Error, ¡qué bonita es la fidelidad, y encontrar una cara amiga en la compra, en la farmacia, en el banco! Como usuaria de un Banco pijo donde los haya, no tengo queja. Ni experiencia.  Con eso lo digo todo. Para explicarlo un poquito mejor diré que cuando otro Banco nos ofreció una hipoteca mejor, en la firma en la notaría, el señor notario nos dijo que si estábamos seguros. Que teníamos un Banco privado sin serlo. La cara que se le quedó a la representante del nuevo Banco, que había buscado y conocía al notario, era aún poema. Que yo llego al Banco para ingresar dinero, para sacar, para pedir una tarjeta, consejo o un crédito, y me invitan a café si no me atienden inmediatamente. Esa es mi experiencia. Pero miro y veo y escucho, y por fin he leído la queja de ese médico valenciano jubilado. Olé. Somos mayores pero no tontos, idiotas. Ojito, que el colega no es analfabeto. Y si lo fuera no sería su culpa. De ahí a tener que ser autosuficiente en la gestión bancaria hay camino. 

El caso es que ahora no se puede ir al Banco a sacar dinero sin cita. Actualizar la cartilla se considera un lujo para el que no están los empleados. Además hay una franja horaria estrecha para realizar cada actividad. No es consecuencia de la pandemia. Los trabajadores del Banco tienen síndrome de Estocolmo y entienden que sea así. Que el Banco no está para atender al cliente. Vamos a ver. ¿Qué es eso de pedir hora? Y si es posible hacerlo por el cajero directamente. Allá llevan a los viejitos los curritos, como si al matadero los empujaran, a enseñarles que una máquina les resuelve todo más rápido. Pero no se le puede dar las gracias, ni invitarla a un café. A la postre se trata de disuadir al cliente de acudir al Banco. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Es que no están para eso. ¿Cómo que no? ¿Entonces? Ahora tienen que vender televisiones. No me fastidies. Para eso la gente se va a Media Markt. Que no son tontos. O teléfonos. Osea que la manera en que te atiendan hoy en... Queremos ser tu Banco, o...hablamos...es hacerte jurar que vas a comprarles una televisión, teléfono. 

Así que mi apoyo total a ese valenciano valiente que eslognaea que es mayor pero no idiota. Ni mayor ni joven, ni en pueblos no en ciudades grandes. Ha cambiado el modelo de trabajo de la banca, que nos tiene cogidos porque es a su través como hay que cobrar y pagar y sin embargo se trata de entes virtuales que manejan todo lo material sin darnos servicio alguno. Vamos a volver a cobrar con un sobre. Amenaza una involución por la sospecha del control sin recompensa. Porque si no se entiende nada, si se siente manejado la antojo de poderes ocultos, el individuo también tiene recursos para protegerse. No somos idiotas. 

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